La Educación Ambiental como el problema político de la transición

¿Quizás la pregunta pertinente sea si realmente podemos transitar el cambio cultural necesario a partir del sistema educativo moderno-liberal en el que estamos inmersos, que sirve al productivismo?

La educación ambiental como problema político
La educación ambiental como problema político

Si queremos salvar el planeta, la civilización y la vida, cuatro grandes transiciones debe recorrer la humanidad ya mismo1:

  • Del antropo-andro-euro-centrismo al ecocentrismo,
  • De la naturaleza sometida a la economía a la economía subordinada a los ciclos (limites) naturales,
  • De la ciencia positiva a la ciencia postnormal (de la interdisciplina a la transdisciplina, de lo disciplinar a las disciplinas híbridas).
  • Y de la educación servicio tecno-meritocrática al dialogo de saberes.

Yo no soy economista y quizás por eso tampoco soy optimista y entiendo que estamos frente a lo que Jorge Riechmann llama el “siglo de la gran prueba”. La prueba representada por estas transiciones. Una prueba liminar que si no logramos superar nos conducirá muy probablemente, de una u otra forma, a la degradación de la vida.

Creo que estamos frente una aparente aporía, una paradoja según la cual la civilización que tenemos es la mejor posible, aunque sea también la que nos conduzca a la extinción. Pero a veces las paradojas aparentemente irresolubles se resuelven sencillamente, en este caso mediante un cambio de paradigma.

Ah!! que risa, dirán ustedes, como si fuera tan fácil!! No es fácil, y suele ser un transito lento y progresivo, pero es la única solución y esta vez tendrá que acelerarse. Nuestro presente es el de un momento entre un modelo civilizatorio conocido que llega a su fin por fracasado y otro que emerge pero que aun desconocemos.

Y estamos frente a un desafió y un compromiso fundamentalmente ético: recuperar, refundar la ética de la vida y reintroducirla en la educación, la economía y la política, que son las herramientas que tenemos, para convertirlas en economía social y ecológica, educación ambiental y democracia participativa.

Y este es el marco en el cual hay que entender su propósito. Y asumiendo que hoy podemos identificar con bastante claridad al menos dos miradas de mundo, una representada por el pensamiento liberal y hegemónico, basado en la centralidad del individuo utilitarista, cosificador, monocultural, patriarcal y en definitiva ignorante, en sus diferentes variantes, incluida su fracasada faceta económica, y otra visión creciente aun débilmente organizada, representada por las diferentes versiones del buen vivir, basada en una vigorosa concepción solidaria de la economía, las relaciones sociales convivenciales, el valor intrínseco de la naturaleza, la diversidad cultural, la igualdad de genero, la EA debe servir para conducirnos de uno a la otra.

En este contexto, si convenimos que la educación instituida es un producto del capitalismo y opera al servicio de sus lógicas, puede verse claramente porque la EA que propone intervenir y deconstruir esas lógicas, se ha convertido en un problema político. Un problema político de la transición a alguna sustentabilidad.

Intentemos ampliar esto.

En realidad desde el momento mismo en que la EA adquirió carta de ciudadanía en el mundo en la Conferencia de Estocolmo de 1972 sobre “el medio humano”, la cuestión se reveló problemática, porque desplegar una mirada educativa critica sobre el modo en que la humanidad concebía y concretaba su vinculo con un universo material y vital que no asumía como componente reciproco de su misma naturaleza, suponía poner en duda los fundamentos mismos del modelo civilizatorio vigente.

Consecuentemente allí comienza también a dibujarse dos tradiciones de educación ambiental diferentes, una que siempre minimizó la necesidad de transformar el modelo social, referenciada en los países llamados desarrollados y otra que expresa la necesidad de un cambio profundo desde el lugar, la mirada y los derechos de los países pobres o llamados subdesarrollados. Una llamada Educación para el Desarrollo Sustentable que promueve cuidar el medio ambiente haciendo más eficiente el modelo de desarrollo con base en más crecimiento económico, el desarrollo incesante de la tecno-ciencia y la distribución equitativa de la riqueza, sin modificar las estructuras profundas y fundamentales de un modelo civilizatorio construido sobre el mito de la infinitud de la naturaleza y prediseña hegemónicamente el lugar de países y grupos sociales en una desigual repartija de recursos, acceso y derechos; y otra Educación Ambiental que partiendo del reconocimiento de esas desigualdades históricas y culturales reconoce, como se ha apuntado en la “Declaratoria sobre Educación Ambiental del III Foro Nacional de Educación Ambiental para la Sustentabilidad dada en Veracruz, México en 2012, que

 […] hoy la educación ambiental [especialmente en América Latina] tiene capacidades para condensar su diálogo interno con el encuentro que sostiene con movimientos sociales y otras áreas del conocimiento, pues ha comprendido que no es posible ser una pieza suelta o un fragmento desprendido en la búsqueda de entender la misteriosa complejidad de la vida y, mucho menos, en la lucha frontal contra una realidad ardiente, en medio de un mundo en crisis de sentido, que se desangra ante tanta inequidad en vértigo.

