De-formando con Rubén Ojeda Guzmán

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25 de agosto de 2015

Rubén Ojeda Guzmán (Isidro Carreño) Oaxaca, México – 1991. Graduado con honores por la Universidad de las Américas, Puebla de la Licenciatura en Artes Plásticas. Acreedor al apoyo del programa Jóvenes Creadores del FONCA 2014-15 en la categoría de Medios Alternativos, de la beca del ISSSTE para el encuentro Interfaz Oaxaca y seleccionado para el Proyecto Joven 2011 del Museo de los Pintores Oaxaqueños. Entre sus exposiciones individuales se destacan: La pintura en el mercado (Galería Central Universitaria UABJO, Oaxaca, 2015), Tratado de la ©reatividad (Luz de la Nevera, Cholula, 2014); y Carne de Cañón (Museo de los Pintores Oaxaqueños, Oaxaca, 2012). De las muestras colectivas resaltan: Momentos Híbridos (Museo de los Pintores Oaxaqueños, Oaxaca 2014) Speaking/Lenguas (The Debut Series, Leeds, Inglaterra, 2014); Transitio-MX 05 Biomediaciones (Centro Nacional de las Artes, México, 2013) y Torneo Relámpago de Fútbol callejero (Galería del Comercio, México, 2012). Desde el 2010 realiza proyectos de arte contemporáneo en Los Irrelevantistas. Actualmente es curador de El Chilar (Oaxaca) y de la Colección del Precariado.

http://zonachilar.weebly.com/

¿Dónde y cuándo naciste?

Mi nombre completo es Rubén Ojeda Guzmán y mi alias es Isidro Carreño. Nací en la Ciudad de Oaxaca, México  el 29 de enero  de 1991.

¿Quién y qué te motivo a comenzar en las artes visuales?

Mi manera de comenzar en las artes visuales fue casi por morbo al mundo del arte.. Ahí por el 2007, en la preparatoria, mi profesor de literatura se enteró de mis intenciones de estudiar arte y me recomendó una novela que encauzó para bien o para mal mi práctica a su situación actual. El texto ‘La muerte de un instalador’ de Alvaro Enrigue, cuenta un caso ficticio del arte contemporáneo en el que su producción está fundamentalmente condicionada por la crueldad de los «aparatos culturales». Coincidió que por esas fechas, el artista «tico» Guillermo Vargas «Habacuc» había realizado una instalación en la galería Códice en Managua en la que, supuestamente, dejaba morir de inanición a un perro callejero.

Si alguna vez había pensado seguir el camino de los grandes maestros oaxaqueños y desarrollar la bondad de la pictórica bestiaria tradicional, Habacuc y Enrigue me habían demostrado que la «maldad de los nuevos medios del arte contemporáneo» (como seguramente la ven muchos) tenían diversas capas que la pintura, a pesar de sus veladuras, no es capaz de acceder. Quería ser instalador. Esa idea del artista no romántica, sino como un personaje que puede poner en duda un sistema me ayudó a ver con ojos distintos el arte, me gusta pensar que el arte es una gran verdad llena de mentiras.

¿Qué herramientas utilizas en tu trabajo?

Mi investigación artística va sobre la precarización de las prácticas artísticas y sobre el papel que debe de jugar el arte y los artistas emergentes frente al capitalismo cultural.  A partir de ahí mi obra trata sobre el arte en sí mismo, ocupo herramientas curatoriales para poder conocer obra de artistas consolidados y jóvenes y también saber acerca de sus procesos de trabajo. Así se puede decir que me apropio o incluso que me robo algunas herramientas artísticas lo cual me da como resultado una producción artística que parte de la copia, del robo, o simplemente de tomar obra de los demás artistas.

¿Qué es tomar una decisión?

Es una pregunta que me gusta mucho porque me parece muy ambigua pero muy potente. Creo que tomar una decisión es asumirse como un ser político; tomar una decisión es poder estar en desacuerdo con ciertas convenciones o con ciertas condiciones que preexisten. Tomar una decisión es parte importante de un trabajo artístico porque es, en primera instancia, lo que hace político al arte. En el artista queda esa capacidad de poder hacer decisiones.

¿Cómo te distraes?

La distracción podría ser llevada a cabo al checar el Facebook o ver algún video en la computadora o alguna serie, pero esa cuestión a mi me causa conflictos, principalmente porque el trabajo también se hace en ahí. Es en ese sentido en el que el trabajo y la diversión, el juego y la distracción se confunden en un solo dispositivo y en una misma posición: una misma locación. La distracción se ha convertido en trabajo.­­­­

A mi me gusta pensar que actividades como ir a nadar o acompañar a mi padre al trabajo en el campo, se salen un poco de esa lógica. Digamos, teniendo en cuenta que todo se encuentra dentro de un circuito del capitalismo, hay ciertas actitudes, en donde entra mucho la cuestión política de la decisión, en la que uno decide cuáles son los puntos de no-producción, de no-enajenamiento por decirlo de alguna manera. En ese sentido ir a nadar, ir a caminar o pasar tiempo con los amigos son cosas que a mi me parecen más recreativas.

