Los árabes en Brasil – Inmigración Iberoamericana nº8

Con esta entrada retomamos el serial de emigración desde Oriente Medio hacia Sudamérica, refiriéndonos en concreto a la emigración palestina y sirio-libanesa en Brasil. Al igual que en entradas anteriores referentes a esta emigración en diversos países sudamericanos, es difícil hablar con exactitud de todo lo referente a esta emigración en Brasil debido a la dificultad de las fuentes, ya que estos países pertenecían al Imperio Otomano a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX y por tanto estos emigrantes entraban en Brasil con un pasaporte turco y no con un pasaporte palestino, sirio o libanés. Además, se da la curiosidad que en Brasil las autoridades aglutinaron a diversas nacionalidades (egipcios, marroquíes, iraquíes, armenios etc.) en el término Medio-Oriente, lo que dificulta aún más concretar y cuantificar esta emigración.

Brasil es otro de los países sudamericanos, al igual que Chile o Argentina, que una vez independizados a inicios del siglo XIX se fueron configurando como país receptor de emigrantes de forma masiva. Y al igual que pasaba en Argentina o en Chile, las autoridades brasileñas querían poblar el país de emigración europea blanca y católica, fácilmente asimilable en la cultura brasileña. Por tanto, el gobierno brasileño realizó una emigración selectiva, lo que hizo que llegaran al país principalmente portugueses, italianos y españoles. Concretamente, entre 1880 y 1960 llegaron a Brasil 1.604.080 portugueses, 31 % del total; 1.576.220 italianos, un 30 % del total y 711.711 españoles, un 14 % del total. Por tanto, entre las tres nacionalidades tenemos el 75 % del total de la inmigración en Brasil para ese largo periodo de tiempo. La inmigración total del Medio-Oriente para este periodo es de 140.464, suponiendo el 3% del total, un contingente poblacional de distintas nacionalidades, claramente minoritario en relación con el total de emigrantes en la sociedad brasileña.

Tenemos datos más concretos dentro de ese heterogéneo grupo llamado Medio-Oriente para el periodo 1884-1939. En ese periodo llegaron a Brasil 20.507 sirios, 5.174 libaneses, 677 palestinos, 826 armenios, 645 egipcios, 328 marroquíes o 129 iraníes, además llegaron a Brasil en ese periodo 78.455 personas definidas por el gobierno brasileño como “turcos”. Estas cifras muestran que en Brasil, al igual que en Argentina, la emigración sirio-libanesa fue claramente más numerosa que la palestina, y casi con seguridad, los sirios fueron el contingente poblacional más numeroso en Brasil de todas las nacionalidades que englobaban las autoridades brasileñas en el término Medio-Oriente.

Las causas de la emigración de palestinos y sirio-libaneses a Brasil son las mismas que para otros países de Sudamérica. La persecución de cristianos ortodoxos en la zona de Oriente Medio por parte del Imperio Otomano fue una de las principales razones de esta emigración. Del total de estos emigrantes que llegaron a Brasil a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, se cifra que el 85 % eran cristianos. El aumento demográfico en la zona, que llevó aparejado la falta de tierras cultivables para los jóvenes del lugar, fue la otra gran causa de esta emigración.

La emigración palestina y sirio-libanesa que llega a Brasil estuvo enmarcada fuera del sistema de subsidio y promoción estatal que el gobierno brasileño tenía para la emigración europea y japonesa. Por tanto estos emigrantes tuvieron más dificultades para asentarse y comenzar una nueva vida, ya que eran pocos y además no eran deseados por la sociedad brasileña. Al igual que en otros países sudamericanos, los palestinos y sirio-libaneses que llegaron a Brasil eran agricultores en su país de origen que se convierten en comerciantes. Pero a diferencia de en otros países sudamericanos, estos emigrantes en Brasil utilizaron poco la venta ambulante y se asentaron  en ciudades, principalmente en Sao Paulo y en ciudades del nordeste y de la Región Central. En Sao Paulo, en 1907, existían alrededor de unas 320 tiendas minoritas sirio-libanesas, en los años veinte muchas de ellas se habían convertido en firmas industriales y empezaban a competir en el sector contra las industrias portuguesas. De las 91 empresas regidas por personas provenientes de Oriente Medio o por sus descendientes en esa época, 65 operaban en el sector de las confecciones y doce en el ramo textil.

Además de en el ramo del textil y la confección, los inmigrantes sirio-libaneses en Brasil crecieron económicamente y se asentaron positivamente en el país a través de la comida árabe. De hecho, Brasil es el único país sudamericano donde las cadenas de comida rápida de origen árabe son habituales y no solamente son utilizadas por los descendientes sirio-libaneses o de otras nacionalidades de Oriente Medio, sino que la comida árabe se ha asentado perfectamente dentro de la sociedad brasileña.

