Epistemología ambiental y ontología de la vida

Entrevista con Enrique Leff.

Con una formación en Ingeniería Química (UNAM) y un Doctorado en Economía del Desarrollo en la École Pratique des Hautes Études de París, Enrique Leff ha fungido un papel esencial para el desenvolvimiento del pensamiento, epistemología e investigación ambiental. Es investigador nivel III del Sistema Nacional de Investigadores en México que labora, entre otros centros de estudios, como Investigador titular del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Sus diversos trabajos resultan un referente precursor y crucial en campos emergentes de investigación como el ecomarxismo, la ecología política latinoamericana, o la educación y formación ambiental. Estas aportaciones se trazan bajo lentes críticas y radicales hilvanadas, con toda rigurosidad, en diálogos heterodoxos donde confluyen saberes provenientes de campos disciplinarios tan diversos como la filosofía, la economía ecológica, la sociología, la epistemología de la complejidad, la geografía critica, la ontología política, entre otros para la conformación de lo que denomina una racionalidad ambiental o un campo socio-ecológico. Ha sido miembro de diversos órganos académicos, consultivos y ciudadanos en diferentes países, como la Academia Mexicana de Ciencias; el Consejo Asesor de la Unión de Científicos con Compromiso Social (UCCS) de México; la Fundación M’Biguá Ciudadanía y Justicia Ambiental, Fundación Senderos Ambientales y Escuela de Pensamiento Ambiental Latinoamericano Chico Mendes, en Argentina; el Comité Coordinador de la Alianza Latinoamericana para los Estudios Críticos sobre el Desarrollo, CLAES, Uruguay; o la Rede Internacional: Diálogos de Saberes e Práticas Socioambientais, en Brasil. También ha sido miembro de los Consejos Editoriales y/o Científicos de importantes revistas como: Capitalism, Nature, Socialism (USA); Ecología Política (España); Desenvolvimento e Meio Ambiente, Ambiente & Sociedade (Brasil); Ideas Ambientales (Colombia); Ambientales (Costa Rica); Revista Iberoamericana de Economía Ecológica (Ecuador), entre otras. Algunas de sus obras son: La apuesta por la vida: imaginación sociológica e imaginarios sociales en los territorios ambientales del sur; Epistemología ambiental; Ecologia, Capital e Cultura: a Territorialização da Racionalidade Ambiental; Racionalidad Ambiental. La Reapropiación Social de la Naturaleza; Political Ecology in Latin America: the social re-appropiation of nature, the reinvention of territories and the construction of an environmental rationality en co-autoría con Carlos Walter Porto-Gonçalves entre otros artículos y libros. El equipo de Iberoamérica Social le agradece profundamente el tiempo que nos brindó para realizar esta entrevista.

Enrique Leff

Iberoamérica Social (IS). ¿Cuáles han sido los recorridos teóricos, disciplinarios o experiencias de vida que lo han llevado a enfocarse en procesos de investigación y formación en torno a la epistemología o racionalidad ambiental? Y en este sentido ¿por qué la complejidad, interdisciplinariedad o transdisciplinariedad han cobrado tanto peso en su trabajo?

Enrique Leff: Sintetizando los recorridos que me llevaron a este punto. Fundamental, es el hecho de haberse cruzado en mi historia personal de vida la historia del mundo, es decir, la irrupción de la crisis ambiental a fines de los años 60 principios de los 70 cuando estaba haciendo mi doctorado en París, sin que antes de ese momento haya dejado de percibir, como el resto del mundo, que se nos abatía una cuestión de esa magnitud. Fue esa coincidencia lo que me hizo volcarme sobre lo que ahora llamo la cuestión ambiental, y tuvo que ver con que uno de los seminarios principales que tomaba en París en la Escuela Práctica de Altos Estudios era con Ignacy Sachs. Se trataba de un seminario sobre Ciencia, Tecnología y Desarrollo en América Latina y el hecho de que él fuera llamado a participar en los procesos que llevaron a la cumbre de Estocolmo en 1972 lo llevo a dirigir su seminario hacia el tema que en ese momento lo llamaba el ecodesarrollo, la crisis ecológica, invitando a incorporar las bases o condicionamientos ecológicos como, Sachs lo llamaba en ese entonces, una nueva dimensión del ecodesarrollo.

