La docencia en tiempos de Youtube. ¿Es posible incorporar a las clases las nuevas formas de comunicación?

Retos de la Innovación y la Docencia en Humanidades
Retos de la Innovación y la Docencia en Humanidades

DescargarMaría de los Ángeles Gutiérrez Romero.
Universidad de Cádiz.
mariangeles.gutierrez@uca.es

 

Resumen: Debido al uso generalizado de redes sociales y de diferentes plataformas audiovisuales, se han creado pautas de comunicación que abren la posibilidad de explorar nuevas vías de innovación docente. Ante la necesidad de motivar al alumnado, resulta interesante recalar en los referentes culturales que consumen fuera de las aulas, siendo Youtube un popular soporte educativo, entre otras potencialidades, gracias a la proyección que han alcanzado algunos creadores de contenido o youtubers. Estos creadores son expertos en materias de diferentes áreas y cosechan un gran éxito entre la audiencia más joven exponiendo contenidos culturales y científicos de manera divulgativa, pero sin perder por ello un nivel mínimo de tecnicismo. En este trabajo nos proponemos observar una serie de estrategias comunicativas empleadas por algunos de los youtubers culturales más conocidos y ver qué posibilidades hay para implementar dichas estrategias en la estructura y el desarrollo de una clase con el objetivo de sintonizar, al igual que hacen ellos, con la audiencia y estimular su interés hacia la asignatura.

Palabras clave: Innovación docente, Comunicación, Educación, Redes Sociales, Youtube.

 

Teaching in YouTube times. Is it possible to incorporate new forms of communication into classes?

Abstract: New communication guidelines facilitating the exploration of educational innovation have been developed in the context of the widespread use of social media and various audiovisual platforms. In the interest of increasing student motivation, it is pertinent to consider the media usually consumed by students outside of the classroom. YouTube has become a popular educational supplement and has further potential, partly due to the reach of various content creators and youtubers. These creators are experts in different fields and prove sometimes immensely popular with younger audiences, exposing them to cultural and scientific content in an accessible way, without compromising minimal standards.  In this paper we consider a series of communication strategies, used by some of the best-known cultural youtubers, and explore what possibilities there are to implement these strategies in the structure and development of the classroom environment so as to, reminiscent of the youtubers, stimulate student interest.

Keywords: Teaching Innovation, Comunication, Education, Social Media, Youtube.

 

1. Introducción

Desde hace varios años, a pesar de protagonizar algún que otro controvertido debate sobre su uso o abuso, es indiscutible que las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) han cambiado la forma de dar clase hasta el punto de que ya no puede comprenderse la docencia sin emplear una multiplicidad de recursos de variada naturaleza.

Los contenidos audiovisuales, además de un valioso material de apoyo, ayudan a crear una dinámica más ágil, y ahí es donde entra en juego una plataforma de enorme potencial didáctico: Youtube.  Este portal de vídeos nos presenta ante una paradoja: si el modelo de clases magistrales está tan cuestionado, por la pasividad y la monotonía con la que se impregna a los estudiantes, ¿cómo es posible que vídeos de 15 minutos o más, donde solo aparece una persona hablando, acumulen visitas que pueden sobrepasar cientos de miles de reproducciones? ¿Cuál es el secreto para que personas consuman a gran ritmo vídeos sobre temáticas (con tintes académicos) que les son totalmente ajenas?

En este trabajo se intentará dar respuesta a estas preguntas analizando las estrategias que los comunicadores más populares utilizan en sus vídeos en Youtube y explorar cómo estas estrategias podrían implementarse en las estructuras de las clases presenciales.

2. ¿Es la duración de las clases un problema?

Una de las principales preocupaciones a las que se enfrenta el equipo de profesores ‒independientemente del nivel que estén impartiendo‒ es la de que, a pesar de las horas de preparación previas y la incorporación de las nuevas tecnologías, mantener viva la llama de la motivación del alumnado y concentrar su atención en clase sigue siendo una ardua tarea. Y es que para proporcionar una buena docencia en su conjunto no basta con ser un experto en la materia, sino que también es necesario tener una formación en temas pedagógicos para encontrar un equilibrio entre los ritmos de exposición de contenidos y los ritmos de aprendizaje por parte de los estudiantes.

A esto se suma los nuevos estándares de comunicación, tanto dentro como fuera de las aulas, en los que la tecnología (entendida en este caso tanto como dispositivos móviles, ordenadores, tablets, pero también redes sociales y de mensajería instantánea junto con las plataformas de contenidos audiovisuales), suponen un foco de distracción que se ha trasladado desde lo extra-académico al seno de las clases. En un estudio reciente sobre el uso de las nuevas tecnologías en horario escolar y extraescolar realizado a estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria, Plaza (2018, p. 111) señala que uno de “los principales aspectos contraproducentes que tienen las TIC para el desempeño escolar, según los adolescentes, son la interrupción para estudiar, perder el tiempo en general o dispersarse, y el deterioro del expediente”. Añade que esa capacidad para desconcentrarse del estudio procede de “la amplitud de Internet, que ofrece muchas soluciones, junto con toda clase de distracciones” que impiden un mantenimiento regular de la atención al generarse una dependencia a estar permanentemente conectados.

Otra consecuencia colateral a las continuas interrupciones viene dada por el propio formato en el que, de media, en España, pasamos unas cinco horas y cuarenta minutos al día según Global Web Index (citado en Kemp, 2020). Las redes sociales están caracterizadas principalmente por la simplificación, condensación y rapidez en la transmisión de conocimiento. Se trata de una nueva economía de la información en un mundo saturado de estímulos: las noticias se actualizan por minutos, se condensan en tweets de 280 caracteres como máximo y las imágenes en movimiento que salpican estas redes suelen oscilar entre los 60 segundos que permite Instagram a los 140 segundos de los vídeos subidos a Twitter. En lo que respecta a Youtube, la media de duración de sus vídeos ronda los 4-5 minutos (aunque dicha duración está muy condicionada por el tipo de contenidos que se emiten).

Entonces, en este tiempo veloz, donde todo es tan cambiante que de un momento a otro no nos da lugar a digerirlo –modernidad líquida1 que diría Zygmunt Bauman (2003)‒, cabría preguntarnos: ¿este formato de intercambios exprés está condicionando nuestra forma de comunicarnos y de procesar la información? ¿Nos estamos acostumbrando a un estilo tan abreviado y directo que cada vez se hace más cuesta arriba abordar textos largos y complejos? Según Anne Mangen, junto con Walgermo y Brønnick (2013), incluso el soporte utilizado tiene una influencia dispar en la comprensión lectora. Esta investigadora noruega y su equipo realizaron un experimento en el que instaba a leer a dos grupos de estudiantes: uno de ellos con textos impresos y otros con textos digitales, a través de una pantalla. Tras la prueba, los del primer grupo lograron una mejor puntuación en los test de comprensión demostrando que el formato del soporte digital invita a la lectura rápida y a la desviación de la atención. En otro estudio con resultados similares, se llegó a la conclusión de que “la lectura en pantalla dificulta comprensión y el recuerdo de la información, especialmente bajo ciertas circunstancias” (Delgado, Salmerón y Vargas, 2019, p. 28).

