Es hora de aceptar que la educación ambiental es un problema político

La Educación Ambiental, aún en sus versiones más instrumentales, interpela esa situación inevitablemente porque su preocupación remite siempre al meollo de la crisis, en su origen, hace las veces de relato de la genealogía de una manera de actuar, un pensamiento, una lógica de habitar el mundo que ha terminado por destruirlo.

educación ambiental es un problema político
educación ambiental es un problema político

Sostengo desde hace tiempo que la educación ambiental se ha convertido en un problema político de primer orden, pero invisibilizado. La educación ambiental o eso que así es llamado, pero que tiene diferentes nombres según quien se refiera a ella y desde donde, es probablemente el componente más requerido en todas las sociedades como instrumento de transformación hacia la sustentabilidad.

Si hay algún ámbito de la vida social que sostenga su ethos en la utopía, ese es indiscutiblemente el educativo. Pero la utopía no es inherentemente ambigua y la sustentabilidad sí ha devenido esencialmente imprecisa, quizás porque precisarla no conviene a los intereses de los poderes capitalistas cuya fuente de reproducción es la perpetuación de un escenario insustentable. La invocación frecuente de la educación ante la emergencia de la crisis ambiental se hizo costumbre y ha sido muletilla de gobiernos de todos los colores para mostrar que están comprometidos con el menú globalizado que aspira conducir la sociedad hacia una “relación más respetuosa o amigable con el ambiente”, lo cual sería un presupuesto de lo sustentable. Pero resulta que detrás de esta aparente mega coincidencia global con la cual países, clases y personas estarían de acuerdo, hay en realidad profundas diferencias y disputas de sentido. La apelación a la educación en abstracto o como aporte cuantitativo para mejorar la sociedad o alcanzar una sociedad ideal es histórica: más educación mejor sociedad reza el oscuro axioma, creando imaginarios que tienen todo tipo de derivaciones. Lo cierto es que el axioma no se cumple, al contrario incluso, la realidad permite afirmar que, de un tiempo a esta parte, la educación es mas parte del problema que de la solución, toda vez que modelo educativo y modelo social son dos caras de la misma moneda y por tanto indiferenciables en buena medida. Así, difícilmente la educación de una sociedad insustentable podría conducir a la sustentabilidad.  Algo muy difícil de procesar para la sociedad y especialmente para las instituciones educativas y el pensamiento pedagógico. Toda una episteme sostiene el modelo productivista-consumista-extractivista-insustentable.

En este contexto y dado que la magnitud de la crisis ambiental ya no admite disimulos, la educación llamada ambiental, que es esa modalidad que presta especial interés a los emergentes de la crisis ambiental en el proceso educativo, ha devenido cada vez más importante a lo largo de los últimos 30 años y han proliferado diferentes concepciones acerca de cómo incluirla en los programas educativos, ya sea el programa mundializado establecido, con escasa voluntad de transformar los fundamentos de ese programa, que son el verdadero problema; ya en las experiencias educativas alternativas que no alcanzan a generar programa. De un lado, el del pensamiento hegemónico, la paradoja radica en que la apelación a ambientalizar la educación para “aprender a cuidar el ambiente” expresión de escasísima connotación crítica sobre la acción humana, ha crecido en la misma medida que la destrucción de este, reduciendo la EA solo a un discurso didáctico tendiente a comunicar el estado de la naturaleza en el marco de la naturalización de una inevitable degradación asociada a un presunto progreso devenido en utopía indefinida. Lo que quizás no sea una paradoja realmente. De otro lado, el del pensamiento que critica al sistema y que ha incorporado la cuestión (¿conciencia?) ambiental, la paradoja radica en la dificultad de extender el cuestionamiento al sistema pedagógico vigente como lo reclama una EA verdaderamente crítica. Así, el fracaso registrado de la EA hasta ahora, radica menos en sus propuestas que en los obstáculos que limitan su potencial influencia en los individuos y en los colectivos, tales las resistencias políticas, ideológicas, disciplinares, epistémicas, que ven en esa avanzada el riesgo de un cuestionamiento generalizado a todas sus lógicas cristalizadas.