A partir de ahí me vi atraído por esa cuestión, más que por el tema del seminario, que incluso fue el tema de mi doctorado al ser una cuestión muy actual al ver el papel que jugaba la política científica y tecnológica en el desarrollo económico, pero pego con tal fuerza esta cuestión para mí que terminé mi tesis, que ya estaba trazada en el tema de la política científica y tecnológica, pero digamos el doctorado lo obtuve en junio de 1975 y ya en ese año el primer artículo fuerte planteado desde esta cuestión había aparecido en enero de 1975 con el título ‘Hacia un proyecto de ecodesarrollo’, siendo el concepto conductor de este trabajo y donde marcaba una primera intuición fuerte de lo que implicaba salirse de los cauces tradicionales o normales del ecodesarrollo ahí empezó mi demarcación en debate con mi profesor Ignacy Sachs en el sentido de radicalizar esta cuestión que no se trataba sólo de incorporar una nueva dimensión sino de pensar profundamente dos regímenes ontológicos por un lado la constitución ecológica de la biosfera y por otro lado el régimen del capital. Finalmente, esto condujo a mi primer libro ‘Ecología y Capital’ que viene a plantearse este encuentro o confrontación de dos regímenes ontológicos, diferenciados y contrapuestos bajo la condición ecológica del desarrollo.

A partir de ahí comenzó a plantearse mi cuestión en términos de interdisciplinariedad, que venía siendo uno de los puntos de rompimiento con la normalidad de la ciencia a fines de los años 60 cuando surge el tema de la crisis de la razón y surge la respuesta desde las ciencias haciendo un llamado a pensar la interdisciplinariedad enfatizando que una de las causas de esta crisis ecológica o ambiental tenía que ver con la fragmentación o super especialización del conocimiento, de ahí la importancia del Congreso de Niza sobre interdisciplinariedad (1970) o la publicación de Leo Apostel y otros científicos sobre esta cuestión. Sólo para marcar donde se cruza la interdisciplinariedad con la cuestión ambiental, que ya se vislumbra desde mi primer artículo donde planteo esa cuestión con, hoy podría decir, esa radicalidad epistemológica y ontológica, lo cual se enmarca dentro de este pensamiento incipiente o emergente de lo que hoy llamamos pensamiento ambiental latinoamericano donde comenzó a haber una inquietud en algunos grupos o personas en América Latina en torno al término aglutinador del ecodesarrollo. Muy tempranamente, en América Latina, quizás más que en otras regiones, comenzaron a emerger estas reflexiones y luego investigaciones, en este sentido una contribución personal desde México se sitúa hacía 1977 cuándo organicé a través de la Asociación Mexicana de Epistemología un ‘Primer simposio sobre ecodesarrollo’ donde, a muy temprano tiempo, la cuestión era explorar cómo esta crítica del olvido de la ecología en la temática del desarrollo convocaba a las distintas ciencias, implicando a su vez una cuestión que iba mucho más allá de lo estrictamente económico o del desarrollo donde se venía a plantear que el ambiente es la externalidad no nada más del proceso de desarrollo, sino el punto extremo de la otredad del logocentrismo de la ciencia. El ambiente venía a, metafóricamente, personificar lo ausente en el desarrollo de las ciencias y no nada más de la teoría económica.

Entonces, al primer simposio sobre ecodesarrollo y al encuentro de la ecología y capital en términos epistemológicos que desarrollé, se suma un primer texto de carácter epistemológico, muy inspirado por los textos Althusserianos y un proyecto que dirigí en ese entonces llamado ‘Articulación de las ciencias para la gestión ambiental’, que acabo siendo publicado en un texto muy originario que fue un simposio que organicé bajo el título ‘Biosociología y articulación de ciencias’, entonces era la economía y la ecología, la biosociología o la sociobiología porque estaba muy en boga la cuestión de asimilar los paradigmas sociológicos al marco de comprensión de la biología, por ejemplo el libro de Wilson, de esta manera se va conformando una invasión de la ecología a las ciencias sociales buscando reorganizar sus paradigmas sobre la base de la ecología como la ciencia de la interrelaciones por excelencia.

