La mujer española en América – siglo XVI. 9: Isabel de Bobadilla

Isabel de Bobadilla fue una de las primeras mujeres influyentes e importantes de la nueva sociedad colonial castellana en América. Demostró, como muchas otras castellanas de la época, un enorme coraje y valor ante las variadas adversidades y peligros que el Nuevo mundo ofrecía a todos y todas las personas que se asentaron en él.

La mujer española
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Nuestra protagonista de hoy, Isabel de Bobadilla, es parte de una familia y de una estirpe de mujeres, las Bobadillas, que fueron unas de las familias castellanas más importantes e influyentes en América durante las primeras décadas de la conquista.

Isabel era hija de Francisco de Bobadilla (Bobadilla, actual La Rioja, ca. 1448- Mar Caribe, 1502) y de María de Peñalosa. Francisco era Comendador de la orden de Calatrava y oficial de la Casa Real. Fue nombrado, en el año 1500, como gobernador de la isla de La Española, en sustitución de Cristóbal Colón, debido a los abusos que estaban cometiendo el Almirante y sus hermanos, Diego y Bartolomé, contra la población local.

Una vez que Francisco llegó a la isla de la Española detuvo a los tres hermanos Colón y los envió a la Península. Francisco estuvo en el cargo hasta 1502, cuando es sustituido por Nicolás de Ovando (Brozas, actual Cáceres, 1460- Sevilla, 29 de mayo 1511). En el viaje de vuelta a Castilla, una tormenta sorprende al barco de Francisco y muere ahogado.

Por su parte, María de Peñalosa estaba emparentada con la familia Bobadilla por vía paterna antes de su casamiento. Era sobrina de Beatriz Fernández de Bobadilla (Medina del Campo, 1440- Madrid, 17 de enero de 1511), marquesa de Moya y Peñalosa, camarera y amiga personal de Isabel I “La Católica”. Influyó mucho en la reina, hasta tal punto que en aquella época en Castilla existía un refrán que decía: “después de la reina de Castilla, la Bobadilla”

No sabemos con exactitud la fecha de nacimiento de nuestra protagonista. Es probable que naciera en torno al año 1465. Perteneciendo a una de las familias mejor relacionadas de la corte castellana, Isabel fue educada para ser una noble castellana y casarse, aunque desde bien pequeña mostró un carácter decidido y libre, rasgos que mostraría posteriormente en América. A finales del año 1485 o principios del año siguiente se casó en Alcalá de Henares con Pedro Arias Dávila, conocido como Pedrarias (Segovia, 1440- León Viejo, Nicaragua, 6 de marzo de 1531), uno de los principales caballeros castellanos en América en la primera mitad del siglo XVI.  Del matrimonio nacerían nueve hijos.

En el año 1513, Pedro Arias Dávila, ya con 73 años, una edad tremendamente avanzada para el siglo XVI, es nombrado gobernador y capitán general de Castilla del Oro con el objetivo de explorar un posible paso hacia el Océano Pacífico. Ese mismo año, un grupo de castellanos, liderados por Vasco Núñez de Balboa (Jerez de los Caballeros, Badajos, ca. 1475- Acla, Panamá, 15 de enero de 1519), consiguieron llegar a la costa del Pacífico, cruzando la selva de Panamá.

Tras su nombramiento, Pedro Arias comenzó a montar una expedición hacia América que fue en su momento la mayor expedición castellana hasta entonces. Hubo que limitar la expedición en 1500 personas, repartidas en más de 20 barcos, debido a la enorme afluencia de gente que quería pasar al Nuevo Mundo, ya que el pasaje era gratis para parejas que quisieran pasar a América, lo que demuestra que esta enorme expedición tenía en parte como objetivo la colonización del territorio.

Muchos de los grandes personajes castellanos en América en los siguientes 25 o 30 años llegaron al continente americano en esta expedición, como por ejemplo Diego de Almagro, Sebastián de Belalcázar o Hernando de Soto, así como los cronistas Gonzalo Fernández de Oviedo o Bernal Díaz del Castillo.

