La moda (capitalista) sutil

… es la urgencia de sobresalir, de ‘ser el primero’ lo que enajena al individuo, mientras que las empresas productoras ya están creando, de acuerdo con su plan anual el lanzamiento de la próxima innovación.

Moda en el sistema capitalista
Moda en el sistema capitalista

Filas que dan vuelta a edificios y calles; quizá sólo comparables con aquellas que se generaban en los campos de concentración para dar ropa y comida a sus habitantes en la Segunda Guerra Mundial. Es la locura que la moda en los desarrollos tecnológicos que se ciernen sobre la comunicación lo que ha provocado en las nuevas generaciones una enajenación que encarna la lógica capitalista en su ciclo de producción… ésas personas cuyo mundo virtual es parte ineluctable de su identidad, pero que al mismo tiempo los subsume a la lógica capitalista de explotación.

En esta ocasión, el análisis aborda el tema de la moda, la cual ha dejado su nicho ornamental y estético en la ropa para insertarse en otros campos que son aprovechados por el sistema económico imperante.

Moda en el sistema capitalista
Fuente: http://www.monitornacional.com/largas-filas-en-espana-para-comprar-el-nuevo-iphone-x/

La moda: origen y lógica

La base argumentativa de análisis se cierne sobre dos autores que en su conjunto coadyuvan a entender cómo la moda no solamente paso de ser un elemento de clase a un elemento diferenciador del individuo en el mundo de la apariencia y por tanto de lo visual, sino cómo es que ahora esa lógica ha sido insertada en otros ámbitos que permiten aceleran el proceso de producción en el sistema capitalista; el primero Lipovetsky (2013) y el segundo Lefèbvre (1972).

Gilles Lipovetsky (2013 [1987], p.13) hace un análisis particular sobre el surgimiento de la moda; en dicho análisis identifica que “la moda ya no es un placer estético, un accesorio decorativo de la vida colectiva, es su piedra angular” cuyo eje se reproduce a través de una ruptura medular: pasar de lo colectivo a lo individual en el plano de las apariencias. Lipovetsky identifica que la ropa o vestimenta, en la cual se da el origen de la moda y que se ha convertido actualmente en su propio reino, se mantenía estable y sin modificaciones sustantivas por periodos largos de tiempo; no obstante, fue la división de la vestimenta basado en el sexo, por un lado, y su extravagancia como detonador simbólico de poder en las clases aristocráticas de las sociedades feudales, por otro, en que la moda cierne sus raíces y dan paso a la deformación acelerada de lo tradicional y común. Se pasa de la identidad a lo segregado, secularizado e individual.

Así, la moda se define como “forma específica del cambio social, no se halla unida a un objeto determinado sino que es ante todo un dispositivo social caracterizado por una temporalidad particularmente breve, por virajes más o menos antojadizos, pudiendo afectar a muy diversos ámbitos de la vida cotidiana” (Lipovetsky, 2013, p. 24). Esta definición es medular ya que le permite a la moda (y a su lógica innata) desplazarse en el mundo de la vida para dar una modificación sustancial en el tiempo y en la sociedad.

Además, la moda posee una base material (que es el objeto o dispositivo en el que reproduce su lógica) y una inmaterial (que es la fantasía y el deseo que promueven la curiosidad y el ‘antojo’ de tener y poseer). Su constitución en sí, no radica en el pleno uso de lo tangible, por el contrario, esa es la fantasía última del proceso de la moda dentro del sistema capitalista que se traduce en consumo; su propia constitución radica en la construcción a través de la fantasía y del deseo en la creación de la necesidad de adquirir ese nuevo producto ‘de moda’.

En el caso de los celulares, en el cual está basada la imagen de arriba, la noción que subyace en la compra de un celular tecnológicamente (re)innovado no es en sí su constitución material, sino la fantasía que encarna dicha innovación. Allí es donde la moda se materializa como parte del sistema capitalista y que de acuerdo con Henri Lefèbvre (1972) acelera los ciclos de producción mediante mercancías que se vuelven efímeras.

La lógica del consumo y su obsolescencia programada.