Por ahí incursiono en el tema propiamente epistemológico mucho en respuesta a esta sorpresa de los epistemólogos en esos años, Mario Bunge incluso, quienes preguntan qué tiene que ver la epistemología con la cuestión ambiental, pero tiene que ver fundamentalmente porque es desde la epistemología y luego de la ontología que se da curso a esta fragmentación del conocimiento, a este olvido,  a esta pretensión de la economía que puede pensar la producción y el desarrollo sostenible sin considerar las condiciones de la organización ecológica de la biosfera. En este sentido, se planteó el problema de la antropología ecológica, que venía de más atrás, donde se consideraba el condicionamiento ecológico de la organización cultural o de aplicar la ley de la termodinámica, desde Leslie White hasta Richard Adams, para pensar desde ahí la condicionalidad de la organización cultural que de alguna manera no incorporaban esa radicalidad que surge desde la crisis ambiental. Radicalización que luego se extrema más al considerar la cuestión del poder, o de las estrategias de poder en el saber diría Foucault, lo que va alimentando una mirada mucho más crítica sobre la cuestión ambiental que rebasa los planteamientos del ecodesarrollo. Estos puntos han seguido a lo largo mi indagatoria de toda la vida, sobre las limitaciones de los paradigmas encerrados dentro de un cerco disciplinario que cuando se quieren abrir para entender lo ambiental, donde la cuestión ambiental entra como una especie de apéndice final, pero no desde la radicalidad de eso que planteo en términos del ambiente es la otredad del logocentrismo de la ciencia, en una especie de síntesis derridariana y levinasiana de entender en termino epistemológicos ese dictum muy radical de lo que ahí se está planteando.

IS: ¿Cuáles son los principales campos de investigación o interlocutores que actualmente nutren sus trabajos? ¿Qué relevancia tienen para usted aportaciones teóricas generadas desde campos de investigación emergentes como la economía ecológica, ecología política, también aportaciones desde la geografía crítica para atender esta cuestión ambiental, o los planteamientos entretejidos por Marisol de la Cadena, Mario Blaser y Arturo Escobar desde la ontología política? Y en este sentido ¿Qué lugar ocupan las múltiples luchas por la vida que sostiene diversos movimientos socio-ambientales en diferentes geografías del mundo?

Enrique Leff: Son muchos, y lo que más vale la pena recalcar ahí, más que decir estos son los autores que sigo, es tratar de clarificarnos cómo se ha dado este proceso de pensamiento. Nadie construye teoría, pensamiento crítico desde un vacío. La cuestión es entender como un autor se inscribe en la textualidad que hereda la que viene de la historia del pensamiento o la que se configura con los paradigmas que van emergiendo, los nuevos atractores teóricos o conceptuales que van inquietando el pensamiento de un autor situado en una problemática o, en este caso prefiero decir, una cuestión que es mucho más que un problema delimitado que hay que resolver prácticamente aplicando herramientas teórico metodológicas. Siempre he entendido que lo que he podido pensar y escribir viene del diálogo crítico con un conjunto de autores sin los cuáles no hubiera podido pensar y escribir lo que he construido, mis deudas con esos autores están en mis textos. Los esenciales que quedan registrados, sin antes dejar de enfatizar que no se trata de tomar autores y aplicarlos a un campo, en esa tensión del pensamiento, en mis propias demarcaciones teóricas, se trata de atraer a este campo inédito, a esa otredad inefable que es el ambiente, lo impensado que es el ambiente y a partir de ahí trazar ese diálogo con lo plasmado en las teorías y textos de los autores.

El primer diálogo fuerte es con Marx, se vuelve el mayor incitador del pensamiento para entender la cuestión ambiental, por ello no me faltaron razones para profundizar mis investigaciones sobre sus aportaciones, en el marco del movimiento del 68 y tratando de entender el mundo, recurrí a Marx. A través de mi lectura de ‘El capital’, a fines de 1969-70 y cuando en 1971 comienza la cuestión ambiental, e Ignacy Sachs es quién escribe los textos fundamentales que alimentaron el marco de referencia conceptual de la reunión de Estocolmo, aunque en su seminario no se hablaba de Marx, paralelamente continuaba la revisión de ‘El capital’ y seminarios de marxismo en la Universidad de Vincennes. A partir de ahí comenzó la chispa que abrió la veta del ecomarxismo con autores como James O’Connor, al mismo tiempo había por mi parte una disposición crítica porque yo retomo ‘El capital’ y uno de primeros textos que planteo en relación con las revoluciones científicas y tecnológicas, es un texto sobre la teoría del valor frente a la revolución científico tecnológica lo cual fue un atrevimiento ya que estaba cuestionando el núcleo fundamental del pensamiento marxista. Ahí queda clarificado, y lo puedo decir con el desprendimiento del tiempo, que Marx es mi gran inspirador, pero al mismo tiempo no puedo evitar volcar mi modesta capacidad crítica para desentrañar ese núcleo lo cual queda plasmado en el ya mencionado libro ‘Teoría del valor’, vinculado a otro simposio que organicé, como vez me gustaba organizar simposios sobre temas muy críticos, y que luego quedo registrado en el primer capítulo de ‘Racionalidad ambiental’.