Así, el nodo social y político al que se ha sumado la educación ambiental ha propiciado que ésta no sea sólo una propuesta didáctica para divulgar el estado actual de los ecosistemas, sino una plataforma pedagógica para explorar la condición humana en medio de una biósfera convertida en mercancía. La educación ambiental tiene su mirada puesta en la construcción de una pedagogía diferente, capaz de darle centralidad al todo planetario y a la Vida como valor supremo. Se asume como una arquitecta del futuro, no como concurrente del derrumbe ni placebo frente al desamparo, pues en su esencia está reconstruir el horizonte ecológico y social, que es la mejor manera de sostenerse vivos. Bien sabemos que la educación que no es insurrecta sólo aspira a la didáctica. 2

¿Quizás la pregunta pertinente sea si realmente podemos transitar el cambio cultural necesario a partir del sistema educativo moderno-liberal en el que estamos inmersos, que sirve al productivismo?

Lo cierto es que aún no hay un compromiso educativo con la transición, no hay realmente una idea clara de que tenemos que transicionar. ¿Transicionar de donde hacia donde? ¿¡Como?! ¿Que papel juega la educación y cuál los educadores? ¿¡Cual es el desafió real? ¿Cuales son los problemas estratégicos que debemos abordar?

No hemos construido realmente una conciencia critica sobre la relación entre culturas y ecosistemas y hemos extraviado la conciencia critica acerca del papel de la educación.

En medio de una inédita pandemia que ha revelado la fragilidad de la humanidad, la falsedad e inutilidad de su poderío y su ineludible dependencia de la naturaleza, la educación solo aspira a volver a una normalidad alienada que suprimió de su currículum, todo aquello que desde una ética de la vida alienta un pensamiento critico sobre esta forma autodestructiva de existir y hacer sociedad. En Argentina y América latina a 10 años del “Manifiesto por la Vida- Por una ética par la sustentabilidad”, el documento mas critico y esclarecido que la EA latinoamericana generara, prevalecen en general: un sistema educativo extraviado entre el subdesarrollo informático y la trinchera de la educación publica; una brecha digital deficientemente gestionada e irresuelta, que revela y enfatiza la desigualdad entre países ricos y pobres y entre escuelas privadas y publicas; un Estado educativo ausente y un proyecto educativo publico nacional débil en el cual, en rigor, la EA esta ausente; un currículum globalizado y digitado por el establishment, intervenido por las empresas y custodiado por las corporaciones; un escenario gremial empobrecido y un colectivo educador que no supera la conciencia media ciudadana sobre la crisis ambiental-civilizatoria.

Tenemos un vocabulario pobre, usamos en el mejor de los casos apenas un 1% de las palabras disponibles en el universo del español más algo más en otras lenguas globales, y apenas conocemos las lenguas de las culturas subalternas, que podrían introducirnos en otras concepciones.

Al igual que con la alimentación en un mundo que conoce 30000 especies vegetales comestibles, supo cultivar 7000 y hoy cultiva 120, 9 de las cuales representan el 75% del consumo, la educación también ha monoculturizado la cultura disponible y la variedad de formas de ver y sentir el mundo y consecuentemente de comprenderlo y transmitirlo. Vivimos inmersos en una polisemia que solo contribuye a la confusión. Así, cuando hablamos de sustentabilidad, creemos decir lo mismo, pero pensamos bien diferente.

O cuando hablamos de equidad, un concepto estrella del desarrollismo, pensamos en igualdad pero no es igualdad, sino convalidación de lo desigual y lo desigual no equivale a lo diverso. La educación y la EDS están al servicio de la equidad, que se sustenta en la intervención de Estado, que no esta al servicio de los desposeídos, sino de la posesión (propiedad privada).

Mientras la sustentabilidad sea apenas un adjetivo del desarrollo no problematizado, estaremos lejos poder superar la gran prueba del siglo.

Necesitamos un nuevo vocabulario conceptual para hablar sobre las relaciones de producción de la vida, supo decir Jason Moore

La educación no estaría sirviendo a dar cuenta de esta situación que vivimos, de la aporía mencionada, ni aportando un nuevo vocabulario ni recurso alguno para enfrentar el problema político de la transición a alguna sustentabilidad posible. Recordemos que la variable tiempo también juega y el crédito temporal que la naturaleza nos dio se nos ha acabado.

El cambio es cultural y no podemos transitar un cambio cultural sin educación. El tema es cuál educación?

