La reunión Comprendí entonces que las personas luego de mucho maquillaje, al final siempre tratan de aplastar al diferente.

La reunión

Entramos en aquella extraña sala todos los implicados en el hecho. Éramos como una docena entre mujeres y hombres. Por extraña razón, mientras ingresábamos formamos una línea entre todos, como si fuéramos culpables de algo, o como si fuéramos una especie de reos situándose en la prisión. Ahora que ha pasado el tiempo lo recuerdo. Mi existencia hizo lo mismo, así que supongo que mi ser también es prisionero, así sea mentalmente.

La sala estaba vacía, no había un solo mueble, así que todos terminamos en pie y formando una especie de cuadrado en consonancia con aquel lugar.

No conocía a nadie de aquellas personas, entre ellos se hablaban y saludaban con una cierta complicidad en la que yo me pintaba ajeno.

En el aire se podía oler una cierta desconfianza hacia mí, porque seguramente nada de mí sabían y mucho menos de conocerme podrían hablar.

Aquellos seres raros, entre jóvenes y viejos, casados y solteras, pobres y seguramente algunos menos pobres, tenían algo en común, todos estaban con el rostro bañado en sospecha y se miraban entre ellos con ojos de acusador aunque conversaban con disimulo.

Me olvidaba decirles, yo había llegado a ese condominio apenas hacía casi dos meses y entre mis mudanzas y mis desventuras, casi con nadie me había cruzado o tropezado en aquel lugar. Un par de veces me encontré con algunos desconocidos a quienes les brindé mi saludo sin siquiera mirarles a la cara. Así que en mis recuerdos pues no podía tener nada.

Dos semanas antes de aquella reunión solo había conocido a una persona, se llamaba “Roly”, más de él no sabía. Era un hombre enorme y robusto y creo que superaba los dos metros, oscuro como la noche y como esta era su actitud pues casi no hablaba según los comentarios de aquel día.

La primera vez que le había saludado, el hombre me respondió de manera cordial y en una oportunidad estando cargando algunos artefactos un tanto pesados este se había ofrecido para ayudarme, yo, por orgullo más que por fuerza rechacé de manera agradecida su colaboración. Más en el fondo sentí de alguna manera una cierta conformidad al saberme conocedor de una persona que parecía de confianza, por lo demás algún juicio de valor sobre él no podía hacer.

Así, mientras mi mente sacaba conjeturas de mis pocas vivencias en aquel lugar, empecé a llegar a la conclusión de que mi arribo a ese momentáneo lugar me traería algo de calma y paz.

Intentando apaciguarme mientras empezaba el coloquio, fui interrumpido por el ingreso de otro sujeto en el lugar. Era “Roly” el hombre con el que yo me había topado en más de una ocasión.

A poco de haber entrado yo lo miré fijamente porque era el único rostro que realmente era familiar para mí. Le hice un gesto moviendo la cabeza de arriba hacia abajo en señal de saludo y él hizo lo propio. Me sentí un poco más aliviado al saberme ya no como un extraño en aquel lugar. “Roly” con su voz ronca y con el poco castellano que hablaba, saludo a la multitud, mas aquel gentío nada le contestó. En su rostro se notaba un abandono y después de un par de segundos disimuladamente se fue a una esquina un poco alejado de aquellos y apoyándose en la pared… ya no dijo nada más.

Al poco rato, comenzó la reunión, el casero se presentó, dijo algunas palabras de protocolo que se acostumbra en estos casos y comenzó a enumerar una serie de infracciones que se habían producido en aquella pequeña comunidad.

Unos comentaban, otros interrumpían, yo como de costumbre solo me quedé callado, por una cierta ignorancia de lo que pasaba allí.

Podría decir que nadie se ponía de acuerdo, pero no fue así. Luego de unos minutos de entrabada discusión, poco a poco los cañones apuntaron a “Roly”, todo a causa de un par de fiestas estrafalarias que había hecho en su departamento hacía poco tiempo atrás. Algunos de los presentes se basaban en las normas de convivencia en el condominio, otros se basaban en el respeto y la paz, pero en suma todos sus argumentos eran vacíos, pues pude notar que de lo que se trataba era de encontrar un culpable… y así lo hicieron.

Comprendí entonces que las personas luego de mucho maquillaje, al final siempre tratan de aplastar al diferente, y en esa diferencia lo único que buscan es mostrarse como bondadosos o como algunos los llaman “gente buena”, se trataba entonces de mostrar los defectos del otro para ocultar los propios. Nadie de allí era blanco. Pero se podía respirar en el aire una cierta fragancia a discriminación.

Es rescatable cuando el grupo se une en un mundo tan disperso, pero es vergonzoso ver al grupo actuando cuando agarra fuerzas solo para mostrar su inmundicia. Porque no hay cosa peor que el ser humano destrozando al ser humano, y de paso, solo con el afán de mostrarse diferente como sinónimo de ser mejor, cuando en el fondo lo único que se hace es solo seguir siendo del montón.

Al final “Roly” solo se quedó callado no sé si por una mera culpa o porque nadie le dejo dar su versión. Terminada la sesión, los carniceros empezaron a retirarse, se notaba que habían logrado su cometido, despedazar al otro, al que creían diferente. “Roly” también se retiró del lugar aquel, pero antes de desaparecer dio una vuelta y me echo una mirada, yo le hice la réplica y le dije en voz alta: “chau hermano, nos vemos después”.

Irónica es la vida porque muy pocas veces me lo volví a encontrar. Un par de meses después por las vicisitudes normales, me tuve que marchar de allí. Ya estando fuera de aquel lugar, sentí una alegría por ya no pertenecer a una comunidad tan despreciable. Me di la vuelta y echando una última mirada dije: Es una pena vivir en una sociedad tan despreciable, pero “lo bueno es saber que los malos hasta cuando ganan, pierden”.