Así como sucedió con Marx, se dio en mi encuentro con otro gran pensador, en esta articulación que es más que interdisciplinaria al ser una conjugación de universos de pensamientos que confluyen al ser parte de la historia de la ciencia y al estar obstaculizados por la metafísica y ontología que impide pensar la vida en términos más articulados e integrados, que es Althusser para pensar desde su estructuralismo crítico la cuestión ambiental. Hay un texto inicial que marca cómo pensar desde la epistemología marxista, propiamente Althusseriana, el problema de la articulación de la ciencias en la relación sociedad- naturaleza que quedo como primer capítulo de la segunda edición de ‘Economía y Capital’ donde no sólo aplicó los planteamientos de Althusser sino retomo grandes esquemas de pensamiento que no hablan directamente sobre la cuestión ambiental pero que ofrecen las referencias o los marcos de comprensión desde dónde uno puede asir procesos de pensamiento para situarlos frente a la cuestión ambiental, frente a esa otredad. De esta forma, desde años tempranos se fue configurando en mi mente esta categoría de racionalidad ambiental para contrastarla con la racionalidad económica.

Otro autor fundamental es Nicholas Georgescu-Roegen debido a que fue el primero que plantea, aunque hay toda una serie de prolegómenos sobre cómo se fue configurando el pensamiento de la economía ecológica y ahí está esa historia magistralmente escrita por Joan Martínez-Alier y Schlüpmann en su libro de ‘La economía y la ecología’, la radicalidad del olvido fundamental de la economía frente a la consideración de las condiciones termodinámico-ecológicas. Hay otros autores que fueron de una inspiración temprana como Erwin Schrödinger con su libro ‘Qué es la vida’ porque también, igual que con Marx, a la hora de leer a Georgescu-Roegen y denominar a su teoría una bioeconomía dije no, esto no es una bioeconomía porque no menciona cuáles son las fuentes para producir desde la potencia de lo bios, de la vida, plantea la entropía como la ley limite, como la ley no considerada que explica porque el proceso económico induce este proceso de degradación entrópica del planeta pero lo que yo estoy planteando desde el primer artículo ‘Hacia un proyecto de ecodesarrollo’ era el principio de una nueva racionalidad que implicaba poner en juego otros potenciales ecológicos y, termodinámicamente hablando, la neguentropía. ¿Quién alimenta este término? Schrödinger y me permite constatar que lo de Georgescu-Roegen no es propiamente una bioeconomía es la crítica termodinámica al proceso económico. Las raíces de la bioeconomía están en los fisiócratas, pero desde ahí hay que reconstituir esta idea de producir desde el potencial de la vida, desde la productividad ecológica de los territorios, desde su articulación, sí con el potencial tecnológico pero pensado como techné, es decir, la técnica que permite magnificar el potencial ecológico de los territorios, y haciendo jugar ahí a la cultura porque es desde la significación cultural que se orientan las selecciones. Este sería otro ejemplo de cómo conjugó las disciplinas, los textos o las visiones que provienen desde diferentes disciplinas en una visión no solamente más integral sino donde se problematizan los conceptos y donde surgen nuevos conceptos que nos permiten entender esos procesos que generan nuevas sinergias. Ahí se da este concepto que primeramente llame de productividad eco-tecnológica y cultural y que se ha ido sintetizando más bajo el concepto de una productividad neguentrópica. De esta forma podemos resaltar cómo se van significando los conceptos para construir otro marco de comprensión pero que abre vías de actuación, aquí solamente hemos abordado el tema de la economía ecológica, pero no sólo se trata de aplicar un modelo ecológico a la producción o a la economía, el tema es que todo esto esta atravesado por estrategias de poder, a nivel de políticas ecológicas y ambientales, en su dimensión discursiva y teórica donde las estrategias de poder en el saber limitan o constriñen la visibilidad sobre estas cuestiones y que implican un trabajo más que de deconstrucción, de recreación y de producción de conceptos que van en la vía de la emergencia, porque los conceptos con los cuales miramos los procesos de la realidad, las transformaciones socio ecológicas y el devenir histórico está limitada por los conceptos y lo abordajes que vienen de las disciplinas tradicionales.

