La narrativa pornográfica y la cultura de la violación

La pornografía le hace creer a los hombres que las mujeres desean ser abusadas y consumidas por muchos de forma simultánea, que es su fantasía.

La narrativa pornográfica y la cultura de la violación
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Cultura de la violación

Recientemente en una entrevista Rosa Cobo ha afirmado que “la pornografía es la pedagogía de la prostitución, porque la pornografía no sólo es una parte indispensable de la industria del sexo, sino que, además, los varones que ven pornografía quieren llevar luego esas prácticas sexuales con las mujeres prostituidas”. A ello puede agregarse que, la pornografía es también la pedagogía de la cultura de la violación, dado que los hombres no solo reproducen estas prácticas con las mujeres prostituidas sino que también pretenden llevarlas a cabo con las mujeres que “enamoran”, con las amigas con derecho, pero sobre todo, con las mujeres que violan.

Si bien en la pornografía la mujer siempre es concebida como un objeto de consumo, es decir, para ser exhibida y usada para la satisfacción de los imaginarios y deseos masculinos, en los últimos años esta ha mutado sus discursos y representaciones, haciéndose cada vez más violenta, más invasiva, pero sobre todo, colectiva.

De acuerdo a ello es posible señalar que la pornografía ha pasado de representaciones emblemáticas como “garganta profunda” a una narrativa que se presenta cada vez más explícita, agresiva y humillante. La pornografía ha pasado progresivamente del sexo en pareja al sexo colectivo, donde comenzaron a hacerse común los tríos con doble penetración, las orgias, hasta llegar a las categorías de pornografía más producidas y consumidas en la actualidad en las que se emula la violación colectiva; entre estas destacan los gangbang bukkake (en los cuales la mujer realiza sexo oral a una multiplicidad de hombres los cuales eyaculan sobre su rostro y cuerpo), y los gangbang creampie (en los cuales muchos hombres se turnan para penetrar y eyacular dentro de una mujer).

En estas categorías de pornografía también es recurrente el hardcore (violencia extrema), así como, la cosificación de las extranjeras (principalmente rusas, alemanas, checas, latinas y recientemente comienza a proliferar y expandirse la pornografía colectiva con refugiadas) de quienes además se desconoce si provienen del mercado de la trata.

Ahora bien, al respecto hay quienes afirmarán que la pornografía siempre ha existido y que esta es un espacio mediatizado en el que se realizan las fantasías irrealizables; no obstante, esta deja de ser un producto mediático inofensivo y se convierte en un problema cuando la pornografía aparece como el principal referente de la sexualidad. Ante la ausente o limitada educación sexual, lo efímero de las relaciones social y el bombardeo mediático, el primer acercamiento de adolescentes y jóvenes a la sexualidad es a través de la pornografía; por ello, el consumo de mensajes en los que se presenta como normal que una mujer se penetrada y eyaculada por 5, 10, 20, 30, 50 hombres, sin dudas crea una noción equivocada de la sexualidad. A ello hay que añadirle que, cuando esta mujer se resiste, llora, vomita, es golpeada y sostenida por los otros para ser penetrada, pero minutos después se le ve disfrutando de los continuos abusos, envía a los hombres socializados en una cultura patriarcal y misógina la idea de que las mujeres siempre desean y disfrutan dichos abusos; discursos que son posteriormente reproducidos por aquellos garantes de otorgar justicia a las mujeres víctimas de violencia sexual.

La pornografía ha logrado lo impensable, que los hombres perdieran el miedo a verse desnudos en una misma habitación, que perdieran el asco a sus miembros y fluidos, por lo cual ahora disfrutan de besar a una mujer luego de que esta le ha practicado sexo oral a otros y disfrutan penetrarla aunque esta está inundada del semen de otros hombres; es decir, la pornografía colectiva se constituye como una herramienta de hermanación masculina, y por supuesto, de fortalecimiento del poder patriarcal amparado en la complicidad de la violación colectiva.

Además, la pornografía le hace creer a los hombres que las mujeres desean ser abusadas y consumidas por muchos de forma simultánea, que es su fantasía, imaginario que ha generado en los últimos años un exponencial incremento de los casos de violaciones, pero sobre todo de las violaciones colectivas. De este modo, la violación alrededor del mundo ha transitado de la violación individual, escondida y anónima para convertirse en una forma de violencia colectiva, masiva, pero sobre todo pública pues, con frecuencia es grabada, exhibida, contada y publicitada.

Estos hechos en su conjunto ponen en evidencia que el bombardeo y masificación de la pornografía no solo alimenta, legitima y naturaliza la cultura de la violación, sino que además, crea las condiciones por las cuales los sujetos (principalmente los más jóvenes) son incapaces de diferenciar entre la pornografía y la realidad, entre el sexo deseado/consensuado y la violación, entre la intimidad del acto sexual y la colectivización no permisada del cuerpo y del placer.

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Autora

Socióloga, Magister Scientiarum en Estudios de la Mujer, Doctora y Postdoctora en Ciencias Sociales egresada de la Universidad Central de Venezuela.

Fundadora de EPG Consultora de Género y Equidad. Escritora y columnista en diversos medios de comunicación venezolanos y extranjeros.