La lucha fronteriza en América del Norte (1682-1713)

El primer objetivo del gobierno español fue asegurar el territorio de Texas con una expedición que mezclaba lo militar con lo religioso.

DescargaDesde las dos últimas décadas del siglo diecisiete e inicios del siglo dieciocho el gobierno francés realizó varios esfuerzos por conseguir asentarse en los territorios españoles en América del Norte. Esos esfuerzos llegaron finalmente a buen puerto con la fundación del territorio de La Luisiana.

Por otra parte, el fallecimiento del monarca español Carlos II en noviembre del año mil setecientos permitió acceder al trono español a Felipe de Anjou, nieto del rey francés Luís XIV. Desde entonces, los intereses franceses y españoles convergieron y esto provocó que los españoles entraran en la lucha por la hegemonía mundial que mantenían los franceses y los ingleses, como aliado francés y por tanto como enemigo inglés; lo que a su vez provocó un interés inglés en invadir la frontera española de América del Norte.

Vamos a analizar todo el proceso que llevó a la configuración de la colonia francesa de La Luisiana en América del Norte, así como los numerosos intentos españoles de evitar tanto el asentamiento francés como el asentamiento inglés en la zona.

El primer intento del gobierno francés de invadir las posesiones españolas en América desde su frontera norte sucedió a principio de los años ochenta del siglo diecisiete y  fue planificado por un español, quien organizó el proyecto.  Diego de Peñalosa fue un criollo español del siglo diecisiete que terminó vendiéndose en primer lugar a los ingleses, y cuando a estos no les interesó el proyecto, a los franceses, que sí que estuvieron interesados.

Peñalosa nació en Lima en el año mil seiscientos veinte uno. Fue Gobernador de Nuevo México entre el año mil seiscientos sesenta y uno al año mil seiscientos sesenta y cuatro. Durante su gobierno tuvo una actitud positiva con los indios, a los que trató humanamente y les permitió seguir con sus tradiciones. Esta forma chocó de forma frontal con la Iglesia Católica, ya que estos pretendían convertir a los indios al catolicismo y además querían esclavizarlos.

Peñalosa fue declarado blasfemo y hereje por un tribunal de la Inquisición. Sustituido como Gobernador y forzado al exilio, Peñalosa planea como venganza desde mil seiscientos setenta y ocho ayudar al rey francés Luís XIV a invadir la región más septentrional de México, además de invadir Nueva Vizcaya desde el Golfo de México.

Finalmente, el rey francés no utilizó a Peñalosa para el proyecto de invadir la frontera española. La primera expedición fue un poco posterior, en el año mil seiscientos ochenta y dos y fue  liderada por René Robert Cavelier de La Salle. Esta expedición recorrió el río Misisipi desde el Lago Michigan hasta la desembocadura del Golfo de México. Al terminarla expedición, de La Salle reclamó para Francia el territorio explorado por el español Hernando de Soto ciento cincuenta años antes y lo llamó Luisiana.

Al año siguiente, La Salle vuelve a Francia y le presenta al monarca un proyecto de invasión de la frontera española a partir de fundar un asentamiento que sirviera de puesto de avanzada en la desembocadura del Misisipi, ya que La Salle aseguraba que se podía invadir la frontera española con un reducido destacamento militar francés ayudado por unos quince mil indios, que ayudarían seguro a los franceses ya que odiaban a los españoles.

La expedición partió de Francia el uno de agosto de mil ochocientos sesenta y cuatro con cuatro navíos. En febrero del año siguiente, La Salle empezó a construir un fuerte tierra adentro en Texas. Se edificó Fort St. Louis, ocho kilómetros al norte de Garcitas Creek.

Tal fue el celo del gobierno francés en convertir la expedición de La Salle en secreto que los españoles tardaron algo más de un año en descubrir que los franceses estaban en el territorio.  Pero una vez descubierto, los españoles se alarmaron mucho, porque a pesar de que llevaban algo más de ciento cincuenta años sin penetrar en las tierras que rodeaban el Golfo de México, la fundación de una o más colonias francesas  ponían en riesgo el control de las Minas de plata mexicanas y además, podía provocar que los franceses se adueñasen de muchos territorios españoles.

