Las culturas precolombinas 5 – La cultura Muisca II

Los muiscas fueron un pueblo eminentemente agrícola. La agricultura fue la base de su alimentación y de su economía. Realizaron un sistema de agricultura conocido como modelo de microverticalidad.

Tras analizar en la entrada anterior los principales aspectos políticos y sociales de  los muiscas, vamos en esta entrada a analizar los principales elementos culturales de este pueblo precolombino.

Los muiscas fueron un pueblo eminentemente agrícola. La agricultura fue la base de su alimentación y de su economía. Realizaron un sistema de agricultura conocido como modelo de microverticalidad. Este sistema consistía en establecer diversas parcelas de cultivo dispersas en diferentes zonas climáticas del territorio muisca, algunas más cálidas y otras más frías, las cuales se cultivaban en distintos periodos de tiempo perfectamente regulados. La mayor parte de las cosechas eran anuales, aunque algunos productos se cultivaban dos veces al año.

El maíz fue su principal alimento. Además eran importantes la papa, en sus múltiples variedades, y la quinua. Otros alimentos consumidos por los muiscas fueron la yuca, la batata, al ají y el frijol. Además tenían pleno acceso al algodón, la coca, el maní (cacahuetes) la ahuyama (calabaza) o la arracacha (zanahoria).

Los muiscas desconocían el hierro, por lo que tenían que labrar la tierra con instrumentos de madera o piedra, cunado las tierras se ablandaban con la lluvia. Debido a esta técnica de labranza, las sequías repercutían enormemente en la agricultura y en la alimentación muisca.

Junto a los alimentos de origen vegetal, los muiscas añadían proteínas a su dieta a través de la caza y de la pesca. Cazaban venados, cuys o conejillos de Indias, conejos, aves, y comían hormigas y orugas, fuentes de proteínas. Realizaban pesca en los ríos y las lagunas de las planicies con balsas de juncos y pequeñas redes.

Además, los muiscas tenían una bebida alcohólica, conocida como chicha, fermentada a partir del maíz.

El riesgo constante que existía en la zona de granizadas y heladas podía generar situaciones de hambre entre la población muisca. Las épocas de escasez eran solventadas con la papa, un alimento que resiste las heladas incluso varios meses después de ser cultivada. Las autoridades muiscas se encargaban de la redistribución de alimentos entre la población en tiempos de escasez.

A pesar de esto, el cronista castellano Gonzalo Fernández de Oviedo escribió maravillas de la alimentación muisca en los años en que los conquistadores invadieron el territorio muisca. Oviedo no solo no habla de escasez, sino que habla de bodegas llenas de alimentos, tanto vegetales como animales.

Además de la agricultura, la economía muisca se basaba fundamentalmente en la minería, la orfebrería y el comercio.

Los muiscas fueron excelentes mineros. Extraían esmeraldas, cuyos yacimientos se encuentran en el departamento de Boyacá y en el municipio de Muzo. La esmeralda, junto al oro, era ofrecido a los dioses. Actualmente, Colombia es el primer productor mundial de esmeraldas.

El cobre era otro de los productos principales extraídos por los muiscas. Utilizaban máscaras hechas de cobre en fiestas musicales y en combates, además de utilizarlo para comerciar con otros pueblos.

También extraían carbón, tanto vegetal como mineral en diversas minas dentro del territorio muisca. En la actualidad, Colombia tiene una de las principales reservas mundiales de carbón.

Los muiscas fueron importantes orfebres. Sin embargo, no tenían oro en su territorio y era importado de otros territorios cercanos. Llegó a ser el principal material para la fabricación de artesanía.

La sal fue otro de los productos principales de comercio de los muiscas con otros pueblos. La extraían de las minas de Zipaquirá, Tausa y Nemocón.

Además de los productos mineros, la producción textil fue otra de las principales ocupaciones económicas de los muiscas. Los muiscas producían excelentes mantas de algodón para uso propio y para comercio con otros pueblos.

Los mercados eran el eje vertebrador de la economía muisca. En estos mercados se realizaba la compra-venta y sobre todo el trueque entre las diversas comunidades muiscas. En estos mercados, los muiscas intercambiaban productos alimenticios de primera necesidad por productos de lujo, como plumas de aves de las tierras cálidas o caracoles marinos, por ejemplo. Existían tres mercados principales: El mercado de Tumequé, probablemente el más utilizado por los muiscas, el mercado de Coyaima y el mercado en terreno del cacique de Zorocotá. En esos mercados, los muiscas intercambiaban mantas pintadas, productos manufacturados en oro, esmeraldas y sal, e intercambiaban esos productos por oro en polvo, guacayamas, loros a los que enseñaban a hablar y algunos productos alimenticios que no existían en el territorio muisca

El cronista español nacido en Bogotá, Lucas Fernández de Piedrahita, en su Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada, nos habla de las costumbres muiscas en referencia a la vestimenta.

