La escritura sociológica en la cultura del sociólogo

En la actualidad parece ser casi imposible dejar de lado el formalismo metodológico dado que se establecieron estándares para la presentación de trabajos.

escritura sociológica
escritura sociológica

El profesor Zurita comenta que el trabajo del sociólogo está muy relacionado con el del escritor, está relación se encuentra vinculada con esa doble dimensión de ida y vuelta entre el campo y el laboratorio, entre la observación y la descripción, etcétera. De hecho, la tarea del sociólogo está siempre signada por la escritura, desde luego todos los trabajos de investigación realizados por un sociólogo deberán ser plasmados en el papel mediante el ejercicio de la escritura.

Desgraciadamente este ejercicio no se fomenta en la formación académica, esta parte del currículo nulo permitiría dar un giro cualitativo en las producciones sociológicas, saltando de las practicas repetitivas, copy and paste, o fotocopias típicas de la educación bancarizada, como diría Freire, (muchos escriben copiando modelos) a las prácticas y producciones originales. Esta originalidad es lo que le confiere el carácter artesanal a la escritura sociológica. En este sentido diremos que la producción sociológica parece estar más allá de cuestiones metodológicas, sino que su importancia reside en la importancia social del trabajo en sí mismo.

A partir de esto se abre una nueva rama de la sociología que se denomina “sociología de la literatura” la cual pone el énfasis en la escritura en tanto vincule la literatura con la estructura social, “clima de la época”, sistema ideológico, niveles de violencia y pobreza, conflictos de clase, biografías de personajes que tuvieron alguna importancia en el cambio social, etcétera. Es decir que si la literatura toca alguno de estos temas entra en el campo de la sociología de la literatura. En este punto se distinguen dos categorías de literatos, la de los “escribidores”, meros escribas sin ninguna genialidad que genere alguna reflexión y los escritores que son aquellos cuyas obras alcanzan la categoría de teorías, reflejan una realidad, desarrollan una praxis y son “fundadores de discursividad”.

De esta manera cuando se escribe en sociología, se narra, se articula escenarios, personajes y estados de ánimo, todo supone un ejercicio de mostrar los aspectos más relevantes de una realidad. Para llevar a cabo estas narraciones los sociólogos y escritores se distinguen por un sello personal, es decir, el estilo, los cuales permiten estructurar temas, dando a un mismo tema diferentes perfiles ya sea metáfora, mitos, etcétera. Siguiendo con la diferenciación entre el sociólogo y el literato diremos que el sociólogo se ocupa de describir paisajes sociales que por ser sociales son generales y por tanto no individualizables, y los retratos se refieren a categorías de personajes colectivos. En este arte el sociólogo deberá aprender a usar las palabras, siendo consciente que su significado no debe ser unas amarras en sus manos, sino que debe descubrir la amplitud de una palabra, en este sentido debe aprender a jugar con las palabras enriqueciendo de esta manera su léxico.

Sin embargo, en la actualidad parece ser casi imposible dejar de lado el formalismo metodológico dado que se establecieron estándares para la presentación de trabajos, en cambio la literatura no necesita demostraciones, su poder de convencimiento está en el propio texto. Dicho texto no debe ser necesariamente científico, ¿dónde quedaron las utopías?, ¿dónde quedaron las opiniones y pensamientos libres y poderosos? Quedaron simplemente detrás de un título universitario que dicta que ya “debes escribir correcta y fundadamente”, quedaron detrás de la necesidad de ser aceptado en la comunidad científica. Recrear la libertad de expresión es el reto… Esa pluma irreverente.

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Lic. en Ciencia Politica por la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR), Argentina.

Investigador de la Universidad Nacional de Cordoba (UNC), Argentina.

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