Es evidente que la Educación Ambiental introduce un ruido improcesable dentro de las estructuras e instituciones de formación y modelación de subjetividades, especialmente la escuela y especialmente cuando se aborda desde enfoques latinoamericanistas y ecologistas fuertes y con alta connotación política, particularmente desde la ecología política. Componentes inherentes a estos enfoques tales como el ecofeminismo y las epistemologías ancestrales no son tópicos fáciles de procesar y la complejidad que los urde en una sola trama critica que conduce a cuestionar el sistema en su totalidad, impacta en la propia subjetividad de los educadores que no están preparados para sobrellevar la carga y trabajar sus implicancias, lo cual supone remover los cimientos del edificio en cual habitan con relativo confort profesional, aunque algo desentendido de la ética de la vida.

La relevancia que los sistemas educativos institucionales tienen en la reproducción del estado de cosas y los valores del Estado liberal y de las subjetividades modernas capitalistas, como episteme cristalizada y colonializada en el caso de América Latina, es evidente e impermeabiliza las estructuras mentales operando como “la agencia de publicidad que le hace a uno creer que necesita la sociedad tal como está”, como bien decía Ivan Illich:

“La escuela es el rito de iniciación que conduce a una sociedad orientada al consumo progresivo de servicios cada vez más costosos e intangibles, una sociedad que confía en normas de valor de vigencia mundial, en una planificación en gran escala y a largo plazo, en la obsolescencia continua de sus mercancías basada en el ethos estructural de mejoras interminables: la conversión constante de nuevas necesidades en demandas específicas para el consumo de satisfactores nuevos. (Illich, 1977, p. 15)1Illich, I., Gintis, H., Greer, C., Postman, N., Gross, R., Fairfi eld, R. P., et al. (1977). Un mundo sin escuelas (M. A. Pulido, trad.). México: Nueva Imagen.

Tan profunda es esta modelación de la forma de ver, que frente a la reciente y significativa rebelión juvenil por el clima, solo se ve una parte del cuadro. Trasciende informativamente la oposición de jóvenes generaciones a las políticas ambientales, al consumismo y el productivismo, a la relación con la naturaleza y hasta al capitalismo, omitiendo que, si bien la rebelión latía muda desde hace tiempo, nació efectivamente con una huelga estudiantil, es decir se elude ver en ello la profunda desilusión y el descrédito que la educación tiene para esos jóvenes que no ven en ella ninguna utopía clara, nada que auspicie un futuro mejor, sino todo lo contrario. Lo cual no solo compromete a la educación como disciplina en tanto principal instrumento de reproducción social con la revisión de su propio ethos, sino que la pone en el centro de un problema político urgente e inexcusable.

Además del negacionismo climático hay sin duda uno político-pedagógico que elude las responsabilidades éticas que conlleva esquivar la crítica a la epistemología que sustenta la crisis civilizatoria, que se resiste a aceptar que esa crisis no es sino el reflejo de su propio accionar, de la progresiva domesticación de su propósito por parte del pensamiento hegemónico.

La Educación Ambiental, aún en sus versiones más instrumentales, interpela esa situación inevitablemente porque su preocupación remite siempre al meollo de la crisis, en su origen, hace las veces de relato de la genealogía de una manera de actuar, un pensamiento, una lógica de habitar el mundo que ha terminado por destruirlo. Es un relato que abre y despierta siempre preguntas incómodas. Por eso permanece siempre en los márgenes de los procesos educativos instituidos y es tergiversada de muchas formas para eludir dar lugar al profundo debate que implica considerar seriamente sus planteamientos. Las instituciones como tales son incapaces de asumir y dar respuesta a este compromiso, pero las instituciones son en última instancia sus integrantes y es la capacidad de contra agenciamiento de estos la que puede darles otro sentido.

Hace tiempo que la Educación Ambiental se ha convertido en un serio problema político con múltiples derivaciones, dar y mantener abierto este debate es propósito de este espacio.

Notas   [ + ]

1.Illich, I., Gintis, H., Greer, C., Postman, N., Gross, R., Fairfi eld, R. P., et al. (1977). Un mundo sin escuelas (M. A. Pulido, trad.). México: Nueva Imagen.
mm

Educador ambiental.

Especialista en Políticas Publicas ambientales INAP_Mexico. Especialista en Auditoría Ambiental Empresarial - IIE - UICN - Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Málaga. Especialista en gestión ambiental Metroplitana -FADU-UBA. Diplomado en Transformación educativa - Multiversidad Edgar Morín.

Coordino la Catedra Libre Virtual de Educación Ambiental y Ecología Politica, en facebook.

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