Inicialmente, nuestra protagonista no iba a viajar a América, ya que su marido quería que permaneciera en Castilla. Pero Isabel no era mujer sumisa que obedeciera a su marido y consiguió convencerlo. Finalmente acompaña a su ya anciano marido a la aventura americana. Para conseguir convencer a su marido de que la dejara ir con él a América, el escritor de cartas Pedro Mártir de Anglería reprodujo (con más o menos fidelidad) el discurso de Isabel a su marido:

esposo amado, me parece que nos unimos jóvenes por el vínculo matrimonial para vivir juntos y no para separarnos. Allí donde te lleve el destino, por las olas furiosas del océano o hacia los horribles peligros de la tierra, sepas que debo acompañarte. Cualquier peligro, por terrible que sea, que pueda amenazarme, cualquier muerte que pueda alcanzarme será para mí más soportable que vivir separada de ti por una distancia tan considerable. [….] Tal es mi resolución, tomada sin temeridad, y no por el impulso de un instante o el extravío femenino, sino por una detenida reflexión. Elige una de las dos cosas: o me atraviesas el cuello con tu espada o consientes en mis demandas

También escribió al respecto Bartolomé de Las Casas:

La mencionada doña Isabel de Bobadilla, una viril matrona, no quiso de ninguna manera quedarse sino seguir a su marido tanto en el mar como en tierra

Isabel tendría ya unos 47 o 48 años cuando la expedición liderada por su marido zarpó de Sanlúcar de Barrameda el 12 de abril de 1514 dirección Tierra Firme, territorio que comprendía Panamá y parte de las actuales Venezuela y Colombia.

La expedición hizo escala en el golfo de Santa María, actual Colombia, antes de llegar a su destino final. Nada más desembarcar, fueron atacados por lugareños con flechas envenenadas. Las represalias de Pedro Arias no se hicieron esperar. Organizó una expedición de castigo que atacó un poblado situado en el interior, destrozando las chozas, matando a algunos hombres y secuestrando a mujeres y niños. Fue la primera, de muchas, demostración del sadismo y la crueldad que caracterizaron los actos de Pedro Arias en América.

Posteriormente a este incidente, al expedición desembarca en Santa María de la Antigua del Darién, capital de Castilla del Oro, ciudad fundada solo unos años antes por Vasco Núñez de Balboa y Martín Fernández de Enciso (Sevilla ca. 1469- Sevilla ca. 1533) el 30 de junio de 1514.

En sus 4 años de existencia, Santa María de la Antigua del Darién no había pasado de ser una pequeña colonia con unas cientos de familias castellanas que estaban pasando bastantes calamidades. A pesar de traer las bodegas de los barcos repletas de víveres, pronto se hizo obvio que la tierra no daba recursos para mantener a toda la población. Por si esto no fuera poco, se desató una epidemia que mató a un tercio de la población. Así nos lo cuenta Bernal Díaz del Castillo:

Sólo hacía tres o cuatro meses que nos habíamos instalado cuando se declaró una epidemia que mató a muchos soldados. La  mayor parte de nosotros caímos enfermos y tuvimos que sufrir que se nos ulceraran las piernas

A todo esto había que sumarle que la ciudad estaba situada en un enclave malsano, insaluble, y que además, los indios de la zona se cansaron de ser explotados por los castellanos y comenzaron a atacarlos. El hambre se apoderó de la ciudad.

Además de todos los problemas anteriores, los problemas políticos crecían para el matrimonio Arias Dávila-Bobadilla. Gonzalo Fernández de Oviedo, en calidad de escribano y veedor acusa a un primo de Pedro Arias y a un familiar de Isabel de torturar y asesinar a indios para robarles sus piedras preciosas y oro. En octubre de 1515, Fernández de Oviedo pone rumbo a Castilla para denunciar estos actos.

Tras 4 años de gestiones en la Península, Fernández de Oviedo consigue que Pedro Arias sea destituido, nombrándose en su lugar a Lope de Sosa. Pero cuando Fernández de Oviedo llega a Santo Domingo, se entera del fallecimiento de Lope de Sosa. Entonces decide ir primero a Santa María de la Antigua del Darién y luego a ciudad de Panamá (nueva capital de la región desde hacía un año) para enfrentarse con Pedro Arias. Este lo nombra teniente en Santa María, sabiendo que Fernández de Oviedo se enemistaría con los castellanos que llevaban una vida “poco cristiana” en la ciudad. Un día al salir de la iglesia apuñalan varias veces a Fernández de Oviedo, que salva la vida milagrosamente.