Pero la revolución tecnológica se encuentra muy imbricada dentro de la vida personal y académica, por lo que el horizonte que tenemos por delante se despliega en la exploración de nuevos caminos intermedios que permitan incorporar una forma de aprendizaje que no sea ajena al entorno digital que tantas horas nos ocupa sin que, al mismo tiempo, esto condicione la calidad de la enseñanza.

Sin duda, el uso de técnicas audiovisuales y la creación de contenidos digitales son de máxima importancia hoy en día. Las generaciones venideras están muy habituadas a la comunicación audiovisual e Internet con técnicas que con frecuencia ya han utilizado en la enseñanza secundaria. Por eso, su aplicación en las clases no debe limitarse simplemente a adjuntar un vídeo o cualquier otro recurso para su visualización, sino que su propio uso debe invitar a generar comentarios y a crear interacción, siguiendo la dinámica intrínseca de las plataformas. Por tanto, para que estos contenidos sean funcionales, el docente, durante su exposición, debería usar estos recursos para tener la oportunidad de transmitir su pasión por la materia que está impartiendo e impulsar la atención e interés del alumnado en profundizar sobre lo proyectado durante la clase.

Aunque el docente sea el organizador de los contenidos y del ritmo del temario, no todo el peso recae sobre él. Esa fluctuación mencionada anteriormente suele estimularse de forma recíproca entre el orador y su audiencia.  Desde la psicología cognitiva, se define a la atención como un comportamiento voluntario de concentración a través de un esfuerzo mental que gestiona todos los recursos cognitivos que transcurren a lo largo de una clase (Solso, 1995, p.120).

Además, en este contexto, se entiende como un compromiso específico del estudiante y que, dependiendo de la intensidad y la capacidad de involucración que invierta, tendrá después su reflejo en los resultados educativos (Sánchez-Rosas, Takaya, Molinari, 2016). Pero ahí no solo interviene la voluntad, sino que las emociones juegan un papel imprescindible que puede influir de manera muy decisiva en ese compromiso de atención (o, en su término anglosajón, student engagement). Tal y como teorizan Lewis, Haviland-Jones y Barret (2000), diversas investigaciones experimentales han demostrado que las emociones afectan a los procesos cognitivos, entre ellos la atención, la percepción de la memoria, el pensamiento creativo o las estrategias de aprendizaje.

Hay cierta controversia en cuanto a determinar cuál es la capacidad de atención que nuestro cerebro puede llegar a emplear de manera natural. Francisco Mora, experto en neuroeducación, defiende que hay que acabar con el formato de clase de 50 minutos.

Nos estamos dando cuenta, por ejemplo, de que la atención no puede mantenerse durante 50 minutos, por eso hay que romper con el formato actual de las clases. Más vale asistir a 50 clases de 10 minutos que a 10 clases de 50 minutos. En la práctica, puesto que esos formatos no se van a modificar de forma inminente, los profesores deben romper cada 15 minutos con un elemento disruptor: una anécdota sobre un investigador, una pregunta, un vídeo que plantee un tema distinto… (Torres, 2017).

La llamada ‘curva de la atención’ es un modelo para medir el tiempo en que, en este caso, los alumnos pueden permanecer concentrados, mostrando una disminución rápida a partir de los 10-20 minutos desde el inicio de las explicaciones del profesor, con su consecuente aprovechamiento mínimo2.

Curva de atención de la audiencia en una charla de 30 minutos sin elementos de bidireccionalidad
Figura 1. Curva de atención de la audiencia en una charla de 30 minutos sin elementos de bidireccionalidad.
Fuente: Muñoz (2010, p.26).

Teniendo eso en cuenta, existen muchas propuestas de dividir las clases en bloques de unos 20 minutos máximos de extensión, para que los nuevos conceptos o destrezas puedan ser optimizados, invirtiendo unos minutos en reflexionar sobre lo explicado o en descansar (Guillén 2012). Sin embargo, en una de las revisiones más recientes sobre este tema, Bradbury (2016) realizó una serie de pruebas en las que demostraba que la atención de los alumnos era fluctuante, sin seguir ningún patrón cerrado (como sugiere la gráfica cíclica de la disminución de la atención). Por tanto, concluye que no se trata únicamente de ese compromiso por parte del alumno, sino que la acción del docente también influye a la hora de marcar esa variabilidad. Así, propone que el formato tradicional de clase donde el profesor lleva el peso de las explicaciones no sea denostado de manera total por otros métodos alternativos como los de clase invertida, sino que las exposiciones del temario por parte de los docentes ayuden a proveer de un contexto y de una profundidad que no sería tan directa de otra forma, si bien dichas exposiciones magistrales no son incompatibles con otros formatos. Así se pregunta:

si un estudiante puede conseguir una experiencia de aprendizaje idéntica viendo un vídeo de Youtube en la cama igual que si estuviese asistiendo a una clase en persona, ¿por qué esta asunción no resulta evidente en otros aspectos de la vida? Todos tenemos acceso a grabaciones virtuales ilimitadas de música; somos capaces de ver programas en televisión cuando es conveniente para nuestro horario. Si una experiencia virtual es en efecto idéntica a una experiencia real, entonces nadie necesita ir a un concierto en directo, nadie necesita ir a ver una obra o un musical en directo, nadie necesita ir a oír a un distinguido orador dar una charla, y nadie necesita asistir a un partido de fútbol o béisbol en un estadio (Bradbury, 2016, p. 512).

De ahí que el papel del educador, según las destrezas que despliegue, tenga inferencias en la recepción de su audiencia durante más o menos tiempo. Así pues, a la luz de lo anterior, podemos decir que el hecho de prestar atención a las lecciones supone la combinación de diferentes variables como la motivación, el nivel de conocimiento, los recursos disponibles en clase, el cansancio o la presencia o ausencia de factores que puedan implicar una distracción, entre otros.

