La reforma de la Constitución en serio se inicia por los conceptos

Es tan insensato querer rehacer los conceptos partiendo de cero como creer que son perfectos e inmutables y no hay que tocarlos.

reforma de la Constitución
reforma de la Constitución

Si de reformar la Constitución en serio se trata, no basta con una reforma normativa. Es conveniente una transformación de los conceptos que sustentan su comprensión. Entre ellos —como habíamos visto en nuestra entrada anterior—, el concepto de poder. El cual es necesario que sea positivo y no negativo. Pero para eso, como pasa con todo, hay que empezar por el principio. Y en este caso, el principio se encuentra en la respuesta a la pregunta ¿cuál es el origen del poder político? Pero antes de contestar debemos dar cuenta de qué entendemos por concepto y por qué es importante su transformación.

Qué es el concepto y por qué es importante su transformación

La historia humana consiste en cierta medida en ir poniendo nombre a las cosas para incorporarlo al mundo humano (Cortina, 2017). En la vida diaria el ser humano se relaciona y se enfrenta con fenómenos naturales y sociales. Los mismos que necesitan nombres que nos permitan identificarlos, analizarlos y tomar posición frente a ellos. A ese dar nombre a los fenómenos naturales y sociales se les llama conceptos. Los cuales son representaciones cerebrales de un determinado fenómeno natural o social que nos permiten reconocerlos para saber de su existencia e incorporarlos al mundo humano y orientarnos.

Sin los conceptos estaríamos ciegos. Esto es así porque no vemos la realidad —dicen las neurociencias cognitivas— con los ojos, sino con el cerebro. Con las representaciones mentales que tenemos en el cerebro, mejor dicho con conceptos. Estos son los lentes a través de los cuales vemos, sentimos, pensamos, comprendemos la realidad y orientamos nuestra acción. Por eso debemos tener mucho cuidado al adoptar un concepto sin previamente haberlo examinado. Porque lo que se estaría haciendo es aceptando un contenido implícito que regirá nuestras creencias y comportamientos.

Entonces, ¿por qué es importante la transformación de los conceptos? Transformar aquí quiere decir innovar, dotar de nuevo contenido y, en consecuencia, de significado y comprensión. No por avidez de novedad, sino por necesidad teórica. El concepto como cualquier invención humana se va desgastando por el tiempo. Deja de referir o representar la realidad que le dio origen; y ello, porque la realidad es cambiante. De manera que si no se renueva o actualiza un determinado concepto, en vez de cumplir con su finalidad que es el de expresar la realidad lo más aproximadamente posible, lo que hará será encubrirla.

Al respecto, por un lado, Bautista Segales (2014) cuenta que Alain Touraine se había dado cuenta que la ciencia social del siglo XX había pensado la realidad del siglo XX con conceptos del siglo XIX, en cuyos contenido no había estado la realidad latinoamericana. Y por otro lado, Lozada y Pérez Royo (2018) escriben que el nobel de economía John Kenneth Galbraith había sostenido que buena parte de nuestras dificultades para gestionar el futuro venía de la evidencia de que pensamos el siglo XX con conceptos del siglo XIX. En suma, ambos pensadores sugieren que es necesario la actualización del contenido de los conceptos con los cuales pretendemos comprender nuestros problemas para resolverlos.

Ahora bien, lo visto no quiere decir que debamos dedicarnos a crear conceptos de cero. En algunos casos, sin duda, puede que lo necesitemos, pues hay realidades para las cuales todavía no hemos inventado un nombre, pero son pocos. Es tan insensato querer rehacer los conceptos partiendo de cero como creer que son perfectos e inmutables y no hay que tocarlos. Y esto último es lo que, al parecer, pasa con el concepto de poder político. Es difícil convencer a la gente de que el poder no es dominación legítima ante obedientes, tal como lo conceptualizó, primero Max Weber. Y Lukes (2007) después, al definirlo como la realización de un propósito a pesar de las resistencias. Ambas conceptualizaciones negativas del poder político.

¿Es el poder político dominación ante obedientes como se cree y enseña en las facultades de derecho y ciencia política en el Perú? Si lo fuera tendríamos que abandonar la política, porque la política es ejercicio de poder. Y a nadie que esté cuerdo le gusta vivir dominado. Sostenemos que no. Y, no en primer lugar porque a la política se la puede ignorar, pero no se la puede evitar. Y, en segundo lugar, porque la política no es dominación sino voluntad de vida. Para justificar esta afirmación intentaremos ir al origen del poder político.

