Los Mitos

Los de ellos… no son los nuestros.

Mitos

En el presente artículo se pretende hacer un acercamiento al tema de los mitos. Un tema difícil en realidad, pero necesario por demás. Y es que existe una lógica que de alguna manera ha devaluado la noción de mito, empujándolo a los confines de la no validez por no estar en la esfera científica preestablecida –dicho sea de paso–, pero esa lógica que hace este empuje olvida que no todas las sociedades y los pueblos son iguales, y que cada uno a su manera tiene sus propios mecanismos de autodefensa y de recarga, frente a los embates de la modernidad y sus consecuencias. Los hombres transitan por el inevitable mundo de los avances desbocados, donde la globalización es imparable, y donde los sujetos se vuelven objetos. Es justamente en esas circunstancias y en estos espacios donde el hombre hace los más sorprendentes quiebres manifestando su cansancio, pero también mostrando sus ganas de vivir. En esto los mitos juegan un papel determinante porque son conocimientos transmitidos a través del tiempo y usando el mejor mecanismo… las personas.  

Un vuelo sobre el mito

Hablar de los mitos, es siempre interesante, porque se me vienen a la memoria algunos pocos recuerdos de mis años de estudiante, donde el profesor siempre nos decía que un mito era un tipo de relato tradicional que tenía que ver con un sistema de creencias de una sociedad o de una comunidad, y que este daba algunas explicaciones de una realidad basándose en algunas creencias. El mito sería una forma de relato y tendría sus orígenes en la tradición oral que viene transmitiéndose de generación a generación, y que además tenía que ver con la narración de una historia por lo general sagrada, en la que se involucraban las creencias del pueblo, convirtiéndose así en una explicación aceptada por todos. El mito por lo general quería explicar los orígenes del mundo y además se hacía preguntas que de repente no tenían una explicación lógica en verdad.

Bueno, eso recuerdo de lo que explicaba algún profesor, pero desde mi punto de vista, había siempre algo extraño en esas aseveraciones. Hoy que han pasado demasiados años, vuelvo a enfrentarme al mito, a sus aseveraciones y a sus complejas formas de explicar nuestras realidades.

Las creencias dentro de un sistema, una sociedad o una comunidad

Es cierto, el mito en términos simples se podría entender como un sistema de creencias, pero leyendo entre líneas no se comprende muy bien la idea que se quiere manejar. Un mito tiene muchísimas aristas a la hora de ser entendido y por lo general va cambiando con el transcurso del tiempo. Esto nos puede llevar a la conclusión de que el mito inicialmente tiene un cuerpo primario que paulatinamente puede transformarse sin perder su veta inicial. El problema surge cuando vemos que los mitos de nuestros pueblos al parecer están en un nivel inferior al que se le ha ido dando desde siempre a la historia.

El mito tiene un orden y secuencia que no necesita de cánones o estructuras literarias y sistemáticas para ser entendido, por ende es menester comprender que si bien venimos de unas culturas básicamente orales, no debemos de perder la perspectiva al entender que no es por casualidad que se hayan dado distintas explicaciones de nuestros orígenes desde los mitos que vienen de nuestros pueblos. La historia por lo general oculta ciertas verdades que hacen a la comprensión más profunda de nuestras experiencias pasadas y presentes, como pueblos que se han ido formando desde tiempos remotos, y no desde la historia que siempre ha sido escrita de un solo lado de la vereda, es decir, escrita desde el lado de los vencedores. La historia de los vencidos por lo general no tiene mucho valor y estratégicamente se la ha ido devaluando con el paso del tiempo, hasta convertirla en historias pequeñas y sin valor, en argumentos proscritos, al no estar dentro del rango de lo que se conoce como la historia oficial, o lo que es peor la historia de nuestros pueblos se la ha ido entendiendo de acuerdo a los cambios en el mundo y no así desde la vivencia y experiencia más latente, como son las historias de los pueblos más antiguos.

Eso que hoy llamamos mito, tiene tintes de creencia, y está claro que las creencias no están dentro de la escala de valoración un mundo sistémico y racional. Porque además no tendrían bases científicas para explicar sus argumentos. Y así, solo pertenecen al mundo bárbaro o de la periferia, o como se lo quiera llamar. El hecho es que nuestros mitos y creencias desde que se inició la historia como la conocemos, nunca tuvo un verdadero espacio de valoración dentro de esta y mucho menos dentro de lo que conocemos por modernidad, y hay que entender que la modernidad no se viene dando desde hace algunas décadas atrás, en realidad ésta nace prácticamente desde que inicia el mal llamado descubrimiento del nuevo mundo. Ironía tras ironía, ese nuevo mundo ya existía desde mucho antes, pero bueno, esa es la historia no oficial.

La fuerza de la tradición oral  

Indudablemente nos constituimos como una sociedad oral, pero eso no quiere decir que no se haya tenido formas de escritura o formas de transmitir los conocimientos de nuestros pueblos, a saber, para que el conocimiento sea válido debe de pasar por ciertos filtros que hacen a los patrones correctos de una sociedad que se respete, en esas circunstancias nuestros conocimientos netamente empíricos, manuales y artesanales, bañados de mucha carga espiritual, de ritualidad y de complementación con la naturaleza, pues no tienen cabida en las grandes esferas del conocimiento que dice cómo y por donde deben de ir estos conocimientos del mundo y para el mundo.

