Los jodidos del derecho moderno

Si para Locke los pobres y los indígenas americanos no eran ciudadanos. Para Hegel no eran seres humanos.

jodidos del derecho moderno
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“El criterio del Estado de derecho [moderno] es que el crimen que se comete tiene que ser cumpliendo la ley” (Hinkelammert, 2010, p. 97).

 

Nos habíamos acostumbrado a vivir –salvo algunas excepciones como los pueblos originarios– con la certeza de que la economía es la salida a todos los problemas. Sin embargo, cuando parecía que teníamos la respuesta a todos los problemas, una gripe nos cambió las preguntas y nos dejó sin respuestas. Algunos intelectuales optimistas advierten que una vez pasada esta crisis sanitaria ocasionada por  la pandemia (Covid-19), tendremos que plantearnos la posibilidad de transitar hacia otro modo de vida, el cual esté basado en la solidaridad, en la cooperación y en la preocupación por  el bien común; otros en cambio son más pesimistas,  y pronostican que pasada la misma, el modo de vida de producción y consumo –basado en el criterio de que el dinero es nuestra salvación– al cual nos habíamos habituado, continuará con más fuerza.

Sea como fuere, lo cierto es que esta crisis sanitaria está dando mucho que hablar, pero sobre todo, está provocando algo que pensar, que es lo que particularmente nos interesa. Nuestro objetivo es reflexionar –de manera breve– sobre el derecho vigente (moderno). Porque si se trata de transitar a un modo de vida basado en el bien común, necesitamos pensar un derecho que acompañe y auspicie este otro modo de vida. Y, si por el contrario, nada cambia y se continúa igual o peor que antes, también necesitamos pensar un derecho que la cuestione y resista. Al fin y al cabo, pensar es cuestionar y resistir los modos dominantes de representar y comprender el mundo y  sus problemas.  En este caso, los problemas del mundo jurídico.

En una conferencia titulada ¿Qué significa pensar desde América Latina?, la cual  tuvo lugar en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México a finales de noviembre del 2019, el filósofo Juan José Bautista Segales, reflexionando sobre el golpe de Estado en Bolivia, decía que cuando se quiere conocer lo que sea una cultura, el compromiso de tal o cual sujeto político o la consistencia y veracidad de alguna teoría, el momento más óptimo cognitivamente hablando no son los momentos normales, sino los momentos de crisis, sobre todo, los momentos de grandes crisis. ¿Por qué? Porque son en estos momentos donde determinadas teorías políticas, económicas y, en nuestro caso, jurídicas, se muestran tal como son en verdad.

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Publicado el 11/03/2020 en El comercio

En suma, para el filósofo en mención “la crisis es  la forma ideal de conocimiento”. Y, esta crisis sanitaria está indicando lo falaz que es el derecho hegemónico. Porque este derecho que auspicia la privatización y el recorte del presupuesto de la salud pública gratuita, que criminaliza y condena a quienes se levantan para defenderla, ahora en nombre de la salud pública les pide solidaridad y cooperación. Al respecto, hace unos días atrás una trabajadora ambulante refiriéndose a las medidas legales de aislamiento social tomadas por el Estado peruano para enfrentar el coronavirus, reflexionaba: “ahora sí nos piden cumplir la ley, ¿cuál ley? ¿Esa que nos maltrata y nos condena? Ahora sí le preocupa al gobierno, pero si la enfermedad nos atacara solo a nosotros los pobres, como el dengue y la tuberculosis, ahí si no hay ley, no hay justicia, no hay apoyo social. Al final, los pobres somos siempre los jodidos”. Las víctimas –para decirlo parafraseando a Sartre en el prólogo a Los condenados de la tierra de Fanon–  reconocen las injusticias del derecho vigente por sus heridas, y  eso: “hace irrefutable su testimonio”.

Thomas Kuhn decía que las crisis son precondiciones necesarias para la emergencia de nuevas teorías. Esta crisis está demostrando empíricamente que lo primero en la vida del ser humano no es el mercado, no es la economía, no es la ley; “es, la vida misma”, porque todo mercado, toda economía y todo derecho presuponen el estar vivo (Hinkelammert y Mora Jiménez, 2006). Está evidenciando que la vida no es un derecho, sino condición de posibilidad de todo derecho. Está mostrando, en suma, que para que haya sujeto de derecho, primero debe haber sujeto vivo. Porque el modo que tiene el ser humano de habitar el mundo es viviendo, y vivir presupone convivir. Entonces, “la vida humana en comunidad es el modo de realidad del ser humano y, por ello… es el criterio de verdad práctica y teórica” (Dussel, 2001, p. 103) del derecho.

La vida no es un derecho. Es el sujeto humano viviente el que funda todos los derechos. Por eso no hay derecho a la vida. Lo que hay es derecho “a la permanencia en la vida” (Dussel, 2008,  p. 243). Y la permanencia en la vida presupone el acceso efectivo al derecho a la salud, a la alimentación, a la vivienda, a la educación, al medioambiente, entre otros. Todos estos derechos valen porque son mediaciones para poder vivir. El derecho moderno prohíbe matar, pero no prohíbe la  restricción del acceso a los medios para poder vivir. No prohíbe, por poner un par de ejemplos, el bloqueo comercial y económico que impide a millones de seres humanos el acceso a los medicamentos y bienes básicos de consumo. Así como tampoco prohíbe los recortes del presupuesto público en salud, en agua y saneamiento, en educación y vivienda.

