La mujer española en américa | Siglo XVI 10 | Mencía de Nidos

Famosa por su arenga a sus compatriotas contra los mapuches.

La mujer española en américa
La mujer española en américa

Sin lugar a dudas, Inés Suárez es la mujer más importante en el Chile del siglo XVI y una de las mujeres castellanas más famosas que vivieron en América durante los siglos coloniales; inmortalizada por Isabel Allende en su novela Inés del alma mía

Hay otra mujer, extremeña como Inés, que también fue muy importante en el asentamiento de los castellanos en el duro territorio del actual Chile, pero que es mucho menos conocida por el público en general. Hablamos de Mencía de Nidos.

Mencía nació en Cáceres entre 1514 y 1518, siendo para algunos autores el año 1516 como la fecha más probable de nacimiento de nuestra protagonista. Hija de Francisco de los Nidos y de Beatriz Álvarez Copete. La familia de Los Nidos era una familia hidalga con largo arraigo en la ciudad extremeña. Habían llegado en la conquista definitiva de la misma con el rey Alfonso IX de León en el 23 de abril de 1229.

Por una escritura de 1538 otorgada en Cáceres hemos podido conocer algunos datos sobre la familia de Mencía. Ya fallecido en ese año su padre y emigrado a Perú su hermano Gonzalo de los Nidos, que estaba enrolado en el ejército de Pizarro en las luchas contra Almagro; la familia era dirigida por su hermano Francisco, que junto a su hermana María eran los dos únicos hermanos mayores de 25 que residían en la Península. Francisco era el tutor legal de Mencía y de sus hermanos Juana y Jerónimo.

La vida de nuestra protagonista cambia radicalmente cuando su hermano Gonzalo vuelve a la Península en el año 1544 para resolver algunos pleitos debido a que:

“en un altercado por defender a unas indias mató a uno de los maltratadores por lo que vino a España para pedir perdón a los parientes del muerto y a S.M. concediéndosele, pero quedando sus bienes incautados; ahora quiere volver a esa tierra llevando consigo dos herederas doncellas para casarlas y que se levante el embargo de sus bienes».

Y además de lo anterior vino a  reclamar algunas concesiones debido a su participación en la conquista del Perú. En ese viaje, Gonzalo convence a sus hermanos pequeños para que viajen con él rumbo a América. Nuestra protagonista ya está instalada en Perú en las navidades del año 1544.

Una vez llegados al Perú, Jerónimo se separa del resto de la familia y parece ser que compra una mina de plata con la que consigue hacerse rico rápidamente. El resto de la familia permanece en Lima. En aquellos años continuaba el enfrentamiento entre los partidarios de la familia Pizarro, con sentimientos independentistas contra la corona española y en contra de Las Leyes Nuevas que reducían el poder a los encomenderos; y los partidarios de la familia Almagro, realistas y a favor de instaurar las Leyes Nuevas. Gonzalo de Nidos luchaba a favor de la familia Pizarro.

La corona envía en 1546 a Perú a Pedro de la Gasca (Navarregadilla de Ávila 1493- Sigüenza de Guadalajara, 1567) como Presidente de la Real Audiencia de Lima, cargo que ocupa el 16 de febrero de ese año, con la firme intención de acabar con la guerra civil peruana y derrotar al bando pizarrista.

De La Gasca y los almagristas derrotan a los pizarristas en la batalla de Jaquijahuana, celebrada el 9 de abril de 1548. Todos los capitanes pizarristas, liderados por Gonzalo Pizarro y entre los que se encontraba Gonzalo de Nidos, son decapitados en la plaza de Lima y sus cabezas clavadas en picas.

Para huir de la vergüenza tras la decapitación de su hermano, Mencía, junto a su hermano Francisco y a su hermana Juana, deciden trasladarse al sur, donde la familia de Nidos no fuera conocida.

Aunque en gran medida las personas que viajaban hacia el sur desde Perú lo hacían andando o en mulas por el trayecto andino Cuzco, La Paz, Potosí, San Miguel de Tucumán, Santiago de Chile y Concepción, es posible que la familia de Nidos, teniendo en Jerónimo un pariente rico, hiciera el trayecto en barco desde el puerto de El Callao, a las afueras de Lima, hasta Concepción, aunque no lo sabemos con exactitud.