Debido a esto,  a inicios del año mil seiscientos ochenta y seis comenzaron las expediciones españolas para localizar a los franceses. La primera expedición fue liderada por los capitanes Juan Enríquez Barroto y Antonio Romero y tras explorar el Golfo desde la Bahía de Apalachee hasta el Misisipi no encontraron ningún rastro de la expedición de La Salle.

Tras el fracaso de la expedición de Barroto y Romero,  ese mismo año se organizaron otras dos expediciones terrestres con el objetivo de explorar la parte occidental y oriental del Golfo.

Desde Nuevo León,  el territorio más al oeste controlado por los españoles partió una expedición liderada por el Sargento Mayor Alonso de León. León regresó a Monterrey sin haber encontrado ningún indicio de los franceses. La otra expedición partió desde el este, desde Florida, a cargo del oficial de presidios Marcos Delgado. Delgado y sus hombres consiguieron abrirse paso a través de bosques y pantanos hasta el centro de Alabama pero tampoco encontraron ni rastro de los franceses.

Ambas expediciones fueron un fracaso por separado pero consiguieron estrechar el cerco a los franceses, que tenían que estar entre el río Grande y el río Misisipi. Al año siguiente se enviaron cuatro expediciones más, dos terrestres y dos por mar y en mil seiscientos ochenta y ocho otras dos, que no consiguieron encontrar a los franceses pero que mejoraron sustancialmente la comprensión geográfica que tenían hasta el momento los españoles de América de Norte.

Finalmente, en mil seiscientos ochenta y nueve una nueva expedición comandada por Alonso de León encontró finalmente las ruinas del fuerte fundado por La Salle. Por dos supervivientes franceses que estaban viviendo con los indios, los españoles supieron de la pérdida de los barcos de la expedición francesa, la dureza de la vida a la intemperie que provocaba enfermedades, los intentos fallidos de La Salle de llegar a Canadá por el Misisipi, su asesinato por parte de sus hombres (marzo de mil seiscientos ochenta y siete) y el asalto al fuerte de los indios Karankawas.

La movilización de once expediciones por parte de los españoles durante cuatro años para encontrar a La Salle muestra claramente las intenciones del gobierno español de defender la frontera norte entendiendo la misma como un muro necesario para repeler todo intento invasivo por parte de otras naciones europeas. A pesar de que llevaban siglo y medio sin fundar ningún asentamiento en todo el arco que forma el Golfo de México, era impensable permitir que los franceses tuvieran asentamientos allí, por lo que desde entonces los españoles empezaron a ocupar nuevos territorios con el objetivo de evitar nuevas expediciones de otras potencias europeas.

El primer objetivo del gobierno español fue asegurar el territorio de Texas con una expedición que mezclaba lo militar con lo religioso. Se descartaron territorios más cercanos a la frontera debido a la peligrosidad de los indios que allí habitaban y se eligió el territorio del grupo de indios de habla caddo, cultivadores y poco beligerantes, que además deseaban abrazar el cristianismo para obtener consuelo ante las muertes de sus seres queridos. El asentamiento estaba en una zona difícil de llegar para los franceses y a más de novecientos sesenta kilómetros del río Grande.

La expedición partió en mil seiscientos noventa con Alonso de León y el cura mallorquín Damián Mazanet como líderes de la misma. Se establecieron dos asentamientos, San Francisco de los Tejas y Santísimo Nombre de María. Al año siguiente, fue nombrado Gobernador de Tejas el General Domingo Terán de los Ríos.

León recomendó a la Corona establecer una línea de presidios con la que controlar efectivamente el vasto territorio de Tejas, pero la Corona consideró dejar el control de la zona a los misioneros. A finales del año mil seiscientos noventa y tres, las buenas intenciones de los indios se habían convertido en amenazas de muerte hacia los misioneros, y como estos no habían querido presencia militar española en los asentamientos, tuvieron que retirarse. La primera ocupación de Tejas fue un fracaso ya que no se podía mantener un puesto religioso tan lejos de la frontera sin la cooperación de los indios que allí vivían.

