La expropiación cultural de los símbolos

El término expropiación lleva implícito un acto de violencia en el sentido de no respetar los derechos que poseen los individuos de la cultura mercantilizada

La expropiación cultural de los símbolos
5 (100%) 2 votos
expropiación cultural de los simbolos
expropiación cultural de los simbolos
Figura 1. Similitud de patrones entre prendas textiles.
Fuente: Escobar (2015)

En los últimos años se ha dado paso a una apertura comercial entre los países; el mercado autorregulado y la internacionalización del capital hacen que los individuos desarrollen capacidades y mercancías para vender ante las nuevas demandas sociales, mismas que no solo satisfacen el sentido el sentido material, sino también el sentido inmaterial.

En estas circunstancias se encuentra la cada vez mayor inclusión de las culturas dentro del mercado económico; muestra de ello es el turismo cultural que se ha visto en crecimiento en México, derivado de la riqueza que la historia y sus individuos han forjado. No obstante, dentro de este proceso, se ha dado cuenta que los individuos presentan una guerra contra las grandes empresas que han descubierto que la “creatividad” que radica en la cultura se puede volver objeto de lucro; el problema de fondo es que los individuos que integran su cultura al circuito de la producción lo hacen con la finalidad de incrementar sus ingresos, por lo que se enfrentan a una competencia injusta que tiene sus bases en la legalidad y la legitimidad modernas.

La cultura es propia de un grupo social; ella está determinada por las reglas de selección, producción y reproducción sociales que intervienen en el día a día de los individuos. Ella es parte ineludible de la identidad de los individuos, no obstante, el cambio de sentido se da en primera instancia cuando la producción cultural adquiere una temática comercial, es decir, cuando deja de reivindicar la identidad y pasa a ser una mercancía, un producto que no requiere el productor y que por ende puede intercambiar en un mercado por aquellas que satisfacen ciertas necesidades que la primera no puede.

Una vez que la producción cultural se da en el plano comercial, se sigue un segundo cambio, esta vez en el ámbito simbólico, es decir, en el concepto de la relación significado y significante. Es en ese momento en que se desarrolla el proceso de mercantilización de la cultura, el cual se caracteriza por la dotación de significados ajenos al producto a priori.

Si cuando se produce la mercancía cultural y ésta se inserta en un mercado, entonces responde a una demanda producida por compradores que requieren satisfacer una necesidad cultural. A esto, el turismo ha tenido mucho que ver; él se ha convertido en el tren del siglo XXI en materia de mercantilización cultural ya que presiona a los individuos a este proceso; su imposición revestida de modernidad  a través de políticas de desarrollo social hace que los individuos agreguen un valor simbólico a sus productos para que puedan ser intercambiados dentro del ciclo de la producción.

Este valor simbólico dota de clase, significación e identidad efímera a quien consume este tipo de productos. Los turistas lo adquieren como una forma de establecer una relación de parentesco cultural con los productores, sin embargo, la realidad es que ambos sujetos se encuentran en una relación de subordinación de uno hacia el otro; mientras uno lo adquiere por gusto (el turista) el segundo lo produce por necesidad (artesano).

Bajo esta nueva dinámica, el artesanado como clase social se ve desfavorecido ante la mercantilización de su cultura, aunado a la falta de claridad legal que proteja el derecho inalienable que poseen por ser los autores creativos. Es la paradoja del siglo XXI: mientras que ellos siempre han poseído el derecho legítimo de producción, ahora deben buscar el derecho legal y garantía normativa para que las grandes empresas no lucren con dicha creatividad cultural. Aun no existe un marco regulatorio que pueda ser certeza jurídica a los patrones e ideas plasmadas en la cultura.

En México, este tipo de carencias han derivado en varios casos en los que las empresas o artistas reproducen los patrones de bordados generados por artesanos de culturas indígenas. Tal es el caso difundido en 2015, en la que una artista francesa “diseñó” una prenda que tenía los patrones de los bordados mixes en Oaxaca. La presión mediática y la duda sobre la autenticidad de sus diseños derivaron en la salida de sus productos de los anaqueles.

El problema aquí radica en la ambigüedad y facilidad con la que se pueden replicar los patrones y estilos para comercializarlos por cualquier persona física o moral; de allí que en este apartado esta acción es definida como expropiación cultural.

Esta definición está muy en oposición del término “apropiación cultural” que se maneja en la academia, ya que connota un proceso diferente al que se vive actualmente. No hay que confundir entre apropiar y expropiar; el primero denota una acción de posesión sobre algo que en términos culturales implica su reivindicación, mientras que el segundo es un proceso de alienación y separación del valor cultural original para su lucro, lo cual le quita su valor simbólico y lo desplaza por el valor de uso, es decir, por el simple hecho de satisfacer una necesidad.

Además, el término expropiación lleva implícito un acto de violencia en el sentido de no respetar los derechos que poseen los individuos de la cultura mercantilizada; cuando una cultura se comercializa, se desteje la cohesión social del grupo, debido a que una parte de sus elementos identitarios y característicos queda a merced del mejor postor y por ende cualquiera puede “pertenecer” a dicho grupo.

Así, el mercado y su forma de establecer una relación entre los productores y los consumidores pervierte ámbitos de la vida humana como lo es la cultura, el arte, la lengua y la historia… Es por ello necesario realizar un cambio en el modelo que desplace la necesidad de mercantilizar elementos desarrollados por los individuos en su Lebenswelt y en su caso, establecer una legislación que pueda dar prioridad a aquellos artesanos que día a día se apropian de su cultura, pero que son objeto de expropiaciones.

Bibliografía

Escobar, Ana Cecilia, (22 de mayo de 2015). “Acusan a diseñadora francesa de plagio a comunidad mixe” en Milenio, http://www.milenio.com/tendencias/Mixe_Tejido-Isabel_Marant-Neiman_Marcus-Susana_Harp-Santa_Maria_Tlahuitoltepec_0_522547950.html