Habitando un mestizaje disidente: lo ch’ixi/champurria/chola como lugares posibles

Pensarnos desde un mestizaje disidente es asumir su carácter descolonizador, que parte con el reconocimiento del gesto colonial pero al mismo tiempo la posibilidad de recuperar/recrear memorias de resistencia.

mestizaje disidente
mestizaje disidente

Habitamos en y desde diversas identidades que nos cruzan y configuran, marcando trazos que van hilando una forma de ser sujeto, persona y también comunidad.

Quizás valga la pena traer a nuestra mesa, a modo de recordatorio, que las identidades son construcciones sociales, culturales e históricas, pero sobre todo lugares posibles desde donde situarse en el mundo, y eso sin duda no nos prescinde de una serie de conflictos.

Me reivindico mestiza, pero desde su disidencia, y no como mecanismo que han tenido los Estados naciones en nuestro continente para homogeneizar desde la invención de una identidad criolla, que anula e invisibiliza la pluralidad de identidades en coexistencia, y muchas veces en confrontación.

Quisiera pensar más bien la identidad como un tejido en que se articulan varios hilos dando cuerpo y forma. En este marco un mestizaje disidente sería lo más cercano a un telar en caos, pero ese mismo desorden crearía un propio y nuevo textil. Del mismo modo quisiera pensar la identidad como la posibilidad de un tejido propio, con límites fijados por la dinámica del tejido, y que en un momento u otro también se puede deshilachar.

Asumir el lugar donde habitamos, sus tensiones, contradicciones, fricciones y brechas, nos permite ver lo identitario más allá de sus marcos restrictivos, habitando tanto el lugar de la conquista/colonización/colonialidad como el de la resistencia.

La colonialidad situó al mestizaje, en sus inicios, como el lugar (o más bien “no lugar”, al estilo de lo planteado por el antropólogo francés Marc Augé) del horror, de lo no debido, lo que jamás tuvo que acontecer, la unión en un cuerpo de lo salvaje y lo civilizado, lo animal y lo humano. Para los pueblos que habitaban estos territorios el cuerpo de la traición, fiel reflejo de la violencia estructural amparada en la cruz y la espada. Luego se convirtió para los estados coloniales y modernos en la posibilidad del “blanqueamiento”, del ocultamiento de todo rastro que rememorara ancestralidad, en política pública, pero también se transformó en un lugar posible desde donde habitar.

No podemos eludir que el acto constitutivo del mestizaje es el despojo y la usurpación, y en eso compartimos un mismo devenir con otros pueblos. Por una parte configura subordinación, como la figura de la “china” en el campo, la sirviente deseada, ultrajada, violentada, también la traición, como la malinche, y la estandarización, desde el ideario nacionalista del mestizo criollo. Y no es casualidad que el lugar de la mujer mestiza sea el de la dominación, la violencia y traición.

Pensarnos desde un mestizaje disidente es asumir su carácter descolonizador, que parte con el reconocimiento del gesto colonial pero al mismo tiempo la posibilidad de recuperar/recrear memorias de resistencia. Es habitar lo liminal, lo (trans)fronterizo, vivenciar varios lugares de manera simultánea (o no).

Silvia Rivera Cusicanqui (2010, 2018), con su noción de ch´ixi, nos abre una nueva posibilidad de pensar(nos) desde un mestizaje que problematiza y se tensiona, emergiendo entidades indeterminadas pero que a su vez esa misma cualidad las constituyen. Es pensar(nos) desde la polifonía, en que diversos tonos conforman una tonalidad. Lo mismo acontece con lo champurria, un lugar posible desde la mezcla, la yuxtaposición, la coexistencia, la contradicción, término utilizado muchas veces como forma despectiva para hablar de la unión de elementos disímiles pero también desde donde asumir una práctica, una vivencia determinada por la confluencia (y no) de eso distinto, lo mapuche champurria, lo champurria “chilensis”, lo champurreado.

En una ciudad como Santiago de Chile asumirse mestiza champurria, ch´ixi o chola es ocupar rápidamente una posición al margen de la norma, del deber ser, es situarse en la indefinición o más bien en la definición situada en lo múltiple, y por ende cuestionando la asignación de roles y atributos a una identidad fija, permanente (y por lo tanto inamovible). Pero también implica posicionarse, territorializar, construir comunidad, y en esa construcción (re)encontrarnos con otros pueblos y disidencias.

Bibliografía

Augé, Marc (2000). Los no lugares. Espacios del anonimato. Antropología sobre la modernidad. Barcelona: Gedisa editorial.

Rivera Cusicanqui, Silvia (2018). Un mundo ch´ixi es posible. Ensayos desde un presente en crisis. Buenos Aires: Tinta Limón Editores.

Rivera Cusicanqui, Silvia (2010). Ch´ixinakax utxiwa.  Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. Buenos Aires: Tinta Limón Editores.

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Doctora en Estudios Americanos.

Antropóloga con Magíster en Psicología Social.

Investigadora del Programa de Psicología Social de la Memoria, Universidad de Chile.

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