La Pachamama e Internet. A 98 años del nacimiento de Rodolfo Kusch.

El método de Kusch es la fagocitación: reconocer lo ajeno, rodearlo con lo propio, ingerirlo, in-corporarlo. Su metafísica es vegetal: arraigar, echar raíces en la tierra.

Rodolfo Kusch
Rodolfo Kusch

Mariana Chendo

 

“El mundo es un hervidero espantoso”
(Rodolfo Kusch. América Profunda)

“Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”
(Atahualpa Yupanqui. El arriero)

 

El 25 de junio pasado Rodolfo Kusch habría cumplido 98 años y muchos de nosotros nos juntamos a celebrarlo, por zoom, por youtube, por meet.

Junio de 2020 y la piel sigue siendo criterio de validación de la vida: negra, marrón, parda, curtida, la piel sigue siendo un territorio en disputa. La policía mata al afroamericano en Minnesota, golpea al quom en Chaco y mientras, las muertes en la época de su reproductibilidad digital: las muertes subidas, los golpes faveados, retwitteados, comparados, en bloque de negro, de marrón, de blanco. La disputa se inicia en el territorio de la piel y se extiende a tiempo real –en vivo y en muerto– al suelo de las plataformas.

¿Por qué insistir con Kusch? ¿Qué pueden enseñarnos hoy los mitos indígenas a nosotros, los conectados? Si es cierto que la desmesura del hombre hace tiempo se convirtió en fuerza geológica y habitamos el Antropoceno, ¿qué puede decirnos un profesor de filosofía argentino que se queda enmudecido frente a ese exabrupto geográfico que es la Puna? Las lógicas hegemónicas son lógicas antropocéntricas: el hombre separándose de la naturaleza, para calcularla, para dominarla, para acumularla. El antropocentrismo es tan antiguo como la filosofía, el homo mensura atribuido a Protágoras: el hombre como medida de todas las cosas, el hombre como diferencia especial, el hombre más alto que los animales, más ancho que las cosas, más robusto que las comunidades, el hombre mejor que el mundo.

Pero las cosas exceden al hombre, lo exceden en la tormenta despiadada, en el terremoto, lo desbordan en el incendio, en lo inesperado de un murciélago, de un pangolín, de un virus. La naturaleza excede la globalización del cálculo y le devuelve a las cosas el poder que el hombre les había quitado. Esa es la fuerza bestial que lee Kusch en América profunda, un poder contestatario: lo real siempre al acecho, siempre incognoscible, siempre incierto. Esa es la fuerza bestial que lee Kusch en la figura del pueblo, del mestizo, del hedor de América imperfecta, de cuño indígena e ibérico: siempre al acecho el diablo (dia-ballo: desavenir, desacordar), imposible de ser conocido e imposible de ser evitado. Hay que tolerar al diablo enseña Kusch, si alguna filosofía pudiese hacerse de este lado, esa sería la sabiduría del hombre-en-no-mismo, de las cosas precediendo al hombre, el hombre precediendo al ciudadano y el ciudadano precediendo al mercader.

Ser o no ser es la disyunción oficial de la filosofía, maíz o maleza reversiona Kusch desde la barbarie de América. Ya siempre vienen llegando las políticas de la maleza, hegemónicas, segmentarias, en bloque puro identitario: el negro, el marrón, el hombre, el blanco. Pero no sólo, las políticas de la maleza se vienen digitalizando, riquezas descomunales con nuestra descomunal pobreza. Nosotros, el 25 de junio celebramos el cumpleaños de Rodolfo Kusch por zoom, por youtube, por meet. Porque la globalización del capitalismo salvaje nos tiene distanciados, pero el capitalismo digital nos acomuna, ¡qué enorme trampa! 300 millones de usuarios diarios, una capitalización de casi 50 mil millones de dólares y nuestro estar-siendo conectado para hablar del suelo, la tierra y las penas que son de nosotros.

El método de Kusch es la fagocitación: reconocer lo ajeno, rodearlo con lo propio, ingerirlo, in-corporarlo. Su metafísica es vegetal: arraigar, echar raíces en la tierra.

Celebrar a Kusch hoy es ver la posibilidad de escamotearle a las redes sociales el ciclo del mercader, fagocitar el proceso, encontrar la fertilidad de las tierras virtuales para hacerlas nuestras, bienes comunes, proyecto grande.

El mundo es un hervidero espantoso, pero el proyecto común –también como la naturaleza– puede exceder la globalización del cálculo siempre ajeno. Eso es lo que enseña Kusch cuando nos cuenta de brujos, de chamanes y aborígenes: los bienes comunes preceden el ciclo del mercader. Hay que leerlo hoy, desde el maíz hasta internet.

Feliz cumpleaños, Rodolfo.

Bibliografía

Kusch, R .(1977). El pensamiento indígena y popular en América. Buenos Aires: Hachette.

Kusch, R .(1966). Indios, porteños y dioses. Buenos Aires: Stilcograf.

Kusch, R. (1966). De la mala vida porteña. Buenos Aires: A. Peña Lillo.

Kusch, R. (1975). La negación en el pensamiento popular. Buenos Aires: Cimarrón.

Kusch, R. (1976). Geocultura del hombre americano. Buenos Aires: Fernando García Cambeiro.

Kusch, R. (1978). Esbozo de una antropología filosófica americana. Buenos Aires: Castañeda.

Kusch, R. (1983). La seducción de la barbarie. Rosario: Fundación Ross.

Kusch, R. (1999). América Profunda. Buenos Aires: Bonum.

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