Las fatalidades de Internet (Parte II): Fake news, cultura y simulación

Las redes sociodigitales se han proclamado ajenas a varios problemas que se viven en el mundo real, sin embargo, no es que dichos fenómenos no se lleven allí, sino que se presentan de otra manera.

Las fatalidades de Internet (Parte II)
Las fatalidades de Internet (Parte II)

En la primera parte de este conjunto se reflexiones se analizaron tres partes integrantes de las lógicas que se producen y reproducen en estas plataformas (Olmedo Neri, 2020). La reticularidad, la redundancia y el caos que impera en el espacio virtual son características propias de Internet debido a las libertades de ingreso y permanencia, por un lado, así como su fundamento en la promoción de relaciones de interacción-comunicación que realizan los usuarios mediante la creación, difusión, interacción y eliminación de contenido.

En esta segunda entrega, el objeto de análisis son los efectos que se generan en estas redes, particularmente aquellos que derivan de la cultura de la conectividad (Van Dijck, 2016) que se promueve en estas plataformas. Sin bien, la virtualidad de estas plataformas haría pensar que está exenta de algunos fenómenos sociales que se replican en el mundo concreto, lo cierto es que más allá de una fiel reproducción digital, existe una adaptación que muestra algunos de los problemas más comunes en las sociedades.

Fake news

Ya se ha mencionado que, ante el caos y la constante expansión del mundo digital, los perfiles/cuentas que se crean a diestra y siniestra con fines políticos, económicos o sociales posibilitan el hecho de perder la fuente de donde se obtuvo información que circula de manera permanente en el espacio virtual. La gran cantidad de personas que se encuentran en las redes permite que la ‘originalidad’ de una publicación y sus consecuentes responsabilidades legales, sociales e informativas se difuminen mediante el “me gusta” y su replicación casi al infinito dentro de las redes sociales construidas.

Las noticias falsas (fake news) no sólo responden a una información apócrifa que es intencionalmente diseminada para desinformar a la mayor cantidad de gente posible, sino también a la difusión de información que aunque falsa ante la realidad, concuerda con el pensamiento de la persona que la comparte. Esto resulta importante, ya que esta segunda fuente resulta más difícil de ser identificada en tanto que ¿cómo puede ser falso aquello que encuentro en la infinitud de la red y concuerda con lo que pienso? ¿de qué manera, mi pensamiento es falso si encuentra eco en personas que nunca he conocido o que difícilmente conocerán las razones que me motivan a pensar de esa manera? Por ello, las noticias falsas no sólo son aquellas generadas intencionalmente, sino tales que por más que concuerden con mi pensamiento colisionan con datos científicos, pruebas fehacientes y la realidad social.

Estas fake news son respuestas a las lógicas narcisistas e individualistas que se promueven en las redes sociodigitales; es extrapolar al individuo como eje directriz, por un lado, y la conformación de grupos por afinidad de pensamiento, creencias o gustos dentro de la red, por otro, lo que genera que la falsedad sea revestida por una verdad individual, fragmentada y no confrontada mediante el diálogo, sino reforzada por la aceptación de sus bases dentro del grupo del que emana y la comparte.

Cultura

Una de las bondades que se atribuyen las redes sociodigitales es aquella que infiere el incremento del acervo cultural por parte de las personas que están allí en tanto el proceso de digitalización (García Calderón y Olmedo Neri, 2019) permite que la cultura que existe en museos nacionales e internacionales, así como las propias prácticas culturales y rituales geográficamente establecidas se graben y difundan en el espacio digital.

Lo anterior, aunque cierto, omite los propios procesos de consumo que ejercen las distintas sociedades a nivel externo e interno (García Canclini, 1992). Es decir, si bien, todo ese gran abanico de cultura institucional y popular se encuentra a pocos clics dentro de Internet y las redes sociodigitales, estarán lejos de su vinculación si las personas no asumen la potencial cultura que yace allí. Y gran parte de la gente no reconoce esta potencialidad porque históricamente ha estado alejado de esos procesos de consumo cultural; sus prácticas, sus rituales, sus gustos, sus intereses y sobre todo sus posibilidades se presentan como variables que influyen en la gente para optar por buscar videos graciosos que reproducen fenómenos o situaciones a las que están cotidianamente vinculados, que por ejemplo, escuchar, ver o interactuar con las plataformas digitales de museos, grupos artísticos o compañías teatrales.