Por otro lado, acabamos de nombrar la motivación, entendida como la fuerza que origina y mantiene un comportamiento. Despertar interés, curiosidad, resulta esencial como motor de aprendizaje: todo aquello que rompe con la monotonía, que sobresale por encima de lo común, llama la atención. Además, ese interés generado está considerado como una de las facetas más esenciales de nuestra forma de ser3, de ahí que sea indispensable saber encontrar la forma no solo de transmitir conocimiento, sino de comunicar una emoción que active los procesos de aprendizaje y la memoria. Todo lo que conlleve una emoción intrínseca identificada, nos permitirá recordar con mayor efectividad.

Con todo, el uso de técnicas audiovisuales y recursos digitales que forman parte de nuestro continuum cotidiano, sin duda serán unos fuertes aliados a los que, si sabemos sacarle el mayor partido, podemos conseguir ese mínimo grado de interés y atención entre el alumnado.

3. Youtube: el potencial comunicativo de una plataforma online

YouTube, además de ser la plataforma de vídeo más usada del mundo4, se ha convertido con el paso del tiempo en una herramienta esencial para la exposición de contenidos por todas las posibilidades que ofrece: tanto por la generación ilimitada de información audiovisual como por sus opciones de comentar, compartir e interactuar con los creadores.

Pero esta plataforma tiene una particularidad por la que destaca por encima de otras redes. No hay duda de que se ha convertido no solo en una red social a nivel global, sino en un espacio de divulgación de dimensiones colosales. Tanto desde un nivel amateur como desde un nivel técnico y profesional, hay vídeos disponibles para cualquier tipo de audiencia sobre los más variados temas. Mucho más allá del mero entretenimiento, tenemos acceso a canales donde se ofrecen cursos para aprender a tocar un instrumento, aprender un idioma, conocer cuáles son los planos más usados del cine, seguir recetas, empezar a dibujar… Se trata de un volumen ingente de información a disposición pública, sin importar las capacidades o los medios económicos del usuario, ya que, sin contar el coste del acceso a internet, la visualización es totalmente gratuita5.

Muchas personas expertas, generalmente profesores y profesoras6 de primaria y secundaria ‒los edutubers‒ han encontrado en Youtube un soporte complementario a su labor presencial, como una segunda escuela en casa: han tomado la iniciativa de grabarse en vídeos que pueden ir desde explicaciones de fragmentos concretos del temario a clases enteras con diferentes propósitos. El principal de ellos es aprovechar la propiedad asincrónica de esta plataforma en la que se almacenan vídeos (como si de una biblioteca se tratara) los cuales se ordenan en listas de reproducciones donde los alumnos pueden visualizar, avanzar, retroceder o repetir sus grabaciones todas las veces que sean necesarias. Igualmente, cada vídeo puede incluir en el apartado de comentarios más dudas o preguntas que propicien una respuesta o solución en otra grabación, lo que da una orientación sobre los temas más solicitados, proporciona al docente una actualización constante de su canal y se crea, en consecuencia, un intercambio con beneficios recíprocos.

Relacionado con lo anterior, también existen algunos canales dedicados enteramente a elaborar contenidos educativos, como es el caso del gigante Khan Academy (y su versión en español), Edutopia o Academia Play que ofrecen clases de informática, física, química, hechos históricos, cine, arte,… de forma totalmente gratuita. A diferencia de los anteriores, tras estos canales hay un equipo de colaboradores y la edición de los vídeos suele ser mucho más elaborada.

Podríamos establecer un tercer grupo de divulgadores que estaría conformado por personas que, a título individual y sin necesidad de ser alguien que esté directamente conectado con la labor académica, publican vídeos sin mayores pretensiones que las de compartir sus conocimientos, análisis y opiniones de una forma atractiva y entretenida. Aquí entraría el fenómeno de los cultubers: youtubers especializados en la divulgación de temática científica y cultural.

Lo que comenzó siendo un portal donde las personas compartían sus actividades y su tiempo de una forma ‒monetariamente hablando‒ desinteresada, no tardó en descubrir el filón que suponía la masa de fieles seguidores y el poder de conseguir visibilidad al compartir esos vídeos por otras redes. De esta manera, Youtube se convirtió hace ya unos años en un escaparate, como acabamos de ver, que ha servido a muchos profesionales para promocionar su trabajo y volcar en la red muchos de sus conocimientos. Al mismo tiempo, los primeros creadores que subían contenidos sin una estrategia comercial soterrada, fueron profesionalizando la actividad de creación de vídeos y de desarrollo de técnicas comunicativas para la captación y fidelización de su audiencia. Es de esta manera como surge el término youtuber para designar a aquellas personas cuyo trabajo (guionizar, grabar, editar y publicar) se desarrolla en esta plataforma. Así, como un oficio más, la variedad de ofertas temáticas ha dado lugar a una especialización laboral en gran medida enfocada en las demandas de la audiencia (videojuegos y diversas áreas de entretenimiento), pero, al mismo tiempo, ha emergido un sector dedicado a contenidos específicos relacionados con el ámbito cultural. Por enumerar algunos de ellos, tenemos a José Luis Crespo y su QuantumFracture y a Martí Montferrer con CdeCiencia como canales dedicados a diversas ramas de la ciencia: física, química, biología, geología, etc.; a Patricia Tezanos con Antroporama donde habla de psicología y neurociencia, a Ayme Román la podemos encontrar en su canal homónimo donde nos habla sobre filosofía y feminismo; DayoScript pertenece a José Altozano, analista fílmico y crítico de videojuegos; muy popular también es el canal de Ter (de Ester Teruriru) dedicado principalmente a la arquitectura; Javier Ruescas, en su canal del mismo nombre habla de literatura; en ZEPfilms, dirigido por el argentino Nicolás Amelio Ortiz, se hacen análisis cinematográficos y, uno de los que más éxito tiene en el momento, Jaime Altozano, comparte nombre con su canal y se dedica a hacer análisis de diversos géneros musicales y a explicar teoría musical.

Todos poseen una buena base de seguidores en las distintas redes sociales que retroalimentan sus interacciones y todos tienen en común ciertas pautas a la hora de crear un vídeo y dirigirse a su público. Normalmente se trata de vídeos que rondan los 15 minutos de media, en el que el o la youtuber se coloca ante la cámara, en un plano medio corto (que simula un cara a cara con el espectador, como dos personas sentadas en una mesa), con el que intercalan varias imágenes (animadas o no) a lo largo de la exposición de sus discursos. El fondo de la imagen lo compone el espacio donde graban, normalmente sin grandes cambios de escenario y que suele ser una habitación o un estudio para transmitir una sensación de cercanía e intimidad, pero también le revela al espectador datos personales o académicos de los creadores (libros, fotos, instrumentos musicales, objetos de colección).