Aquí entra otro de mis grandes iluminadores, Michel Foucault, que nos permite entender cómo está configurada la episteme de la modernidad, el biopoder, la biopolítica. Pero también hay que decirlo, el biopoder aunque no está limitado a ello pero es básicamente ver como el poder se apropia de la vida para utilizar la potencia de la vida bajo los designios del dominio de la racionalidad moderna, del capital, de la normalización de la sociedad promovida a través de sus instituciones pero también está lejos de prender el tema que para mí se ha vuelto esencial que es pensar la vida, la potencia de la vida para abrirle cauces al constreñimiento global de la vida a través del capital, que es la forma más visible, pero también mediante  la ciencia unificadora y su logocentrismo. Otro referente es Max Weber, cuando comienzo a pensar esta cuestión en términos de racionalidades el me ofrece un marco para pensar la confrontación con la racionalidad ecológica, aunque él tampoco haya pensado la cuestión ambiental, por ejemplo mediante el marco de referencia que construye sobre la racionalidad sustantiva o material, la no jerarquización de órdenes de racionalidad respecto a las religiones, otros modos auténticos de comprensión del mundo que no se ciñen al molde de la racionalidad moderna, dando curso a esos modos de comprensión alternativos y vigentes que me abren un camino para pensar otras racionalidades o modos de comprensión del mundo que se va conjugando, desde Foucault y Weber, con los saberes subyugados, así como su posibilidad de emancipación.

De esta forma se abren vías para hacer planteamientos teóricos como sucede en el campo de la ecología política y te sirve para abrir las conexiones del mundo académico, de los paradigmas o esquemas teórico conceptuales con los procesos sociales que están en marcha. Todos estos pensadores aportan y nos sirven para pensar la cuestión ambiental desde modos de cognición y valores alternativos en un diálogo que apuesta por la recreación de conceptos que generen nuevos sentidos, pero también he trazado posicionamientos críticos respecto a autores vivos y actuales como Habermas quien plantea que la racionalidad o acción comunicativa sería una especie de superación de la racionalidad instrumental, en contraste resalto que eso no resuelve el juego otredades, de intereses, de miradas porque, por ejemplo, las comprensiones de los pueblos indígenas no se traducen en un saber de fondo donde puedan dirimirse diferentes intereses o visiones a través de un dialogo racional, porque se trata de mundos de vida más que diferenciados, hoy en día, porque uno se ha vuelto hegemónico y dominante y tiende a exterminar a los otros. De ahí va naciendo el campo de la ecología política, que va a otros niveles que la economía política, donde la cuestión no se limita a una mejor distribución de la riqueza sino convierte la cuestión ambiental en su punto de partida, atendiendo los límites del crecimiento, y que a su vez plantea los límites de la racionalidad y de la modernidad. Otros diálogos confrontacionales y críticos que he establecido respecto al campo de la economía o la racionalidad económica, en el campo de la sociología con aquellos autores que piensan la modernidad, pero no la cuestión ambiental como Giddens, Beck o Lash, en el encierro mismo de la modernización reflexiva.

Todo ello me llevo a este largo diálogo con Heidegger y desde él con la historia de la metafísica y de la ontología donde doy cuenta que la vida ha sido negada por la ontología misma, al centrarse en la indagatoria u obsesión por pensar al ser ha dejado al margen la comprensión de la vida. Aunque cabe resaltar que la ontología existencial ha sido una gran apertura para entender la condición humana, o la experiencia de la vida, la Lebensphilosophie, pero por un lado marcha la filosofía de la vida y por otro lado está la biología termodinámica tratando de entender la condiciones de la vida pero no de la vida humana sino de la vida que nos precede y que soporta la vida en el planeta incluyendo a los seres humanos, donde nosotros estamos interviniendo desde esas configuraciones ontológicas que es lo que nos ha configurado la mente en la historia de la filosofía y que se han transferido después como disposiciones y dispositivos de pensamiento en las ciencias. Entonces ahí entra este diálogo crítico con la filosofía, con la ontología donde también hay grandes pensadores que rescatar por ejemplo el pensamiento de la physis de Heráclito, o el ya mencionado Heidegger que personifica el último gran filósofo universal, lo que ha sido esta gran configuración de la mente humana desde la filosofía y su dificultad de pensarla es por eso que podemos plantear a la vida en tanto que concepto limite, como lo es la entropía, o la crisis ambiental y antes estas cuestiones limite, los conceptos limite que han quedado impensados justamente son los núcleos a los que hay que darle sentido.