El segundo objetivo del gobierno español fue la ocupación del Golfo de México para evitar el asentamiento allí de ingleses o franceses, que sería catastrófico para los intereses españoles en la zona.  El lugar elegido fue la Bahía de Pensacola y fue nombrado líder de la expedición el Capitán Andrés de Pez. Al principio hubo reticencias por parte del Consejo de Guerra en Madrid, ya que no veían la utilidad de tener un solo asentamiento en una bahía tan grande; pero unos informes que hablaban de tratos comerciales entre los ingleses asentados en Carolina y los indios del norte y oeste de Pensacola, unido a otro informe que hablaba de una expedición francesa de colonización de la bahía hicieron saltar las alarmas en el gobierno español.

En noviembre de mil seiscientos noventa y ocho comenzaron los españoles a construir un fuerte en la bahía, el Presidio Santa María de Galve. Los franceses llegaron al lugar dos meses más tarde, el veintiséis de enero del año siguiente, en una expedición liderada por D´Iberville.

Al estar ocupada la zona por los españoles, los franceses continuaron buscando el Misisipi, ya que en la bahía no desembocaba ningún río y por tanto desde allí no se podía a través de la navegación conectarse con otras partes de Norteamérica. Finalmente, los franceses fueron los primeros que encontraron la desembocadura del Misisipi y navegaron por él desde la costa.

Los ingleses llegaron a la bahía un poco más tarde que lo franceses y españoles. En mi seiscientos noventa y ocho el doctor Daniel Coxe había recibido tierras al oeste de Carolina. A finales del año siguiente montó una expedición que logró penetrar por el Misisipi dirección norte-sur, pero se encontraron con los franceses, que les “invitaron” a marcharse. Este encontronazo forzó a los franceses a construir Fort Misisipi, un asentamiento en la desembocadura del río, cerca de la actual Nueva Orleans.

A finales del siglo diecisiete  y por pura casualidad, a Francia le había tocado e premio gordo, por así decirlo. Aunque España seguía insistiendo en que el derecho a explorar el Misisipi era solo suyo, la verdad es que Francia era quien efectivamente tenía acceso a un gran sistema fluvial que lo conectaba por navegación con gran parte de Norteamérica e incluso con su colonia del norte (Canadá).

Por lo tanto, el establecimiento de los franceses en mil seiscientos noventa y nueva marcó el principio de la hegemonía francesa en Luisiana y a su vez fue el fin de las pretensiones españolas de exclusividad en el control del territorio en América del Norte. Además, el paso repentino de enemigos a aliados tras la muerte de Carlos II en noviembre del año mi setecientos benefició claramente a los asentamientos franceses por el Misisipi, ya que durante sus años de formación (siempre los más difíciles) se vieron libres de ataque españoles lo que favoreció el desarrollo  de esos asentamientos en particular y del territorio de la Luisiana en general.

Por otra parte, el pacto franco-español convertía a los ingleses en enemigos de ambos, lo que convertía la política española en América del Norte desde ese momento en claramente defensiva, intentando que los ingleses no penetraran en sus límites fronterizos.

Los ingleses consiguieron aliarse con varias tribus indias (Chocktaw, Creek, Alabamas etc.) y pasaron al ataque, ya que el infructuoso intento inglés del doctor Daniel Coxe en mil seiscientos noventa y nueve no aplacó los ánimos de los carolinos de asentarse en territorios más hacia el oeste.

En el año mil setecientos dos, una expedición inglesa liderada por James Moore y ayudada por indios afines incendia la población de San Agustín y pone cerco infructuosamente al asentamiento español en Pensacola. Dos años más tarde, Moore ataca el norte de Florida y destruye el asentamiento Apalachee, obligando a los españoles a abandonar la región. Los ingleses y sus aliados indios también pretendían acabar con los asentamientos franceses en la Bahía de Mobile y en definitiva expulsar a los franceses del control del río Misisipi.