¿Cuál es tu comida favorita?

Las lentejas en todas sus presentaciones. Aunque, ahora, los tacos al pastor me están haciendo muchos ojitos.

¿Qué película recuerdas de tu infancia?

Yo creo que la generación que nacimos alrededor de los noventas estamos muy marcados por esta cuestión mediática e imaginaria de Disney y Nickelodeon. Así que por el momento puedo mencionar, sobre todo, a El rey león y El libro de la selva. Ya después, más en la adolescencia, me pegó otra muy romántica por cierto, que creo marcó también a otros artistas de mi generación: la película Noviembre.

¿Qué es la práctica artística?

Me gustaría mencionar aquí lo que significa la función del arte, o en términos abstractos la pregunta que no tiene respuesta que es ¿ qué es el arte? Creo que habría que entender las partes que constituyen al mundo del arte: sus agentes e instituciones, la obra de arte y la práctica artística. Entonces, me da la impresión que de estos elementos la práctica artística es la que tiene que ver con una labor que no está determinada y que tiene gran potencialidad política precisamente por la posibilidad de tomar decisiones y de no inscribirse de manera rastreable dentro de un aparato de producción de valor económico. Entonces, a mi me parece que la práctica artística es como un quehacer parasitario, es decir, que no se puede ubicar o rastrear (en los mejores de los casos) y que va por dos vías: uno dirigido a los espacios de  producción de incertidumbre, de apertura de diálogos y de discernimiento; y por el otro lado, un espacio de producción de objetos y de valor, creo que más o menos se va jugando con esas acciones. Eso sería para mí a grandes rasgos la práctica artística.

¿Qué es el tiempo?

El tiempo es vida. En mi trabajo aún no he utilizado el tiempo como un elemento filosófico o bien físico,  pero hace algunos años lo concebí desde la física cuántica en una investigación que estaba haciendo con una estudiante de física pero actualmente  creo lo abordaría siguiendo mi línea de investigación que es desde un punto de vista del trabajo y de cómo el tiempo en una sociedad actual es capitalizable.

Una de las ventajas de la práctica artística  es que se pueden desplazar los valores momentáneamente, en este caso el valor del tiempo y cómo una práctica artística específica puede jugar con la noción de cómo se valoriza el tiempo. Por ejemplo la obra de Mladen Stilinovic en la que la pieza es dormir en el estudio, creo que Andy Warhol también tiene una pieza similar, y básicamente lo que hacen es dormirse durante un período de exposición o bien en lo que dura la obra. Ponen en tensión la noción de valor y la noción de trabajo, así como la idea de tiempo de trabajo. Yo creo que por ahí me gustaría abordar la cuestión del tiempo: tiempo/trabajo/valor.

¿Has pensado en la posibilidad de fracasar?

El fracaso es mi deporte favorito. El fracaso actualmente y, sobretodo, para una generación como la nuestra es algo constante, es algo que se respira y que está latente todo el tiempo. Y no sólo en el sentido que es frecuente encontrarse con frases de superación personal en la que se muestra al fracaso como una forma de conducirse al éxito; no creo que esa filosofía popular mienta pero creo que ahora los jóvenes lo vivimos de otra manera: vivimos un fracaso determinado y un fracaso con letras mayúsculas. Es prácticamente un fracaso sistematizado que corta o restringe las vías hacia una calidad de vida como a la que nuestros padres aspiraron. Antiguamente se pensaba que una generación más joven iba a contar con posibilidades más amplias de progreso que con las que contaron sus predecesores; eso ya se acabó. Ahora, la vida laboral, social y económica está dirigida hacia al fracaso.

Retomando la ideología de una sociedad del fracaso que se promueve por fallar constantemente hasta obtener el éxito, hay un lado verdadero en cuanto a que no te puedes dar por vencido porque el mundo es demasiado siniestro o demasiado cabrón. Si te das por vencido, te caes y no te levantas va a llegar el mundo y te va a comer. Pero también hay que ver también esta otra característica del capital en la que se puede apropiar la crítica, o bien, apropiarse de otros aparatos de pensamiento filosófico para poder reintegrarlos y capitalizarlos. Es la naturaleza de este sistema. Y es capitalizable en el sentido en el que empresas como Wal-Mart u otras enormes transnacionales realizan programas de motivación y autoayuda a sus empleados básicamente para tener una mayor productividad y mayores ganancias económicas.  Esto tiene dos partes que se deben tomar en cuenta: la idea del fracaso como una vía al éxito y el fracaso como un modelo de vida producido por las políticas económicas.