Todas estas reflexiones han desbordado el campo de la filosofía, de las humanidades, de las ciencias rompiendo las barreras de las universidades de manera que estos son los discursos que están puestos a prueba o en disputa en la rehechura del mundo donde entramos a todo este tema del diálogo de saberes ¿Cómo se establecen los encuentros, cierres y aperturas entre estos modos diferenciados de comprender sus circunstancias o condiciones de vida? Para repensarlo desde el nivel más íntimo de la persona hasta la condición planetaria que llama a un reposicionamiento de los seres humanos en este mundo. Son cuestiones que no resuelve ninguna interdisciplinariedad per se, ya no se trata de la inter o transdisciplinariedad de un método o de un supra paradigma y ahí entra un debate implícito que está en mis textos con alguien como Edgar Morin que se ha abierto a todas estas cuestiones, pero no es un asunto que se resuelve con la interdisciplinariedad o con el pensamiento holístico sino en el aprender a vivir en ese juego de otredades, que no son traducciones de uno al otro, esa convivencia de la diferencia, que no tiene una resolución definitiva pero que sí te reclama una visión de la destotalización del mundo, ponderando los intentos de la ciencia de totalizar de buscar una unidad dentro de la diversidad, para aprender a vivir en esa dispersión de la vida y en un política de convivencia. Lo anterior, rebasa los límites de la significancia de los conceptos que tenemos, puedes trabajar la neguentropía e irte desde la physis de Heráclito hasta la neguentropía de Schrödinger y tratar de construir un concepto fuerte dentro de la ontología de la vida, pero hay muchas de estas cuestiones para las cuales los conceptos y las palabras no alcanzan a decir lo que se está jugando hoy en día en esta conjugación del mundo y de las posibilidades donde ninguna de ellas está dicha de antemano. Entonces ahí términos como la ecología política acaban siendo limitativos, porque la ecología en sí no es política entonces entras a la pregunta de qué es lo político de los territorios, ahí se abre otro espacio de conexión discursiva con Guattari y Deleuze, al entender qué implica la territorialidad  y cómo, dentro de la mirada de la ecología política, lo que ahí se está jugando es esta forma conflictualidad entre modos diferenciados de territorialización o modos de enactuar el metabolismo de la vida. A través de diversas ontologías o modos de ser de los pueblos, que era algo invisibilizado, porque los pueblos junto con las tradiciones estaban dictaminados, a desaparecer. Pero ahí surge algo que no ve la ciencia moderna que es la emancipación de los pueblos que reclaman sus derechos de ser, sus saberes tradicionales, sus prácticas. Todos estos procesos en marcha se abren a un campo de visibilidad a través de la ecología política o de la ontología política, siendo esta la puesta en relieve de la emancipación de los pueblos de la tierra para reconfigurar sus mundos de la vida. Ahí se cifran respuestas de carácter más fáctico y terrenal respecto al mundo de la vida pensado más en abstracto por Husserl o el ser en el mundo pensado por Heidegger, ese ser en el mundo se está configurando desde procesos de reapropiación de la vida misma, de resistencia y de re-existencia, y esas re-existencias son las que le dan sentido a esta ontología política.

IS: En algunas de sus publicaciones hace mención de una dimensión o posicionamiento epistémico-político, podría profundizar ¿a qué debates de la epistemología, la ontología o la filosofía de la ciencia alude al señalar esta dimensión acerca de la construcción de conocimiento científico? Siguiendo este punto ¿Qué relevancia encontraría en claves de producción de conocimiento como el senti-pensamiento (retomado de Orlando Fals-Borda por Arturo Escobar) o el co-razonamiento que nos permitirían abrir nuestros horizontes a la corporeidad, sentires, memorias, dinámicas colectivas o territorialidades encarnadas de múltiples ontologías relacionales que resisten las tendencias entrópicas del capitalismo?

