La caravana migrante o la ruptura en la vida cotidiana

La migración en Latinoamérica es una característica histórica y hasta identitaria; el problema que ‘representa’ la caravana migrante se da no en términos estadísticos, sino en términos de percepción.

La caravana migrante o la ruptura en la vida cotidiana
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La caravana migrante

La caravana migrante proveniente de Centroamérica hacia Estados Unidos, se ha convertido en una variable que evoca en los mexicanos la xenofobia y clasismo que está caracterizando a la sociedad global. Desde Europa hasta América Latina, la discriminación no sólo se (re)produce en un sector económico específico (por ejemplo, desde los sectores con mejores índices socioeconómico), sino que se da en una serie de contextos que atraviesan al sujeto y lo somete a una reacción en contra de una externalidad que modifica de manera temporal o permanente su mundo de la vida.

Lo anterior toma fuerza con los discursos conservadores y extremistas (de derecha) que proclaman el peligro que representan esos sujetos ‘externos’, los cuales no comparten nada más que la lucha por sobrevivir en un mundo caóticamente plural, socialmente fragmentado y económicamente desigual.

La caravana migrante
Fuente: https://www.forbes.com.mx/la-caravana-migrante-se-encuentra-enferma/

La migración en Latinoamérica es una característica histórica y hasta identitaria; el problema que ‘representa’ la caravana migrante se da no en términos estadísticos, sino en términos de percepción; la búsqueda de una mejor situación socioeconómica ha impulsado a sectores de la población a movilizarse de manera nacional y en algunos casos internacional; ya sea como parte de la expulsión de mano de obra excedente del campo a la ciudad (como ya bien lo explica Marx en el capítulo XXIV del tomo I de El Capital titulado ‘La llamada acumulación originaria’) o como parte del proyecto migratorio en tanto es un proceso social que realiza el individuo en relación a su propio desarrollo integral, este proceso que implica la movilización ha crecido de manera relevante desde finales del siglo XX y principios del XXI, al mismo tiempo que las medidas de prevención ante la llegada ilegal de personas a otros países se han endurecido, convirtiéndose en una declaración de guerra más sutil que las vistas en los conflictos bélicos del siglo pasado.

El tema de la percepción radica en que la gente ha migrado hacia Estados Unidos de manera constante, sin embargo, dentro de la cotidianeidad de las personas, nunca representaron algo visible. Uno, dos, tres, diez, y hasta 20 migrantes podrían haber pasado por un poblado sin tener mayor problema; eran parte de lo ‘normalmente’ aceptado.

No obstante, el mirar a más de cinco mil personas en un solo día representa esa ruptura en la cotidianeidad; aunque ese número de personas sea el mismo que el pase por esa zona a lo largo del año… el tema por tanto, no es que vayan, sino que son muchos los que van. Aunado a esto, los medios de comunicación han amplificado la dimensión; mucha gente habla de los migrantes y los estigmatiza, pero tal vez nunca lo vea; esa realidad construida de los medios de comunicación muestra su doble filo.

Ahora bien, la discriminación ejercida por mexicanos a través de redes sociales y en vías (y medios de transporte) públicas hacen que la gente entre en el dilema de la doble moral; ya que no tendrían problema contra esa gente si ellos estuvieran en una condición socioeconómica diferente, si no fueran parte del éxodo de la población que huye de la parte oscura del capitalismo; que representan en gran medida la falla de sistema; esa gente que no pudo ser absorbida por el capitalismo para integrarse de mejor manera en él… porque aunque no se crea, ellos también están integrados al sistema, pero no de la mejor manera, que es diferente.

Así, la discriminación y xenofobia que se aplica no tiene una base nacionalista, sino una esencia capitalista y por ende, esencialmente económica, lo cual sólo se puede reducir a través de la empatía y humildad.

En México, la migración ilegal hacia los Estados Unidos tiene una tradición que proviene al menos desde la segunda década del siglo XX; ante el término de las Guerras Mundiales, los programas de Braceros y Jornaleros Agrícolas que México tenía con Estados Unidos y Canadá respectivamente, se vieron en un proceso de reducción de mano de obra. Esto resultó en el incremento de la migración a través de la vía no legal hacia los países desarrollados.

Esos programas sirvieron por un lado, en satisfacer la mano de obra que requerían dichos países por cuestiones de población (Canadá) o como resultado de la redirección de su fuerza de trabajo para asuntos bélicos (Estados Unidos), y por otro lado, dichos programas fueron una válvula de escape ante la creciente mano de obra y la incapacidad de los gobiernos mexicanos y la industria privada en generar fuentes de empleo.

Así como esa tradición, también es larga la tradición xenófoba que emplea Estados Unidos contra los mexicanos que día a día intentan cumplir el sueño americano que se ha hecho presente desde hace mucho y que aún actualmente tiene una vigencia en términos de narrativa, ya que en la realidad ese país ha modificado no sólo su estilo de vida, sino los abastecimientos que requiere.

Finalmente, es importante recalcar la situación: no es la movilización la que debería ofender y ser criticada, sino las causas que la origina, es decir, un sistema que aprovecha la abundancia pero que rechaza su distribución; un estilo de vida que premia la compra, pero sucumbe ante el donativo; un capitalismo que expulsa pero retiene al mismo tiempo