La política es un oficio para gente decente

Si aceptamos que la política es un oficio para gente deshonesta, entonces, no es casual que votemos y soportemos a representantes corruptos.

La política como corrupción
La política como corrupción

La «pretensión política de justicia» es en la política lo que
la «pretensión de bondad» en la ética (Dussel, 2006, p. 37).

 

La representación política es, en la práctica, sinónimo de corrupción. No hay político que escape a la podredura. Lamentablemente esta es la percepción –salvo algunas excepciones– que tiene la población peruana del oficio de la política. No solamente las personas en general, sino también los profesionales y las autoridades que ejercen cargos públicos. Si se cree que la política es todo menos un actividad para gente decente, ¿se puede exigir y esperar que los representantes políticos actúen de otro modo que no sea la indecencia?

Nuestras creencias sobre lo que es algo condicionan y en algunos casos determinan lo que hacemos. Esto es así porque la subjetividad es la que produce tal o cual objetividad (Bautista Segales, 2019). Es decir, el conocimiento sustenta el mundo de lo empírico. Entonces, la comprensión que se tiene de la política produce tal o cual práxis política. En el Perú llevamos muchas décadas siendo persuadidos por los dueños de los medios de comunicación e incluso de la educación formal, a creer que la política es un oficio reservada para gente corrupta.

Es sabido que “una manera segura de hacer que la gente se crea falsedades es la repetición frecuente, porque la familiaridad no es fácil de distinguir de la verdad” (Kahneman, 2012, p. 88). A base de repetirnos continuamente que la política es una actividad deshonesta hemos terminado subjetivando que la política es todo menos –como dice Enrique Dussel– “un noble oficio”. Esto explica tres cosas. En primer lugar, que las personas que se han dedicado históricamente a robar el presupuesto público se sigan autodenominando políticos; en segundo lugar, que la población les llama políticos y vote por ellos; y, en tercer lugar, que las personas que aspiran a desempeñar un cargo público, pero con pretensión de justicia, sean vistos como sospechosas.

Ahora bien, el pasado 30 de septiembre de 2019 el pueblo peruano logró disolver el Congreso de la República porque, “es vergonzoso decirlo, pero es irrefutable: la mayoría parlamentaria legislaba abiertamente para favorecer la corrupción y la impunidad» (Araujo-Frias, 2019, p. 2). Afortunadamente el pueblo en ejercicio de su derecho a la democracia logró persuadir al presidente de la República, y éste determinó disolver constitucionalmente el parlamento. Sin embargo, el problema no está resuelto, porque ahora se tiene que elegir a los nuevos parlamentario para concluir con el periodo gubernamental.

Lo más sensato sería no elegir a los representantes de los partidos corruptos del disuelto Congreso, mucho menos a los excongresistas corruptos. Errar es inevitable, incurrir en los mismos errores, no. Nos equivocamos al elegir a los representantes del disuelto parlamento, pero no debemos volver o cometer el mismo error. La frase “es más fácil engañar a la gente, que convencerla de que ha sido engañada” corresponde a Mark Twain, y predice lo que eventualmente nos podría suceder en las próximas elecciones congresales extraordinarias de 26 de enero de 2020, si no empezamos por cambiar la perspectiva que tenemos de la política.

La política es un oficio honesto de la que se debe ocupar gente decente y con pretensión de justicia (Dussel, 2006). No llamemos políticos a los ladrones. Ni califiquemos como cálculo político a sus actuaciones destinadas a lucrar de la función pública. La política es un servicio al pueblo, no es un negocio. Por eso “el que se mete en política debería hacerlo desde el criterio de la decencia, un concepto tan sencillo y tan bonito como ser decente(Lledó, 2018, párr. 10).

Lamentablemente hemos sido gobernados desde el nacimiento de la república por una visión política colonial. Nos liberamos de facto, pero no nos liberamos de la subjetividad colonial. Por eso el arte de robar y saquear al pueblo sigue siendo visto como práxis política. Mientras no cambiemos esta visión, es muy probable que continuemos eligiendo y consintiendo a ladrones del país con el apelativo de “políticos”. Porque la comprensión que tenemos de la política es la que produce la práxis política. Si aceptamos que la política es un oficio para gente deshonesta, entonces, no es casual que votemos y soportemos a representantes corruptos.

No obstante, si se asume que la política es un servicio al pueblo, ningún representante político podrá dedicarse a robar. Porque en primer lugar, nadie le elegirá; y en segundo lugar, si por error es elegido, el pueblo demandará su destitución. La tarea a largo plazo consiste, entonces, en cambiar la subjetividad, la perspectiva que de la política tenemos los peruanos. La cual no es posible realizarlo en un mes ni en un periodo gubernamental. Necesita muchos años para desaprender lo que, al parecer, se ha hecho sentido común. El primer paso es tomar conciencia de esta realidad que no queremos, para negarlo; y empezar a imaginar la realidad que queremos, y actuar.

En fin, el próximo 26 de enero de 2020 se llevará a cabo las elecciones congresales extraordinarias en el Perú; y, tenemos la oportunidad de poner a prueba el ideal de política que queremos e imaginamos para el país. Si de elegir bien se trata, vale recordar el sabio consejo de Mahatma Gandhi: “Seamos el cambio que queremos ver”. Si no queremos seguir viendo que los ladrones se sigan encubriendo en la política para saquear el país: no votemos por corruptos.

Referencias

Arnaiz, Gabriel (2018). “Emilio Lledó: Lo importante es crear capacidad de pensar”. Entrevista, 1 de mayo, Filosofía & Co. Acceso 8 de diciembre de 2019. https://www.filco.es/emilio-lledo-capacidad-pensar/ .

Araujo-Frias, Jaime (2019). ¿Quién manda aquí? A propósito de la disolución del Congreso de la República del Perú. Blog nuestrAmérica, 5 de octubre, sección Estudios. Acceso 5 de diciembre de 2019. http://blog.revistanuestramerica.cl/ojs/index.php/blognuestramerica/article/view/56

Bautista Segales, Juan José (2019). El tiempo mesiánico como filosofía de la historia en la obra de Walter Benjamin. Video, 29 de setiembre. Acceso 15 de noviembre. https://www.youtube.com/watch?v=RLjKtL1nz64&t=14s.

Dussel, Enrique (2006). 20 tesis de política. México. Siglo XXI.

Kahneman, Daniel (2012). Pensar rápido, pensar despacio. Barcelona: Debate.

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Egresado de la maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos (UNMSM-Perú). Abogado. Bachiller en Filosofía.

Director del Centro de Estudios Disenso.

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