Las trabajadoras del hogar en México y sus realidades ante el confinamiento

Según datos oficiales del CONAPRED (2018) en México el 14% de trabajadoras del hogar reportó maltrato verbal, el 16% dijo que los empleadores revisaban sus cosas y el 12% mencionó haber sido víctima de acoso sexual.

trabajadoras del hogar en México
trabajadoras del hogar en México

Lidia Reyes Vásquez.
Indígena mixteca del estado de Oaxaca, maestra en Sociología rural y estudiante del doctorado en Sociología por la Universidad Autónoma Metropolitana.

 

Mi madre, mis tías, mis amigas y conocidas, junto con 2.4 millones de mujeres mexicanas, muchas de ellas originarias de comunidades indígenas, de bajos recursos y con nula o escasa escolaridad formal, están viviendo días y noches complicadas debido al confinamiento derivado de la pandemia del COVID-19.

Estas mujeres llamadas por sus empleadores y empleadoras como “muchachas”, “marías”, “gatas”, “sirvientas” y “chachas” dan sus mejores años, sus afectos y sus servicios a familias que muchas de las veces las desechan en cuanto ya no les son útiles. Y es que desde temprano tienen que estar al pendiente de lo que “el señor”, “la señora” o los “señoritos/as” necesitan y quieren. Tienen que lavar sus coches, levantarse o acostarse a las tantas horas de la madrugada para atender las necesidades de sus empleadores, asear casas enteras, hacer la comida, lavar la ropa, tenderla, cuidar de los adultos mayores y ocupar el lugar de madres de los hijos y las hijas de las “patronas”.

Son mujeres que en su vivir cotidiano son objeto de múltiples opresiones debido a que su lugar de trabajo es el hogar del empleador y en tanto un espacio privado se puede hacer con ellas lo que se quiera, desde intentar educarlas para que sean menos ignorantes e “indias” hasta abusar de ellas física, psicológica y sexualmente. Lo digo yo que como hija de empleada del hogar he sido testiga de esas violencias cotidianas en contra de mi madre, de esas burlas y de esos malos tratos, pero también lo dicen las instituciones. Según datos oficiales del CONAPRED (2018) en México el 14% de trabajadoras del hogar reportó maltrato verbal, el 16% dijo que los empleadores revisaban sus cosas y el 12% mencionó haber sido víctima de acoso sexual. Esos datos cuantifican sólo las voces de aquellas que han dado su opinión al respecto, pero hay muchas más que no hablan, que ni siquiera dicen que se dedican al trabajo doméstico remunerado por pena y miedo a la discriminación y al racismo cotidiano que las rodea.

En el actual contexto de confinamiento muchas trabajadoras del hogar han sido despedidas injustificadamente, otras siguen aguardando a que sus empleadores y empleadoras les llamen por teléfono o les envíen un mensaje para regresar a sus trabajos. Otras tantas empeladas del hogar de planta (aquellas mujeres que viven en el hogar de la familia empleadora) han tenido que trabajar horas extras como Dominga quien no ha podido ir a su pueblo a visitar a su hijo desde hace ya casi cuatro meses. Estas mujeres tienen que dar un triple esfuerzo día con día porque en el hogar de los empleadores se encuentran todos. No sólo tienen que hacer lo que cotidianamente hacían, ahora la carga de trabajo es más grande porque hay que atender a los “patroncitos” que antes se iban a la escuela, al “patrón” que está haciendo home office, a los abuelos que llegaron a pasar estos días con la familia y así sucesivamente.

Son mujeres que están cruzadas por la coloniadad del género (Lugones, 2008), pero también por su condición étnica, racial y de clase social. Ante ese cruce de opresiones cotidianas en estos tiempos en donde la enfermedad se respira por doquier y si llega a ti te puede matar, es que ellas siguen trabajando para sí mismas y sus familias.

Esas son algunas realidades que se cruzan con opresiones múltiples que deben visibilizarse en todo momento. Ellas hacen lo que otros y otras no pueden o no están dispuestos a hacer, “el trabajo sucio” que implica tener unas manos hinchadas, carcomidas por el cloro, unos pies maltrechos por tanto ir y venir, pero con unas ganas de seguir resistiendo desde sus trincheras, desde sus familias y comunidades de origen para dignificar sus vidas cotidianas y para dejar claro que el trabajo doméstico remunerado es tan importante como cualquier otro en este mundo capitalista y depredador.

Estas palabras vienen de lo profundo de mi corazón, de lo que pudiera considerarse sólo vivencial y que desde una mirada occidental no es objetivo y mucho menos científico, sin embargo, a la luz de teorías otras como la descolonial, toman sentido y abonan a las experiencias de a pie que muchas mujeres como mi madre tienen que ofrecer para construir conocimientos otros desde el sentir-pensar.

Referencias bibliográficas

CONAPRED (2018). Condiciones laborales de las trabajadoras domésticas. Estudio cuantitativo con trabajadoras domésticas y empleadoras.

Lugones, María (2008) “Colonialidad del género”, en Tabula Rasa, Colombia, Universidad Mayor de Cundinamarca, pp. 73-101.

¿Qué te ha parecido?

(4 votos - Media: 5)