Los conservadores también marchan La intolerancia se ha convertido en los últimos años en un recurso propio de aquellos sectores de la población que ven amenazados los “relatos” con los cuales construyeron sus principios.

El reconocimiento a la diversidad radicaliza los grupos minoritarios que aún luchan por mantener un privilegio característico del siglo XIX y parte del XX; se han convertido en un anacronismo propio de la sociedad contemporánea, cuyas intenciones revestidas de “libertad de expresión” encarnan la otra cara de la globalización: la intolerancia.

Marcha Racista

Los resultados obtenidos en Estados Unidos por el reciente enfrentamiento entre promotores de la superioridad basada en principios biológicos y estéticos a priori, y divulgadores de la diversidad basada en los principios universales de la Humanidad, nos demuestra que la situación de la sociedad contemporánea no es tan diferente de la que se vivía en los siglos XIX y XX. De hecho, que dicho evento se haya realizado en un país desarrollado y promotor de la “libertad” demuestra que el contexto social ha cambiado de forma, pero no de fondo.

La intolerancia se ha convertido en los últimos años en un recurso propio de aquellos sectores de la población que ven amenazados los “relatos” con los cuales construyeron sus principios. Así como la nobleza intentó desarticular los movimientos insurgentes, con el fin de mantener sus privilegios, hoy se nos presentan manifestaciones racistas y xenófobas que revisten sus intereses bajo la premisa de tolerancia, pero que realmente expresan parte de los problemas que se viven en la sociedad actual: la falta de conocimiento y apertura hacia la otredad.

La otredad es ver a la contraparte que complementa el todo social; es entender que la totalidad del pensamiento y accionar de los individuos está compuesta por muchos pensamientos que establecen las directrices de desarrollo e interacción. La otredad debe ser entendida como el equilibrio de los hechos sociales.

Las sociedades y sus respectivas normas no son estáticas, sino que cambian con el paso del tiempo. En este sentido, son los propios individuos los encargados de modificar y socializar los entendidos de convivencia; Rousseau lo estipula a través del concepto de “contrato social”. No obstante, el problema actual no es el cambio del contrato social, sino el reclamo de aquellos que siguen con las viejas normas… se han quedado en un espacio y tiempo que los vuelve anacronismos propios del desarrollo social.

Sobran los ejemplos que el cambio siempre trae reacciones positivas y negativas, sin embargo, la razón de lo negativo no debe caer en lo radical y con fines de preservar un estado de cosas tal que permita la superioridad a partir de concepciones estéticas y que están sobrepasadas por la globalización.

Hoy, algunos grupos minoritarios están buscando su reconocimiento, otros más están buscando privilegios; está en cada uno de nosotros el lado al que queremos apoyar. Una manera vana es el ser neutral, pero parafraseando a Antonio Gramsci, ser neutral es una forma sutil de estar en contra del cambio…