A diferencia de habitantes precolombinos que vivían en tierras cálidas y que debido a su clima iban uy ligeros de ropa o casi desnudos, los muiscas, debido al clima más frío del altiplano cundiboyacense, iban siempre vestidos.

Los hombres muiscas utilizaban unas camisas largas que les llegaban poco más debajo de las rodillas y encima se ponían unas mantas, la mayoría de color blanco, pero que en personas de la nobleza solían estar pintadas con figuras negras y rojas. En cuanto a las mujeres, utilizaban dos mantas: una manta larga que ceñían a la cintura con una faja y encima se colocaban una segunda manta, de menor tamaño, sujeta al escote con un gran alfiler, de modo que los pechos quedaban prácticamente al descubierto.

Parece ser que eran las mujeres las que se ocupaban del hilado, mientras los hombres eran quienes tejían y pintaban las mantas.

En cuanto al cabello, tanto mujeres como hombres lo llevaban largo, los hombres hasta los hombros, pero las mujeres de la nobleza solían llevarlo recogido. Los muiscas eran muy celosos en el cuidado de su cabello, y sufrían castigos que se componían del corte del ismo cuando eran castigados por los líderes muiscas por haber cometido alguna falta.

Los muiscas vivían en dos tipos diferentes de casas, unas de forma rectangular y otras de forma cónicas, utilizando para su creación principalmente la caña y el barro para hacer las tapias de las casas, conocidas como baharenque. Las casas rectangulares consistían en paredes baharenque y un techo de forma rectangular. En cuanto a las casas cónicas, estas tenían una pared circular y el techo era de forma cónica y cubierto de paja. Ambas construcciones eran rematadas con puertas y ventanas pequeñas.

En el interior de las casas, el mobiliario era escaso y se componía de una cama hecha también con cañas y a veces sillas, aunque los muiscas tenían la costumbre de descansar sentados de rodillas en el suelo o en cuclillas.

Además de los dos tipos de casas que utilizaba el pueblo llano, existían otras construcciones más complejas que eran utilizadas por el jefe del clan y por los jefes de las confederaciones.

Los muiscas practicaban una religión politeísta, que se componía de varios mitos y de una serie de lugares sagrados, como bosques, lagunas, plantas e incluso avenidas.

Su principal deidad o héroe es Bochica o Bozica, que según la mitología muisca fue quien enseñó al pueblo a hilar el algodón y a manufacturar mantas, además de inculcarles reglas sociales y morales.

En la religión muisca existían dos tipos de sacerdotes, los Chyquy y los Mohanes. Los Chyquy eran siempre hombres y no podían realizar ningún acto sexual ni por supuesto casarse. Vivían en templos donde comían y bebían poco, con frecuentes ayunos. Masticaban mucha coca. Para llegar a ser un sacerdote, el novicio tenía que estar para su aprendizaje, desde la infancia y durante 12 años, recluido en un templo llamado Cuca.

Por su parte existían los mohanes, que eran sacerdotes libres que no vivían ni practicaban la religión en los templos y que solían vivir en cuevas o en la orilla de los ríos.

las culturas precolombinas 5 la cultura muisca ii
Monolitos Muiscas. Foto: Daniel Becerra

En el solsticio de verano los muiscas rendían culto al dios Sol, conocido como Xué y cuyo templo se encontraba en Sogamoso, sede del Iraca, que era el sacerdote principal entre los muiscas.

Existían diversos ritos y sacrificios que los muiscas realizaban a sus dioses. La ofrenda más común eran pequeñas estatuillas, llamadas tunjos, de oro, plata o cobre con formas antropomórficas de animales, así como otros objetos de oro como diademas o brazaletes.

También realizaban en los templos sacrificios de animales, principalmente aves, cuya sangre esparcían por el suelo de los templos, y libaciones de agua en el interior de esos templos a unas horas determinadas.

Además de las ofrendas anteriores, los muiscas sacrificaban seres humanos, al igual que otras culturas prehispánicas, pero en el caso de los muiscas solamente sacrificaban seres humanos si se cumplían las dos siguientes condiciones:

Si tras una guerra contra algún enemigo eran capaces de capturar a un muchacho joven que pensaran que podía ser virgen lo trasportaban a un templo donde era sacrificado. El segundo caso era sacrificar un muchacho moxa o moja. Eran esclavos comprados por los líderes muiscas, que tenían cada uno 1 o 2 de estos muchachos en un lugar llamado Casa del Sol a la edad de 7 u 8 años. Los muiscas creían que estos niños tenían la capacidad de comunicarse con el Sol. Eran sacrificados al llegar a la pubertad siempre que siguieran siendo vírgenes.

Los muiscas tenían una sexualidad mucho más abierta que los castellanos. Tenían completa libertad sexual para practicar relaciones sexuales antes de casarse con las personas que fueran necesarias. Para una mujer muisca, lo importante era haber tenido relaciones sexuales antes del matrimonio y no llegar virgen al mismo, como en las sociedades europeas, ya que lo que primaba es que hubiera sido deseada sexualmente.

