La reforma de la Constitución en serio, otra vuelta de tuerca

La comprensión que se tiene de algo es la que crea tal o cual objetividad. La acción presupone la comprensión, y la comprensión presupone el conocimiento.

Constitución peruana
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La idea o sospecha de conocimiento a la que habíamos arribado en nuestra entrada anterior respecto a la reforma de la Constitución, sugería que, a lo mejor, el modo de iniciar una reforma de la Constitución en serio sea transformando aquello que la sustenta y orienta: el constitucionalismo (Araujo Frias, 2020).  El objetivo de esta entrada es darle una vuelta de tuerca más a esa esa idea respondiendo a la pregunta ¿por qué el constitucionalismo? Dos serán las cuestiones que nos ayudarán en ello: ¿Qué es el constitucionalismo? Y ¿Por qué una reforma de la Constitución en serio requiere transformar el constitucionalismo?

¿Qué es el constitucionalismo?

Constitución peruanaSomos conscientes de que en toda conceptualización siempre queda algo por decirse. Esto es así porque los conceptos son representaciones mentales nunca  conclusivas sino aproximativas de un determinado fenómeno de la realidad. Y como tales, “son necesarios para pensar las cosas, en el sentido de que sólo los conceptos poseen la suficiente determinación que hace posible el reconocimiento y comprensión de lo percibido por los sentidos” (Enciclopedia Herder, 2020, párr. 1). En este caso nos referiremos no a toda la realidad, sino a una porción de la realidad política vertebrada por el derecho que se ha venido en llamar constitucionalismo.

Existen múltiples conceptos de constitucionalismo. Los cuales varían de acuerdo al adjetivo que se le agregue: garantista, argumentativo, popular, crítico, del oprimido, andino, latinoamericano, entre otros muchos. Teniendo en cuenta esta advertencia, entonces, ¿qué es el constitucionalismo? Se puede conceptualizar de manera corta como el marco teórico conceptual que sustenta y explica la Constitución. Y, de manera más detallada aunque no por ello concluyente  como el conjunto de conceptos, ideas, creencias que sustenta y orienta la praxis constitucional con la finalidad de garantizar el efectivo cumplimiento de los derechos y organizar del mejor modo posible los poderes del Estado.

¿Por qué una reforma de la Constitución en serio requiere transformar el constitucionalismo?

Una analogía es un buen modo de explicar de manera sencilla los problemas que nos suceden. El epistemólogo Nicholas Rescher (1995) sugiere que sin capacidad de encontrar  analogías no es posible elaborar buenas hipótesis. Apoyados en esta afirmación  acudimos a la siguiente analogía: “así como no se puede dibujar sin líneas ni pintar sin colores, tampoco se puede hablar sin palabras ni pensar sin conceptos (Mosterín y Torretti, 2002, p. 102). Si es cierto que no se puede pensar sin conceptos, entonces, la práctica constitucional el modo de garantizar los derechos y organizar las instituciones del Estado  está condicionada por estos. Porque necesitamos pensar para conocer, conocer para comprender y comprender para tomar buenas decisiones y actuar (Marina y Rambaud, 2018). En otras palabras, el pensar sustenta el mundo del hacer.

Si el hacer depende del pensar, y no se puede pensar sin conceptos, entonces es razonable convenir, como sugieren algunos neurocientíficos cognitivos, que el ser humano, y en este caso, los que se ocupan de garantizar los derechos y de organizar el Estado lo hacen  a través del prisma de los conceptos (Goldberg, 2019). Ahora bien, ¿qué relación tiene todo esto con la reforma de la Constitución? El constitucionalismo es un marco teórico conceptual que sustenta y orienta la práctica constitucional. Es una subjetividad que se decanta es una objetividad, esto es, en un modo de garantizar los derechos y organizar el Estado. Ejemplo, si conceptualizamos el poder como dominación, entonces, es lógico que quienes ejercen el poder jurídico para garantizar derechos (magistrados) o quienes ejercen el poder político para organizar el Estado (legisladores) lo hagan de manera abusiva e injusta.

Ahora bien, para el constitucionalismo hegemónico, y con hegemónico nos referimos a la comprensión oficial que sustenta y orienta la práctica constitucional, la Constitución “tiene por finalidad limitar el poder para garantizar los derechos de las personas” (Abad Yupanqui, 2019, p. 50). Lo cual quiere decir que la condición  para garantizar los derechos es la limitación y restricción del poder. Sin embargo, la política y el derecho es esencialmente despliegue de poder. Existen y se ejercer en la modalidad del poder. De manera que sin ejercicio de poder no se podría garantizar los derechos y organizar las instituciones que conforman el Estado.

Si en el derecho y en la política el ejercicio del poder no es una elección sino que es inevitable, ¿por qué el constitucionalismo hegemónico busca limitarlo para garantizar los derechos, no es acaso una contradicción? Para responder esta pregunta tendríamos que formular otra: ¿cuál es el concepto de poder que utiliza el constitucionalismo hegemónico? Cabe advertir que el concepto de poder no lo construye el constitucionalismo, lo toma de la filosofía política y jurídica, las cuales a decir de algunos juristas son las constructoras del Estado de derecho moderno (Ferrajoli, 2016). Es decir, son las  que le dotan de insumos teóricos conceptuales en base a los cuales el constitucionalismo construye su propio conocimiento  y comprensión de la realidad.

