Las culturas precolombinas (I). La cultura Moche (I)

La sociedad mochica fue una sociedad con una separación por clases fuertemente marcada. No tuvo un gobierno centralizado, sino que existieron diversos señoríos independientes entre sí.

La Cultura Moche
La Cultura Moche

Con esta entrada comenzamos un nuevo serial en nuestro blog que versará sobre culturas precolombinas. Para esta primera entrada hemos elegido la cultura Moche, la cual es a la par tan desconocida para la mayoría de las personas como singular por los elementos característicos de la misma.

La cultura Moche o mochica fue una sociedad que se desarrolló en la costa norte del actual Perú, en el valle del río Moche, entre el 100 a.C.y el 1000 d.C., a raíz de la unión de las culturas Cupisnique, Salinar, Vicús y Virú. Esta cultura tuvo un espléndido desarrollo socio-económico y cultural durante los seis siglos en los que dominaron la costa norte peruana. Destacaron sobremanera económicamente como pescadores y como agricultores, con un control majestuoso de las técnicas de irrigación. Además tuvieron una importante arquitectura y sobre todo una cerámica que en la actualidad es estudiada y admirada en todo el mundo.

Aunque al principio se consideró la cultura Moche como una unidad cultural, pronto los investigadores disgregaron a esta cultura en dos partes, conocidas como los mochicas del norte y los mochicas del sur, divididos por el desierto de Paiján. Los centros principales de la cultura Moche norteña se situaron en el valle del río Jequetepeque y en el valle del río Lambayeque, teniendo por capital Sipán.

En cambio, la cultura Moche sureña se situaron en el valle del río Moche y en el valle del río Chicama, teniendo por capital los asentamientos de Huaca del Sol y Huaca de la Luna.

Esta cultura fue descubierta en 1909 por el arqueólogo alemán Max Uhle (nacido en Dresde el 25 de marzo de 1856 y fallecido el 11 de mayo de 1944) que la clasificó inicialmente como cultura protomichú o Chimú temprano, pero posteriormente fue conocida como cultura Moche tras unos descubrimientos arqueológicos posteriores en el valle del Moche.

El principal arqueólogo que ha estudiado esta cultura es el también alemán Hans Heinrich (Enrique) Bruning (20 de agosto de 1848, Hoffeld- 2 de julio de 1928, Bordesholm), quien en 1899 excavó 31 yacimientos en los asentamientos de Huaca del Sol y Huaca de la Luna, en el valle del río Moche, en el actual Estado peruano de La Libertad.

Esta cultura fue posteriormente estudiada por los arqueólogos peruanos Julio César Tello (n. 11 de abril de 1880, Huarochirí- 2 de junio de 1947, Lima) y Rafael Larco Hoyle (18 de mayo de 1901, Hacienda Chiclín, Trujillo- 23 de octubre de1966, Lima).

Existen en la actualidad varios hallazgos arqueológicos que han arrojado bastante luz a esta cultura. Uno de los más importantes en el conocido como Señor de Sipán, descubierto en la ciudad del mismo nombre, a 35 kilómetros al sur de Chiclayo, en el complejo arqueológico conocido como Huaca Rajada, en 1987, por el arqueólogo peruano Walter Alva (Contumazá, Cajamarca 28 de junio de 1951) junto al arqueólogo Luís Chero Zurita (La Zaranda, Lambayeque, 24 de abril de 1958).

El Señor de Sipán fue un antiguo gobernante mochica del siglo III. Su importancia radica en que fue la primera vez que se encontraba intacto y sin indicios de saqueo (en Perú era muy común la existencia de huaqueos, saqueadores de tumbas antiguas buscando tesoros) una tumba real anterior a los incas.

Posteriormente, en 1991 y 1992, fueron encontradas en el complejo arqueológico San José de Moro, en la provincia de Chepén, dos tumbas de sacerdotisas. Por último, destacar el descubrimiento de 2006 de la tumba de la conocida como Dama o Señora de Cao, descubierta en el sitio arqueológico conocido como huaca Cao Viejo, en el valle de Chicama. Los restos arqueológicos encontrados son fechados aproximadamente en el 400 d.C. Se trata de los restos momificados de una mujer joven, entre los 20 y los 25 años de edad. En vista de la importante cantidad de adornos de oro, plata y piedras preciosas, no cabe duda que se trata de los restos de una gobernante del valle de Chicama. Antes de este descubrimiento, se pensaba que solamente los hombres podían ejercer altos cargos dentro de la estructura socio-política mochica.