Nada se encuentra al azar: ni el discurso, ni la ubicación, ni la iluminación ni la posterior edición con programas informáticos, de tal forma que se ha creado un formato estético y comunicativo muy característico y reproducido, como una marca propia del tipo de producción del info-entretenimiento (dejando a un lado el sello personal de cada creador o creadora).

Por esto mismo, el grueso de su audiencia suele compartirse y circula entre los diferentes canales porque tienen un perfil muy determinado: según los datos recabados por Newberry y Adame (2019), se trata en su mayoría de jóvenes, (Youtube estima que el sector que más ha subido en el consumo de vídeos en la plataforma tiene de media entre los 16 y los 24 años), con inquietudes culturales, científicas y sociales y que buscan una alternativa de aprendizaje que no esté empañada por un academicismo demasiado técnico o tedioso. Además, según el grado de popularidad del canal, sus creadores son reclamados en entrevistas o en otros medios de comunicación, por lo que su alcance mediático se multiplica. Y eso sin contar con que buena parte de los espectadores llegan también desde Latinoamérica debido a la inexistencia de barreras idiomáticas. Nos encontramos, entonces, con una audiencia que es cada vez menos homogénea tanto en edad como en procedencia, creándose una especie de comunidad cuyos lazos se estrechan también gracias a las colaboraciones e invitaciones recíprocas de los youtubers en otros canales afines.

Sin embargo, aunque sus producciones son a menudo calificadas como divulgativas, no son clases o exposiciones académicas ad hoc: se trata de un formato híbrido en el que tienen claro que el componente educativo no debe eclipsar al de entretenimiento, consiguiendo así lograr un equilibrio que termina enganchando a la audiencia. De hecho, el anteriormente mencionado Jaime Altozano no se define a sí mismo como divulgador, sino que su trabajo se acerca mucho más al de un traductor: primeramente, hace una selección de información que proviene tanto de su propio acervo de saberes como de lo que ha investigado expresamente para guionizar su vídeo. Tras este paso preparatorio, moldea y adapta esos conocimientos para que no resulten demasiado ajenos a un espectador no especializado; es decir, traduce su conocimiento técnico a un nivel y a un lenguaje que pueda ser entendido por cualquier persona de su audiencia (ART BOR, 2018). Él mismo lo explica así:

A mí lo que me encantaría sería encontrar el equivalente de lo que hago en mi canal en otras disciplinas, para aprender yo de ellas. Estoy haciendo los vídeos que me gustaría ver si yo no supiera música. Además, cuando te obligas a explicar algo de manera concisa, durante el proceso, lo acabas entendiendo mucho mejor.

[…] Es bastante complejo explicar estas cosas cuando tu audiencia tiene varios niveles. Constantemente, mientras grabo el vídeo, intento verme desde cuatro perspectivas diferentes, de tal manera que el que sabe no se aburra y el que no conozca nada lo pueda seguir (Abarca 2017).

Pero su mayor virtud es que, a pesar de todo ese proceso de adaptación, no por ello renuncia a emplear tecnicismos o conceptos abstractos. Este youtuber, al igual que otros compañeros de profesión, hace gala de una serie de recursos que le permiten difundir información sin que eso conlleve simplificar o empobrecer el mensaje que pretenden transmitir.

A pie de aula, podemos detectar una diferencia muy evidente, casi insalvable con respecto a la propuesta comunicacional de estos youtubers: el docente, en una clase presencial, juega en desventaja porque no puede editarse, ni repetirse de la misma manera que una grabación en diferido en la que se puede probar a reconstruir y mejorar el mensaje por medio de la edición informática. Además, recursos como micrófonos, cámaras, lámparas, … aportan una calidad de vídeo que resulta muy atractiva, consiguiendo, en mayor o menor medida, resultados muy profesionales. Pero, en cambio, en una grabación se tiene que luchar contra el estatismo usando diferentes planos y todo el tiempo se trata de un monólogo sin réplica. Por eso, para el docente, una presencialidad bien empleada permite ganar en espontaneidad y las improvisaciones pueden ser aprovechadas para dinamizar con ciertos contenidos o enfoques que aporten imprevisibilidad al transcurso de la clase.

Pero el secreto para que cada vez más personas quieran participar de estos contenidos culturales, vengan del ámbito que vengan, no depende únicamente de la edición. Por eso, en el siguiente apartado analizaremos algunas de las estrategias comunicativas empleadas durante sus vídeos que puedan responder a recursos de captación de la audiencia y cuál sería la forma más óptima de implementarlos en nuestras clases.

4. Recursos comunicativos de los “youtubers de la cultura” y cómo incluirlos en las clases

Hay un principio fundamental que es necesario tener presente a la hora de dar una clase si la intención es la de captar la atención y despertar el interés del alumnado, y es el de que se recuerda aquello que nos sorprende; y en eso tiene una gran incidencia el entretenimiento. Por esto mismo, es necesario adaptar de la mejor manera posible la forma al contenido y evitar la creencia de que lo académico no está reñido con la amenidad.

Sin embargo, no hay que perder de vista que, para conseguir ese objetivo, hay todo un trabajo preparatorio detrás en el que debe de estar prevista cualquier variante. Por tanto, a partir de una visualización atenta de una gran parte de la producción de estos youtubers, podemos extraer los siguientes recursos:

Para empezar, la longitud de la exposición. Como mencionábamos anteriormente, la duración media que dedican a sus vídeos es de unos 15 minutos. Si se exceden por realizar algún inciso, suelen indicar el momento en el vídeo en el que vuelven a retomar el tema principal. Con esto nos quieren decir que son conscientes de la jerarquía de la información y de que, ante una divagación no relacionada con lo que el espectador espera ver, este puede fácilmente distraerse o detener su atención y, en el peor de los casos, marcharse a otro vídeo.

Ya sabemos que no está totalmente demostrado que el grado de atención decaiga a partir de los diez minutos, pero el hecho de subdividir la clase por bloques de proporciones temporales similares, aportará una mayor agilidad y sensación de progreso. Así también se consigue llevar un cómputo del tiempo que permite tanto períodos de exposición como períodos dedicados a otras actividades (debates, proyecciones, preguntas y respuestas…).

El segundo elemento fundamental que nos ayuda a vertebrar la exposición, es la guionización de los contenidos. Además de la lógica interna que posea la ordenación de la información que pretendemos transmitir, añadir cierta narratividad puede aportar atractivo a nuestro discurso. Cuando hablamos de guion, como el de una película, hablamos de un texto donde no solo se cuentan los hechos o los diálogos, sino que se acotan otro tipo de acciones (en este caso cuándo hacer pausas de suspense, cambiar lo que estamos proyectando, enfatizar algún concepto…). La utilización de diferentes estructuras narrativas puede adaptarse al tipo de contenido y ayudarnos, desde el principio de la clase, a hacer cada vez una propuesta diferente.

