Literatura y violencia en la historia

En este artículo, adelanto, sólo pretendo encontrar algunas relaciones entre el arte, la literatura en este caso, y las ciencias sociales, intentando reflejar la cuestión de la violencia de género o familiar en la literatura.

Cuando las artes transmiten enseñanzas.

En este artículo, adelanto, sólo pretendo encontrar algunas relaciones entre el arte, la literatura en este caso, y las ciencias sociales, intentando reflejar la cuestión de la violencia de género o familiar en la literatura.

El tema es mucho más complejo y requiere mayor atención. Acá solo observo lo que en un momento dado, histórico, un artista percibió de la realidad a través de una novela costumbrista.

Las artes y la observación de la realidad usualmente van de la mano. Toda expresión artística termina siendo, o teniendo referencias, de lo que ocurre alrededor, dado que el artista es una persona de su tiempo, transmite sus miedos, sus idearios y lo que percibe de la sociedad.

 La obra de Amado.

A veces de manera velada, a veces de una manera descarnada, otras como al pasar, el artista pone en el lienzo o en el papel lo que percibe y la literatura tiene suficientes ejemplos al respecto. Hoy me quiero dedicar a la obra del escritor brasileño Jorge Amado, teniéndolo como excusa para comentar un tema preocupante.

Sobre la obra de Amado se ha escrito mucho. Es uno de los mejores exponentes de la literatura brasilera. Ha sido un lector de la sociedad brasileña como pocos, un gran conocedor de las entrañas de lo más profundo de su país, y comprometido con su sociedad al punto de tener que sufrir el exilio por su participación política y su compromiso social.

Ello no le ha prohibido cruzar su visión con un estilo denominado “realismo mágico” (estilo o forma que sólo se piensa para la literatura de habla hispana de los ’60) para lograr una novela como “Doña Flor y sus dos maridos”, publicada en el año 1966.

En ella, ya todos lo deben saber, se cuenta la vida de una mujer que sufre por su marido que ha fallecido, un juerguista empedernido y de baja calaña pero excelente amante que usa sus dotes para dominar a su Flor. Por otro lado al enviudar, y luego de un lapso prudencial, se vuelve a casar con un hombre que es la antítesis del primero.

La percepción precisa de la realidad.

El párrafo que transcribo a continuación relata los consejos que una mujer mayor, Doña Agnela, le da a Flor, respecto a la relación con su joven marido justificando la vida disipada y violenta que lleva y cómo sobrellevar esa situación:

 

“… un perdido por el juego, tiraba con todo. … Lo perdía todo y se ponía furioso y cuando venía me gritaba, me pegaba…

-¿Le pegaba? –preguntó con voz tensa Doña Flor.

-Cuando bebía demasiado, ya lo creo… Pero sólo cuando bebía demasiado…

-¿Y usted lo soportaba? Yo no se lo permitiría… a ningún hombre… -Doña Flor se estremecía de indignación con solo pensarlo-. Nunca lo permitiré.

Doña Agnela sonrió, comprensiva y experimentada. ¡Doña Flor era todavía tan jovencita, ni siquiera había comenzado a vivir!

 –¿Qué iba a hacer, si lo quería, si ese era mi destino? ¿Iba a dejarlo solito, con esa vida angustiosa, sin nadie que lo cuidara? Era chofer, como Cígano, sólo que trabajaba para otros, a porcentaje. Nunca juntó dinero  para poder comprar un coche, el manirroto. Todo cuanto yo podía guardar él lo perdía, me lo sacaba aunque fuese por las malas. Murió en pleno desastre. … Pero le voy a decir una cosa, hija mía… Si él se me apareciese, de nuevo volvería a juntarme con él otra vez… Era mi sino, lo quería…

… ¿Qué puedo hacer?, dime Normita, si él es mi destino… ¿Dejarlo solito, sin nadie que lo cuide? ¿Qué puedo hacer, dime, si estoy loca por él, si no podría vivir sin él?” 

El mensaje que transmite Amado, como al pasar, es la lectura filosa de la sociedad de la época en la que la mujer debe sólo soportar o aguantar, inclusive la violencia física, para sostener un matrimonio y el trato despótico del hombre “jefe de familia”.

Violencia familiar y Belém do Pará.

Traigo esta obra como excusa para exponer las doctrinas jurídicas o la sociología que se pueden leer en el consejo de Doña Agnela a Flor, propios de la época que parece lejana allá a mediados del siglo XX, que llevaron a la negación de su yo y consiguientemente a su destrucción, teniendo como resultado el aceptar las cosas como son obedeciendo y sometiéndose a su pareja.

Así la violencia familiar o de género se ha observado desde distintos puntos de vista tratando de explicarla. En este caso los consejos de Doña Agnela, amiga mayor que Flor, se pueden enmarcar en dos modelos clásicos.

Desde una perspectiva como el “modelo psiquiátrico”: las causas de la violencia están relacionadas con la persona del agresor, siendo la conducta violenta sólo una situación patológica propia de una persona psíquicamente desequilibrada y como un problema individual ajeno a cuestiones sociales y/o culturales.

El “modelo psicosocial”: en donde se analizan variables personales y algunos factores sociales como determinante de las conductas violentas. Así, la culpa de la agresión está dada por la interacción de los cónyuges y el maltrato es un síntoma de una dinámica distorsionada en la pareja.

Quedarse con esos modelos implica soslayar la realidad que a diario se observa en la sociedad y que debe ser abordado multidisciplinariamente para una cabal indagación de la etiología de la violencia familiar como tal.

Uno cierra los ojos al leer estos párrafos de Amado y puede ver hasta los golpes, el hurto, la vejación del marido hacia la esposa. Uno piensa en todo lo que la legislación ha progresado merced a la muerte de tantas mujeres de nuestra sociedad, de trata de personas, de explotación y de procesos judiciales truncos contra los que ejercen violencia.

A pesar de los más de 25 años que tiene vigente en la región la “Convención de Belém do Pará”, que marca un hito en la protección internacional de los derechos de la mujer, se sigue luchando al respecto en el reconocimiento de los derechos y la asunción de obligaciones por parte de los Estados signatarios para lograr una vida libre de violencias contra las mujeres.

Sirve la literatura para recordarnos los avances que hemos hecho y todo lo que nos falta caminar.

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Abogado graduado en la Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe, Argentina y Mediador de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe, Argentina.

Magistrando en Ciencias Sociales y Bioética.

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