Las fatalidades de Internet (Parte I): Reticularidad, caos y redundancia

Mientras que la reticularidad de la red permite una suerte de libertad, el caos que deviene con ello permite que se presenten posiciones ideológicas integradoras, seculares y protagonistas de los grandes genocidios de la historia humana.

fatalidades de internet
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Internet posee características que la configuran como un espacio-o-físico (García Calderón y Olmedo Neri, 2019) donde confluyen diversos intereses. El aparente corte revolucionario y emancipador con el que se adjetiva al mundo virtual, sin embargo, desplaza los problemas o ‘fatalidades’ que devienen con este desarrollo tecnológico, informático y comunicativo.

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Figura 1. Red alrededor de la controversia de TV Azteca y las medidas del gobierno federal sobre COVID-19 en México. Fuente: https://twitter.com/Signa_Lab/status/1252384669787549699/photo/3

Las características positivas que se le adjudican a Internet embriagan al individuo y lo enclavan en el determinismo tecnológico, o más específicamente, en el ciberfetichismo, es decir, en la articulación y asimilación de Internet como “una fuente automática de transformaciones sociales liberadoras” (Rendueles, 2014: 45), aunque no se explicitan las formas particulares de dicha liberación estructural.

Por ello es que esta entrada conforma parte de un conjunto de reflexiones donde se analizarán características del espacio virtual y las redes sociodigitales para dar cuenta de aquellos aspectos que socialmente son inhibidos con el discurso determinista, lo que deriva en una amplificación, y a veces tergiversación de las bondades de Internet.

Reticularidad

La reticularidad de Internet alude a la arquitectura constitutiva de la red. Esta estructura se ha convertido en su mayor fortaleza; libre de ataduras, de editores, filtros y procedimientos restrictivos que limiten el flujo de información o los procesos de socialización que allí se desarrollan.

Esta forma de organización también se encuentra presente en la creación del conocimiento, el cual se transitó de una forma rizomática (con un centro desde el cual deriva todo lo demás) a la reticularidad (con mayor posibilidad de acción y construcción de perspectivas teóricas, metodológicas y prácticas) en las formas de ver y entender el mundo.

La forma reticular de Internet permite que no haya un nodo (usuario) que controle la dinámica interna de la red, cualquiera que esté en el espacio virtual puede, y de hecho lo hace, aspirar a un reconocimiento popular, institucional y comercial a partir de características propias, difusión de contenido, potencialidad de atención y en algunos casos el prestigio que construyen dentro y fuera de este espacio-no-físico.

Esta libertad, no obstante, tiene dos consecuencias. Si bien con esta estructura funcional se permite que cualquiera pueda estar presente en el espacio virtual, también genera la posibilidad que el sujeto se difumine entre la cantidad, lo que permite que sus acciones y responsabilidades estén libres de sanción. Es decir, que cualquier persona puede contribuir tanto a la construcción de una memoria colectiva en Internet, como también ser partícipe en las acciones opuestas que desvaloricen y afecten la ‘armonía’ prevaleciente en el espacio digital.

En este sentido, esta capacidad reticular da paso a la reconsideración de la armonía, ya que la aparición y desaparición de páginas, perfiles (reales y falsos), así como el constante fujo de información reduce la capacidad del individuo en asimilar y procesar todo lo que sucede en su alrededor digital.

Caos

La pluralidad que emana de Internet se refleja en las diversas posiciones políticas, ideologías y acciones que cada uno de los sujetos realizan allí. No obstante, esta diversidad de opiniones no sólo da paso a la construcción y reafirmación de las sociedades globales, sino que permite, sin intención alguna a priori, dar la capacidad de diseminación de discursos de odio, noticias falsas (fake news), y todas aquellas prácticas que en el mundo real concreto se desarrollan de manera fragmentada.

Entonces el caos no sólo se debe a la gran cantidad de individuos, empresas e instituciones que crear su símil en el espacio digital, sino en la abrumadora cantidad de visiones, propuestas, acciones e informaciones que vienen de todos lados, en todas las direcciones. Esto deriva en cuestionar el propio conocimiento que se ha adquirido en instituciones sociales como la familia, la escuela, la iglesia y el Estado.

Por otro lado, la revolucionaria capacidad de aprender más y de mejor manera ante la existencia al infinito de sitios, páginas y perfiles, se limita ante la incapacidad del individuo por recopilar todo ese otro mundo de información que se sustenta en la reticularidad y capacidad de participación del individuo para generar, distorsionar, cuestionar o reafirmar conocimiento. Esto es un problema ya que el sujeto sigue teniendo 24 horas, pero una cantidad tres, cuatro o mil veces de información, lo cual dificulta su asimilación y complica el propio proceso de aprendizaje (Millé, 2019).