  • Si elegimos una estructura lineal prototípica, necesitaríamos establecer una presentación, un desarrollo y una conclusión. Sin embargo, esta estructura no tiene por qué conducir a una previsibilidad ya que es muy apropiada para aplicar la técnica del storytelling, o el arte de contar una historia recreándola de tal manera que facilite a la audiencia a conectar y a visualizar mentalmente lo que se está diciendo. Es una técnica propia de los microrrelatos que nos ayuda a proporcionar un escenario, una hipótesis con la que podamos visibilizar conceptos abstractos. Y, como en todas las historias, hay acciones que sirven como giros de la trama -o plot twist en inglés- que van encaminando el transcurrir de los acontecimientos a un clímax, para luego resolverlo. Un ejemplo que encajaría muy bien en este tipo de estructura, sería la exposición de cómo se consiguió el sufragio femenino a través de la defensa de Clara Campoamor ya que se trata de una historia con muchos ingredientes: la “protagonista” defiende un ideal con muchos frentes en contra y, cuando todo parecía llegar a buen puerto, de nuevo se presentaban enmiendas que ponían en peligro el reconocimiento electoral igualitario entre hombres y mujeres. Así, solo al final, tras una ajustadísima votación, el sufragio femenino quedó instaurado en la Constitución de 1931.
Estructura narrativa clásica de un guion
Figura 2. Estructura narrativa clásica de un guion.
Fuente: Jose Alfredo Elía (s.f.)
  • Otra propuesta de estructura sería una presentación invertida: comenzar por presentar el final para ir reconstruyendo la cadena hechos que han intervenido. De esa manera no solo se genera un interés por averiguar cómo ha sido todo el proceso, sino que es un método que permite ir completando paso a paso toda la información necesaria hasta comprender la conclusión con la que se inició el punto de partida. Como ejemplo, rescatamos esta charla de Eduardo Sáenz que comienza así:

El 29 de mayo de 1832, Évariste Galois sabía que era la última noche de su vida. Aquel muchacho revolucionario, vehemente y algo alocado, sabía que al día siguiente moriría a los 20 años de edad. Había quedado citado con un Capitán de la Guardia en duelo y sabía que no tenía ninguna oportunidad. Así que Évariste Galois se pasó la última noche de su vida escribiendo. […] ¿Qué fue lo que inventó aquel muchacho asustado, la última noche de su vida, para que todos los aprendices de matemáticos de todo el mundo lo estudiemos a los 20 años de edad [en la Universidad]? (TEDx Talks, 2015).

  • Y un tercer tipo de estructura sería aquella que no sigue una linealidad, sino que ofrece diferentes elementos, aparentemente inconexos, aleatorios, pero que, a medida que se va profundizando podemos conocer las conexiones que hay entre ellos y finalmente llegar a una conclusión cuando todo encaja como piezas de un puzle. Evidentemente, esta estructura es mucho más compleja y requiere mucho más trabajo de preparación, pero suele causar mucho efecto porque todo se va a resolver al final, con lo cual juega con una expectación creciente. Gracias a los recursos visuales que ayudan a la memoria fotográfica, esta es una estructura a menudo usada en los vídeos de los youtubers. En su vídeo La verdad sobre la música POP (2018a), Jaime Altozano comienza planteando que toda la música pop es mentira ya que todo pasa por numerosos filtros para, a continuación, preguntarse por qué las mariposas Argynnis Paphia predijeron que todo esto pasaría y, además, qué tiene que ver todo esto con Instagram. Así, en el transcurso de la grabación irá desvelando el sentido de la conexión entre estos tres elementos que usa para concluir que no tiene lógica ir en contra de los tiempos ni la utilización de la tecnología si eso nos ayuda, finalmente, a transmitir lo que queremos expresar.

Pero todas estas estructuras tienen un punto de arranque que resulta fundamental: es nuestra presentación lo que va a predisponer a nuestra audiencia a permanecer interesada al desarrollo que le presentamos y es lo que origina una serie de expectativas que ayudarán a mantener la atención a la espera de que sean cumplidas.

  • Una de las introducciones más efectivas es la de abrir presentando un índice de contenidos al principio: eso proporcionará a los oyentes un esquema con el que secuenciar el progreso de la exposición. De esta manera, se traza un itinerario de conocimiento en la mente del auditorio (Montolío, 2020b). Esto, por ejemplo, lo podemos ver en el vídeo de Ter ¿Por qué no se cayó Notre-Dame? Arquitecta lo EXPLICA (2019) en el que comienza el vídeo enumerando una serie de preguntas que irá respondiendo en el transcurso de su exposición.
  • Otra de las introducciones estrella usada como reclamo en el título de muchos vídeos es la de comenzar con una pregunta o una premisa provocadora, inesperada, para generar la necesidad de que en algún momento conozcamos la razón de su uso. La pregunta ¿Por qué los Dioses odian a Einstein? (2019) en el canal de QuantumFracture sirve para explicar uno de los planteamientos del científico alemán sobre su Teoría de la Relatividad. En De Mozart a Ariana Grande: Acordes que me FLIPAN (2019a), Jaime Altozano recurre a unir a dos personas con trayectorias musicales muy divergentes (casi improbables) en cronología y estilo, para demostrar que, a pesar de ello, en sus composiciones utilizan las mismas secuencias de acordes que han sido recurrentes en innumerables ocasiones de la historia.
  • También es muy efectivo comenzar la clase con una pregunta abierta; eso permite ir generando una reserva mental a las diferentes posibilidades de respuesta. Se trata de potenciar el uso de la lógica en el que en primer lugar se plantea un problema al que hay que aportar una explicación o una solución. Ejemplos de ello los tenemos en ¿Qué pasaría si fuéramos libres? (2019) en CdeCiencia o ¿Por qué cada lado del cerebro controla al opuesto del cuerpo? (2017) en el canal de Antroporama.

Una vez realizada la presentación, existen diversos elementos que nos pueden aportar mucha agilidad. A nivel técnico, en las posibilidades de edición que ofrece un vídeo, se pueden utilizar herramientas que no pueden aplicarse fuera de cámara, así que aquí rescatamos aquellas que podemos emplear y que requieren una habilidad bastante básica tanto en el manejo de los recursos digitales como de oratoria.

