Hacer silencio y escuchar

Mucho tiene que responder el estado chileno por las violencias coloniales ejercidas contra el pueblo mapuche desde hace un siglo y medio, cuando entra militarmente a Wallmapu, pero también debe reconocer que los procesos de violencias coloniales se mantienen hasta la actualidad.

Camilo Catrillanca
Camilo Catrillanca

DescargarPor Ange Valderrama Cayuman
Periodista del Kolectivo mapuche feminista rangiñtulewfü
angevalderramacayuman@gmail.com

Desde territorio Cancura, Wallmapu

 

“Porque no debemos decir pueblo decimos pueblo”
Maribel Mora Curriao

 

Chile se convulsiona nuevamente, porque hace pocos días fue asesinado un joven mapuche. Tenía 24 años. Murió por una bala que recibió en la nuca en medio de un encuentro con Carabineros. Dejó viuda a su pareja, y huérfanos a su hija de cuatro años y a otro hijo que viene en camino. Quedó a medias la construcción de su vivienda en territorios que habían sido recuperados. La muerte de Camilo Catrillanca en el sector de Temucuicui, en la comuna de Ercilla, centro del territorio histórico mapuche o Wallmapu (que se extiende hacia el sur de los actuales estados de Chile y Argentina), vuelve a interpelar a la sociedad chilena sobre la violencia que el estado ejerce sobre los pueblos que habitan el territorio.

También en estos días se cumple un año del asesinato de otro joven mapuche, Rafael Nahuel, quien fue asesinado en el lado argentino de Wallmapu, también por agentes del estado de ese país. La lista de asesinados, de mártires, se alarga. La respuesta de los poderes del estado no se hizo esperar, el Ministro del Interior rápidamente hizo eco de las informaciones que la policía entregaba: Catrillanca habría estado implicado en un asalto y tenía antecedentes penales. A las pocas horas, tuvieron que desmentir estas informaciones que la prensa oficial daba por ciertas, pues Camilo no tenía antecedentes de ningún tipo y solo manejaba un tractor, acompañado por un adolescente, entre los rurales caminos de su comunidad.

Cabe señalar que antes de que las autoridades admitieran que sus informaciones eran falsas, la familia de Catrillanca ya señalaba la verdad de lo ocurrido: Camilo era un nuevo weichafe (guerrero), muerto en manos de la policía chilena.

Una vez ocurridos los hechos en los que fue asesinado, las vocerías mapuche manifestaron su desconfianza, dando cuenta de una larga historia de mentiras y montajes asociada a muertes mapuche en similares características durante la posdictadura. Recordemos a Alex Lemún, quien en 2002 fue asesinado por un carabinero en el contexto de una recuperación territorial (el policía esgrimió como argumento a su favor la legítima defensa, lo que posteriormente fue desestimado por la justicia); a Matías Catrileo, asesinado (en otra recuperación territorial) en 2008 sin que mediaran los enfrentamientos y fuegos cruzados que se informaron en un principio; y a Jaime Mendoza Collío, quien en 2009 fuera muerto por disparo en la espalda y no en las circunstancias de legítima defensa que argumentó inicialmente la policía.

Resulta paradójico que, después de que se hiciera público que el joven mapuche nada tuvo que ver con enfrentamientos ni delitos, la prensa del poder insistiera en preguntar a la familia y a los diferentes voceros sobre el uso de la violencia por parte del pueblo mapuche para resolver sus “demandas”. Como si la violencia fuese algo que se ejerciera del lado de los pueblos. Se insistía así en la idea de que existe un “conflicto mapuche”, lo que daría pie para militarizar la Araucanía (que no Wallmapu) e instalar entre comunidades del GOPE, grupo de operaciones especiales de carabineros, a otro subgrupo de efectivos capacitados para enfrentar guerrillas en Colombia, el llamado Comando Jungla.