La poligamia era común y estaba aceptada en toda la comunidad muisca, no así el inesto. Un hombre podía tener todas las mujeres que deseara tener siempre y cuando pudiera mantenerlas a todas. Siempre se diferenciaba entre la mujer principal o primera consorte, güi chyty, de las demás esposas.

Una de las características principales de la cultura muisca fue su relación con el agua. Los muiscas se bañaban varias veces al día en los ríos de la región, lo que causó auténtico estupor entre los castellanos, poco o nada acostumbrados a la higiene personal. Se bañaban hombres, mujeres y niños a la misma vez, lo que horrorizaba a los castellanos, que persiguieron y erradicaron estas prácticas muiscas.

Además, los muiscas tenían diversos ritos basados en el agua. Cuando un muisca se convertía en sacerdote, se mojaba la punta de los dedos. También existían baños rituales para la madre y el niño o niña recién nacido; en la llegada de la menstruación; en el rito de iniciación masculino y en la coronación de un nuevo Zipa, que se celebraba siempre en la Laguna de Guatavita.

Los muiscas practicaban principalmente dos deportes. Por un lado practicaban la lucha, como en la mayoría de las sociedades prehispánicas, y por otro practicaban el Zapguagoscua, antecedente del tejo, actual deporte nacional en Colombia y que consistía en el lanzamiento de un disco de oro con el objetivo de alcanzar un blanco. El gobierno colombiano reconoció al Tejo como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Región y al municipio del Turmequé, en Boyacá, como el pueblo originario de ese deporte.

El idioma que utilizaban los muiscas, conocido como muysc cubun, es una lengua ya extinta que pertenecía a la familia lingüística chibcha. En la Real Cédula del 16 de abril de 1770, el monarca Carlos III prohibió el uso de lenguas de origen precolombino en todos los territorios dominados por los españoles. Se han conservado algunas Gramáticas y Vocabularios de la lengua muisca publicadas en el siglo XVII. Al igual que en otras lenguas extintas en varias partes del mundo, se está intentando revitalizar la lenguas chibchas en general y la lengua muisca en particular entre la población indígena o mestiza de los lugares que habitan los descendientes de los muiscas.

El idioma muisca se adaptó en su momento a la fonología del castellano y esa combinación dejó huella en el altiplano Cundiboyacense en una serie de verbos y sustantivos que derivan de la lengua muisca original.

Los muiscas utilizaban un calendario mixto solar y lunar. Contaban los días a través del sol pero los meses y años eran lunares. Un día completo de 24 horas se dividía en el Sua (día) y Za (noche): Cada Sua se dividía su vez en Ozas (madrugada); Aica (desde que salía el sol hasta el mediodía); Sua Quychyquysa (el Mediodía) y Sua Meca o Mena (desde el mediodía hasta que el sol se ponía. La noche también estaba a su vez dividida en Zina (poco antes de la noche); Zasca (desde la puesta del Sol hasta la media noche); Zachina (media noche) y Cagui (desde la media noche hasta que volviera  a salir el sol)

La semana muisca tenía solamente tres días. Diez semanas de tres día constituían una lunación completa, equivalente a nuestro concepto de mes (Chie).

Cada año (Zocam) contaba con doce partes referidas a cada ciclo lunar completo, iniciándose el calendario anual en enero y finalizando en diciembre, correspondiendo al inicio y final de las labores agrícolas, lo que demuestra la importancia que la agricultura como medio principal de subsistencia tenía para los muiscas. A su vez, el mes muisca estaba dividido en tres partes de diez días cada una de esas partes. En la primera parte, hombres y mujeres se separaban y los hombres se tiraban el día masticando coca. En la segunda parte del mes se realizaban las labores agrícolas y la última parte del mes se reunían las familias para descansar juntas.

Los muiscas tenían tres tipos de años diferentes. Uno era el año sagrado o sacerdotal, compuesto por un ciclo de 37 lunas y que era empleado para llevar a cabo un calendario de ceremonias religiosas. El año real, compuesto por 12 o 13 lunas y que era el tiempo que transcurría de una estación lluviosa a otra. El año vulgar o civil estaba compuesto por 20 meses lunares.

Por último tenemos el concepto de siglo muisca. Constaba de 20 años de 37 lunas cada uno, lo que correspondería con unos 60 años occidentales.

 

Bibliografía

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  • Rozo Guauta, José (1978): Los muiscas: organización social y régimen político. Bogotá: Fondo Editorial Suramérica, 1978.
  • Suescún Monroy, Armando (1987): La economía chibcha. Bogotá: Tercer Mundo. ISBN958-601-137-2

Sites: Cultura Muisca

 

En la próxima entrada continuaremos con el serial sobre la expedición organizada por el primer virrey de Nueva España, Antonio Mendoza, con el objetivo de buscar las “siete ciudades de Cibolá” mito muy extendido entre los conquistadores castellanos asentados en nueva España sobre la existencia de siete ciudades doradas.

 

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Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.

Especialista en Paleografia y Diplomática.

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