Entonces el problema no es que el conocimiento obtenido en la terrenalidad de la escuela o la familia se cuestione, sino que ante la abrumadora cantidad de información no existe una forma confiable para poder identificarla como única y verídica. El caos, por tanto, no sólo es derivado de la cantidad de sujetos, sino de la información que se produce de manera amateur, científica, institucionalizada y propiamente empírica… la incertidumbre se expone como consecuencia del caos digital.

Redundancia

El constante flujo de información que se presenta en Internet no tiene filtros de ingreso, ni control en su circulación dentro de la red, por lo que la posibilidad de redundancia se materializa cuando la información se presenta una y otra vez ante un individuo, sin posibilidad de restringir su flujo o eliminarla.

Si bien “la redundancia tiene su utilidad, ya que es una manera de garantizar la disponibilidad de los datos y así poder salvaguardarlos” (Mathias, 2012:140), lo cierto es que esa redundancia genera problemas cuando se presenta en escenarios donde puede ser interpretada de manera diferente a la original, es decir que sea entendida fuera de su contexto de creación.

Esto sucede con noticias que circulan una y otra vez de manera constante pero que se publican no por el mismo individuo, sino por otros que se encuentran dentro de la red de contactos del individuo y que, al no revisar la fecha de publicación, permite establecer debates que se vuelven anacrónicos y faltos de contexto.

La redundancia contribuye al caos en la red. Mientras que la reiteración de información en el espacio digital, particularmente las redes sociodigitales y los ‘recuerdos’, son útiles para la generación de interacción-comunicación, lo cierto es que su extrapolación cuantitativa no crea nuevos significados, sino nuevas interacciones. Entonces la redundancia no emana de su falta de almacenamiento, que de hecho sucede de manera indirecta con su publicación en Facebook, Instagram, por ejemplo, sino de su reaparición en el flujo informativo de manera programada por los algoritmos en los que estas plataformas se fundan.

Entonces la redundancia es generada a propósito y derivado de procesos programáticos y cuantitativos que muestran que Internet se maneja por otros elementos más allá de la interacción social.

Conclusión

A lo largo de esta primera reflexión sobre las fatalidades de Internet, se ha puesto énfasis en la característica estructural de la red y de dos procesos que derivan de la cantidad en constante crecimiento de sitios web, perfiles y páginas anónimas. Mientras que la reticularidad de la red permite una suerte de libertad, el caos que deviene con ello permite que se presenten posiciones ideológicas integradoras, seculares y protagonistas de los grandes genocidios de la historia humana.

Ese caos no sólo se da por los usuarios, sino por la información que producen, reproducen, comparten y que dan por hecho, por lo que la redundancia de dicha información permite que se generen nuevas interacciones entre los individuos, pero a la vez que emerjan críticas anacrónicas, noticias descontextualizadas y por ende, una incertidumbre que se fundamenta en la cantidad de información y versiones sobre cosas, prácticas, hechos y procesos que creíamos entendidas de manera total… hoy la una certeza es la constante falta de claridad sobre lo acontece en el mundo real.

Bibliografía

García Calderón, C., & Olmedo Neri, R. A. (2019). El nuevo opio del pueblo: apuntes desde la Economía Política de la Comunicación para (des)entender la esfera digital. Iberoamérica Social, 7(XII), 84-96. Obtenido de https://iberoamericasocial.com/el-nuevo-opio-del-pueblo-apuntes-desde-la-economia-politica-de-la-comunicacion-para-desentender-la-esfera-digital/

Iberoamérica Social. (2019). De incertudmbre, adicción y comunicación en la esfera digital. Entrevista a Carmen Millé Moyano. Iberoamérica Social, 5-11. Obtenido de https://iberoamericasocial.com/de-incertidumbre-adiccion-y-comunicacion-en-la-era-digital/

Mathias, P. (2012). En las redes de Solón. Para una concepción cultural de la democracia digital. En S. champeau, & D. Innerarity, Internet y el futuro de la democracia (págs. 133-154). Barcelona: Paidós.

Rendueles, C. (2014). Sociofobia: el cambio político en la era de la utopía. Buenos Aires: Capital Intelectual.

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Estudiante en Maestría en Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Formado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e Ingeniería Agrónoma, Especialización en Sociología Rural en la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

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