Mucho tiene que responder el estado chileno por las violencias coloniales ejercidas contra el pueblo mapuche desde hace un siglo y medio, cuando entra militarmente a Wallmapu, pero también debe reconocer que los procesos de violencias coloniales se mantienen hasta la actualidad.

Un ejemplo de cómo funcionan los brazos del colonialismo pudo verse hoy, cuando se votaba en el Congreso la apertura de una comisión investigadora sobre el actuar de carabineros y sobre las responsabilidades políticas de ese actuar en el marco del asesinato de Camilo Catrillanca. La comisión no se abrirá finalmente, pues no hubo quórum para votar la iniciativa. Si bien existe la posibilidad de una nueva votación, no podemos dejar de señalar que muchos parlamentarios de la “izquierda” chilena fueron quienes no asistieron a la sesión del congreso.

¿Es acaso la derecha quien debe responder solamente por el trato a los pueblos originarios? Debe hacerlo, claro, pues perpetúa la militarización e insiste en colocar la discusión sobre el pueblo mapuche desde el ángulo económico,  neoliberal, categorizando a los pueblos originarios como “pobres”, faltos de desarrollo, y proponiendo en consecuencia políticas multiculturales que, por un lado, reconocen folklóricamente aspectos culturales del pueblo mapuche y, por otro, profundizan la violencia extractivista sobre un territorio que fuera rico en bienes comunes y que ha sido despojado por la colonización. Pero más allá del gobierno y de la ideología política de turno, es el estado quien debe reconocer el racismo estructural, propio del colonialismo, que impera en nuestra sociedad y fuertemente en Wallmapu, bajo los intereses elitarios del gran capital.

Voces para un diálogo posible

Luego del asesinato de Camilo Catrillanca, su abuelo, Juan Catrillanca, lonko (autoridad tradicional mapuche) de la Comunidad de Temucuicui, habló a la prensa y recordó la historia reciente de las organizaciones mapuche: los Centros Culturales Mapuche, la organización Ad Mapu, el Consejo de Todas las Tierras, la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM) y la Alianza Territorial Mapuche, todas ellas con largo recorrido, desde hace décadas buscando un tipo de diálogo con los gobiernos de turno. El lonko destacó que la principal demanda siempre ha sido, por sobre las diferencias, la devolución del territorio.

Esos mismos días, en una conversación en la televisión, el historiador mapuche Claudio Alvarado Lincopi, historizando el proceso del movimiento mapuche, afirmó: “La democracia, quien la está pensando hoy día en Chile, es el pueblo mapuche. Está repensando la forma de la democracia. Esta democracia únicamente de voto, ¿quién la está complejizando, pensando, reflexionando, ampliando y mirando al futuro también? Es justamente el movimiento mapuche. Yo creo que el movimiento mapuche es un movimiento muy democratizador y no se ha observado esto”.

Hace pocas noches, en una discusión en un programa político de la televisión abierta, la doctora en lingüística y académica mapuche Elisa Loncon generó un silencio entre los presentes al denunciar y exigir que se dejara de decir que en La Araucanía había terrorismo, y afirmó que el pueblo y el movimiento mapuche no tienen un ejército ni llevan adelante prácticas concertadas para infligir miedo en la población.

Tal silencio es de vital importancia para la sociedad chilena y sus gobernantes. Hoy le hablamos a aquellos que miran el conflicto desde un lugar de comodidad y lejanía, también a quienes se posicionan desde un lugar de apoyo y buenas intenciones, a quienes son parte de un orden colonial donde un estado y su sociedad niegan la existencia de otros pueblos, de las comunidades negras, de los y las migrantes, de las clases que sostienen la riqueza de pocos. A todos ellos, les proponemos hacer silencio y escuchar. En base a años de resistencia y lucha política, ofrecemos diálogo político y la claridad de una demanda por devolución de territorios, por autonomía y autodeterminación. Como señala la werken Ingrid Conejeros: “Estamos en una irreversible lucha, porque es por vivir, no es por otra cosa”. Fey müten.

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