Filosofando el ser humano habita la tierra

No se puede vivir sin filosofía. Todo intento de eliminarla es en el fondo un intento de eliminar al ser humano.

la importancia de la filosofía
la importancia de la filosofía

En tiempos de “salvo el dinero todo es ilusión”, las humanidades están siendo vistas como inútiles, e incluso como un obstáculo para el aumento de la tasa de ganancia a costa de lo que sea. Entre ellas, a la que se le ha declarada la guerra es a la filosofía. Por ejemplo, en el Perú  en 2002 se la eliminó como asignatura de los planes de estudio del nivel secundario. Lo mismo ha ocurrido en otros países iberoamericanos; aunque algunos de ellos, tales como México y España, después de arduas luchas, han logrado restituirla.

Al respecto, en su defensa se ha levantado muchas voces. Unos han enfatizado en la necesidad de su enseñanza para el desarrollo del pensamiento crítico; otros han dicho que su importancia radica en que contribuye a la vida buena, en el sentido que posibilita una vida reflexionada y consciente, o que permite no vivir ingenuamente. No obstante, filósofas como Marina Garcés (2015), han sostenido que a la filosofía nadie la puede defender. Puesto que se ejerce, se  practica.

En efecto, interpretando a Garcés, se podría decir que no se la puede defender, en el sentido de que la filosofía es un modo de ejercer el pensar. No es el único, claro está, sino el modo impertinente de hacerlo, porque repara en aquellos problemas que las otras formas de pensar pasan de largo o los dan por supuesto. Permítanme recurrir a una anécdota para ilustrar lo que queremos decir con esto. Cass. R. Sunstein (2017) cuenta que el novelista David Foster Wallace comenzó un discurso con la siguiente broma:

Dos peces jóvenes están nadando y, de repente, ven a un viejo pez que vienen nadando en sentido contrario, los saluda y los dice, “buen día chicos, ¿Cómo está el agua?”. Los dos peces jóvenes siguen nadando y entonces, al cabo de un momento, uno de ellos echa un vistazo y dice: ¿qué diablos es el agua?

Esta broma nos advierte, por un lado, lo peligroso que puede ser la tiranía de la costumbre, a tal punto de impedir que se tome consciencia de aquello por el cual vivimos; y por otro lado, la necesidad del recurso de la pregunta como aguijón para despertarnos del letargo existencial al que está expuesto el ser humano en su vida cotidiana y profesional.

El político que vive de la política pero no tiene ni la más mínima idea de lo que es la política, pero además, jamás se pregunta por su significado. El abogado que da por supuesto que el derecho se reduce al cumplimiento de la ley. O el ciudadano que habla de democracia con la convicción de que consiste en meter un pedazo de papel en una urna cada cierto tiempo. Al respecto, creer que esto es democracia, dice en broma Manuel Cruz (2018), es como creer que el sexo se reduce a la penetración.

Las consecuencias de dar por supuesto todo lo que se nos dice que es, pueden ser graves para la convivencia humana. Por ejemplo, qué política pude practicar una persona que cree que la política es un negocio; qué justicia puede impartir un abogado, juez, fiscal o qué justicia puede exigir un ciudadano si da por supuesto que el derecho se reduce al cumplimiento de la ley; y qué democracia puede reclamar un ciudadano si da por supuesto que la democracia consiste en introducir un pedazo de papel en un ánfora cada cierto tiempo.

La filosofía nos habilita para dudar, sospechar, intervenir a través de la pregunta, pero también de la respuesta, sobre aquellas cuestiones que para los otros saberes parecen obvios. La filosofía ha sido el modo de pensar impertinente del que se ha dotado el ser humano para encontrar respuestas y avizorar salidas a los nudos problemáticos más acuciantes y radicales de su existencia. Porque solo las preguntas pueden engendrar respuestas capaces de dar sentido a nuestra existencia. “Poéticamente el ser humano habita la tierra”, decía Friedrich Hölderlin. Parafraseando al poeta, podemos decir, filosofando el ser humano habita la tierra. Esto es decir, le asigna significado y sentido a las cosas. Filosofando crea mundo, ensanche su mundo, la hace habitable.

Si recurrimos a la historia del pensamiento, advertiremos, por un lado que, son las preguntas sobre los grandes problemas y la búsqueda de soluciones lo que constituye la historia humana (Marina y Rambud, 2018); y por otro lado, que es la filosofía, entendida como el modo impertinente de pensar, el motor de la historia; es decir, la que posibilita que agrietemos, que ensanchemos el ámbito de lo dado por sabido. Así, por ejemplo, filosofando el ser humano se dio instituciones como el derecho. El derecho, decía Cicerón, nació de lo íntimo de la filosofía; con la finalidad de facilitar la convivencia con los otros. Es un artificio de la astucia del pensamiento humano para solventar conflictos en el que ninguna de las partes quiere ceder.

Ahora bien, frente a quienes sostienen que la filosofía es inútil, les contestamos con Garcés (2014, p. 15): “no es útil ni inútil, es necesaria. Pero si les parece insuficiente, les aclaramos que, en efecto, no es útil para ganar dinero, pero es muy útil para lo que en verdad importa. No garantiza una vida mejor, es cierto. Tampoco garantiza una sociedad moralmente intachable. Lo único que garantiza es pensar, pensar allí donde los otros saberes se resignan a lo establecido, seguir pensado cuando se acaban las respuestas.

¿En necesario pensar filosóficamente? Alguien podría decir que para resolver nuestros problemas es suficiente con el pensamiento económico, jurídico, político, científico y tecnológico. Sin embargo, cabe preguntarnos, ¿y qué hacer cuando en nombre de la economía, del derecho, de la política, de la ciencia y la tecnología se asesina, se invade países, se destruye la tierra? No queda más alternativa que volver a aquello que les dio origen, para corregirlo: al pensamiento. Y esto es, sin duda, una actividad genuinamente filosófica.

En fin, a la filosofía no hay que defenderla, porque no se puede escapar de ella. Siempre volveremos a ella. De modo que la mejor manera de evidenciar su importancia, es ejerciéndola. Como anota Mario Bunge (14/03/2018), quien ha dedica parte de su tiempo vital a esta tarea: “Se puede ignorar la filosofía, pero no se la puede evitar”. No se puede vivir sin filosofía. Todo intento de eliminarla es en el fondo un intento de eliminar al ser humano. La filosofía es el modo que tiene el ser humano de estar en el mundo. Porque filosofando el ser humano habita la tierra.

Referencias bibliográficas

Bunge, Mario (14/03/2018). “Se puede ignorar la filosofía, pero no evitarla”. Disponible en: https://blogs.herdereditorial.com/filco/mario-bunge-no-evitar-filosofia/. Consultado el 20 de enero de 2019.

Cruz, Manuel (2018). Pensar en voz alta. Barcelona: Herder

Garcés, Marina (2015). Filosofía inacabada. Barcelona: Galaxia Gutemberg.

Marina, José y Rambuad, Javier (2018). Biografía de la humanidad. Barcelona: Ariel.

Sunstein, Cass. R. (2017). Paternalismo libertario. Barcelona: Herder.

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Egresado de la maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos (UNMSM-Perú). Abogado. Bachiller en Filosofía.

Director del Centro de Estudios Disenso.

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