Lo primero y más fundamental es conocer a la audiencia y adaptarse a ella. Si nuestros oyentes son mayoritariamente jóvenes, tenemos que entender que estos estarán acostumbrados a una serie de códigos comunicativos determinados, muchas veces derivados de su mayor convivencia con los medios digitales. Pero tampoco se les puede tratar como un grupo homogéneo, sino que, como es evidente, también habría que diferenciar, por ejemplo, a los recién ingresados en la universidad frente a los veteranos, ya acostumbrados a una inercia pedagógica. Sobra señalar que esto no implica que haya que dejar de lado el empleo de una jerga académica, ni tampoco que el hecho de usar un lenguaje más informal sea la receta para captar la atención. Entonces, más allá de la estructura del discurso, hay varios elementos a tener en cuenta que influyen en el cómo lo expresamos. Estos elementos nos deben servir utilizándolos de manera estratégica: para enfatizar, divertir, romper un tono monótono, dar seriedad, ironizar… Por lo tanto, la clave reside en cuándo es más oportuno saber utilizarlos.

– La modulación de voz: el mantenimiento de un tono de voz demasiado estable durante mucho tiempo favorece la dispersión mental ya que, transcurridos unos minutos, no hay nada que nos anime a permanecer atentos porque no podemos reconocer la diferencia entre lo que es importante recordar y lo que no. También nos sirve para introducirnos en ese escenario mental que pretendemos transmitir mediante el storytelling y un buen ejemplo de esto lo recoge Montolío (2020b) al analizar el vídeo de La sorprendente arquitectura de las gasolineras en el canal de Ter: durante su disertación, la youtuber realiza una enumeración sobre la problemática del diseño de una gasolinera. Si bien la enumeratio es un recurso que sirve “para organizar de manera eficaz un cúmulo de información, una lista, lo que suele ser muy árido si no se trata de manera inteligente”, para evitar la sensación de saturación de información, Ter encuentra una “magnífica solución oratoria” al acelerar el ritmo de su dicción: no solo rompe con la monotonía de la entonación sino que además, su tono se convierte en un correlato sonoro que ayuda a recrear mejor la imagen mental de todo el movimiento circulatorio, el bullicio, la prisa de las personas y coches que pasan por una de estas infraestructuras. Como antes hacíamos referencia, ha adaptado la forma al fondo para multiplicar la expresividad.

Aquí, igualmente, no podemos olvidar que es tan importante el sonido como el silencio: hacer pausas para invitar a la reflexión, dar suspense, dar margen a procesar la información …

El tono, como hemos visto en el ejemplo anterior, es el que rompe la linealidad y el que consigue enfatizar los segmentos necesarios del discurso. De la misma manera ocurriría si empleamos comparaciones, ironías, ideas con las que no estamos de acuerdo… todo ello se señala afectando la voz o usando una entonación diferente. Los youtubers en estos casos suelen editar la imagen para dejar aún más explícita su intención (la pasan a blanco y negro para visualmente comunicar que se trata de un inciso, flashback o divagación, deforman su propia imagen para enfatizar una disconformidad o redundancia, alteran el sonido, añaden música …) y, aunque no podamos disponer de esas ventajas en la modalidad presencial, sí que podemos hacer uso de materiales visuales para conseguir los mismos efectos, como veremos más adelante.

– Relacionadas con lo anterior estarían las fórmulas apelativas y diversos marcadores del discurso: con ellas se consigue recuperar la atención del auditorio al dirigirnos directamente a él y organizamos en nuestro discurso la relación que existe entre las ideas que exponemos.

Ya que los vídeos son grabaciones previas, donde una persona hace un monólogo o una presentación de contenidos, no existe una interacción simultánea con la audiencia, sino en diferido. Por tanto, esto es sumamente importante para salvar el espacio-tiempo que existe entre emisor y receptor. Expresiones como “no os vais a creer lo que ocurrió después”, “no sé si os habéis fijado”, “¿sabéis lo que pasó? Yo os lo explico”, etc. son muy recurrentes para recuperar el hilo de pensamiento que se está creando o bien para preceder o para suceder a una explicación compleja.

También es cierto que, tanto aquí como en el apartado anterior, en la utilización del lenguaje con frecuencia se recurre a la coloquialidad. No solo es otra manera de variar de las explicaciones técnicas, sino que esa adaptación comunicativa resulta muy adecuada para conectar con el público mientras se consigue un ambiente de distensión y se fomenta la complicidad. Por tanto, el uso de un lenguaje cercano no está reñido con la efectividad ni la rigurosidad de las explicaciones, sino que sirve para reformular lo mismo de una forma más sencilla o para poner un toque de humor que provoque un estado de ánimo más favorable a la recepción.

– El uso de referencias culturales apropiadas a la audiencia. En estos procesos de acercamiento desde lo abstracto del temario a la realidad inmediata de los estudiantes, resulta verdaderamente eficaz echar mano a comparaciones o paralelismos con ejemplos culturales de sobra conocidos, sobre todo si esos referentes forman parte del imaginario más actual, lo que podríamos encuadrar dentro de la cultura pop e incluso, si seguimos la terminología usada por Lourdes Miquel y Neus Sans (1992, p. 16), se trataría de un acercamiento a lo académico, a la “Cultura con mayúscula” a través de la “cultura con minúscula” o “a secas” (que vendría a equivaler al estándar cultural que nos basta a los nativos para desarrollar situaciones comunicacionales) e incluso hacer uso de la “kultura con k”, que vendría a corresponder con “la capacidad de identificar social o culturalmente a un interlocutor y actuar lingüísticamente adaptándose a ese interlocutor” como puede ser el argot juvenil. Por eso no es infrecuente encontrar ejemplos como el de Jaime Altozano, quien, en su vídeo De Pokémon a Bach. Una historia de VOCES (2017), para explicar cómo funciona el uso del contrapunto en una melodía, recurre a numerosos y conocidos ejemplos que van desde la popular serie de anime a célebres canciones pop hasta enlazar con un referente también conocido, pero al que solemos encasillar en la Cultura con mayúscula: el compositor del Barroco, Johann Sebastian Bach. De hecho, muchos de sus puntos de partida corresponden a análisis de bandas sonoras de películas muy reconocibles o de artistas contemporáneos de gran actualidad: en uno de sus vídeos más vistos hace un pormenorizado examen de las influencias musicales de la cantante y compositora Rosalía (2018c) o, por añadir un ejemplo más, en su análisis del musical Hamilton (2018b), hace un gran trabajo en la demostración del funcionamiento del leitmotiv, recurso que tiene múltiples aplicaciones en otros campos más allá de la música. Se trata entonces de encontrar vías de conexión entre diferentes “esferas” culturales con el objetivo de clarificar al máximo nuestras explicaciones.