La sociedad mochica fue una sociedad con una separación por clases fuertemente marcada. No tuvo un gobierno centralizado, sino que existieron diversos señoríos independientes entre sí. En las ciudades vivía la élite de rango militar y teocrático que se organizaba en clanes; los comerciantes, que con el paso de los años tuvieron cada vez más auge, ya que llevaban productos exóticos que no existían en la zona moche para la élite; y los gremios especialistas en cerámica, tejidos, orfebrería etc. Fuera de las ciudades habitaban los agricultores y pescadores, que eran los que producían los alimentos para la clase dominante. Habitaban en aldeas no planificadas donde se instalaban diversas casas hechas de adobe sobre una base de piedra.

Dentro de la estructura piramidal de la sociedad mochica tenemos al Cie-quich, que era el rey del valle y de los dominios mochicas. Se creía que descendía de los dioses y tenía autoridad civil, militar y religiosa sobre todos sus súbditos.

Luego tenemos al Coriec, también llamado Alaec, que era un rey vencido en la guerra y subordinado al poder de un Cie-quich. Luego venía la clase sacerdotal, representada como un Zorro, que tenían gran poder sobre la población mochica y eran los encargados de realizar los ritos sacerdotales. Además tenían los conocimientos sobre metalurgia, astronomía y arquitectura, así como los conocimientos para curar enfermedades.

Posteriormente tenemos el pueblo llano, que era representado por un lagarto, compuesto de agricultores, pescadores y soldados. Y por último los esclavos de guerra, que suponían el peldaño más bajo de la sociedad mochica.

No existió un poder centralizado dentro de la cultura mochica, sino que cada valle tenía un rey o Señor del Valle. Estos reyes se reunían en ocasiones para concertar alianzas para la construcción de obras hidráulicas, ceremonias rituales o para la guerra.

Desarrollar la agricultura en pleno desierto del norte del Perú es sin duda lo que hace tan especial a esta cultura prehispánica. Gracias a un eficiente sistema de irrigación artificial con acueductos que eran capaces de canalizar el agua de los ríos provenientes de los Andes y llevarlo hasta las plantaciones agrícolas mochicas, y al guano de la isla de Chincha, que servía como abono, consiguieron cultivar diversos alimentos, como maíz morado, frijol, papa, calabaza, cacahuetes, así como el algodón y la torora. Esta gran capacidad hidráulica produjo excedentes de producción y por tanto la cultura mochica nunca tuvo escasez de alimentos, mientras las condiciones climatológicas lo permitieron.

Entre las muchas obras de ingeniería hidráulica que los mochicas desarrollaron, destacan por su importancia  el acueducto Ascope y la Represa San José. El “Acueducto de Ascope” está situado en la cuenca del río y del valle Chicama. Mide 1.300 metros. Para su construcción se utilizaron 785.400 m 3 de materiales de arcilla recubiertos de tierra.

La otra gran actividad económica de esta sociedad prehispánica fue la pesca, la cual se realizaba en un tipo de embarcaciones conocidas como “Caballitos de Totora”. Era una pesca muy variada compuesta tanto por pescados como por mariscos. El pescado era la base alimenticia principalmente de las clases populares.

Aparte de la agricultura y la pesca, los mochicas aportaban carne a su dieta alimenticia a través de la llama domesticada y sobre todo del Cuy o más conocido como Conejillo de Indias. También criaron para su consumo patos y venados.

Los mochicas fueron excelentes navegantes y comerciantes. Realizaban intercambios comerciales con los pueblos situados en el actual Ecuador, por el norte; y con los pueblos situados en el actual Chile, por el sur, gracias a la navegabilidad que aportaban las embarcaciones hechas de totora. Del norte adquirían las conchas de Spondyllus, que eran utilizadas para la confección de brazaletes y pectorales. Del sur adquirían el lapislázuli utilizado para decoración.

Los mochicas eran politeístas. Adoraban a diversos dioses. Su deidad principal era Aí Apaec “el Creador de todo”, que era representado como un rostro antropomorfo, con colmillos de felino y rodeado por olas marinas. Era a esta deidad a quien se ofrecían los sacrificios humanos. También destacaba la Diosa Shí (Diosa Luna en lengua moche). Controlaba las estaciones e influía en la agricultura.

Desarrollaron una floreciente arquitectura de corte monumental, caracterizada por construcciones de adobe en forma rectangular, de color beige en su mayoría, cuyas dimensiones generales son de 43 x 27 x 17 y 33 x 20 x 15. Se han registrado más de un centenar de estos monumentos.