¿Cuál es el origen del poder político?

Con origen nos referimos a la causa o motivo. Con poder, a la capacidad para hacer algo. Y con político, al concepto de la praxis política; es decir, la actividad que organiza y promueve la búsqueda del bien común. Así, toda praxis política presupone lo político (el concepto). Entonces, ¿a qué nos referimos con origen del poder político? Nos referimos a la causa o motivo que mueve a una persona o a un grupo de personas a hacer algo por el bien de toda la comunidad. ¿Cuál es ese motivo? Para Spinoza (2000) el deseo es la esencia misma del ser humano. Y el mayor deseo del ser humano es aumentar el propio poder (Marina, 2016). Y, ¿para qué desea aumentar su poder el ser humano?

Al respecto, Dussel (2006) contrariamente a los que conceptualizan el poder de manera negativa, sostiene que el poder es voluntad de vida. Y, el poder político voluntad de producir y reproducir el aumento de la vida de los miembros de la comunidad. Lo cual guarda concordancia, por un lado, con los hallazgos de algunos neurocientíficos cognitivos que sugieren que el motor que puso en marcha la epopeya de las culturas humanas fue un motivo concreto: los sentimientos. Los cuales van desde el dolor y el sufrimiento hasta el bienestar y el placer de la comunidad (Damasio, 2019). Y por otro lado, con los aportes de algunos filósofos e historiadores que sostienen que una de las cinco grandes motivaciones que han incitado a los seres humanos a crear instituciones y a mejorarlas en el tiempo —entre ellas las instituciones políticas y jurídicas— ha sido la de sobrevivir (Marina y Rambaud, 2018).

Entonces, ¿Cuál es el origen del poder político? La voluntad o deseo de buscar soluciones a los problemas que aquejan a la comunidad con la finalidad de producir y reproducir el aumento de la vida de los miembros. En suma, el deseo de generar las mediaciones para afirmar y prolongar temporalmente la vida. Esto no quiere decir que el poder sea en sí mismo bueno. El poder puede ser usado para dominar o para liberar, para afirmar la vida o para negarla. El poder político, en cambio, sí debe ser bueno, porque como hemos visto es la capacidad de hacer algo en vista del bien de la comunidad. Si no lo es, deja de ser político para convertirse en necropoder (poder para la muerte). Tener claro el concepto de poder y el de poder político es muy importante porque de ello dependerá nuestra práctica política.

Conclusión

El origen o motivo del poder político es el deseo de producir y reproducir la vida de la comunidad o pueblo con la finalidad de prolongar temporalmente la vida, y para ello se vale de mediciones o instituciones. Las cuales valen por referencia a la afirmación de la vida de la comunidad. El poder político no es dominación, es liberación en vista del aumento de la vida. Comprenderlo en este sentido es fundamental si se quiere reformar la Constitución en serio, porque no es posible crear unas prácticas constitucionales que afirmen la vida del pueblo sino se piensa y comprende el poder de manera distinta a la actual.

Y en esta tarea de pensar para comprender, y comprender para actuar, los conceptos son determinantes. Porque ¿qué práctica constitucional ejercerá alguien —un ciudadano de a pie, juez o parlamentario por ejemplo— que parta de la certeza de que el poder político es dominación legítima ante obedientes?

Referencias bibliográficas

Bautista Segales, Juan José (2014). ¿Qué significa pensar desde América Latina? Hacia una racionalidad transmoderna y postoccidental. México: Akal.

Cortina, Adela (2017). Aporofobia, el rechazo al pobre. Barcelona: Paidós.

Damasio, Antonio (2019). El extraño orden de las cosas. La vida, los sentimientos y la creación de las culturas. Bogotá: Destino.

Lukes, Steven (2007). El poder. Un enfoque radical. Madrid: Siglo XXI.

Marina, José Antonio y Rambaud, Javier (2018). Biografía de la humanidad. Historia de la evolución de las culturas. Barcelona: Ariel.

Marina José Antonio (2016). Tratado de filosofía zoom. Barcelona: Ariel.

Losada, Antón y Pérez Royo, Javier (2018). Constitución: la reforma inevitable. Barcelona: Roca Editores.

Spinoza, Baruj (2000). Ética demostrada según el orden geométrico. Madrid: Trotta.

mm

Egresado de la maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos (UNMSM-Perú). Abogado. Bachiller en Filosofía.

Director del Centro de Estudios Disenso.

¿Qué te ha parecido?

(0 votos - Media: 0)