El concepto de poder que utiliza el constitucionalismo hegemónico, el cual se enseña en todas las facultades de derecho y ciencias políticas del país, le pertenece a Max Weber, pero se enseña como si fuera el concepto  como diría Leopoldo Zea “sin más”.  Para este autor el poder es dominación “la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad” (Weber, 2002, pág. 43). Evidentemente esta conceptualización del poder es negativa y equívoca. Es negativa porque la dominación es la negación de la vida y la libertad; y  es equívoca porque si el poder es dominación no puede ser legítima, porque legitimidad presupone el consenso de sujetos libres.

La comprensión que se tiene de algo es la que crea tal o cual objetividad. La acción presupone la comprensión, y la comprensión presupone el conocimiento. Y el conocimiento, como hemos expuesto, se construye principalmente en base a conceptos. Si se conceptualiza el poder como dominación, entonces, de ello se sigue que quien ejerce el poder político y jurídico debe hacerlo para dominar. Porque la subjetividad (teoría) crea la objetividad (práctica). El constitucionalismo (subjetividad) sustenta y orienta el modo de garantizar los derechos y organizar las instituciones del Estado (objetividad). Y lo hace, como hemos anotado, desde el poder como dominación.

Lo visto con el concepto de poder es solo un indicio de lo mal que eventualmente se podría realizar la reforma de la Constitución si previamente no se lleva a cabo una crítica sistemática de todos los conceptos del constitucionalismo. Por ejemplo, más que una reforma de los poderes del Estado, lo cual es necesario pero no suficiente, lo que se necesita es una transformación del concepto de poder.  El cual no es en sí mismo bueno o malo. Porque se puede ejercer el poder para garantizar derechos como para violarlos. No obstante, este último no sería poder jurídico ni político.  Porque tanto el poder jurídico como el político refieren a la afirmación de la vida de la comunidad política.

Entonces, si de darle un nombre a esta conceptualización negativa del poder de la filosofía política y jurídica hegemónicas se trata, siguiendo al filósofo camerunés Achille Mbembe (2011), lo llamaríamos “necropoder” o poder de la muerte. El cual se decanta en una “necropolítica” o política de la muerte, y en un “necroderecho” (Narváez Hernández, 2017) o derecho de la muerte. Es a este tipo de poder de la muerte al que la Constitución tiene que limitar y restringir. Pero resulta que ese es el concepto de poder presupuesto en la subjetividad de las autoridades judiciales y políticas que tienen a su cargo garantizar el cumplimiento de los derechos y organizar las instituciones del Estado.

Conclusión

En base a lo expuesto podemos decir que, si de reformar la Constitución  en serio se trata, no basta con una reforma normativa o una reforma de la organización de los poderes del Estado. Es conveniente una transformación teórica o epistemológica del conocimiento que sustenta el mundo de la práctica constitucional, empezando por la transformación de los conceptos. Entre ellos, como hemos visto, el concepto de poder. El cual es necesario que sea positivo y no negativo. Es más, el poder político-jurídico por naturaleza es positivo. De manera que, de lo que se trata es de restituirlo, pero para eso, como pasa con todo, hay que empezar por el principio. Y en este caso, el principio se encuentra en la respuesta a la pregunta ¿cuál es el origen del poder político-jurídico?

Continuaremos en nuestra próxima columna.

Referencias bibliográficas

Achille, Mbembe (2011). Necropolítica seguido de Sobre el gobierno privado indirecto.  Trad., y Ed., Elisabeth Falomir Archambault.  Santa Cruz de Tenerife: Editorial Melusina.

Araujo Frias, Jaime (22/06/2020). “La reforma de la Constitución en serio”. Iberoamérica Social. Disponible en https://iberoamericasocial.com/la-reforma-de-la-constitucion-en-serio/. Consultado el 24 de julio de 2020.

Abad Yupanqui, Samuel (2019). Manual de derecho procesal constitucional. Lima: Palestra.

Enciclopedia Herder (2020). Concepto. Disponible en https://encyclopaedia.herdereditorial.com/wiki/Concepto. Consultado el 23 de julio de 2020.

Ferrajoli, Luigi (2016). “El futuro de la filosofía del derecho”. Doxa. Cuadernos de Filosofía del Derecho, N° 39, pp. 255-263. Disponible en https://doxa.ua.es/article/view/2016-n39-el-futuro-de-la-filosofia-del-derecho. Consultado el 23 julio de 2020.

Goldberg, Elkhonon (2019). Creatividad. El cerebro humano en la era de la innovación. Barcelona: Crítica.

Mosterín, Jesús y Torretti, Roberto (2002). Diccionario de lógica y filosofía de la ciencia. Madrid: Alianza Editorial.

Marina, José Antonio y Rambaud, Javier (2018). Biografía de la humanidad. Historia de la evolución de las culturas. Barcelona: Ariel

Narváez Hernández, José Ramón (2017). Necroderecho. México: Editorial Libitum.

Rescher, Nicholas (1995). La lucha de los sistemas. Un ensayo sobre los fundamentos e implicaciones de la diversidad filosófica. Trad. Adolfo García de la Sienra. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Weber, Max (2002). Economía y sociedad. México: Fondo de Cultura Económica.

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Egresado de la maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos (UNMSM-Perú). Abogado. Bachiller en Filosofía.

Director del Centro de Estudios Disenso.

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