Una combinación de mala organización inglesa, con muchas discusiones entre sus filas, y una eficaz coayuda franco-española posibilitaron el mantenimiento de los asentamientos de ambas naciones en el Golfo de México y en el río Misisipi. Sin embargo, la Guerra Sucesión Española (1700-1713) debilitó enormemente la posición española en el sudeste americano, a expensar de aumentar, obviamente, las posiciones de los otros dos contendientes.

Tras hacerse con la colonia de los Apalachee, los ingleses pudieron controlar parte de la actual Florida hasta la Bahía de Tampa. El control de ese territorio hacía peligrar el asentamiento de Pensacola, que tenía muchas posibilidades de terminar cayendo en manos inglesas. Por otra parte, el periodo mil setecientos- mil setecientos trece permitió a los franceses aumentar su presencia en el Golfo de México y a su vez aprovechar la navegación por el río Misisipi para comerciar con diversas tribus autóctonas y por tanto expandir su influencia mucho más al norte.

El periodo que comprende desde la expedición francesa gobernada por La Salle a inicios de la década de los ochenta del siglo diecisiete y el final de la Guerra de Sucesión Española, en el año mil setecientos trece, marca el inicio de una lucha a tres bandas entre españoles, franceses e ingleses por el control del vasto e inexplorado norte. En poco más de tres décadas, un territorio con solo una fuerza imperialista (los españoles), que tenían en la mayoría de los casos un control irreal sobre el territorio debido a la falta de asentamientos por falta de medios humanos que pudieran controlarlos efectivamente, pasó a ser un territorio en constante lucha entre las dos potencias imperialistas principales en esos momentos en el mundo, Francia e Inglaterra, que luchaban por la hegemonía mundial y que iban consiguiendo una importante cantidad de tierras y recursos a costa de los españoles, los grandes perjudicados.

Este proceso provocó un cambio radical tanto en la frontera en sí como en el modo que tenían los españoles de tratar con la misma, ya que se dieron cuenta que en un territorio tan inmenso como ese, con más de tres mil quinientos kilómetros desde el Pacífico al Atlántico, no podía ser controlado sin una fuerte presencia militar, mucho menos con franceses e ingleses ávidos de conquistas territoriales. Tras mil setecientos trece  y durante las décadas siguientes comienza otro proceso distinto en la frontera norte, el de la fundación masiva de Presidios y la presencia militar española para una defensa más eficaz de la línea fronteriza.

Sin embargo, la aparición franco inglesa al norte de la frontera española en el periodo antes mencionado significó una limitación real de las posibilidades españolas de expansión por el inmenso norte. Por tanto, fueron únicamente medidas defensivas las que se adoptaron por parte del gobierno español. Durante casi dos siglos, la falta de hombres o la falta de previsión o un poco de ambas impidieron a los españoles hacerse con una inmensa cantidad de tierras más al norte de su frontera, ya que en esos casi dos siglos la presencia de otras naciones europeas expansionista había sido nula. En poco más de treinta años eso cambió y las posibilidades españolas de expansión y de adquisición de las grandes riquezas materiales, que aguardaban a los ingleses y franceses durante todo el siglo dieciocho, desaparecieron.

 

Bibliografía

Jiménez, A. (1997). El fenómeno de frontera y sus variables. Estudios Fronterizos Nº 40. Baja California, México.

Turner, F.J. (1987). El significado de la frontera en la historia americana. The Frontier in American History, Nueva York.

Weber, D.J. (2000). La frontera española en América del Norte. México D.F. Fondo de Cultura Económica.

 

Para citar este artículo: Córdoba, J. (2018). La lucha fronteriza en América del Norte (1682 – 1713). Iberoamérica Social: revista-red de estudios sociales IX, pp. 14 – 19. Recuperado en https://iberoamericasocial.com/la-lucha-fronteriza-america-del-norte-1682-1713/

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Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz. Especialista en Paleografia y Diplomática.
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