Enrique Leff: La epistemología no es un campo para pensar de manera más correcta el mundo que está afuera, la realidad, esa es una herencia platónica y cartesiana donde hay una realidad afuera y hay una capacidad humana de idealizar o pensar mediante el logos lo que está afuera. Esto se problematiza por el hecho que hoy en día la hechura de la realidad no es algo que está afuera frente a la mente humana para ser comprendido, lo que cuál está marcado en el concepto de complejidad ambiental, debido a que el hecho contundente que se ha venido acelerando es que los diferentes imaginarios que orientaban prácticas implicaban  modos de intervención de las culturas sobre su medio ambiente, sobre su entorno o  territorio, pero con la modernidad y con el poder de la tecnociencia insuflado por la economía se ha vuelto más que un dispositivo de poder, deviniendo en técnicas de intervención sobre la vida misma, a través de la ingeniería genética, la física nuclear, nuevas técnicas de explotación como el fracking, o proyectos de geoingeniería, en 200 años hemos cambiado la química de la atmósfera que tomo 3 o 4 eones para equilibrarse. Entonces la tecnociencia ha transfigurado los órdenes ontológicos de la vida y la politización de los saberes, en la medida que el saber y el conocimiento tienen efectos de poder y de esa manera trastocan las condiciones de la vida.

En ese contexto, más allá de la ambientalización de las ciencias, se presenta el diálogo de saberes, la riqueza nutrida en la configuración de nuevos términos para entender o pensar la irrupción y emancipación de esos saberes, sus derechos de ser en el mundo, mediante palabras inductoras como el sentipensar, que recientemente usa mi amigo Arturo Escobar, que tiene sentido porque se ponen en juego modos de ser y de responder que no vienen estrictamente desde la idea de confrontación de modos de cognición, debido que hay algo que se juega a nivel del sentir, que muchas veces no se traduce en un paradigma ni en una formación discursiva o modo de argumentación. El derecho cuando un puedo dice que reclama su vivir bien, no necesita desplegar la axiomática de su concepto, no se le puede exigir habermasianamente que despliegue esa axiomática de manera que su esquema conceptual este racionalmente depurado para que pueda contrastarse con el esquema conceptual de la ciencia, entonces no todo se traduce en discurso o expresión verbal sino mucho acontece a través del sentir. Una expresión como el vivir bien, conjuga una cosmovisión, un conjunto de prácticas, de modos de ser que así son. No se trata nada más de diferentes racionalidades algo que quede en nivel racional o mental, sino que pasa por el cuerpo, por el habitus, por el modo de practicar, de ser, por las prácticas de la vida o las prácticas sociales. No constituyen un paradigma, lo único que se está diciendo el derecho de ser de los pueblos no pasa por estos esquemas o principios de racionalización, sino que pasan por el sentipensar como un modo de ser. Se trata de otras rutas que nos permiten abrir los caminos para pensar cómo el ser humano se inscribe en la vida, como comprende y cómo llega a manifestar sus derechos de ser en el mundo. Lo que buscan todas esas metáforas o conceptos es abrir la mirada y acoger procesos que invisibilizan una visión muy cientificista.

IS: De cara a la neutralidad valorativa que se da por sentada desde ámbitos científicos hegemónicos, considera que, en tanto que estudiantes o investigadores, ¿se nos juegan dilemas o posicionamientos ético-políticos? considerando la operatividad de estas redes de saber-poder por las que estamos atravesados, de la que nos ha hablado. En este sentido ¿considera que el pensamiento o racionalidad ambiental atiende tales dilemas?

