El racismo y la colonialidad del sujeto: reflexiones desde el sur

El racismo y la xenofobia se nos presentan como dos marcos de (in)comprensión de la otredad que se sostienen por deshumanización, pero en esta relación ¿quiénes son realmente los despojados de su humanidad?

El racismo y la colonialidad del sujeto: reflexiones desde el sur
5 (100%) 1 voto
Racismo, endorracismo y xenofobia en Iberoamerica

“De hecho, el racismo obedece a una lógica sin falle. Un país que vive saca su sustancia de la explotación de pueblos diferentes, inferioriza a esos pueblos. El racismo aplicado a estos pueblos es normal. El racismo no es, pues, una constante del espíritu humano. Es, nosotros lo hemos visto, una disposición inscrita en un sistema determinado.
(Frantz Fanon, Racismo y cultura, 1956)”

Según Aníbal Quijano (2000), con la conquista de América los colonizadores se llamaron a sí mismos blancos, aplicándose la noción de raza para diferenciarse de “otros”, los indios y luego de los negros, categoría que además posibilitó la legitimación de las relaciones de dominación impuestas desde la supuesta superioridad de los europeos.

La raza constituye el primer criterio para clasificar y distribuir a las poblaciones del mundo, a través de la creación de identidades históricas, provocando a su vez una división racial del trabajo. En este marco, los pueblos colonizados se convirtieron en razas inferiores, y en mano de obra barata y/o esclava para producir mercancías para el mercado mundial. Las formas de dominación colonial se erigieron como patrón global de poder capitalista, lo que Quijano apodó como colonialidad del poder (1992).

Dentro la colonialidad, se impone un imaginario social (sustentado desde el eurocentrismo), en que se naturaliza la dominación y hegemonía blanca. Los sujetos oprimidos, los “otros”, se verán desde la óptica de quienes le dominan, configurando una nueva colonialidad, la del sujeto, en que el racismo es una de sus variables.

El racismo responde a un tipo de construcción social anclada en procesos de colonización y de consolidación de los estados naciones, en que se impone un imaginario civilizatorio desde la racialización de los pueblos (Tijoux & Córdova, 2015).

Como término remite necesariamente a la idea de raza en tanto estructura ideológica que está presente desde la conquista y colonización de América. Pero sobre todo se relaciona con el desarrollo de las ciencias naturales durante la Ilustración, en que se elaboraron diversos sistemas clasificatorios, o taxonomías del mundo natural, que incluían a diferentes razas humanas según características físicas y biológicas diferenciadas y asociadas a determinados atributos culturales (Hopnhayn & Bello, 2001).

El colonialismo va a ser una fuente primordial para la constitución de las ideas sobre las diferencias raciales. La misma idea de la superioridad racial europea frente a la supuesta inferioridad y salvajismo de los nativos de América serán parte de los procesos históricos de construcción de imágenes culturales de conquistados y conquistadores (Said, 1993, p. 8).

En este devenir, el sujeto colonial europeo (hombre, blanco, propietario) se conformará en el referente de la humanidad al mismo tiempo que irá deshumanizando a quienes no integren esa categoría. Desde esta diferenciación racializada los indígenas serán vistos como entidades salvajes, un error de la naturaleza, la materialización del pecado (Hopenhayn & Bello, 2001).

El “otro” (indígenas y posteriormente esclavos negros) irrumpe como ser anormal, un monstruo,  parte de una naturaleza exuberante e indómita. Es así que diversos indígenas fueron llevados a Europa para su exhibición pública. En la mayoría de los casos, serán asociados a seres deformes, expuestos en los circos de plazas y ferias, o para la entretención de las Cortes (Amodio, 1993).

Por otra parte el esclavo/negro no tiene otro escenario posible que el silencio. “Al no tener poder (enunciativo), no se tiene voz, no se es sujeto histórico, se está muerto” (Barrenechea, 2007, p. 4). Se convierte en una amenaza al relato unificador nacional blanco, exaltándose su peligrosidad en tanto negro-diablo, negro-hechicero, negro-animal, estigmatización que se mantiene, en que lo negro se le asigna una condición de negación, maldad, impureza, desvío. “La oveja negra de la familia”, “el lado oscuro”, “la magia negra”, serán algunas de las expresiones que reflejan lo señalado.

