La expedición de González de Haedo a la isla de Pascua (1770)

La expedición tenía dos objetivos que cumplir: por una parte, divisar una isla que se conocía como David en diversas cartas de navegación; por otra parte, reconocer el pacífico cerca de Chile por si hubiera barcos extranjeros navegando las mismas.

La expedición de González de Haedo a la isla de Pascua (1770)
La expedición de González de Haedo a la isla de Pascua (1770)

En esta entrada vamos a analizar los principales elementos de la expedición liderada por el marino cántabro Felipe González de Haedo (a veces conocido como Felipe González de Ahedo) a la isla de Pascua, con la que esa remota isla del Océano Pacífico fue reclamada por parte de la Corona española y adscrita a sus dominios.

Antes de comenzar con todos los pormenores de esta expedición, vamos a ver algunos datos del personaje principal de esta historia:

Felipe González Haedo o Ahedo fue un oficial y cartógrafo de la Armada española. Nacido en Santoña el 13 de mayo de 1714, tuvo una vida larga, falleciendo en Cádiz el 26 de octubre de 1802, a los 88 años de edad.

Toda la familia de González de Haedo es de origen hidalgo y originaria de Santoña, y estaba relacionada con la marina. Su padre, José González de Haedo, fue teniente de navío de la Armada española; su madre fue María Pérez de Haedo, casados en Santoña en 1709. González de Haedo, al igual que sus hermanos Antonio y Nicolás, entra muy pronto en el servicio de la Armada, con 13 años, en 1727.

Felipe se casa en Cádiz con su sobrina, María Sarraoa González, que había nacido en la Isla de León (San Fernando, Cádiz), pero cuya familia era originaria de Santoña. El matrimonio tuvo tres vástagos: José, Manuel y María Luisa.

Antes de dirigir la expedición a la isla de Pascual, nuestro protagonista destacó principalmente en la batalla de Cartagena de Indias, también conocida como “guerra del Asiento”, que se desarrolló del 13 de marzo al 23 de mayo de 1741. Ese año, el almirante inglés Vernon partió de Jamaica con 186 barcos y 27.600 hombres con el objetivo de tomar Cartagena de Indias, ya que era el principal puerto del comercio español en el Caribe. La defensa de la ciudad fue liderada por Blas de Lezo (Pasajes, Guipúzcoa, 3 de febrero de 1689- Cartagena de Indias, 7 de septiembre de 1741) con solamente 300 soldados y 6 buques.

Vista la situación de desventaja numérica, Blas de Lezo manda hundir los barcos para bloquear el puerto y destinar así todos sus recursos a la defensa por tierra. A nuestro protagonista se le encargó el mando de la defensa del Fuerte San Pedro, consiguiendo rechazar los diversos ataques ingleses con éxito. Nuestro protagonista demostró un gran valor en la defensa de Cartagena de Indias y fue por ello ascendido a alférez de navío.

En 1769 se le confirma a nuestro protagonista el liderazgo de la fragata San Lorenzo, que desde Cádiz debe transportar tropas y víveres a Perú. La embarcación arribó al puerto del Callao, a las afueras de Lima, en mayo de 1770.

En aquellos años era virrey del Perú Manuel de Amat y Junyent Planella y Santa Pau (Vacarisas, Barcelona 1704- Barcelona, 14 de febrero de 1782).

La expedición fue diseñada y organizada por el virrey debido a los informes que hablaban de una intensa navegación por el pacífico sur de barcos franceses e ingleses, que estaban poniendo en peligro el comercio entre los territorios de la corona española en el pacífico (actuales Chile, Perú y Ecuador).

La expedición tenía dos objetivos que cumplir: por una parte, divisar una isla que se conocía como David en diversas cartas de navegación; por otra parte, reconocer el pacífico cerca de Chile por si hubiera barcos extranjeros navegando las mismas.

El virrey Amat encarga la expedición a nuestro protagonista al mando de la fragata San Lorenzo. Le acompañaría como apoyo la fragata Santa Rosalía, comandada por  Antonio Domonte. Entre ambos barcos viajaban unos 700 marineros aproximadamente y tenían víveres para unos 6 meses.

El 10 de octubre de 1770 la expedición parte del puerto del Callao. Siguiendo diversas cartas de navegación, la expedición divisa la conocida como isla de Davis el 15 de noviembre. Siguiendo órdenes del virrey Amat, la expedición desembarca en la isla para reconocerla tanto por dentro como por sus costas:

Hallada que sea, es consiguiente baxearla, demarcar su verdadera situación, y examinarla prolijamente todos sus Puertos, Ensenadas y Caletas; experimentar la calidad de su fondo y promover aquellas operaciones marítimas que conduzcan a fijar el más perfecto y cabal conocimiento del terreno, sus circunstancias y calidades.