Pero es justamente en la oralidad donde se afianzan las verdaderas fortalezas de los conocimientos de nuestros pueblos. En la informalidad diría alguien, en la clandestinidad diría otro. Si algo hemos aprendido, es que el mundo siempre avanza llevándonos como mero lastre, como un adorno o como una simple muestra de lo que no es sano ni ser ni hacer. Pero a pesar de todo y de todos, también estamos llegando a entender que no se trata de seguir el curso del río más grande, sino más bien, se trata de generar un propio curso en el que de a poco irán confluyendo todas las oralidades de todos los pueblos, como muestra de una propia historia que nunca se fue, sino más bien, que siempre estuvo allí latente, al acecho.

La narración de una historia, una transmisión constante  

Es cierto, nuestras tradiciones, mitos y leyendas, son transmitidos de generación en generación y en un ambiente de oralidad, claro está, porque de otra manera no gozarían de la misma riqueza. Si la fuerza de nuestros pueblos está en la oralidad, es de suponerse que esta es la mejor manera de transmitirlas, pero en un mundo moderno y globalizado como en el que vivimos, pues estas formas de trasmitir conocimiento están un poco devaluadas, debido a que existen lugares específicos para la trasmisión de conocimientos, las escuelas por ejemplo, son estrictamente los espacios en donde se da el conocimiento a los sujetos que a la postre enarbolaran las banderas del conocimiento nacido de entre cuatro paredes, como si el mundo fuera de estas no seguiría haciendo su marcha.

Los mitos de una u otra manera, enriquecen las culturas de nuestros pueblos, y dejan fortalecida la herencia cultural que no es otra cosa que el conocimiento nacido de la experiencia y de la vivencia de nuestros ancestros, de aquellos que ya no están, pero que con su vida dejaron un legado, plasmado en aquellas lecciones que se dan entre el error y la práctica, apoyados en una ciencia construida por ellos mismos y que con el paso de los años se viene reforzando de la mejor manera. Estas prácticas, también son vistas como mitos, porque no gozarían de esa cientificidad impuesta por escuelas extranjeras.

Lo sagrado

A que se refiere el término sagrado, quizás a algo que es intocable, quizás a esas cosas a las que no podemos acceder, o a lo mejor a seres que son superiores a nosotros y a los que por designios extraños debemos de obedecer, casi sin preguntarnos nada. Pero volquemos la tortilla, lo sagrado también se ve como  aquello a lo que se respeta y con lo que se convive en armonía, en contraposición a algunas tendencias que dicen que lo sagrado es aquello a lo que se debe de tener respeto bajo el yugo del castigo. Lo sagrado en nuestros pueblos viene de la complementariedad entre hombre y naturaleza, donde la fraternidad es primordial, donde lo sagrado se remonta no solo a hechos originales, sino también, a la convivencia más básica con el entorno, este que se vuelve sagrado no por un temor impuesto o manifiesto, sino porque se entiende que el ataque al entorno es un daño para con uno mismo. Los pueblos más antiguos de este mundo, desde sus orígenes siempre han sabido esto y dentro de sus tradiciones lo han ido reproduciendo con cada día que pasa, con cada luna que sale, pero aun así  desde otras voces se persiste en mostrar al mito como un conocimiento digno de ser devaluado.

Por último

Es necesario comprender que nosotros venimos de la sociedad del mito, porque somos antiguos, mucho más que aquellos que en algún momento nos concibieron como mundo nuevo. Por eso tenemos tantas y tantas creencias, por eso estamos relacionados y unidos en un tramado que cuando se lo escudriña se encuentra con un sinnúmero de pueblos que siguen allí, latentes, que siguen fluyendo desde sus visiones y cosmovisiones, desde su propia historia.  Aquello que llamamos mitos, para nuestros pueblos no son simples historias, son hechos de vida, porque ellos viven y conviven con esas creencias. Sus creencias no son materia para ensalzar una historia, en realidad esas creencias son al mismo tiempo la construcción de una historia que a pesar de haber sido relegada no deja de seguir existiendo, quizás esa es la fuerza más perfecta para la existencia de nuestros pueblos, el transmitir nuestras historias de la manera más informal, desde la vivencia del día a día, desde el compartir con la familia o con los miembros de la comunidad y del grupo.

La duda casi siempre es razonable y ahora es tiempo de dudar del mito, pero del mito entendido desde las escuela, desde los diccionarios, porque el mito es un conocimiento inicial (pre racional dirán los teóricos), es un primer intento de explicar la realidad y de explicar el mundo, y tiene un punto determinante, y es que se basa en una noción sagrada donde incluso la religiosidad toma un tinte diferente, es decir,  el mito es de alguna manera una verdad histórica una construcción de todos, de allí esa tremenda fuerza.

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Autor

Licenciado en Sociología por la Universidad Mayor de San Simón de Bolivia.

Postgrados en Gestión e innovación educativa y Educación Superior por la Universidad de Ciencias Adminitrativas y Tecnológicas UCATEC