Las Reformas Borbónicas: ¿Un paso hacia la emancipación hispanoamericana?

Durante el siglo XVII, conocido como el siglo largo (1620-1730/40) por su ciclo económico respecto al siglo XVIII, la economía de las colonias hispanoamericanas se encontraba débil. Si bien es cierto que no se puede hablar de una economía homogénea sino más bien de una economía fragmentada lo claro era que las actividades económicas de los virreinatos estaban en decadencia. Debido a esta situación la recién llegada monarquía borbónica impulsa una serie de medidas a lo largo del siglo XVIII que van más allá de lo administrativo y con la finalidad de revertir la relación con sus colonias.

David Aguilera Casanovas

 

Durante el siglo XVII, conocido como el siglo largo (1620-1730/40) por su ciclo económico respecto al siglo XVIII, la economía de las colonias hispanoamericanas se encontraba débil. Si bien es cierto que no se puede hablar de una economía homogénea sino más bien de una economía fragmentada lo claro era que las actividades económicas de los virreinatos estaban en decadencia. Debido a esta situación la recién llegada monarquía borbónica impulsa una serie de medidas a lo largo del siglo XVIII que van más allá de lo administrativo y con la finalidad de revertir la relación con sus colonias.

Contexto previo al siglo XVIII

La caída de la producción y la exportación de un sector clave para la monarquía hispánica como era la minería se hizo visible en la zona andina, notándose un estancamiento de la explotación, mientras que en Nueva España este sector estaba levemente al alza desde finales de siglo y a pesar de la crisis general. Esto nos recalca de nuevo la heterogeneidad del espacio colonial, pues fue un espacio gigantesco y diverso. Muchos historiadores se refieren a este largo siglo XVII como un periodo de crisis colonial o de etapa de impotencia ya que se acentuaron diferentes problemas en el espacio colonial.

A pesar que haya controversia entre historiadores sobre si el siglo XVII fue un siglo de crisis general, lo cierto es que si hubo zonas que se encontraron en dificultades. La relación comercial colonia/metropolis residía en la producción de bienes primarios por parte de la colonia para después recibir de las metropolis los productos manufacturados y este intercambio comercial se vio truncado por una metropolis incapaz de satisfacer estas necesidades. Este hecho trajo consigo un aumento del contrabando, especialmente con los ingleses. Es por eso que en 1713, después de la Guerra de Sucesión (1701-1713), los Borbones aceptaron en el Tratado de Utrecht, la posibilidad de establecer un comercio limitado con los mercaderes británicos. Un comercio que previamente estaba reservado a Francia pero que perdió su concesión. Este comercio de las colonias con el Reino de Gran Bretaña volvió a prohibirse a finales del siglo XVIII, lo que demuestra que fue una medida para solventar a corto plazo las necesidades de las elites criollas en los territorios americanos.

Por otro lado, las elites criollas se vieron desatendidas. La falta de un comercio fluido y recíproco con la metropolis generó algunos espacios comerciales entre regiones, algo que no estaba permitido puesto que el comercio era un tema de colonia/metropolis pero que se toleró. La extensión del territorio también trajo consigo problemas de carácter fiscal e irremediablemente la rentabilidad de las explotaciones criollas fue a la baja. La desconexión de la monarquía hispánica con sus colonias en el siglo XVII y principios del XVIII era tal que los virreinatos tuvieron que organizar su propia defensa en algunas zonas de sus territorios, una tarea que correspondía a la metropolis.

El corto siglo XVIII

El siglo XVIII se caracterizó, a pesar de la Guerra de Sucesión (1701-1713) y la Guerra de los Siete Años (1756-1763), como un siglo de expansión y crecimiento económico. Fue el siglo de las reformas borbónicas, que fueron más allá del carácter administrativo/fiscal que todos conocemos.

El fin de la Guerra de Sucesión trajo consigo a los Borbones. El reinado de Felipe V (1700-1746) y Fernando VI (1746-1759) se caracterizaron entre otras cosas por el intento de secularización de la España penínsular, mientras que las reformas borbónicas en las colonias americanas que hicieron crecer y consolidar su economía durante la segunda mitad del XVIII corresponden a Carlos III, no exclusivamente pero sí en esencia. Las reformas de carácter administrativo/comercial tienden a verse como una liberación de la economía pero es justo lo contrario, pues lo que se pretendía por parte de la corona española era la consolidación del proteccionismo con la metropolis, intentando evitar el comercio y el contrabando con las demás potencias europeas. Bajo este pilar central se desarrollaron las reformas.

La economía europea se encontraba al alza, lo cual tuvo una repercusión en las colonias americanas de manera positiva, además cabe destacar que la demografía hispanoamericana comenzaba a aumentar notablemente y esto repercutió positivamente en los sectores económicos porque supuso mano de obra. No hay que olvidar que una de las catástrofes de la conquista de América fue la pérdida de población autóctona de forma exponencial, lo que obligó a la importación de esclavos.

