Emancipación Política de la Mujer en el Ecuador

La mujer juega un papel entre permanecer en los tradicionales estereotipos de feminidad y belleza y mezclar esto con su vida política.

Mis lectores no lo saben, pero mucho tiempo escribí cortas frases y algunos poemas desde cuando tengo uso de razón, algo parecido a lo que hacía el psiquiatra Víctor Frank en la época del Gueto Judío bajo el régimen nazi, en la Segunda Guerra mundial.  Con el tiempo, esas frases cortas nacieron de mi propia experiencia cultural y profesional y otras de la misma vida afectiva y emocional.

Lo cierto es que al igual que unos pocos ―escritores o escritoras― mientras algunas o algunos reprodujeron la cultura en un ambiente con límites, patriarcal y herméticamente cerrado, mi pensamiento voló libre causando rupturas, lo cual implicó que me rodee de soledad en mi desierto temporal… hasta cuando encontré la manera de incidir con mis pensamientos de libertad en la vida práctica de mi entorno!

Con esta introducción, vuelvo a dirigir unas palabras a todo el público interesado en leer temas sobre Sociología y Política, sobre Feminismo y Género, como el que escribo a continuación…

 

Para referirme a la mujer política en el Ecuador de este siglo (XXI), antes, es indispensable nombrar a las mujeres políticas que marcaron un hito importante en el siglo pasado. Hablar por ejemplo de Alexandra Kollontai en la Revolución de Octubre, es recordar al nacimiento mismo de la primera mujer política en el marco de un sistema “Social Demócrata”, momento importante donde se establece la total libertad sobre el divorcio y sobre  el aborto libre y gratuito.

Referirme a las mujeres “Sufragistas” en la historia es mencionar a uno de los mejores momentos de la liberación femenina tanto en Europa como en América. Uno de los mayores alcances de las mujeres, es el del feminismo de la primera ola con el derecho al sufragio. En el Ecuador y Latinoamérica, fue Matilde Hidalgo de Procel la primera mujer en ejercer su derecho al voto y al mismo tiempo la primera mujer profesional en el campo de la medicina. Sobre Matilde Hidalgo, Jorge Paredes expresa:

Su papel en la consecución de los derechos políticos de la mujer es fundamental. Llegó a ser, en 1924, la primera sufragista del Ecuador y de Latinoamérica. Al año siguiente (1925) fue elegida Primer Concejal del Cantón de Machala. En 1941 fue elegida diputado por Loja con lo cual se convirtió en la primera diputada electa en comicios populares en Loja, aunque por una artimaña machista no pudo ejercer porque habiendo sido elegida diputada titular las autoridades electorales amañaron para considerarla solo suplente. (2016: 2)

Como el caso de Hidalgo de Procel ―aún en este siglo― sigue siendo un reto la completa emancipación de la mujer en la vida política y social, pues un gran número de naciones y regiones funcionan perfectamente incrustadas en el Capitalismo y por ende en el Patriarcado, siendo este último una columna que sostiene a la primera. Esas son las huellas que deja el tipo de gobierno patriarcal y caudillista, como el que finalizó en Ecuador con Rafael Correa.

No se puede negar que en los primeros años de gobierno de Rafael Correa, las políticas sociales y de inclusión dieron un giro de ciento ochenta grados. En este sentido la fiebre social y de igualdad permaneció latente durante un tiempo ―que se yo, los primeros cuatro años― pero a medida que la inclusión se materializaba y esto implicaba que más mujeres (especialmente jóvenes) se incorporaran al trabajo en el sector público o en instituciones del Estado, los derechos humanos y las libertades se veían menoscabadas.  Pues, había la consigna de que las y los funcionarios públicos tenían obligatoriamente que salir a campaña proselitista a favor del gobierno de turno, a contrario sensu podían  ser despedidos de sus trabajos el día siguiente. Algún sumario administrativo con algún pretexto podía poner fin al contrato de trabajo, el absolutismo primaba.

Sin embargo, en ese proceso la participación de la mujer es importante. El feminismo por su parte incidió notablemente, la ola del feminismo es diferente ahora. La mujer juega un papel entre permanecer en los tradicionales estereotipos de feminidad y belleza y mezclar esto con su vida política tal como lo sugiere la autora china Chin-Ning Chu en su libro titulado “El Arte de la Guerra para la mujer en el trabajo”. También las hay de las que radicalmente se posicionan en la autonomía y prescinden de la compañía de los varones para su vida. Con esto, debo decir que las mujeres siguen siendo diversas; a mi pensar, ser mujer, ser femenina y ser política pueden perfectamente ir de la mano, pues no por querer parecernos a los varones somos más poderosas y no por querer ser más femeninas somos más débiles. La fortaleza es una actitud, y el poder lo da la inteligencia emocional y práctica en la vida cotidiana.