La esclavitud da origen al negro como categoría social racializada de subordinación, dentro de un sistema mundo capitalista que posibilita el régimen de la esclavitud como hecho social total, desde la relación clase/raza. Lo blanco se convirtió en símbolo de belleza, riqueza y poder y lo negro de miseria, a través de su mercantilización.

El color de la piel, la estructura del rostro, la textura de los cabellos, los elementos más significantes del cuerpo humano, se transmutaron en mensajeros sociales que permitían decir, basándose únicamente en la apariencia física del individuo, a qué clase pertenecía (Depestre, 1985, p. 69).

Considerando lo relatado, el racismo se inscribe en prácticas discursivas estructurales y a su vez cotidianas, que se articulan en torno a estigmas de la alteridad, configurando una comunidad racializada. A quienes se les asignan estos estereotipos se les atribuye una identidad colectiva pero al mismo tiempo se les niega el derecho a autodefinirse (Wallerstein & Balibar, 1991).

Como construcción histórica, responde a un ficción racial (Trujillo & Tijoux, 2016), una identidad imaginada de un “nosotros” blanco, europeo, criollo, que configura y niega a unos “otros”, el indígena, el afrodescendiente, y el actual migrante, a partir de prácticas cotidianas de racialización y persecución de cuerpos estigmatizados por el color de piel.

El imaginario de negación del “otro” se transfiere hoy en día al otro-extranjero que migra desde países con alta presencia indígena o afro (Hopenhayn & Bello, 2001), entrelazándose racismo, xenofobia y discriminación étnico-racial. En esta transferencia el color de piel se convierte en un indicador de peligrosidad e ilegalidad, siendo el nuevo enemigo de los estados naciones.

El racismo y la xenofobia se nos presentan como dos marcos de (in)comprensión de la otredad que se sostienen por deshumanización, pero en esta relación ¿quiénes son realmente los despojados de su humanidad? Sería conveniente recordar las sabias palabras de Aime Césaire. “El colonizador que, para irse haciendo a la idea, se habitúa a ver en el otro a la bestia y a tratarlo como bestia, tiende objetivamente a transformarse él mismo en bestia” (Césaire, 1996, p. 63).

Referencias bibliográficas

Amodio, E. (1993). Formas de Alteridad: construcción y difusión de la imagen del indio americano en Europa durante el primer siglo de la conquista de América. Editorial Abya Yala, Quito, Ecuador.

Barrenechea, P. (2007). La figuración del negro en la literatura colonial chilena. María Antonia Palacios, esclava y músico: la traza de un rostro borrado por/para la literatura chilena. (Tesis doctoral en Literatura Latinoamericana). Universidad de Concepción, Concepción, Chile.

Césaire, A. (1996). Discurso sobre el colonialismo. López, L (coord.). Literatura francófona: II. América. (58-66). México: FCE.

Depestre, R. (1985). Las aventuras del negrismo en América Latina. Depestre, R. (coord.). Buenos días y adiós a la negritud. (19-34). La Habana: Casa de las Américas.

Hopenhayn, M. & Bello, A. (2001). Discriminación étnico-racial y xenofobia en América Latina y el Caribe. Santiago: CEPAL – ECLAC.

Said, E. (1993). Cultura e imperialismo. Barcelona: Anagrama.

Quijano, A. (1992). Colonialidad y modernidad/racionalidad. Perú Indígena. 13(29), pp. 11-20.

Quijano, A. (2000). Colonialidad del Poder, Eurocentrismo y América Latina. Lander, E. (comp.). La Colonialidad del Saber: Eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. (201-246). Buenos Aires: CLACSO.

Tijoux, M. E. & Córdova, M. G. (2015). Racismo en Chile: colonialismo, nacionalismo, capitalismo. Polis Revista Latinoamericana. 14(42), pp. 7-13.

Trujillo, I. & Tijoux, M. E. (2016). Racialización, ficción, animalización. Tijoux, M. E. (coordn). Racismo en Chile. La piel como marca de la inmigración. (49-63). Santiago: Editorial Universitaria.

Wallerstein, I. & Balibar, E. (1991). Raza, nación y clase. Madrid: IEPALA.

  • Anteriores posts
mm
Autora

Doctora en Estudios Americanos.

Antropóloga con Magíster en Psicología Social.

Investigadora del Programa de Psicología Social de la Memoria, Universidad de Chile.