La Resurrección (primera parte)

A las tres de la tarde mientras se ocupaba de sus funciones, vio a una persona que se le acercaba, era el jefe de su sector.

La Resurrección (primera parte)

La resurreccion

Era el mes de diciembre y terminaba el año de 1994. Los primeros días de aquel último mes habían sido demasiado calurosos, y por más extraño que parecía, aquella mañana amaneció lluviosa y fría, como mostrando el antes y el después de una temporada.

De madrugada Juan despertó, baqueó las colchas de su cama y de un brinco se empino y dio marcha a su humanidad con destino al baño. Se aseó como todos los días, algo que ya era normal, luego, se puso el uniforme de trabajo y sin perder minuto salió de casa para emprender camino, como desde hacía tiempo lo venía haciendo.

Llegó al trabajo puntual, es más, casi quince minutos antes de la hora laboral. Llegó un tanto empapado, pues la lluvia no respeta ni a pobres ni a ricos, a todos moja por igual. Pero al final eso no le importaba, pues venía haciendo esa rutina por casi diecinueve años. Así, le vino una cierta nostalgia  y con un poco de esfuerzo recordó su primer día en la empresa y también recordó algunos momentos importantes y una que otra anécdota vivida allí, así mismo, se acordó de las personas que conoció, muchas de ellas habían marcado historia en su vida y a todas ellas casi nunca más las volvió a ver.

Diecinueve años de experiencia, casi dos décadas de una vida, y ahora que lo veía, no lo podía creer, y mirando al cielo sintió una tristeza un poco extraña y ajena. Con sus treinta y dos años había empezado, y después de casi una veintena de años, le dolía el cuerpo y le rechinaban los huesos.

A pesar de todo ello se sintió afortunado al saberse una persona con trabajo, pues con eso tenía para comer, beber, y darse algunos gustitos más. La esposa lo había abandonado hacía 5 años, un cáncer no detectado la había consumido y para cuando se dieron cuenta, la mujer ya estaba devorada por dentro, y para colmo de males, los dos  únicos hijos nacidos habían terminado el colegio, y sin pensarlo dos veces, casi como enseñados, se habían lanzado a la Europa, pues el sueño americano había muerto y era el Europeo el que remontaba.

Después de tantos años, Juan llegó a la conclusión de que a sus hijos les había ido bien dentro de lo que cabe, pues en sus charlas telefónicas le hablaban de la belleza Europea. Las llamadas no eran muy seguidas, pero siempre le alegraban el alma. Incluso aquella vez cuando le dijeron que ya no volverían a su país, pues estaban logrando la residencia Europea. Así que a lo mucho alguna vez lo visitarían. En otra, lo sorprendieron cuando le confirmaron de manera casual e indistinta el que ambos habían encontrado pareja y que sus vidas cambiarían de rumbo, aún más todavía. Al final, todos eran recuerdos nada más, y él no podía hacer nada, la vida es así, se decía, y los hijos son solo prestados y estos también tienen que vivir, terminaba cada vez que recordaba.

Así transcurrió media jornada en aquel trabajo donde estaba, al medio día Juan se dispuso a tomar unos minutos para su refrigerio. A las tres de la tarde mientras se ocupaba de sus funciones, vio a una persona que se le acercaba, era el jefe de su sector. La magia de los recuerdos como fotografías se presentaban, y en ellas estaba aquel hombre con el que en varias oportunidades habían compartido momentos gratos y algunas desilusiones dentro la empresa. Ambos comenzaron a trabajar el mismo día, y aunque en diferentes cargos, pudieron lograr construir una sólida amistad que se había mantenido por casi 20 años. Juan lo miró fijamente y con atención, y pudo leer en el semblante de aquel las notas de la oscuridad que vienen con la tormenta.

El hombre se acercó frente a él y con voz firme le dijo: ¿cómo estás? Juan respondió con tono clemente; muy bien hermano ¿y tú como estas? ¡Bien nomás! replicó aquel. Te traigo una mala noticia, continuó, mientras con su mano derecha elevaba un par de hojas de papel. Traigo para desgracia en mis manos la carta en la que se instruye tu retiro de la empresa a partir de la fecha, terminó mientras su voz bajaba en volumen. ¿Pero cómo es posible, cuales son las causas? pregunto Juan, mientras la sorpresa y la desilusión hacían escarnio de él. La verdad a ciencia cierta no la sé querido Juan, respondió el hombre. Lo cierto es que esta mañana a mí también me sorprendieron con esta noticia y no halle otro momento para decírtelo, acoto el hombre con un cierto sonido a tristeza. Pero no entiendo, dijo Juan, ¿cómo de la noche a la mañana me pueden hacer esto? afirmó con seriedad. He dado muchos años de mi vida a esta empresa y ahora así como así ¿me votan? La verdad no entiendo, replico Juan, mientras un sentimiento de angustia revoloteaba en su interior.

El hombre le respondió: lo siento mucho Juan, solo me dijeron que estaban reestructurando la empresa y que tenían que reducir personal, y continuó; creo que lo mejor es que no te preocupes tanto, al final te están pagando todos tus beneficios, me dijeron que en administración estaba el cheque de tu liquidación y que este era nomás sustancial.

Juan se tranquilizó, agacho la cabeza en señal de frustración, y sin pensarlo dos veces terminó diciendo: creo que tienes razón hermano, después de todo, la vida es siempre justa y cada uno de nosotros estamos donde deberíamos estar. Sé que lo que estoy diciendo suena a una especie de resignación bañada en conformismo, pero que no te engañen mis palabras amigo, continuó Juan; lo único que quiero decir es que después de muchas subidas y bajadas he aprendido que en esta vida uno debe hacer lo que debe de hacer, para así un día irse de este mundo sin mayores dolores de cabeza. Debo creer que el mundo con su historia están escribiendo nuevos trazos para mí, porque si yo no pensara así, pues la vida no me invadiría con su canción. Y afirmando su posición Juan terminó diciendo: ahora, debo de salir de aquí, pues no tiene sentido el que yo siga divagando por estos lugares. La vida de los hombres no debe ser sujetada a condicionamientos económicos. Juan se levantó, agarró un par de cosas que le pertenecían y sin mirar atrás se condujo hacía el lugar donde lo esperaban para confirmar su retiro.

La lluvia y el frio con su esplendor, ya no estaban más. La calle estaba llena de personas que iban y venían, el ruido del tráfico era ensordecedor, el sol de la tarde demostraba su plenitud y sigilosamente anunciaba el atardecer. A lo lejos en la calle Juan caminaba en paz, el astro rey lo miraba directamente a los ojos y el calor hacía sudar su frente, no podía mirar con facilidad, pero sabía que no era el momento para cerrar los ojos.

mm
Author Details

Licenciado en Sociología por la Universidad Mayor de San Simón de Bolivia.

Postgrados en Gestión e innovación educativa y Educación Superior por la Universidad de Ciencias Adminitrativas y Tecnológicas UCATEC.