Es Lefèbvre quien identifica los efectos de la moda en el mundo material capitalista debido a que las mercancías a lo largo del tiempo comienzan a constituirse de un proceso de obsolescencia programada bajo el cual su duración se establece en términos temporales más cortos con la finalidad de obligar a los individuos a comprar nuevamente el producto y con ello acelerar los ciclos de producción y acumulación. Es esa nueva lógica la que predomina en la actualidad; sin embargo, su lógica ya no es coercitiva, sino consensuada a través de las innovaciones mínimas que generan diferencias marginales, éstas son, pequeños cambios en la mercancía que lo hacen cuantitativa y cualitativamente mejor que su predecesor… en ese momento la moda cumple su función enajenante.

Caso práctico son las versiones mejoradas y recargadas de dispositivos telefónicos, cuyas funciones medulares siguen siendo las mismas, pero que se les adhieren modificaciones relacionadas a la lógica de la individualización que se enmarca en un proceso que enaltece una vez más al individuo sobre el colectivo, al narcisismo de la homogeneidad, de la tradición a lo efímero.

Muestra de ello es que las innovaciones en dichos dispositivos sean sobre el número de cámaras, la cantidad de pixeles que poseen, los filtros que pueden utilizarse, las horas que puede durar grabando, la calidad en que puede grabar, la cantidad de fotos que puede tomar en un segundo, la rapidez para conectarse a Internet, la capacidad de memoria que uno puede agregar (claramente no viene en el producto, por lo que implica una segunda compra) y la resistencia a elementos tales como el agua para poder vivir la ‘experiencia’ que otros dispositivos no pueden otorgar… sin embargo en sus funciones medulares, sigue siendo un dispositivo que debe estar conectado a un empresa privada para poder mandar mensajes de texto, y hacer llamadas; además, puedes grabar audios y guardar contactos, entre otras cosas ‘elementales’.

En esa lógica de aceleración de los ciclos de acumulación subyace la idea de diferenciación ya no en apariencia como lo es en la ropa, sino en una diferenciación con base en el poder adquisitivo y el tiempo, ya que no basta con tener la ‘nueva’ innovación, sino ser el primero en tenerla; tal vez ni siquiera sirva ya ser el primero en tener uno de esos dispositivos, sino que ‘debe ser’ el primero en tener dos, tres, diez dispositivos… es la urgencia de sobresalir, de ‘ser el primero’ lo que enajena al individuo, mientras que las empresas productoras ya están creando, de acuerdo con su plan anual el lanzamiento de la próxima innovación.

Así, la obsolescencia no sólo ya está programada, sino que se presenta de facto incluso antes de que salga el producto en cuestión; es un camino interminable para el individuo consumidor, pero perpetuo (y rentable) para el individuo productor.

Conclusión

El sistema capitalista en su propia lógica ha hecho más eficaz y eficiente su ciclo de acumulación; ya no necesita esperar a que sus mercancías mermen su valor de uso para poder producir más de ellas, ahora le establece predeterminadamente un lapso de vida y duración, incitando de manera indirecta a que se acelere el ciclo de producción. La moda, por otro lado, se ha convertido en el brazo derecho de la producción, donde la fantasía y el deseo le han dado paso a una serie de innovaciones que en lo medular no tienen cabida, pero que en lo superficial, como el ego de los individuos, posee una relevancia tal que puede ser cuantificable en términos económicos.

La obsolescencia, así, no sólo caracterizará el principio de innovación, sino que se convertirá en la maldición de los individuos que tendrán que estar acorde a la lógica si quieren ser ‘únicos’, cuando realmente fuera de esa enajenación ellos en su propio existir ya poseen esa originalidad que no puede ser aun mercantilizada.

Bibliografía

Lefèbvre, H. (1972). La vida cotidiana en el mundo moderno. Madrid: Alianza Editorial.

Lipovetsky, G. (1990). El imperio de lo efímero. Barcelona: Anagrama.

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Estudiante en Maestría en Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Formado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e Ingeniería Agrónoma, Especialización en Sociología Rural en la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

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