Importancia de una filosofía docente para el aprender/aprehender

¿Qué se quiere para el ser humano? ¿Educarlo para qué?

Fuente: http://miradasocialbierzo.blogspot.com

¿Qué se quiere para el ser humano?

¿Educarlo para qué?

Esas dos preguntas-provocaciones son planteadas por el pensador Dante Galeffi (2017) en el libro “Didática Filosófica Mínima”. Las que además de tener el sentido cuestionador propio de una interrogación, les es posible otorgar un sentido de pausa o freno, para ejercer, lo que el mismo autor denomina como el “pensar propio y apropiado” sobre la Educación.

Siendo así, si pensamos que la finalidad principal del proceso educativo es que un Homo Sapiens consiga aprender sobre alguna cosa, podemos afirmar que aprender sería el motor de la educación. Siguiendo la línea de pensamiento, ¿será posible determinar si la educación se debería preocupar sobre el aprender más que por el “algo” que se debe aprender?, o ¿el “algo”, con sentido de finalidad, sería más importante que el aprender?. Y, para sumar ingredientes a la duda, hay que considerar que el aprender es una de las capacidades inherentes de ser humano y del ser/humano. Por tanto, se puede afirmar que independiente de pasar o no por un proceso educativo, el Homo Sapiens aprende. Entonces, volvemos a la pregunta de Galeffi, al Sapiens hay que “¿educarlo para qué?.

Intentando usar un salvavidas, solo para no ahogarnos y escapar momentáneamente a los cuestionamientos de Galeffi, podemos traer al dialogo el “Informe a la UNESCO de la Comisión sobre la Educación para el siglo XXI” que en el año 1996 (hace más de 20 años) afirmaba que eran 4 (conocer, hacer, convivir y ser) los pilares de la Educación para el presente siglo, siendo esos pilares precedidos por el aprender. Y más reciente, el historiador Harari (2018), en su libro “21 Lições para o Século 21”, nos advierte que, para poder acompañar el mundo futuro, vamos a necesitar reinventarnos varias y varias veces, por tanto, el enfoque de la educación debería estar en favorecer el denominado “aprendizaje a lo largo de la vida”. Lo anterior indica una tenue respuesta a la interrogante planteada, que nos permite afirmar, que en la actualidad es necesario educarnos para el aprender, por tanto, en la filosofía del docente debería estar eso plasmado. ¿Pero que es una Filosofía Docente? y ¿que significaría una Filosofía Docente para el aprender?.

Una estrategia para poder responder lo que se consulta, en este caso Filosofía Docente, puede ser, como punto inicial, el comprender lo que significan las palabras que forman el concepto de la interrogación, quiere decir Filosofía Docente. Es así que, según la etimología, la palabra filosofía viene del griego y puede significar “amor por el saber o conocimiento” y, por otro lado, docente tiene su raíz en el verbo latino docere que significa “enseñar”. Entonces, hablar de Filosofía Docente, ya nos entrega una “obligación” a cumplir, que podría ser expresada como el “enseñar (docente) sobre un conocimiento que se ama (filosofía)” o, dicho de otra forma, también sería el “amar el conocimiento (filosofía) que se enseña (docente)”.

Considerando lo anterior, los docentes deberían cuestionarse inicialmente, si efectivamente tienen una filosofía docente o, dicho de otra forma, enseñan sobre un conocimiento que aman o aman el conocimiento que enseñan. Después de esa declaración inicial, se pueden delinear ciertos principios que rijan la práctica docente, que serán construidos a nivel experiencial, al vivenciar la etapa de estudiante y de docente, junto con el nivel de formación formal, por programas de estudios cursados, en curso y por cursar. En ese sentido, a priori y pensando con una convicción freireana, se puede señalar que para aprender hay que enseñar y para enseñar hay que aprender, lo que se puede esclarecer en la voz de Paulo Freire, “nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo, los hombres se educan entre sí, mediados por el mundo”.

Por tanto, una pre-ocupación docente y de los estudiantes, debería ser que aprendan (docentes-estudiantes) a aprender como prioridad, siendo el contenido la “excusa” a aprender, siendo necesario desenvolver un ambiente en que sea posible desarrollar y a su vez expresar el “pensar proprio y apropiado”. Lo anterior significa generar instancias en que el estudiante pueda, de forma consciente, construir su propio conocimiento y de una forma en que se pueda apropiar de él.

Lo planteado se puede ejemplificar con una didáctica, en que los estudiantes, de forma colaborativa, estudien en grupos las temáticas, para posteriormente, crear mapas conceptuales, como forma de representación del conocimiento construido, que a su vez sean presentados, compartidos y utilizados como estrategia para explicar dicha temática al resto de compañeros, en que la labor del docente sea la de ir guiando las presentaciones-debates con los estudiantes, y en caso necesario, acrecentar información faltante o comentar posibles imprecisiones que se puedan presentar.

En síntesis, para poder responder y enfrentar las dos preguntas iniciales sobre nosotros – Homo Sapiens y educación, es primordial realizar docencia (enseñar) sobre algún tema o área en la que el docente sienta amor y a su vez, generar instancias en que los estudiantes puedan aprender, pero que ese aprender sea en el sentido de aprehender (capturar o atrapar), o hacer propio el conocimiento sobre la temática estudiada.

Referencias

GALEFFI, Dante. Didática filosófica mínima. 1 ed. Salvador: Quarteto Editorial, 2017.

HARARI, Yuval. 21 Lições para o Século 21. 1 ed. São Paulo: Companhia das Letras, 2018.

UNESCO (1996). Informe a la UNESCO de la Comisión sobre la Educación para el siglo XXI. Disponible en: http://www.unesco.org/education/pdf/DELORS_S.PDF

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Doctorando en Difusión del Conocimiento, Universidad Federal de Bahia, Brasil.

Maestro en Ciencia Animal, Universidad Federal de Bahia, Brasil.

Médico Veterinario, Universidad Católica de Temuco, Chile.

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