Shakespeare decía por boca de Shylock en El mercader de Venecia: “Me quitan la vida, si me quitan los medios por los cuales vivo” (Hinkelammert). Y, el derecho moderno prohíbe matar pero no prohíbe la limitación del acceso a los medios de vida. Lo que queremos decir es que el derecho hegemónico encubre el asesinato en abstracciones conceptuales y en la formalidad de la ley. Alguien podría alegar, pero si el bien jurídico protegido superior del derecho vigente es la vida humana, ¿cómo podría ser un derecho que mata? En efecto.  La trampa está en que no se dice de manera explícita cuál es la idea de ser humano, en otras palabras, el ser humano no existen en abstracto, sino de manera concreta e histórico temporal y cultural. Los pensadores que produjeron los presupuestos teóricos que sustentan el derecho moderno tenían una idea de ser humano bien particular.

Así, para Kant “la humanidad alcanzaba su máxima expresión en la raza de los blancos” (Baggini, 2019). Mucho antes, John Locke pensaba que los nativos  del continente americano estaban muy cerca a las bestias salvajes (Losurdo, 2007), y  sostenía que la  propiedad privada era la que habilita para participar en los asuntos públicos, la que daba carta de ciudadanía (Locke, 2006). Tanto es así que hasta finales del siglo XIX se exigía una determinada cantidad de dinero para poder votar: los pobres no eran ciudadanos (Pérez Royo, 2018).

Si para Locke los pobres y los indígenas americanos no eran ciudadanos. Para Hegel no eran seres humanos. Juan José Bautista Segales, quien ha trabajado de manera sistemática la obra de Hegel, en el VI Encuentro internacional de Pensamiento crítico, de 21 de julio de 2019, decía que  la idea de ser humano presupuesta en la Filosofía del derecho de Hegel es “el individuo burgués propietario”. Y agregaba que para Hegel “aquello que hace que un ser humano sea humano es la propiedad privada”. Es decir, los jodidos del derecho moderno son los pobres, porque el modelo ideal de ser humano para  el derecho moderno es el individuo  rico, blanco y macho.

Esta idea de ser humano sigue estando intacta hasta hoy. Que no se diga no quiere decir que no sea cierto. Si bien hoy no se exige  ser propietario para ser considerado sujeto de derecho, es irrefutable que cuando más cerca del poder económico más protegido por el derecho se está; que el indubio pro reo es más efectivo cuando se le acompaña de los adjetivos ‘rico’, ‘blanco’ y ´macho’. En cambio, si se es pobre, indígena, mujer u homosexual hasta se presume la culpabilidad. Cuando la Constitución peruana en el artículo 1° proclama: “la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”, debemos preguntarnos, ¿qué ideal de persona humana? En realidad, debemos cuestionarlo todo. Y no  acostumbrarnos a tomar los conceptos sin conocer sus fundamentos cognitivos.

Ahora bien, retomando el problema que dio origen a nuestra reflexión, pensamos que sea para transitar a un nuevo modo de vida basado en el bien común, en el cuidado del otro y de la naturaleza, o, sea para seguir en lo mismo, o peor; es imperioso “la construcción de un proyecto comunitario ético-político descolonizador que posibilite el florecimiento de nueva cultura jurídica” (Wolkmer, 2017, p. 280). El cual, como hemos visto, tiene que iniciar por efectuar, en primer lugar,  la crítica a la idea de ser humano presupuesta en el derecho moderno, y tener claro, como dice Juan José Bautista Segales, el ideal de ser humano del que será portador esa nueva cultura jurídica.1Debo precisar que la cita carece de exactitud. Es un apunte tomado en una conferencia impartida por el filósofo en mención en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Finalmente, si de pensar para construir otro derecho se trata, conviene tener en cuenta el sabio consejo de Albert Einstein: locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados.

Referencias bibliográficas

Baggini, Julian (2019). Cómo piensa el mundo. Una historia global de la filosofía. Barcelona: Planeta.

Dussel, Enrique (2008). 1492 El encubrimiento del otro. Hacia el origen del “mito de la modernidad”. La Paz: Biblioteca Indígena.

Dussel, Enrique (2001). Hacia una filosofía política crítica. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Hinkelammert, Franz (2010). La maldición que pesa sobre la ley. Las raíces del pensamiento crítico en Pablo de Tarso. San José: Arlekín.

Hinkelammert, Franz y Mora Jiménez, Henry (2006). Hacia una economía para la vida.  San José: DEI.

Losurdo, Domenico (2007). Contrahistoria del liberalismo. Mátaro: Viejo Topo.

Locke, John (2006). Segundo tratado sobre el gobierno civil: un ensayo acerca del verdadero origen, alcance y fin del gobierno civil. Madrid: Técnos.

Pérez Royo, Javier (2018). La constitución explicada a mis nietas. La clave para conocer nuestros derechos y ser más libres. Barcelona: Blok.

Wolkmer, Carlos Antonio (2017). Teoría crítica del derecho desde América Latina. México: Akal.

Notas   [ + ]

1.Debo precisar que la cita carece de exactitud. Es un apunte tomado en una conferencia impartida por el filósofo en mención en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
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Egresado de la maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos (UNMSM-Perú). Abogado. Bachiller en Filosofía.

Director del Centro de Estudios Disenso.

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