Los educadores también PODEMOS

Soy exiliado de España, realizando mi doctorado en Pedagogía en Salvador de Bahía, Brasil. Exiliado debido al 23,6% de paro que hay en España y más específicamente en mi región, Andalucía, de un 34,2%, el cual me imposibilitaba encontrar cualquier tipo de trabajo para tener una vida digna. Comencé a trabajar a los 16 años como camarero. Después de 11 años trabajando en la hostelería y tras haberme sacado la licenciatura de Pedagogía al mismo tiempo que sostenía una bandeja, tuve que salir de mi ciudad y mi país en busca de un futuro debido a que hasta encontrar un trabajo sirviendo comida (trabajo que siempre aprecié y apreciaré) resultaba prácticamente casi imposible, y sobre todo, cada día más precario gracias a las reformas laborales que nos impusieron para “mejorar la economía”. ¿La economía de quién? Creo que la respuesta está clara y además no es el tema que quiero tocar.

Desde su nacimiento, hace un año, vengo siguiendo con gran interés el desarrollo de Podemos, fuerza política de España erigida en las figuras de Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero (al cual tuve la oportunidad de entrevistar para esta revista poco antes de la formación del partido, puede verla aquí). Conozco a ambos desde varios años antes de la creación del partido. Siempre los he considerado (y lo sigo haciendo) como referentes teórico-políticos por la lectura tan clara que hacen del mundo actual, de la configuración capitalista que oprime a los de abajo, la represión del estado hacia los movimientos populares o sobre la inoculación del individualismo y la competitividad salvaje que introduce este sistema capitalista donde, como su nombre indica, el capital queda por encima de las personas.

Ambos son reputados académicos mundialmente pero al mismo tiempo son activistas en movimientos sociales. Y esas han sido las bases para establecer el proyecto político de Podemos. Rodearse de personas excelentes en sus campos laborales, tales como Íñigo Errejón, Lola Sánchez o Teresa Rodríguez, y entrelazarlo con los movimientos sociales. Una formidable plantilla que organizada a través del asamblearismo, mediante lo que llaman círculos, que ha predominado desde el nacimiento del partido, ha creado una formación política y un programa de partido decidido directamente por las bases y con la colaboración de personas de excelencia en las diferentes áreas. Pablo Iglesias llegó a denominarlo como “el gobierno de los mejores”.

Ese “gobierno de los mejores” se vio demostrado en la elaboración de su proyecto económico. Para él solicitaron la colaboración de dos de los más reputados economistas españoles a nivel mundial, hablo de Juan Torres y Vicenç Navarro.  Atendieron a la llamada y crearon el plan económico titulado “Un proyecto económico para la gente”. Una revolución económica para un estado como el español tan acosado por las reformas neoliberales de los últimos años. En él dan una vuelta completa al modelo económico imperante, colocando las personas por encima del capital.

Y yo, ¿Cómo me siento con esto? Sinceramente, con una envidia que desborda mi cuerpo. Pero una envidia sana. Sana porque me llena de alegría (y satisfacción pensarán algunos) que llegue el momento en que los planes económicos de España sean puestos en manos de reputados economistas que son conscientes de que, ante todo, la economía es una ciencia social que tiene que estar al servicio de las personas, y cuando digo personas, me refiero a todas, no a las pocas hacia las que siempre fue direccionada esta.

Por otro lado, con una envidia tremenda porque como educador veo que esto de llamar a “los mejores” para elaborar los planes educativos no acontece, al menos, por ahora. Y algunos dirán que es primordial cambiar las reglas del juego económicas por encima de la educación. Y yo les diría que un cambio económico sin un cambio educativo acorde a esa reestructuración va a ser más que difícil. Un cambio en la economía implica un cambio de sociedad y para ello la educación es fundamental. Nuestra educación enfocada en la formación de trabajadores, homogeneizadora y mercantilizada está en la línea de la vieja sociedad, y no de la futura que proponen con su plan económico “los mejores” Navarro y Torres.

Siento mucha envidia aderezada con un chorreón de pena. Pena ya que en nuestro país contamos con numerosos pedagogos que son referencia mundial. Educadores como Jurjo Torres Santomé, Mariano Fernández Enguita o Francisco F. García Pérez, este último miembro de la Red IRES, compuesta por docentes de todos los niveles que trabajan, investigan y proponen desde hace décadas cambios necesarios en el sistema educativo actual para que este sea enfocado hacia una educación más humana.

Como educador, se me hace la boca agua al pensar en un currículo educativo nacional elaborado por algunos de los antes mencionados. Un currículo realizado por “los mejores” que atienda a las necesidades de una sociedad que pone a las personas y su desarrollo como el principal objetivo. Una educación que con la igualdad de oportunidades por delante, valorice la riqueza de la diversidad, respete los ritmos y estilos de aprendizaje de nuestros estudiantes; que no esté basado en un sistema de castigos y recompensas sino en la autonomía y el amor por el conocimiento; que enseñe la democracia a través de la democracia en las aulas; que involucre a toda la sociedad en los procesos educativos (y esta es una relación directa con los cambios económicos) y un largo etcétera que hagan que el cambio educativo sea tan radical como el económico.

Para una sociedad como la española, radicalmente violenta en su estructura, donde viven 3 millones de personas con menos de 307 euros mensuales, donde las libertades retroceden a base de represión por parte del estado o donde asistimos atónitos cada día a nuevos casos de corrupción que nunca terminan de ser resueltos, se hacen totalmente necesarios cambios radicales, desde la raíz, para comenzar a crear una sociedad de la que nos sintamos orgullosos.

Cambios radicales políticos en economía pero también en educación, porque, recordando a Paulo Freire, todo acto educativo es político. Y los educadores también PODEMOS realizar ese cambio político que nos lleve a una sociedad verdaderamente humana.

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Autor

Licenciado en Pedagogía por la Universidad de Sevilla.

Doctorando en Difusión de Conocimiento por la Universidad Federal de Bahía, Brasil.