Tras plantear una ruta de desarrollo interno y utilizar una serie de recursos básicos para estructurar dicho desarrollo, un tercer bloque esencial lo compondría la importancia de lo visual. Muchos afirman que nos encontramos en una sociedad donde impera la imagen, potenciada exponencialmente desde la irrupción del uso masivo de las redes sociales, por lo que forma una parte considerable (y casi inevitable) de nuestra cotidianidad. La cultura visual ha sido definida por Nicholas Mirzoeff (2003, p. 19) como aquella que “se interesa por los acontecimientos visuales en los que el consumidor busca información, el significado o el placer conectados con la tecnología visual” entendiendo por tecnología visual “cualquier forma de aparato diseñado ya sea para ser observado o para aumentar la visión natural, desde la pintura al óleo hasta la televisión e Internet”. Así que, lejos de suponer una amenaza a la cultura impresa, la visual viene también a complementarla, siempre que exista una alfabetización en este campo para saber interpretar de forma crítica el mundo a través de imágenes.

Es evidente la adaptación que actualmente hacemos a los nuevos formatos visuales que día a día consumimos y que han creado un lenguaje propio a través de ediciones gráficas que se han ido normalizando y extendiendo en un uso común. Por ello, es interesante observar cuáles son los mecanismos que usan los profesionales de la imagen para sacar el máximo partido a sus mensajes.

– Para empezar, romper el estatismo. Una grabación en un espacio interior requiere cierto ingenio para no abusar de un mismo ángulo. Por eso, además de alterar la imagen cambiándola de color, haciendo zoom o deformándola, podemos registrar cambios de planos y de escenarios. Trasladado a fuera de pantalla, la inmovilidad del docente o de los contenidos proyectados ayudan a bajar la guardia al saber que nada nuevo va a irrumpir en el ritmo de la clase. Por ello, un consejo básico es el de moverse por el espacio del aula para que los ojos de los alumnos no solo sigan a la figura del profesor o profesora, sino también su voz.

Captura del vídeo de QuantumFracture Por qué los Dioses Odian a Einstein (2019)
Figura 3. Captura del vídeo de QuantumFracture Por qué los Dioses Odian a Einstein (2019)

– La utilización de imágenes y vídeos. La principal función para traerlos a colación es la idea de ilustrar mejor una explicación o como prueba de confirmación a lo que se está exponiendo; de esa manera, las palabras no solo se registran como sonido, sino también de manera visual, lo que ayuda a la retención de la memoria. Pero hay que saber emplear estos recursos para conseguir diferentes efectos. Por ejemplo: podemos hacer una selección de fotos que vayan pasando al mismo tiempo que hablamos. Esas fotos nos sirven de aderezo, de contexto a nuestra explicación, parecido al modus operandi de un documental cuando se suceden las imágenes acompañadas por la voz del narrador o la narradora en off ‒y, como recordamos, resulta un apoyo indispensable del storytelling para darles a nuestras palabras una dimensión aún más tangible. Es importante que las fotos sean claras, simples, sin texto, para que la atención no se bifurque entre la escucha y la lectura o cualquier otro desvío. En otros casos, la imagen puede ser la protagonista de nuestro discurso, por lo que es preferible, además de que sea de calidad, que destaque en su tamaño para concentrar toda la atención en ella. Si estamos trabajando con vídeos, a no ser que sean especialmente breves (por debajo de unos tres minutos aproximadamente), sería recomendable tener anotado el momento que queremos rescatar de ese vídeo para acceder directamente al punto que nos interesa. En adición a estas consideraciones, también debemos tener en cuenta la forma en las que insertamos nuestras imágenes. Más allá de la sola proyección, podemos sacarles mucho más partido a diferentes softwares como el conocido Power Point, cuya infrautilización le ha acarreado la fama de ser una herramienta demasiado simple y aburrida. Partiendo de la premisa de que introducir mucha información o muchos movimientos también conduce a la pérdida de la atención, con un buen equilibrio en la composición con imagen y texto y un buen uso de las animaciones podemos crear el storyboard (guion de secuencias historiadas en imágenes) de nuestro discurso. Así, podemos tener previstas la introducción de materiales, en qué y por qué debemos fijarnos en ellos, qué momento puede ser propicio hacer preguntas y que intervengan los alumnos, cuándo programar pausas para reconstruir o aclarar lo dicho, cuándo introducir comparaciones… Con todo ello conseguiremos reforzar en la audiencia esa sensación de que, tras un elemento, va a venir otro más y que tienen que estar preparados para conectarlos. Por tanto, como soporte mnemotécnico, siempre es mejor hacer una buena y adecuada selección de medios visuales, apuntando preferiblemente a la simplicidad. Los propios youtubers lo saben: a pesar de ser profesionales de la edición y la imagen, sus recursos explicativos tienden a ser muy básicos porque lo que les interesa es que la imagen no le reste protagonismo a lo que están diciendo. Por eso, cuando muestran una fotografía, normalmente se limitan a girarla o enfocar algún punto de ella haciendo zoom; no necesitan mayores artificios para ser efectivos en la transmisión de su mensaje. Este uso de las imágenes nos lleva al siguiente punto:

– El uso de esquemas e infografías. Siguiendo con la intención explícita de aportar la mayor claridad posible a la exposición, el uso de estos dos recursos se convierte en imprescindible. Por un lado, tenemos la esquematización de las imágenes para reducirlas a lo que verdaderamente interesa explicar. Si bien QuantumFracture es un canal que destaca por sus vídeos elaborados con programas de animación, estas imágenes en movimientos son diseños simplificados, minimalistas, porque su creador trata de llegar al contenido del mensaje de la forma más directa y más pedagógica de la que es capaz. Pero para quien no está familiarizado con estas técnicas, no resulta nada despreciable recurrir a los tradicionales esquemas que solían decorar las pizarras. Se trata de uno de los puntos fuertes de los cultubers: comparten información compleja ya filtrada y trabajada por ellos y se aseguran de que esos contenidos pueden ser entendidos por cualquier tipo de audiencia, independientemente del nivel de partida de tengan. De ahí que conceptos muy específicos de arquitectura, como puede ser la distribución de fuerzas en un arco, Ter (2019) consiga explicarlos y consiga, además, crear un interés en cualquier persona porque no solo puede entenderlo, sino que puede incluso aplicar ese conocimiento en otras áreas, sean del ámbito académico o cotidianas. Lo mismo ocurre en el terreno de la música: Altozano llega a identificar las escalas modales con emojis para describir las emociones que se asocian con ellas (2019b). De hecho, si prestamos atención a la composición que se desarrolla en pantalla, se trata de una infografía en movimiento, donde sonido, imagen y texto se coordinan y complementan para expresar el mensaje completo. Por eso es importante tener en cuenta la forma de condensar la información para que, de un golpe de vista, sea posible tener al alcance toda la información concentrada.

