La unidad de las izquierdas y la unidad con la gente

La movilización no sirve si no se convierte en conciencia organizada. En un acto sólido y articulado de diferentes demandas.

unidad de las izquierdas

El tan aclamado evento de la unidad de las izquierdas a celebrarse en Huancayo Perú es otro paso amargo hacia la batalla pírrica por la unidad de las izquierdas peruana. Sin ninguna lección aprendida, tirios y troyanos apuntan sus lanzas unos contra otros para medir su grado de pureza o de estupidez. Se puede ver dos bloques claramente definidos; por un lado la izquierda de provincias que se alzó a punta de protestas y de manifestaciones sociales y que construyeron y siguen construyendo un proyecto político que apuesta a ganar. Recalcar el papel de esta izquierda que se presenta y está dispuesta a la pelea por el gobierno ha engendrado nuevos hijos y nuevos moldes. Sin embargo, al otro extremo de la balanza se ubica la izquierda de Lima, antiquísimos partidos y sus dueños con prácticas aún más antiguas bajo un liderazgo sin nombre apostaron todas sus baterías a conquistar la alcaldía metropolitana de Lima. Con una candidatura sin carisma ni liderazgo el proyecto reveló lo que muchos ya sabían, una malagua sin liderazgo con los viejos rezagos de la vieja política que no funciona y esta desconectada de la gente. Ambos bloques sin embargo tienen algo peligrosamente común: la tan mentada unidad de las izquierdas como único instrumento para hacer frente a la derecha peruana. Durante meses, por no decir años, la derecha le marcó la agenda a la izquierda. Sin embargo, es la izquierda que pensando que si alza voz, que si hace sus “Frente de Defensa”, sus “Comités de Lucha” sigue sumando fuerzas para la construcción de un aparato fuerte que sea alternativa de poder.

Mucha gente avisada dirá que lo arriba escrito no es nada nuevo y que son palabras agrias que solo buscan minar el diálogo. No. El discurrir de esta discusión va más allá de tipificar el suelo donde andamos. Esto a propósito de la ruptura en España del partido Podemos y su secretario Pablo Iglesias con su contraparte Iñigo Errejón y Manuela Carmena. Comparar a Podemos con la izquierda peruana es algo estrambótico. Sin embargo, podemos desprender de ello el abismo que existe entre la discusión de un programa y un proyecto y las bravatas e insultos que sendos líderes y militantes eternos de las izquierdas peruana mantienen con encono.

La ruptura de Podemos y el cómo se pronunció su secretario Pablo Iglesias no es solo un pronunciamiento necesario, sino pedagógico y sanador para las izquierdas del Perú. Podemos nació del 15M y luego se tornó un proyecto disruptivo frente a 50 años de bipartidismo en España. Podemos nació del 15M pero no es el 15M. Podemos se ofrecía como un instrumento de cambio no exento de maniobras maximalistas donde en un comienzo se querían colocar 3 secretarios generales y no uno. Superado ese conflicto en el debate y en la lucha política Podemos pasó su primera prueba. Podemos hacía política, disputaba espacio a espacio, construía liderazgo de polentas, e imantaba con un discurso que se parecía a la gente. Detrás de ello había tres personas que entre muchas cabe destacar: Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y Juan Carlos Monedero. Los tres son profesores de la UCM con descollantes carreras académicas y tradiciones políticas. El pronunciamiento de Pablo Iglesias hace unas horas es aleccionador. El proyecto va más allá de las personas y no se supedita a la voluntad de sus líderes, al contrario, son los inscritos e inscritas las que marcan la agenda a la organización y crean su poder desde la gente y su agenda diaria.

Atravesando a la otra orilla del mar las discusiones en Perú sobre los proyectos políticos son una ciénaga sin forma. La diferencia del nivel del debate entre la ruptura en Podemos y la tan mentada unidad de las izquierdas en Huancayo dista entre otras cosas por la profundidad del debate, lo que puede significar ese debate para la gente y el cómo eso lo podemos volver en discusión pública. La ausencia ominosa de eje programático, ideológico, político, de ideas, de proyecto de país en las izquierdas peruana es espeluznante; tanto así que se ha reducido al extremo de los insultos a veces justificados y otras no. Esto puede explicarse por motivos más o menos conocidos: su total desconexión de la realidad nacional, el vaciamiento ideológico de su práctica política y su famélica voluntad por la disputa por el poder. Aunque estos conceptos no se podrían aplicar de manera total a toda la izquierda peruana en su conjunto podemos decir que desde las provincias si se atreven a pensar en el Perú y existen, además, pasos concretos hacia la consecución de un proyecto político serio. Las conquistas en Moquegua, Puno y Junín han sido un avance serio para construir la unidad sobre la base de la fuerza y no de la debilidad como se viene haciendo desde hace más de 25 años.

Es un reto no muy reciente el repensar la unidad como un objetivo estratégico más que como un objetivo táctico para pasar a la ofensiva para ser gobierno y luego, ser alternativa de poder. Esto pasa por una recomposición de fuerzas que no puede ser supeditada a la movilización espontanea de la ciudadanía. La movilización no sirve si no se convierte en conciencia organizada. En un acto sólido y articulado de diferentes demandas. Esto solo es posible si se recompone las fuerzas de cambio a través del trabajo en los barrios, fabricas, empresas, universidades, centros educativos, plazas y otros tipos de espacios donde las células de los partidos actúen como organizadoras de las movilizaciones. De lo contrario, el gobierno de turno marcará la agenda, dispondrá de las izquierdas como un elemento más en su tablero de poder y recompondrá la crisis de régimen en crisis de gobierno. La unidad no puede ser un punto articulador de fuerzas si estas no existen o son exiguas. No se puede apelar a la figura del líder o lideresa si frente a la maquinaria de la derecha no tiene como hacerle frente.

El debate del porque la unidad es elemental se ha banalizado al extremo de pensar que si unimos todo lo conquistado su resultado será necesariamente una victoria política. El debate en el Perú es en extremo banal, torpe, fútil, estúpido, reaccionario e inútil si no viene acompañado con la construcción de partidos fuertes que signifiquen realmente una alternativa para esa unidad. A diferencia de las izquierdas peruanas, la organización política Podemos se presenta como algo realmente nuevo porque va más allá de las izquierdas y la forma de hacer política.

Necesitamos unas izquierdas en el Perú realmente modernas, pensadas y discutidas desde los términos de nuestro tiempo. No podemos apelar a los mismos análisis seguidistas y poco creativos que solo justifican el orden y no lo disrumpen. La izquierda debe dejar de quererse a sí misma y amar más a su pueblo.