La familia de Nidos decide instalarse en Concepción, ciudad recién fundada por Pedro de Valdivia (Villanueva de la Serera, Extremadura, 17 de abril de 1497- Tucapel, Capitanía General de Chile, 25 de diciembre de 1553) en el año 1550. Valdivia había recibido de la corona española un territorio situado entre el río Copiapó, al norte, y el valle Osorno y el río Diamante, al sur; territorio este situado en el sur de la Araucanía, territorio poblado por los mapuches, pueblo que resistía la conquista por parte castellana. Valdivia llamó a ese territorio Nueva Extremadura.

Valdivia y los castellanos llevaban tiempo luchando contra los mapuches. No hacía mucho tiempo que los castellanos habían derrotado a gran parte de los mapuches, liderados por su líder Michimalonco, al que habían asesinado junto a 900 de sus hombres, sufriendo los españoles también importantes bajas en sus filas.

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Entonces coge el mando de las tropas mapuches Lautaro, que había sido criado por los castellanos como paje de Valdivia.

En este contexto, el 23 de diciembre de 1553, Valdivia parte de Concepción junto 50 jinetes castellanos y un nutrido grupo de Yanaconas1, con el objetivo de reforzar las tropas del fuerte Tucapel, asediado por los mapuches. Llegados al lugar, una parte del ejército mapuche, con arcos, contuvo la acometida de los jinetes castellanos. Cuando estos estaban reorganizándose, el grueso del ejército mapuche les ataca con arcos, lanzas y mazas, entre otros objetos. Tras ese primer ataque, un segundo ejército mapuche tomó el testigo del primero y terminó por acabar con la escasa resistencia castellana.

Todos los castellanos perecieron en esa batalla, pero Valdivia inicialmente consigue huir. Lautaro quiere capturarlo vivo para torturarlo en contrapartida a todas las torturas que Valdivia había infringido a los mapuches durante años (corte de piernas, manos o nariz, por poner tres ejemplos). Finalmente, Lautaro captura a Valdivia y le realiza una serie de torturas inaguantables para ningún ser humano, antes de matarlo.

La peor derrota castellana en la conquista de Chile surge un efecto demoledor en la moral castellana. En febrero del año siguiente, Francisco Villagra (Santervás de Campos 1511- Concepción, Gobernación de Chile, 22 de julio de 1563), que había tomado el relevo de Valdivia, sale de Concepción para intentar derrotar a los mapuches con solamente 154 jinetes y unos 500 yanaconas. El 26 de febrero de 1554, las tropas lideradas por Villagra son sorprendidas en un cerro por las tropas mapuches, que desde los flancos no tienen ninguna dificultad en liquidar al reducido ejército castellano. Es la batalla de Marihueñu. Los pocos que sobreviven, entre los que se encontraba Villagra, huyen del lugar y llegan a Concepción con la idea de evacuar la ciudad, ya que el ejército mapuche les persigue a poca distancia.

Quién a su casa corre pregonando la venida del bárbaro guerrero; quién aguija a la silla, procurando cincharla en el caballo más ligero; las encerradas vírgines llorando por las calles, sin manto ni escudero, atónitas, de acá y de allá perdidas, a las madres buscaban desvalidas.

Es aquí cuando nuestra protagonista se hace famosa. Estando convaleciente en cama, saca fuerzas de flaqueza para levantarse, coger una espada y un escudo y salir a la plaza de armas de la ciudad para realizar una arenga a los soldados y pobladores de Concepción, que se estaban batiendo en retirada por tierra dirección Santiago de Chile, para que no se rindieran y defendieran la ciudad del ataque mapuche:

Oh valiente nación, a quien tan cara / cuesta la tierra y la opinión ganada / por el rigor y filo de la espada!

Decidme, ¿qué es de aquella fortaleza, que contra los que así teméis mostrastes? ¿Qué es de aquel alto punto y la grandeza de la inmortalidad a que aspirastes? ¿Qué es del esfuerzo, orgullo, la braveza y el natural valor de que os preciastes? ¿Adónde vais, cuitados de vosotros, que no viene ninguno tras nosotros?

¡Oh cuántas veces fuistes imputados, de impacientes, altivos, temerarios, en los casos dudosos arrojados, sin atender a medios necesarios; y os vimos en el yugo traer domados tan gran número y copia de adversarios, y emprender y acabar empresas tales que distes a entender ser inmortales.

¿Qué cosa puede haber más afrentosa, que ser huéspedes toda nuestra vida? ¡Volved, que a los honrados vida honrada les conviene o la muerte acelerada!

¡Volved, no vais así desa manera, ni del temor os deis por tan amigos, que yo me ofrezco aquí, que la primera me arrojaré en los hierros enemigos!