Además de las grandes obras arquitectónicas en las ciudades, los mochicas destacaron sobremanera por realizar una gran cantidad de cerámica, que hoy en día es aún admirada en todo el mundo. Esta cerámica representaba la sociedad mochica en su totalidad, en una sociedad que desconocía la escritura. Era realizada exclusivamente por mujeres, las cuales se convirtieron en unas excepcionales cronistas de su época.

Tres fueron los recipientes cerámicos básicos que realizaron las mujeres mochicas, llamados Pirwa, Sañu y Huacos. Los Pirwa eran recipientes de gran capacidad realizados de manera poco elegante que servían para envasar alimentos. Los Sañu eran unos recipientes de capacidad menor que los Pirwa aunque de más calidad, que se utilizaban en las tareas domésticas.

Por último tenemos los Huacos que son recipientes refinados de paredes finas que no tenían una función para facilitar la vida de los mochicas, sino que servía como decoración para las tumbas o huacas. En ellos era donde las mujeres mochicas aportaban su visión del mundo que les rodeaba a través de las formas y la decoración de esta cerámica. Existen diversos tipos de Huacos:

Los Huacos Pictóricos tenían forma de botella globular con asa en forma de estribo, con una decoración en rojo oscuro sobre un fondo de esmalte de color marfil. Aparece la vida cotidiana de los mochicas, la guerra, las enfermedades, ceremonias etc.

Los Huacos Escultóricos tenían todo su vaso pintado. El sentido narrativo se hace más patentes que en los Huacos pictóricos. Representaban también escenas de la vida cotidiana mochica y aparte animales y plantas. Además, dentro de los Huacos Escultóricos tenemos una versión que se conoce como Huaco-Retrato en el que el cuerpo de la botella se convierte en la cabeza de un personaje realizada con un tremendo realismo. Pero dentro de los Huacos Escultóricos tenemos otra versión que es por lo que en la actualidad se conoce principalmente a la cultura y a la cerámica Moche. Son los Huacos Eróticos, esculturas en cerámica que representan distintas posturas sexuales tanto de origen heterosexual como de origen homosexual, así como representaciones masturbadoras de corte masculino con penes de gran tamaño. Este tipo de esculturas no fueron comprendidas ni por los Incas ni por los religiosos castellanos que llegaron en el siglo XVI, que se escandalizaron ante las mismas.

Además de la cerámica y de la arquitectura, los mochicas destacaron por la realización de murales en relieve, y por trabajar de manera muy importante la metalurgia y la orfebrería.

En muchos edificios creados por los mochicas se han encontrado pinturas en sus muros de inspiración religiosa, donde se representan a seres divinos o escenas relacionadas con los dioses. Entre todas las pinturas murales destacan las encontradas en la Huaca Cao Viejo y en la Huaca de la Luna.

En la Huaca Cao Viejo hay una representación de una serie de prisioneros, desnudos y unidos con una soga, que desfilan para ser sacrificados al Dios Aí Apaec. En la Huaca de la Lula, existen pinturas murales de 5 colores (rojo, negro, azul, amarillo y blanco). Su mural más famoso es el que representa a un personaje antropomorfo (probablemente Aí Apaec), conocido popularmente como “el demonio de las cejas prominentes”.

Los mochicas fueron unos excelentes metalurgos y orfebres. Trabajaron con oro, plata, cobre y tumbaya, aleación de cobre y oro. Utilizaron una extensa variedad de técnicas, como el laminado, el martillado, la soldadura, el alambrado etc. Fabricaron herramientas, armas para la guerra,  entre la que destacaba una maza de madera recubierta de cobre, atuendos y una gran cantidad de ornamentos. Destacan unas pequeñas figuras de poco más de 2 centímetros, que contenían partes móviles unidas con unas minúsculas grapas.

La escritura mochica fue estudiada por el arqueólogo Rafael Larco Hoyle. Según este arqueólogo, los mochicas desarrollaron un sistema de protoescritura con diversas formas geométricas, al cual él llamo escritura pallariforme. Esta escritura consistía en grabar en los vasos cerámicos diversas líneas y puntos, así como figuras de distinto significado. La enorme variedad de diseños encontrados hace pensar que aparte de un sistema de comunicación de la lengua moche, también pudiera existir un sistema de datos numéricos y quizás no numéricos.

mm

Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.

Especialista en Paleografia y Diplomática.

¿Qué te ha parecido?

(2 votos - Media: 5)