La expedición liderada por Felipe González de Haedo a la isla de Pascua fue el segundo contacto occidental documentado en esa isla. Anteriormente, esta isla fue avistada en 1722 por parte del marino holandés Jakob Roggeveen, que la bautizó como isla de Pascua, el nombre que le ha quedado finalmente.

Tras comprobar que no había colonos europeos que hubieran llegado antes que los castellanos y hubieran ocupado la isla, nuestro protagonista dividió la expedición en dos partes. Por un lado, un destacamento de 250 soldados se internó en la isla para reconocer la isla. La otra parte de la expedición, a bordo de la fragata Santa Rosalía, circunnavegaron la isla para cartografiarla.

Felipe González de Haedo bautizó la isla como isla San Carlos, en honor del monarca Carlos III. Tanto nuestro protagonista como el resto de la expedición permanecieron en la isla unos días.

Una vez que desembarcaron y estuvieron en la isla, a los marinos castellanos les sorprendió enormemente las estatuas moaí que caracterizan en la actualidad esta isla a nivel mundial, ya que fueron construidas por los habitantes de la isla sin maquinaria ni utensilios. Inicialmente, los españoles, desde los barcos, habían pensado que lo que veían al fondo eran pirámides:

Los árboles que les parecían pirámides son estatuas o Ymágenes de los Ydolos que adoran estos Naturales, son de piedra, tan elevados y corpulentos que parecen colunas mui gruesas, y según después aberigué, examiné y tomé su dimensión, son de una pieza todo el cuerpo, y el canasto es de otra.

Los contactos con los habitantes de la isla no se hicieron derogar:

Inmediatamente que fondearon los navíos, fueron a bordo nadando dos indios, a los cuales se les hizo seña de que se acercaran, lo ejecutaron subiendo al navío sin el más leve recelo; pusóseles camisa y calzones, de los que con ademanes e invocaciones festivos, manifestaron bastante alegría, sin podérseles comprender nada de lo que hablaban; al anochecer se echaron al agua vestidos y se fueron a tierra, volviendo al otro día más de 200, que parece solicitaban ropa, pues si se les ponía alguna, se hacían tan fuertes como ella, que costaba dificultad volvérseles a quitar.

Las relaciones entre los habitantes de la isla y los castellanos fueron cordiales el tiempo que los castellanos estuvieron en la isla. La parte de la expedición que estaba reconociendo las costas de la isla también tuvieron un cordial recibimiento por parte de los habitantes de la isla:

Salieron al su encuentro dos canoitas pequeñas con dos hombres en cada una de ellas, regalando a los tripulantes de la lancha de Santa Rosalía plátanos guineos, camotes y gallinas, y los nuestros les dieron sombreros, chamarretas etc; y con esto se fueron gustosos para tierra. Las canoas estaban hechas de cinco pedazos de tablas mui angostas (por no tener en la tierra palos gruesos), como de una cuarta,  y por eso son tas zelosas que tienen su contrapeso para no volcarse; y estas creo son las únicas que hay en toda la isla; en lugar de clavos les ponen tarugos de palo.

Durante la estancia de la expedición en la isla de Pascua, los castellanos no vieron oro ni plata ni ninguna otra joya en los naturales de la isla. Hay que recordar que aunque la acumulación de metales preciosos no fuera uno de los objetivos de la expedición, los castellanos siempre codiciaban conseguir oro, plata o perlas preciosas.

Consiguieron, a duras penas, comunicarse con las habitantes de la isla, ya que estos no conocían ninguna de las lenguas de los occidentales, ni estos absolutamente nada sobre el lenguaje que se hablaba en la isla. Los castellanos, mediante dibujos y signos, consiguieron recopilar un pequeño diccionario castellano-rapanui de 88 palabras más los números del 1 al 10. Los rapanui tenían un sistema jeroglífico de escritura conocido como rongo-rongo.

Según las descripciones de los castellanos que estuvieron en la expedición, los hombres que habitaban la isla eran fuertes, altos y vigorosos. Había menos mujeres que hombres, las cuales eran atractivas a ojos de los castellanos. Todos iban con la mayoría de su cuerpo pintado de diversos colores y desnudo menos un taparrabo que cubría sus partes púdicas, conocido como hamí, como única prenda de vestir, amén de unas mantas conocidas como mahúte. Algunos llevaban en la cabeza unos gorros hechos con hojas secas. Pudiera ser que estos gorros identificaran a los líderes de la sociedad Rapa-nui.