Esta diferencia material, cultural, ritual, económica y social se presenta en todas las sociedades; no es que la gente deseñe la ‘alta’ o ‘baja’ cultura, sino que responde a procesos de consumo que se han construido y que en algunos casos son más poderosos que la propia curiosidad de trascender sus fronteras.

Por ello, es necesario que en el espacio virtual se promulgue el fomento más que la descalificación; la capacitación más que la burla, la curiosidad más que el conformismo. Si no sucede esto, los museos, por ejemplo, seguirán teniendo periodos de poca afluencia (virtual y real) independientemente de la infraestructura que posean en ambos mundos.

Simulación

Este tema ha sido ampliamente debatido; mientras que existe una postura optimista que cae en el determinismo tecnológico, hay otra corriente que se muestra pesimista a los potenciales usos revolucionarios de Internet. Lo que queda claro es que esta dicotomía sobre si el uso de Internet y las redes sociodigitales incentivan a la acción o si ellos mismos representan una participación en lo público seguirá por un largo tiempo.

Desde esta perspectiva, y bajo la noción que enmarca este conjunto de reflexiones, se considera que estos medios sólo promoverán impactos en la realidad social cuando posean una base social que permita materializar los cambios esas propuestas que poseen muchos likes y retuits.

Un movimiento social, por ejemplo, por más que use los recursos electrónicos de una forma eficiente, no tendrá mayor forma que una tormenta de indignación (Han, 2016), es decir, carente de forma, falto de fuerza, sin capacidad organizativa y con una base comunicativa basada en el ‘yo’ mediatizado y digitalizado. Siempre será (al menos en el futuro cercano) necesario hacer que la catarsis de sentimientos se vuelque a la acción en el espacio físico mediante la protesta, cabildeo, reapropiación del espacio público y la búsqueda de la visibilidad.

De manera clara, las redes sociodigitales se configuran como medios de comunicación y por tanto, generan esta sensación de participación mediante la información que producen y diseminan. Sin embargo, más que fomentar la participación de la sociedad, la limitan a simular su participación. Solo cuando la información sea útil para fomentar una acción que pretenda cambiar algo, en ese momento la simulación de participación se liberará de las ataduras del canal y el medio para dar paso a una modificación particular.

Conclusión

Como se ha analizado, en el espacio virtual se representan algunos problemas que se consideran exclusivos de la materialidad de la vida social. Los rumores, la información falsa, los criterios de consumo, la convivencia, producción y reproducción de clases, así como la simulación son ejemplos de cómo las bondades de internet también permiten que estos fenómenos cobren materialidad de diferente en la virtualidad.

La relevancia de identificar estos procesos, más allá de una resignación es el fomento a realizar cambios desde nuestros espacios que permitan ampliar las fronteras de pensamiento, reducir las diferencias y reutilizar las redes sociodigitales.

Bibliografía

García Calderón, C., & Olmedo Neri, R. A. (2019). El nuevo opio del pueblo: apuntes desde la Economía Política de la Comunicación para (des)entender la esfera digital. Iberoamérica Social, 7(XII), 84-96. Obtenido de https://iberoamericasocial.com/wp-content/uploads/2019/07/Olmedo-R.-2019.-El-nuevo-opio-del-pueblo-apuntes-desde-la-econom%C3%ADa-pol%C3%ADtica-de-la-comunicaci%C3%B3n-para-desentender-la-esfera-digital.pdf

García Canclini, N. (1992). Los estudios sobre comunicación y consumo. Diálogos de Comunicación, 8-15.

Han, B. (2016). En el enjambre. Barcelona: Herder.

Olmedo Neri, R. A. (24 de abril de 2020). Las fatalidades de Internet (Parte I): reticularidad, caos y redundancia. Obtenido de Desde la Trinchera Sociológica: https://iberoamericasocial.com/las-fatalidades-de-internet-parte-i-reticularidad-caos-y-redundancia/

Van Dijck, J. (2016). La cultura de la conectividad: Una historia crítica de las redes sociales. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

 

 

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Estudiante en Maestría en Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Formado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e Ingeniería Agrónoma, Especialización en Sociología Rural en la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

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