En este contexto los Borbones realizaron leyes de carácter fiscal para fomentar la minería; en el caso de Nueva España el aumento de la producción minera fue más que notable, tal y como nos muestra la recaudación de ese virreinato. Como ya hemos comentado, el sector minero en la zona andina estaba agotándose por lo que la corona estimuló los sectores económicos de la región. En 1765, Carlos III puso fin al monopolio comercial de Cádiz y en 1774 permitió el comercio intercolonial por lo que un total de 39 puertos comerciales, coloniales y de la metropolis, estuvieron autorizados para comerciar y dinamizar así la economía. Sectores económicos como el cultivo de cacao, de caña de azúcar, el café y el tabaco, es decir productos de lujo, se vieron beneficiados por las rebajas fiscales. Se puede hablar de una incipiente industrialización en zonas de América Latina. El monarca, en 1778 promulgó el Reglamento de Comercio Libre, una medida que reforzó los mercados internos coloniales y mejoró los controles de estos mercados.

Todas estas medidas fiscales tuvieron un impacto positivo y notable en la economía hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XVIII. La explotación y comercialización del oro y la plata aumentaron considerablemente y se exportaron muchos más productos que a inicios de siglo, todo ello fruto de la estimulación del sector minero, agrícola y manufacturero. Lo cierto es que estas medidas han generado un debate historiográfico sobre su repercusión económica, ya que mientras la historiografía más clásica defiende que hubo un auge general de la economía hay otra más reciente que defiende la teoría de que el crecimiento fue desigual en el espacio colonial, favoreciendo mucho más a las zonas portuarias.

Como ya hemos dicho, las reformas no solo fueron de carácter administrativo, en el ámbito religioso y militar también se dictaron nuevas leyes. En cuanto a la religión, la corona siguió manteniendo la designación de las cúpulas eclesiásticas por parte de los peninsulares pero hubo una reforma de mayor calado político-social. En 1767, Carlos III expulsó a los jesuitas de las colonias en América, un total de 2.500, entre los cuales había un alto porcentaje de criollos. Los jesuitas desempeñaban labores educativas esencialmente y habían conseguido un gran poder en el continente, por lo que se decidió expulsarlos. Estos jesuitas exiliados, a raíz de estos acontecimientos, se convirtieron en influyentes teóricos y detractores de las reformas y la metropolis y fueron grandes contribuyentes al desarrollo del pensamiento americanista posterior. En el ámbito militar y como consecuencia de las numerosas incursiones de las potencias europeas en el territorio se inició una reforma de las defensas, pues como se demostraba, habían quedado obsoletas. Por otro lado, se hizo una revisión de la organización militar, con la intención formar un ejército más eficiente y capaz, no sólo para hacer frente a las tropas europeas sino también contra la subversión en el interior de sus fronteras.

Las medidas aumentaron la recaudación impositiva pero también supusieron un mayor control por parte del imperio, generando así tensiones sociales ya que empezaron a llegar grandes grupos de administradores peninsulares encargados de supervisar y recaudar. Es decir, que en una disputa entre administradores criollos y peninsulares, la corona siempre fallaría a favor de los peninsulares porque estos últimos se encargaban de defender los intereses de la metropolis. Por otro lado, la entrada de España en la Guerra de los Siete Años en 1761 y la posterior Guerra de Independencia (1808) contra Napoleón generó una mayor presión fiscal sobre las colonias. Aunque el objetivo principal fuese defender los puertos y los enclaves militares del Nuevo Mundo esta presión ahogó y/o frenó a sectores económicos de los diferentes virreinatos. Las colonias hispanoamericanas pasaron de una segunda mitad del siglo XVIII relativamente boyante en términos económicos a una economía debilitada y unas actividades económicas cada vez menos rentables.

Finalmente, con el fallecimiento de Carlos III el programa de reformas en las colonias hispanoamericanas todavía no estuvo completo pero el ascenso al trono de Carlos IV, en 1788, paralizó las nuevas reformas por recomendación de sus consejeros. Algunos historiadores de renombre de la historia de América Latina como Tulio Halperin Donghi rechazan la idea de que este malestar social supusiese directamente un clima de independencia, pero lo cierto es que visto con perspectiva y con el desarrollo de los hechos en la Guerra de Independencia se puede decir que ayudó.

Bibliografía

– del Alcázar, Joan (coord.). (2007). Historia contemporánea de América. Valencia: PUV.

– Gelman, Jorge. (2019). El desempeño económico de Hispanoamérica durante el siglo XVIII y las reformas borbónicas. Ediciones Universidad de Salamanca; Cuadernos dieciochistas, 20, pp. 69-95. DOI: 10.14201/cuadieci2019206995.

– Lucena Salmoral, Manuel (coord.). (2008). Historia de Iberoamérica; II. Historia Moderna. Madrid: Cátedra.

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