Hoy en día, los planes de igualdad llegan hasta la transformación de los patrones culturales sexistas, a que se considere a todo sujeto mujer u hombre como un ente capaz de desempeñar cualquier profesión, actividad, oficio, sin discriminación de género alguna. Desde inicios de siglo y luego de la crisis de 1998, el Ecuador neoliberal vio transcurrir una política partidista, que implicó la escasa presencia de las mujeres en los cargos de elección.

Ya para este nuevo siglo, la política paritaria en tiempos de campaña electoral se fue transformando, especialmente con el llamado: “Socialismo del Siglo XXI”. Para las mujeres ha sido un reto constante permanecer en sus cargos jerárquicos alcanzados y especialmente mantener el poder de decisión. Algunas han salido bien libradas y pudieron ejercer la hegemonía respectiva en sus cargos, por ejemplo el caso de María Fernanda Espinoza, Exministra de Defensa ―al frente de las Fuerzas Armadas del Ecuador―, no así con Gabriela Rivadeneira expresidenta de la Asamblea, que sin querer etiquetarla jugó  una suerte de muñeca de pastel que adornaba la asamblea. Su papel se volvió más protocolario, de apariencia, el gobierno quiso mostrarla como un ícono para la sociedad y las mujeres, pero resultó todo lo contrario.

Ahora con el gobierno de Lénin Moreno, parece una estrategia política para llamar la atención ―de los más ingenuos― la disputa y disyunción que muestran los medios de comunicación entre el actual gobernante y el Correa, los dos del mismo movimiento político.  O como dice Moreno, no es cuestión de amedrentarse, “las diferencias son necesarias”, ¿será este un liderazgo plural con una estrategia económico-política que reintegrará al país?  En este juego, las mujeres vuelven a actuar, pero lo interesante sería que además de las mujeres que participaron estos diez años, aparezcan rostros femeninos nuevos, otras congéneres con experiencia y sentido común en política. Si no las hay, si no se notan, ¿será que la forma absolutista y autoritaria de Correa paralizó a las primeras, las volvió más sumisas y cortas de acción? o posiblemente ¿fanáticas y fundamentalistas? En general ¡la población femenina ecuatoriana, aún permanece inconmovible ante tanta amenaza pasada, ante la prohibición de protesta, ante el fantasma de la libertad de expresión!

Me provoca compasión que las mujeres políticas en el Ecuador actual no respondan fehacientemente al colectivo femenino, ¡la sororidad entre nosotras casi ha muerto y es momento de levantarla, es momento de revivirla!  ¡El progreso de un país, insisto, siempre es con la participación de todas¡ La Psicología dice que las mujeres somos más desleales entre nosotras que los varones entre sí ―quiero pensar que nó― la experiencia me dice lo contrario. Marcela Lagarde, socióloga Mexicana se expresa así sobre la mujer y la política:

Las mujeres deben competir por obtener reconocimiento social por su calidad de género…Compiten genéricamente porque cualquier mujer es amenazante de quitar el sitio a la otra: compiten por los espacios sociales y por los vínculos con los hombres y las instituciones a partir de los cuales pueden existir…El patriarcado obtiene de la confrontación enajenada entre las mujeres uno de sus mayores recursos de sobrevivencia: las mujeres se mantienen aisladas, divididas, antagonizantes y enemistadas políticamente como mujeres, como semejantes. Así, la mayor transgresión política de las mujeres en este sentido es su alianza, su coalición: la sororidad. (2000, 82-83)

Lagarde expresa desde la antropología y desde la Sociología, una visión real en la que relaciona al patriarcado y a la posición política de la mujer. En este panorama las mujeres piensan tener la capacidad real de dominar a otras mujeres, a compañeras, a la servidumbre, a las hermanas, a las hijas, a las madres ancianas, entre otras. Lo cual justifica su actuación de dependencia y constituye una válvula de escape que acepta el dominio propio ante el patriarcado, ante los hombres. Algo así sucede con algunas de las mujeres que han pertenecido a ciertos partidos políticos, necesitan un patriarca al cual arrimarse y justifican su dependencia, dominando a otras mujeres. Además, su mente es también patriarcal, pues aceptan que en la sociedad, debe haber un hombre dominando a otros hombres y a otras mujeres de las cuales forman parte.

Cuando las mujeres dejen de verse como rivales y como inferiores, cuando impulsen a las que estén más arriba y se motiven mutuamente para llegar arriba en conjunto, podrán lograr objetivos comunes en política… Divididas no es posible… unidas sí!

Bibliografía:

Lagarde, Marcela. 2000. “Género y Feminismo”. Desarrollo Humano y Democracia. Madrid. España. Tercera Edición.

Paredes, Jorge. 2016. “Una mujer total: Matilde Hidalgo de Procel”. Lima-Perú.

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Autora

Magister en Sociología Política y Gobernabilidad de Sistemas Institucionales, por la Universidad Central del Ecuador.

Especialista en Género y Políticas Públicas. Directora del Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales y Políticas Ecuatoriano-Latinoamericano CEISPEL.