La llegada de los emigrantes desde Oriente Medio y también desde el Magreb supuso una revolución en los conceptos de la sociedad brasileña que se tenían hasta entonces, con una dicotomía blancos/negros muy pronunciada, que diferenciaba entre blancos como parte de la sociedad dominante y negros como parte dominada (se calcula en 4 millones los esclavos negros que llegaron a Brasil a partir del siglo XVI desde Angola, Mozambique y el Golfo de Benín). Desde ese momento, la sociedad brasileña se diversificó y abandonó poco a poco la mentalidad de sociedad clasista y esclavista que había tenido durante siglos.

Por tanto las primeras décadas de la presencia sirio-libanesa y palestina en Brasil estuvieron marcadas por la discriminación de la sociedad elitista brasileña hacia los emigrantes mal llamados “turcos”. Pero,  además, existió discriminación de otras nacionalidades que emigraron a Brasil hacia los sirio-libaneses y palestinos. El caso más significativo ocurrió en 1935 y fue una discusión entre Herbert Levy, periodista e intelectual judío emigrante desde Alemania y Jorge Salomao, descendientes de emigrantes sirios. Levy argumentaba que los judíos serían mejor aceptados en la sociedad brasileña que los árabes, ya que los judíos eran portadores de la ciencia y el progreso y los árabes lo eran de costumbres higiénicas y sexuales reprobables y por ser musulmanes.

Parte de la asimilación efectiva que tuvieron los sirio-libaneses en Brasil, sobre todo a partir de la segunda generación y sucesivas, vino dada porque estos emigrantes eran católicos en su mayoría y trataron de reforzar su imagen presentándose como occidentales, cristianos y trabajadores que llevaban el progreso a lo largo del territorio brasileño, separándose de la minoría musulmana que había emigrado desde Oriente Medio, la cual tuvo una asimilación mucho más difícil en la sociedad brasileña que sus homólogos católicos. Además, el asentamiento y la asimilación efectiva de la sociedad sirio-libanesa en Brasil, sobre todo en Sao Paulo, dio un paso adelante cuando miembros de esta comunidad empezaron a regentar cargos políticos de importancia dentro de los partidos políticos y sindicatos brasileños tras el final del Estado Novo, nombre que se le otorga al gobierno de Getulio Vargas entre 1937 y 1945.

Fue muy habitual que los escritores brasileños de origen libanés exaltaran en sus escritos a la civilización fenicia y todo lo relacionado con ella, como el descubrimiento del alfabeto o la navegación, en un intento de despreciar a la civilización arabo-islámica, ya que para estos lo relevante en la historia comienza en el siglo VII, con la aparición del Profeta Mahoma. Entre los más fanáticos, sobre todo entre los maronitas, el término árabe fue identificado como musulmán, ya que se considera el Islam como unidad de religión del Imperio.

Existe por otra parte lo que se conoce actualmente como una segunda emigración o nueva emigración sirio-libanesa a Brasil, que se diferencia claramente de la anterior, conocida como vieja emigración sirio-libanesa a Brasil, por varios aspectos, como la cronología, los protagonistas de la misma, sus lugares de asentamiento o su asimilación dentro de la sociedad brasileña.

Entre 1960 y 1995 emigran al sur de Brasil población desde Oriente Medio, principalmente desde el sur del Líbano, aunque también desde Palestina y Jordania en menor medida, que se asentaron principalmente en los Estados de Paraná y de Río Grande do Sul. Se cifra en 12 mil las personas que componen esta emigración, de las cuales el 90% procedía del Líbano, siendo una emigración musulmana a diferencia de la anterior que fue mayoritariamente cristiana. Se dedicaron básicamente al comercio e importación de productos entre las fronteras de Brasil, Argentina y Paraguay.

Al ser una emigración de frontera, relacionada con la emigración libanesa de frontera en Paraguay, y al ser musulmanes, este contingente de población libanesa no ha tenido una asimilación efectiva en la sociedad brasileña, siendo en muchas ocasiones marginados por las élites. La Guerra Civil del Líbano (entre 1975 y 1990) y la tensión en la frontera sur libanesa con Israel son los dos elementos claves para entender la emigración libanesa a partir de 1960, la cual no se marchó mayoritariamente a Sudamérica como sus antepasados, sino a Australia.

En la próxima entrega rendiremos desde Iberoamérica social un merecido homenaje a la revolución guatemalteca de 1944, la cual llevó a ese país centroamericano  un periodo de diez años de paz y prosperidad que concluyeron con el Golpe de Estado ocurrido en ese país en 1954.

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Autor

Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.

Especialista en Paleografia y Diplomática.

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