Tras recuperarse, Oviedo marcha de incógnito a la Península, desembarcando en Sanlúcar de Barrameda el 15 de noviembre de 1523. Se dirige a la corte y para su sorpresa se encuentra allí con Isabel, que había sido enviada a la Península en 1520 por Pedro Arias con el objetivo que defendiera sus derechos ante la corte. Isabel llevaba consigo un gran tesoro, en joyas y oro, que podía utilizar para sobornar a miembros importantes de la corte, mientras que Oviedo no disponía de tales recursos. Además, el rey Carlos estaba terminando de sofocar la conocida como revuelta de los comuneros. Ambos factores jugaron a favor de nuestra protagonista, y su marido conservó el cargo de gobernador.

Pero Oviedo no cejó en su empeño, y tras publicar en 1526 su obra Sumario de la Natural Historia de las Indias, volvió a coger fama en la corte y lo aprovechó para reactivar el caso contra Pedro Arias. Esta vez nuestra protagonista no pudo hacer nada por contrarrestar las acusaciones de Oviedo y su marido fue destituido. Pero Isabel si consiguió que a su anciano marido se le otorgara el título de gobernador de Nicaragua, cargo que ejerció hasta su muerte en 1531, a la edad de 84 años.

Tras la muerte de su marido, Isabel escribe al rey Carlos pidiéndole una pensión, recordándole los enormes sacrificios que había realizado por la corona y recalcando que gracias a ella, otras damas castellanas habían dado el paso posteriormente de embarcar hacia el Nuevo Mundo:

Y para mejor servir a Vuestra Real Corona la mencionada doña Isabel vendió todos sus vienen muebles y empleó después todos los fondos por orden de Vuestra Alteza, para partir con el gobernador, su marido, a fin de que gentes se animaran y muchos hombres casados llevasen consigo a sus esposas y niños- como así lo hicieron, y gracias a su ejemplo- con estas nuevas tropas de refresco y gracias a sus cuidados, él `Pedrarias] conquistó y pobló gran parte de la llamada Tierra Firme y fundó en la costa y en la parte norte la ciudad de Acla y la de Nombre de Dios

El monarca compensó a Isabel por sus servicios con varias prebendas y con el levantamiento del embargo de los bienes de su marido, embargados una vez fue destituido como gobernador de Castilla del Oro.

El rastro de nuestra protagonista se diluye a partir de la muerte de su marido debido a la falta de documentación que la cite, desconociendo incluso la fecha de su muerte. No sabemos con certeza si regresó a América a reencontrarse con su marido o permaneció en la Península. Lo más probable es que fijara en la Península su residencia definitiva.

Sin embargo, la estirpe de las Bobadillas continuó en América a través de dos de las hijas de Isabel, probablemente las dos hijas más pequeñas, María e Isabel. María de Peñalosa se casó con Rodrigo de Contreras (Segovia, 1502-Lima, 1558). Este fue nombrado gobernador de Nicaragua tras la muerte de Pedro Arias, seguramente debido a la influencia que ejerciera Isabel para conseguir este nombramiento.

Su otra hija, que también se hacía llamar Isabel de Bobadilla, renunciando así al apellido paterno, se casó con Hernando de Soto en Sevilla en 1537, y lo acompañó una vez fue nombrado este gobernador de Cuba, en una expedición con 950 personas y nueve barcos. Posteriormente, Hernando de Soto nombra gobernadora de la isla de Cuba a su esposa el 12 de mayo de 1539, en vísperas de iniciar la expedición que dirigiría en los actuales territorios sureños de los Estados Unidos. Isabel tuvo que gobernar Cuba durante varios años, mostrando, según los cronistas de la época, gran sabiduría y determinación ante las diversas situaciones de gobierno que tuvo que solventar mientras su marido estuvo ausente.

Isabel de Bobadilla fue una de las primeras mujeres influyentes e importantes de la nueva sociedad colonial castellana en América. Demostró, como muchas otras castellanas de la época, un enorme coraje y valor ante las variadas adversidades y peligros que el Nuevo mundo ofrecía a todos y todas las personas que se asentaron en él.

Bibliografía

DELAMARRE, C y SALLARD, B (1994): “Las mujeres en tiempos de los conquistadores. La vida cotidiana en tiempos de la conquista de América, narrada desde el punto de vista de las mujeres”. Planeta. Barcelona.

HERNÁNDEZ GARVI, J.L. (2014): “Adonde quiera que te lleve la suerte. La apasionante aventura de las mujeres que descubrieron y colonizaron América». Edaf. Madrid.

 

En la próxima entrada retomaremos el serial de culturas anteriores a la llegada y ocupación de los europeos de América. En esta ocasión analizaremos los principales elementos de la cultura chibcha.

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Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.

Especialista en Paleografia y Diplomática.

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