En la academia el debate, no la pelea

Las dos ideas, sin embargo, en vez de generar la propuesta de análisis rural y acción común, derivaron en un estigmatización hacia quienes no compartían la idea propuesta por los investigadores.

En la academia el debate, no la pelea
Fuente: Cuartoscuro

El caso que deviene de esta reflexión es a partir de un encuentro reciente entre diferentes investigadores sobre la ruralidad y sus nuevas realidades, donde se presentaron dos planteamientos aparentemente opuestos, pero que reflejan dos situaciones reales en contextos actuales.

La situación de la ruralidad mexicana no es nueva: existe un proceso de migración de las nuevas generaciones que se desplazan a la ciudad en busca de una formación profesional y con ello un trabajo que dé certeza y seguridad de ingreso económico; esto ha provocado el envejecimiento del campo. Los precios bajos de materias primas, así como los constantes cambios y consecuencias provenientes de la ciudad hacen que la ruralidad se encuentre en crisis.

Por otro lado, las reformas estructurales empleadas en el gobierno de Enrique Peña Nieto (2012-2018), especialmente la referente al sector energético, ha tenido en los últimos años un impacto sustancial en las dinámicas rurales debido a que se ha dado paso a la implementación de la “transición energética” la cual implica el uso de energías renovables. Esto último es fundamental ya de ello ha resultado un crecimiento de proyectos de energía renovable (eólico y solar principalmente) que bajo la dinámica del Estado presentan estudios de viabilidad social y ambiental para su ejecución en diferentes partes del país.

Fuente: CuartoscuroNo obstante, proyectos de este tipo han generado conflictos  sociales por grupos que se mantienen en contra de estos bajo el auspicio de la visión de comunidad; una perspectiva que desde diversos autores ya no es viable, toda vez que la ruralidad vive un proceso de fragmentación y donde el individualismo entra en conflicto con el desarrollo de la zona.

Esta última postura, respecto a la fragmentación de la comunidad rural, fue presentada en el congreso donde los especialistas proclamaban una postura de mantener a las zonas rurales como lo que son, localidades con un desarrollo eminentemente agropecuario. Las dos ideas, sin embargo, en vez de generar la propuesta de análisis rural y acción común, derivaron en un estigmatización hacia quienes no compartían la idea propuesta por los investigadores.

Esto dio paso a un proceso comunicativo que Elisabeth Noelle-Neuman explica en su libro “La espiral del silencio” donde existe una voz que bajo un contexto dado se vuelve dominante y no acepta interpretaciones diferentes y mucho menos contrarias a lo que proclama la voz única; en este proceso, los sujetos valoran bajo qué voz estar, con la premisa de aceptación social. Aunque desafortunado el hecho, lo cierto fue que esto permitió identificar que en los eventos académicos a veces predomina un miopismo intelectual donde los ponentes presentan sus temas bajo la premisa de “aclamación” o en último caso el de “no ataque recíproco” (no critiquen y no serán criticados), lo que deja de lado el debate de las ideas, posturas metodológicas, teorías, técnicas, entre otras, ya que se consideran ataques al trabajo, cuando realmente son contribuciones que ayudan al mejoramiento de la investigación.

En fin, los especialistas no pudieron dar respuesta a los cuestionamientos realizados debido al término del tiempo de respuestas y porque otro evento en el mismo lugar impidió alargar la sesión. En la jerga intelectual se menciona con frecuencia el dar “críticas constructivas”, pero no concuerdo con ello, ya que una crítica siempre es destructiva en el sentido que implica la identificación de puntos débiles en la investigación con la finalidad que el investigador reflexione sobre el mismo y en su caso reformule, cambie o mantenga dicho aspecto objeto de crítica.

En cualquiera de los casos, la crítica no debe asumirse como una cuestión personal, sino con el afán de mejorar e incrementar el conocimiento sobre temas e investigaciones que atañen (el caso de los megraproyectos) la realidad de, al menos en el caso de México, 25% de la población total del país.