Las fatalidades de Internet (última parte): nómadas digitales, política y nueva normalidad

Dado que las redes sociodigitales presentan nuevas formas de interacción e información, queda claro que todos los aspectos de la vida social se ven afectadas de una u otra forma.

Las fatalidades de Internet
Las fatalidades de Internet

A lo largo de la trilogía “Las fatalidades de Internet” se ha tratado de dar espacio a una serie de reflexiones que giran en torno a la forma en que Internet y las redes sociodigitales se insertan dentro de la vida cotidiana del individuo en el siglo XXI.

Se ha examinado su estructura y las formas en que estas herramientas se apropian socialmente para prácticas culturales e informativas, por lo que en esta ocasión se abordarán algunos elementos a considerar ya no sólo en el presente, sino también en el futuro como parte del contexto novedos que suponen estos desarrollo, así como el contexto global derivado de otros elementos de riesgo como lo ha sido el COVID-19.

Nómadas digitales

Como se ha mencionado en otras ocasiones, la capacidad de Internet en tanto espacio es prácticamente infinita, sólo limitada por las capacidades técnicas y operativas que la sustentan. Esa infinitud se ha visto ampliada de manera contradictoria por la segmentación del espacio virtual que realiza cada una de las redes sociodigitales. Aunque Christian Fuchs (2015) las denomina reinos porque poseen autonomía, la realidad es que son todas ellas son dependientes al factor humano que les dota de operatividad; es decir, las redes sociodigitales podrán ser infinitas, pero su función será reducida al mismo número de personas que aunque incrementa constantemente no lo hace en la misma medida que los desarrollos tecnológicos.

Por tanto, cada reino comparte en suma a los mismos individuos que están en constante movimiento transmedia; su fidelidad está con ellos mismos, por lo que sus gustos, intereses y tendencias en el uso de las redes sociodigitales les da la posibilidad de establecer usos, modificar hábitos y moverse libremente entre las parcelas de Facebook, Tik Tok, Twitter, Instagram, WhatsApp, RenRen, por ejemplo. Esta libertad de movimiento pone al descubierto una condición particular de Internet dado que su volatilidad hace que el futuro sea incierto; tal vez en 10 años Facebook y Twitter dejarán de ostentar los primeros lugares de atención y concentración de usuarios activos y se conviertan en meras anécdotas.

Por tanto, el futuro de las plataformas sociodigitales están destinado tanto por su capacidad (infinita, casi como condena) de innovación para mantener y atraer a usuarios, como la búsqueda de satisfacción del propio individuo dentro de cada red sociodigital. Así, los nómadas digitales se caracterizarán por su movimiento espontáneo y sin sentido lógico para el mercado, siempre buscando su satisfacción y siguiendo las tendencias para poder sentirse ‘cómodos’ en una red. Tik Tok y Telegram son dos ejemplos que muestran cómo estos nómadas digitales se mudarán de red a aquéllas que satisfagan su necesidad de seguridad, información e interacción, aunque esto no significa que desistan de usar otras redes como Facebook o Instagram, por lo que en su infinita búsqueda de satisfacción se encuentra su nomadismo.

Ese nomadismo digital es la expresión más actual del posmodernismo y de la influencia de la moda y la seducción en el individuo: siempre buscando la innovación, cada vez más escépticos con los desarrollos tecnológicos y cada vez más insatisfechos… la saciedad de comodidad y perfección es su cadena más pesada.

Política en la era digital

Dado que las redes sociodigitales presentan nuevas formas de interacción e información, queda claro que todos los aspectos de la vida social se ven afectadas de una u otra forma. El caso de la política se encuentra con modificaciones que implican reconsiderar la comunicación políticas y el marketing político; ya no basta con un proceso donde se busque tener la mejor envoltura, sino que requerirá de ampliar el aspecto político de cualquier candidato a su vida privada. Siempre habrá un tuit, publicación o recuerdo que permita al ciudadano reafirmar su aceptación/cuestionamiento a lo que realiza una persona con cargo público.

Los mismos partidos políticos deberán reflexionar e innovar la forma de llegar a los ciudadanos y de convencerlos de votar por ellos; hoy, la ciudadanía adquiere una caracterización digital que debe ser entendida no sólo como una forma más directa de llegar a grandes sectores de la población, sino como un espacio donde la imagen pública no sólo se conforma por lo que dice el individuo de sí, sino de todo el conjunto de referencias, comentarios y reacciones que tenga la gente de ese individuo. Por tanto, los políticos deberán no sólo pensar en qué quieren expresar, sino qué expresan de él en el entramado sociodigital.

Nueva normalidad

El contexto que se avecina después del COVID-19 implica, se quiera o no, un cambio fundamental en la forma de ser y hacer sociedad. El individuo deberá modificar hábitos y lógicas operativas en estructuras como la escuela y el Estado. Quien no esté dispuesto a reconocer esa necesidad de cambiar la forma de educar, de enseñar, de aprender, de trabajar y de vivir, se volverá un anacronismo sutil, pero peligroso.

La nueva normalidad se venía gestando desde el siglo pasado con la invención y socialización de Internet; la pandemia sólo aceleró el proceso de asimilación de una manera incalculable para unos y cruel para otros. La aplicación de este nuevo contexto ha dejado ver que en muchos países periféricos aún existen desventajas contextuales y estructurales que dificultan este proceso de asimilación, pero lejos de culpar al desarrollo tecnológico, se debe criticar que el sistema sigue siendo el mismo, por lo que más que huir de la tecnología se deben implementar cambios profundos que algunas sociedades (como las latinoamericanas) han dejado en segundo orden.

La nueva normalidad impactará de diferentes maneras cada Nación; hacer uso de comparaciones entre países para criticar la implementación de una política afirmativa o transformativa (Young, 2012) deja de tener objetividad y relevancia dado que existe una amplía gama de elementos que con la pandemia han cambiado, por lo que incluso entre las grandes categorías se haya inmerso una pluralidad y diversidad que conflictúan los análisis.

Finalmente, la nueva normalidad se vuelve un reto para repensar las formas en que la sociedad se produce y reproduce. Cada país enfrentará ese reto de acuerdo con su capacidad de autoorganización y aceptación; la revolución no será aquella que se rehúse a asimilar dichos cambios o condenar la integración sociodigital, la nueva forma de revolucionar será mediante domesticar la tecnología para hacer cambios profundos en favor de los que menos tienen y romper las lógicas de exclusión tanto en el plano real como en el virtual.

 

Fuchs, C. (2015). Culture and economy in the age of social media. New York: Routledge.

Young, J. (2012). El vértigo de la modernidad tardía. Buenos Aires: Didot.

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Profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de México (UNAM)

Formado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e Ingeniería Agrónoma, Especialización en Sociología Rural en la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

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