La mayoría de la población vivía en cuevas naturales o artificiales. Los líderes solían vivir en unas chozas conocidas como háre báka.

Lo que más sorprendió a los castellanos fue la falta de personas en la isla que tuvieran más de 50 años y que no había nadie con ninguna malformación física o mental. Esto hizo deducir a los castellanos que eran los propios rapanuis quienes eliminaban a las personas con deficiencias y a las personas mayores con el objetivo de asegurar la supervivencia de su sociedad, debido a la escasez de alimentos que había en la isla y sobre todo la escasez de animales de crianza que poder comer. Según el relato de uno de los expedicionarios, la población de la isla no debía pasar de 900 personas, que era lo máximo que los recursos agrarios de la isla podían mantener:

Aseguran que la tierra no puede mantener más que aquel número de habitantes. Quando este número está completo, si nace alguno matan al que pase de sesenta años, y no habiéndolo, matan al recien nacido.

En cuanto a su geografía, la isla de Pascua tiene una superficie de 163,3 kilómetros cuadrados. La costa de la isla es de difícil acceso, llena de arrecifes y rocas. Solamente existen dos ensenadas para fondear los barcos; a una la bautizaron como “ensenada de González”, por nuestro protagonista; y la otra ensenada fue bautizada como “San Juan”.

Por otra parte, el terreno dentro de la isla era bastante árido y con escasa vegetación. Los naturales de la isla conseguían cultivar higueras y platanales, además de algunos tubérculos, como yuca, camotes y ñame. También eran escasos los animales que los castellanos vieron en la isla, que se componían básicamente de gallinas, ratones, y aves que sobrevolaban la isla.

Tras pasar unos días en la isla de Pascua, las dos embarcaciones de la expedición pusieron rumbo oeste hasta la isla de Chiloé. Allí, el gobernador de la misma les indicó que no habían avistado en la zona ninguna embarcación pirata o de algún país enemigo de España. Tras comprobar esto, Felipe González de Haedo puso rumbo al puerto del Callao el 20 de noviembre, al cual la expedición llegó sin contratiempos el 29 de marzo de 1771, después de 5 meses de expedición y 4177 leguas recorridas.

Como hemos podido ir comprobando durante el desarrollo de este trabajo, a la expedición liderada por González de Haedo le debemos gran parte del conocimiento occidental sobre los Rapa-Nui, habitantes de la isla de Pascua. Además, los estudios cartográficos que se realizaron sobre la isla, los primeros que se realizaban sobre la misma, y que fueron posteriormente utilizados por navegantes de otras naciones occidentales, permitieron conocer esta remota isla del pacífico.

En la actualidad, la isla de Pascua pertenece a Chile y tiene una población de 7.750 habitantes, según el censo poblacional de 2017. El territorio habitado más cercano es el territorio británico de las Islas Pitcairn, a unos 2.000 kilómetros.

Para preservar la naturaleza y la cultura de la isla, el pueblo rapanui administra desde el año 2016 el parque nacional Rapa Nui, a través de la Comunidad indígena Ma´u Henua. El parque es patrimonio de la humanidad desde 1995.

Bibliografía

Exploradores españoles olvidados del S. XVIII. Madrid: Sociedad Geográfica Española, 1999

Mellén Blanco, Francisco: “Derrotero de la fragata Santa Rosalía a la Isla de Pascua en 1770”. Revista de Historia Militar ISSN: 1138-9680. Nº 2 1998, pags. 201-216.

Mellén Blanco, Francisco: “El marino santoñés Felipe González Haedo y el descubrimiento de la Isla de Pascua”. Monte Buciero. Nº 62 1987, pags. 59-69.

Mellén Blanco, Francisco: “Manuscritos y documentos españoles para la historia de la Isla de Pascua: la expedición del capitán Felipe González Haedo a la Isla de David”. Madrid: Ministerio de Fomento, 1986. ISBN: 84-7433-428-4.

Archivo histórico provincial de Cádiz: http://www.juntadeandalucia.es/cultura/archivos_html/sites/default/contenidos/archivos/ahpcadiz/documentos/DM0715.pdf

 

En la próxima entrada continuaremos con nuestro serial sobre la mujer castellana en América en el siglo XVI. Nuestra protagonista será Isabel de Bobadilla, esposa de Hernando de Soto y gobernadora de la isla de Cuba durante los años en que su marido estuvo dirigiendo una expedición en Norteamérica.

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Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.

Especialista en Paleografia y Diplomática.

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