Enrique Leff: La gente sigue refugiándose en la productividad académica, en su cerco de comprensión, autores o profesores declarando todo lo que no ven y defendiendo el espacio en el que han sobrevivido con poca o nula disposición a abrirse a pensar y a dialogar. La racionalidad ambiental abre el camino para plantear estas cuestiones, debido a que no es un paradigma sino un enigma, es una categoría que tienen la función de atractor para entender lo que no es un concepto pero que busca delimitar. La racionalidad ambiental abre al diálogo de saberes, al derecho de diferentes racionalidades o matrices de racionalidad, como le dicen en Brasil aunque esto parecería implicar un esquema demasiado axiomatizado, y no, es la puesta en juego de los modos de comprensión alternativos sobre la vida y los modos de ser, lo cual implica este sentipensar y categorías de pensamiento que te permiten dar sentido. En los diversos pueblos de la tierra estos modos de comprensión no están axiomatizados sino están arraigados en la vida cotidiana y podrás como antropólogo o sociólogo esquematizarlos para llevarlos a una comprensión académica- intelectual, pero ellos no tienen por qué categorizarlos de esa manera y no por eso pierden su derecho de ser y de manifestarse. En este ámbito hay una cantidad de enigmas por desentrañar, sobre cosmovisiones, modos de producción, prácticas de vida, cómo evolucionan y cómo entran en colisión con otros modos de vida como la confrontación radical del embate que viene del capitalismo, de la economía verde, o generando sinergias positivas de intercambios de experiencias que se está dando entre diversos pueblos.

IS: ¿Qué relación tiene la hegemonía de la lógica de mercado o de la racionalidad económica que subyace en los imaginarios o practicas dominantes con las raíces de la crisis civilizatoria que habitamos? En este sentido ¿Qué relevancia tienen los procesos colectivos de re-existencia con los que se lucha por recrear mundos de vida, prácticas colectivas o modos de producción basados en la enactuada memoria socio-ecológica con los que se hilvanan dinámicas neguentrópicas para la defensa y construcción de territorios de vida?

Enrique Leff: El proceso más contundente que observamos el día de hoy, es la acumulación ampliada del capital que se ha globalizado y que se ha sofisticado en sus modos de mercantilización, apropiación y tecnificación de la naturaleza, dentro de toda la barbarie que hoy sucede en el planeta, la degradación de la vida misma, la ocupación del poder del crimen organizado, en el fondo está la valorización de todo aquello que puede traducirse en acumulación de dinero y de poder atrás del dinero. La ontología del capital se ha vuelto un poder avasallante sobre la vida. En la lógica de acumulación del capital están las raíces de esta crisis y se cristaliza en una lógica que mueve al mundo sin ver lo que degrada, es lo que radicalmente llamó la muerte entrópica del planeta, la degradación de la vida. Esa es la visión ingente del progreso, donde no sólo están los llamados gobiernos neoliberales sino también los llamados gobiernos progresistas que se enmarcan en esa lógica de desarrollo, entrando en conflictos y controversias muy fuertes como en Bolivia y en Ecuador para hablar de aquellos que reconocieron constitucionalmente los derechos de la naturaleza pero que están atrapados en ese progresismo tecno-económico. Con estos ejemplos damos cuenta que no basta la deconstrucción de las teorías y las ciencias, hoy en día hay que deconstruir el instrumental del poder que tiene constreñido al mundo, que inmoviliza al mundo en esta cadena entropizante del planeta. Las ontologías relacionales llaman a ese diálogo de saberes. Es hablar de un marco de comprensión que te permite entender la interrelacionalidad de los diferentes regímenes ontológicos que la ontología y la ciencia ha seguido pensando como campos restrictos de conocimiento y de actuación, entonces decir que necesitamos una ontología de lo múltiple, de lo relacional es simplemente romper esta cuestión de las ontologías parcializadas como si el mundo estuviera hecho de mónadas que viven de manera autárquica y sin relaciones. En esa relacionalidad debemos de pensar como construir el modo de convivencia de las autonomías, para poder hilvanar esa relacionalidad fáctica de los mundos de la vida, de manera que puedan sobrevivir en un mundo donde la conflictualidad es interminable porque no es nada más el capital que quiere avasallar y apoderarse de todo el planeta ¿cómo deconstruyes la idea del individuo y del yo? No necesitamos ir a la confrontación del capital. Desde las individualidades se forjan paradigmas intocables, el yo es heredero de esa historia. La subjetividad se ha configurado a partir del modo de subjetivación moderno y desde ahí los seres humanos, desde nuestro vacío existencial, buscamos afirmarnos en lo poco o mucho que tenemos que nos da el mínimo de seguridad ontológica o un cerco con tu comprensión del mundo. De tal forma, que el mundo no está preparado para esa relacionalidad por ello necesitamos prepararnos para la convivencia en la diferencia, para las ontologías de la diversidad.

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Autora
Máster en Estrategias para el Desarrollo Rural y Territorial en la Universidad de Córdoba, España.