Se trata pues de una revolución cultural. Encaminar la Educación en este sendero supone hoy al menos adoptar dos posicionamientos, uno en el campo del ecologismo en tanto ideología, y otro en el campo de la educación en tanto instrumento propiciador de cultura y herencia, asociado a aquel. Me animaría a decir que adolecen mutuamente uno del otro. Lo que equivaldría a que no hemos construido un proyecto cultural y educativo ecologista. Incluso parecería que aún confiamos en que la educación moderna hegemónica, y la escuela y la universidad, sus instituciones paradigmáticas, podrá contribuir al cambio sustancial sin reformarse del todo a si mismas.

Supo decir Iván Illich que “sustituir el despertar del saber por el de la educación es ahogar el poeta en el hombre, es congelar su poder de dar sentido al mundo”. Esto han hecho, de hecho, sin proponérselo las instituciones  educativas al subordinar su propósito a la racionalidad instrumental y centralmente económica que simplifica -reduce la complejidad propia de- la vida a la expresión matemática y la satisfacción inmediata del deseo.

Tenemos que pensar casi todo de nuevo.

En este sentido la Educación llamada Ambiental debe orientar sus esfuerzos hacia la crítica profunda del modelo social del presente y, por lo menos, a la revisión de la noción de desarrollo y la consideración de otras alternativas, lo cual implica desplegar una mirada critica sobre la educación misma.

La contradicción principal ya no es capital/trabajo, sino capital/naturaleza.

No se trata de problemas ambientales, se trata de modelo civilizatorio.

La EA como las luchas ambientales, debe articular las resistencia frente a todas las formas de dominación, debe ser una puerta de entrada para poner en discusión las principales formas de la hegemonía.

Como dijera Andre Gorz:

La mención de la amenaza de la catástrofe climática conduce generalmente a considerar la necesidad de una “cambio de mentalidad”, pero la naturaleza de ese cambio, sus condiciones de posibilidad y sus obstáculos para superar parecen desafiar la imaginación. Vislumbrar otra economía, otras relaciones sociales, otros modos y medios de producción y modos de vida pasa por “irrealista”, como si la sociedad de la mercancía, del salario y del dinero fuera insuperable. En realidad, una gran cantidad de indicios convergentes sugiere que esa superación ya ha comenzado y que las posibilidades de una salida civilizada dependen, ante todo, de nuestra capacidad para distinguir las tendencias y las prácticas que anuncian esa posibilidad. (2011, p. 25)

La crisis ambiental ha de asumirse, de una vez por todas como un problema cultural (Ángel-Maya) y el sistema educativo debe ser subvertido, repensado en su función cognitiva adoptando un enfoque reconstitutivo y efectivamente emancipatorio, debe enseñar a repensar el pensamiento y des-saber lo sabido (Galano) para construir algo nuevo a partir de preguntas primigenias con el saber adquirido y la confluencia de los saberes “otros”: qué y cómo enseñar, para qué formar, cuál es el objetivo de generar nuevos conocimientos, cuáles enseñar de los que la vida no puede prescindir, cuáles garantizan el bien común, cuáles la sustentabilidad de los recursos vitales, los bienes comunes, cuáles la posibilidad del despliegue pleno del ludismo compartido y la expresividad. Reformular la idea misma de desarrollo, resignificar las nociones de riqueza, bienestar, rehumanizar la concepción de necesidad, recuperar el valor y la potencia creativa de las personas, recuperar la noción de comunidad, o simplemente asumir cabalmente los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad, que supuestamente fundan nuestra sociedad moderna; supone entrenarnos en el ejercicio militante de la neutralización del intento permanente de reclutamiento de consumidores masivos, irreflexivos, autómatas que identifican tristemente su felicidad con su capacidad de consumo (Reyes Ruiz, 2009).

Notas

Notas
1Esta líneas fueron la base de una presentación en el II Encuentro Internacional de Cátedras de Economía y Ambiente organizadas por la Asociación Argentino-Uruguaya de Economía Ecológica realizado 27 y 28 de noviembre de 2020, en forma virtual. Un espacio mas que interesante para debatir el rol de la educación superior en el contexto de crisis socioambiental que atravesamos en una articulación interdisciplinar de pensamientos muy propicia cuando el objeto que se nos presenta es pensar la transición hacia un mundo que simplificadamente llamaremos sustentable, en un momento terminal de la historia en el cual el pensamiento económico y el educativo tienen responsabilidades particularmente importantes y determinantes.
2http://edgargonzalezgaudiano.blogspot.com/2012/10/declaratoria-sobre-educacion-ambiental.html

close

¡SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN!

Te prometemos por la justicia social que nunca te enviaremos spam ni cederemos tus datos.

Lee nuestra política de privacidad para más información.

mm

Educador ambiental.

Especialista en Políticas Publicas ambientales INAP_Mexico. Especialista en Auditoría Ambiental Empresarial - IIE - UICN - Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Málaga. Especialista en gestión ambiental Metroplitana -FADU-UBA. Diplomado en Transformación educativa - Multiversidad Edgar Morín.

Coordino la Catedra Libre Virtual de Educación Ambiental y Ecología Politica, en facebook.

¿Qué te ha parecido?