Además, tiene unas palabras para el propio Villagra:

“Señor General, pues vuestra merced quiere que nuestra destrucción sin tener respeto a lo mucho que perdemos todos en general, si está despoblada es algún provecho particular que vuestra merced resulta, váyase vuestra merced en hora buena, que las mujeres sustentaremos nuestras casas y haciendas, y no dejarnos asín ir perdidas a las ajenas, sin ver por qué, más de una nueva que se ha echado por el pueblo, que debe haber salido de algún hombrecillo sin ánimo, y no quiera vuestra merced hacernos en general tan mala obra”

Villagra y sus soldados en ningún momento tuvieron en consideración las palabras de Mencía y evacuaron la ciudad. Al igual que argumenta la historiadora Gómez-Lucena, yo también considero que si los castellanos y castellanas de Concepción hubieran hecho caso a Mencía de Nidos, todos y todas hubieran sufrido una muerte horrible, probablemente mutilados antes de morir.

Los mapuches arrasaron la ciudad, quemando sus casas, sus cosechas y mataron a todos los animales.

Nuestra protagonista se trasladó entonces a Santiago de Chile, donde vivió durante aproximadamente 50 años más. Sabemos que se casó 2 veces, la primera con Cristóbal Ruíz de Ribera, probablemente ya en sus años en Concepción. La segunda siendo ya una viuda bastante mayor, en Santiago de chile. Realiza testamento el 6 de enero de 1603, con 87 años de edad, legando sus posesiones a un sobrino suyo de Cáceres. Desconocemos si es que Mencía no pudo tener hijos e hijas, o si estos no estaban ya vivos en el año 1603. Fue enterrada en el convento de Nuestra Señora de la Merced en Santiago de Chile.

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Inés Suárez | Mencía de Nidos

En su historia de Chile, Góngora Marmolejo le dedica las siguientes palabras:

“Si esta matrona fuera en tiempo que Roma mandaba el mundo y le acaeciera caso semejante, la hicieran templo donde fuera venerada para siempre.

Pero el mayor elogio provino del poema La Araucana, de Alonso de Ercilla. Ercilla le dedica este elogio:

Doña Mencía de Nidos, una dama noble, discreta, valerosa, osada, es aquella que alcanza tanta fama en tiempos que a hombres es negada; estando enferma y flaca en la cama, siente el grande alboroto y, esforzada, asiendo de una espada y un  escudo, salió tras los vecinos como pudo.

La próxima entrada versará sobre la expedición Kon Tiki, expedición realizada en 1947 para demostrar la teoría que decía que hace siglos podía navegarse entre las costas del Perú y las islas del Pacífico.

Bibliografía

DELAMARRE, C y SALLARD, B (1994): “Las mujeres en tiempos de los conquistadores. La vida cotidiana en tiempos de la conquista de América, narrada desde el punto de vista de las mujeres”. Planeta. Barcelona

ERCILLA, A. de (2003 [1910]: “La Araucana”. Espasa Calpe. Madrid.

GÓMEZ-LUCENA, E. (2013): “Españolas del Nuevo Mundo”. Cátedra. Madrid.

GÓNGORA MARMOLEJO A. de (1969): “Historia de Chile: desde su descubrimiento hasta el año 1575. Edit. Universitaria. Santiago de Chile

HERNÁNDEZ GARVI, J.L. (2014): “Adonde quiera que te lleve la suerte. La apasionante aventura de las mujeres que descubrieron y colonizaron América». Edaf. Madrid.

MAYORALGO Y LODO J.N. de (1994): “La familia de doña Mencía de los Nidos, heroína cacereña en la conquista de Chile. Instituto de estudios Heráldicos y Genealógicos de Extremadura pp. 27-31. Cáceres.

PUMAR MARTÍNEZ, C (1988): “Españolas en Indias: mujeres soldado, adelantadas y gobernadoras. Anaya. Madrid.

ROA Y URSÚA, L de (1943): “El Reyno de Chile (1535-1810). Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Valladolid.

ZULETA CARRANDI, J (2015): “La arenga militar de doña Mencía de los Nidos, heroína de La Araucana”, en M. Donoso Rodríguez (Ed.) Mujer y literatura femenina en la América virreinal pp. 115-125. IDEA/IGAS, New York.

Notas

Notas
1Se llamaba en la América del XVI Yanaconas a todo grupo indígena originario de América que se integraba para luchar en un ejército castellano.

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Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.

Especialista en Paleografia y Diplomática.

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