Captura del vídeo de Ter ¿Por qué no se cayó Notre-Dame. Arquitecta lo EXPLICA (2019).png
Figura 4. Captura del vídeo de Ter ¿Por qué no se cayó Notre-Dame? Arquitecta lo EXPLICA (2019).
Figura 5. Captura del vídeo de Altozano ¿Qué emociones producen las 7 escalas modales? | Jaime Altozano (2019b).

Por último, aunque este punto es una parte obligatoria dentro del funcionamiento de cualquier asignatura en la Universidad, muchos de estos creadores, cuando han hablado sobre una información llamativa o quieren poner a disposición del público las fuentes en las que se han basado para trabajar sus vídeos, aportan una bibliografía en la caja de descripción. Es la forma para que no solo pueda profundizar en el tema quien lo estime oportuno, sino también aporta validez a la información que se ha ido desgranando durante el vídeo. Así que, si trasladáramos esto al entorno de una clase, sería más pertinente aportar la bibliografía necesaria relacionada con lo que se ha visto en el día mejor que un listado proporcionado muy al principio del curso o muy al final, que puede llegar a provocar una percepción de información descontextualizada del orden del temario.

5. Conclusión

No existe una receta infalible para despertar o mantener el interés de un auditorio, ya que pueden influir factores exógenos al docente que le impidan alcanzar ese propósito. Sin embargo, no es tarea imposible. A pesar de que estamos inmersos en una época de auténtica aceleración y saturación de la información, en la que en gran medida han contribuido las redes sociales, en estas mismas plataformas se ha abierto paso una nueva forma de crear y transmitir cultura, no solo como sustento pedagógico, sino como una propia elevación del conocimiento. Volviendo a citar a la catedrática en comunicación Montoliu (2020a), “estos youtubers tienen excelencia en sus campos de conocimientos y saben transmitir con pasión, con un discurso verbal impecable, exigente”, con lo que más allá de simplemente compartir su saber, su entrega y su “traducción” comunicacional, convierten a sus vídeos en un verdadero entretenimiento. Consiguen que algo que podría sernos indiferente e incluso evocarnos rechazo o aburrimiento, nos lo redescubren como si fuera un tesoro oculto que, aun teniéndolo arraigado en nuestra cotidianidad (las progresiones de una canción que suena cada día en la radio, el secreto para que los edificios no se caigan, verdades y mentiras sobre el cambio climático, el trasfondo filosófico de una serie, …), reparemos finalmente en ello, lo entendamos y sintamos ese conocimiento como útil.

Y ahí puede residir uno de los grandes problemas: la sensación de desconexión entre diferentes partes de la realidad, entre diferentes enfoques, entre la teoría y la práctica. La brecha de esta desconexión se hace aún más grande dentro del ámbito académico; la mayoría de los estudiantes perciben que el conocimiento que están recibiendo solo les sirve para aprobar el examen, no para una aplicación en los retos de la realidad social o en su día a día.

A lo largo de este trabajo hemos ido extrayendo diferentes recursos comunicativos que tienen como piedra angular conocer a la audiencia para usar las mejores herramientas que nos sirvan para sintonizar con ella. Más allá del apoyo visual para complementar las explicaciones, la aplicación de la técnica del storytelling con sus numerosas variantes (gradación lineal hacia el clímax o información más relevante, estructura invertida para enfatizar la reconstrucción del proceso), fórmulas apelativas con preguntas rompedoras e inesperadas, organización en bloques informativos y recursos expresivos como la entonación, la coloquialidad selectiva o referencias a la cultura popular, enriquecen el ritmo de los contenidos a la vez que rompen la monotonía y se genera un contexto de transmisión que facilita la receptividad, ya que la audiencia más joven se encuentra familiarizada con esta manera de comunicar. Todo ello requiere de una organización previa que implica adaptar y traducir los contenidos para equilibrar el ritmo de aprendizaje sin perder de vista que la emoción que podamos imprimir como docentes en nuestro discurso será determinante para estimular la atención y el interés del alumnado.

Entonces, el mayor éxito que está teniendo esta generación de youtubers es precisamente encontrar el vaso comunicante entre el tema que se quiere exponer con el universo cognoscitivo de la audiencia. Así que no solo se adaptan a su forma de expresarse, sino que conectan con sus referentes culturales, demostrando que toda producción humana tiene un trasfondo, que está imbricada con las ciencias y las artes y que el estudio es el camino para desvelar muchas de las aristas de nuestra realidad.

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Notas

1Concepto metafórico acuñado por Bauman para referirse, en los tiempos actuales marcados por la celeridad y los continuos cambios, al desvanecimiento de realidades sólidas que otrora habían sido concebidas para perdurar, tales como los componentes identitarios de individuos o sociedades (individualismo, emancipación, trabajo y comunidad, tiempo y espacio, …) sobre los que se cimenta la condición humana.
2Este modelo de referencia es cuestionable porque los datos que suelen aportarse con frecuencia no se han comprobado de forma directa, sino que han sido reproducidos desde otras fuentes anteriores. Además, muchas veces no se ha tenido en cuenta el contexto al medir la línea de evolución de la atención: si se debe a la dificultad de las explicaciones, la destreza del profesor/a, el momento del día, la cantidad de clases previas y, sobre todo, la forma de medición en el alumnado (Ripoll, 2018,).
3En la célebre pirámide de Maslow que representa la jerarquía de necesidades, el interés se situaría en la cúspide, porción interpretada como el conjunto de necesidades que responden a la auto-realización personal y que llevan a la persona a emplear su propio potencial y a desarrollarse continuamente como ser humano.
4Desde su creación en 2005, es el mayor buscador de planeta solo por detrás de Google. Tiene más de 1900 millones de usuarios registrados cada mes y en el ámbito de habla hispana es la red social más usada. La media de visualización solo por móvil es de unos 40 minutos diarios en una franja de edad entre 18 y 34 años, es decir; el tiempo de consumo de esta plataforma se acerca al tiempo de duración de una clase.
5Existe la versión de pago, mediante suscripción, de Youtube Premium desde la que se ofrecen ciertas ventajas como la supresión de la publicidad comercial, descargas y contenidos exclusivos.
6Uno de los más populares, David Calle y su canal Unicoos, ha conseguido ubicarse entre los 10 finalistas del Global Teacher Prize 2017, “el premio con el que la comunidad educativa selecciona al mejor profesor de todo el mundo entre más de 20.000 nominados que provienen de 197 países; algo así como el premio Nobel de la docencia” (Serantes, 2017).

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