El papel de la indignación en el estallido social chileno

Hoy ha caído la falacia de la meritocracia, tan utilizada para justificar el sistema económico, rompiéndose también la confianza en el sistema político.

estallido social chileno
estallido social chileno

En estos últimos meses varias han sido las perspectivas que se ha querido utilizar para explicar el estallido social chileno, habiendo claridad entre los ciudadanos de que se trata de un fenómeno que ha respondido a la desigualdad de derechos, las arbitrariedades cometidas por los grupos de poder y que ha sido la consecuencia de un largo proceso de toma de conciencia de haber sido ignorados en sus demandas por Justicia social.

Los ciudadanos-as han tenido ya muchas experiencias en las que entregan más de lo que reciben de la sociedad, siendo relevantes la inequidad en salud, las bajas pensiones de vejez, etc., sintiendo que sólo es el sector empresarial el que recibe la riqueza de los esfuerzos y ahorros del grupo de trabajadores. Hoy ha caído la falacia de la meritocracia, tan utilizada para justificar el sistema económico, rompiéndose también la confianza en el sistema político.

Para pensar este momento es necesario partir por identificar las distintas fuerzas que operan en el mundo social, e intentar reconstruir la complejidad de las relaciones y dinámicas de poder asociadas a ellas, reconociendo a la vez las tensiones que históricamente han existido y que no han sido suficientemente cuestionadas ni superadas.

Es relevante recordar, por ejemplo, que la estructura social chilena ha descansado en una organización de tipo jerárquica de patrones y trabajadores, heredera de la cultura de hacienda que caracterizó al país desde el siglo XVII y parte del siglo XX. Estructura jerárquica que, desde la migración del campo a la ciudad, también se propagó a otros espacios sociales. Ancladas en estos esquemas, se mantuvieron las relaciones paternalistas que favorecían el conformismo, la sumisión, la dependencia y que impedían un desarrollo y empoderamiento de estos grupos sociales. Para las clases dominantes la jerarquía vertical era lo normal en la relación entre las personas, así como sus prejuicios acerca de menores capacidades, ignorancia y pasividad de la población.

La lucha por la justicia social:

La lucha por la Justicia social ha sido permanente en la historia de Chile, y sus ejemplos son dolorosos; uno de ellos ha sido el de la huelga de trabajadores del salitre en 1907, originada por la explotación a los obreros y las condiciones miserables de trabajo. Esta huelga fue reprimida por la fuerza, y los trabajadores 1Chilenos en su mayoría y de otras nacionalidades (argentinos, bolivianos, peruanos). y sus familias fueron asesinados por el Ejército mientras se alojaban en la Escuela Santa María de Iquique. Como ocurrió en este caso, la búsqueda por acabar con la injusticia social, ha sido acallada en varios momentos de la historia por la fuerza y las armas, y en la memoria de Chile ha quedado este registro, aprendiendo la triste lección de que el cuestionamiento de ese orden vertical y la lucha por la justicia social se castigaba con la muerte.

De las clases oprimidas, de los trabajadores-as siempre se ha esperado la conformidad, la resignación, la buena voluntad, y si ellos vivían en la injusticia, lo esperable y decente como trabajadores y ciudadanos era “la lealtad al patrón”, el no mostrar discrepancias ni desacuerdos con quienes tienen poder.

Por décadas, el reclamo y expresión de demandas por una mejor calidad de vida, y por mejores condiciones laborales, han sido calificados como resentimiento. Resentida, o resentido, son los términos que se gritan a manera de ofensa a quien clama por justicia social. Esta expresión pretende situar el origen de la disconformidad social en el propio manifestante, en algún defecto personal, en un supuesto odio y envidia que como actitud negativa debería ser erradicada. Desde esa concepción, la demanda social no existe, y la responsabilidad en la generación y mantención de esa desigualdad es negada por los grupos económicos y de poder, quienes también intentan quitar el estatus de derecho a la expresión del descontento y a la protesta, creando, además, la idea de que no existen los derechos (laborales, humanos, etc.) más allá del papel.

El resentimiento no logra explicar el estallido social de octubre. Desde esa concepción un reconocimiento de los perjuicios y su indemnización acabaría con el llamado resentimiento. Y no obstante las medidas y mejoras sociales anunciadas, la población sigue de pie, recordando que hay mucho que superar y mejorar. La crisis chilena en realidad no se ha resuelto porque en la base del estallido social está la búsqueda de Justicia social, y la socialización de la dignidad.

Derechos Humanos y La Dignidad de la persona Humana

Con el regreso a la democracia en marzo de 1990 se hizo presente en los chilenos-as el discurso de los Derechos Humanos. Existía un gran contraste entre la represión dictatorial y la toma de conciencia sobre los derechos humanos, y de esa forma empezó a consolidarse la idea del respeto a la dignidad humana, a la seguridad, la libertad de expresión, el respeto y cuidado por la integridad física. Se instauró profundamente entre los ciudadanos una convicción por la igualdad entre las personas.

Pero se hizo notorio con el correr de los años la discrepancia entre el reconocimiento de los derechos económicos y sociales vinculados con el principio de igualdad, y las opciones concretas de encontrar una realización de éstos en la sociedad. En los últimos años la desigualdad se fue acentuando debido a los efectos de exclusión que generaron las políticas neoliberales y la irresponsabilidad de los grupos de poder político y económico, en las decisiones sobre temas medioambientales, de educación y salud, dado que privilegiaron un provecho económico por sobre un bien social a largo plazo.

Comienza a expresarse el malestar por el sistema y modelo económico que fue precarizando la vida laboral, familiar, estudiantil. También se acentuaba el descontento por el financiamiento irregular de la actividad política, que implicaba lazos inconcebibles entre la clase política, cuyo discurso oficial de apoyo al pueblo, en los hechos era más amigable a los intereses del empresariado que los financiaba. La ciudadanía llegaba a tomar conciencia de que el sistema social y económico era manejado por personas que no conocen la realidad de la población, ni los obstáculos y problemas sociales que enfrentan.

En el momento de analizar los motivos y causas del estallido social, fueron desempolvadas viejas teorías sobre pobreza, como el concepto de desesperanza aprendida que alude al comportamiento pasivo que tendría la población más pobre, que sería incapaz de responder a sus propias necesidades a pesar de que existan oportunidades en la sociedad para ayudarse a sí mismos. Los análisis más superficiales sobre alguna “herencia social” que se transmitiría generacionalmente y que impide superar la pobreza material, se hacen inútiles para comprender la realidad chilena actual, ya que las oportunidades no existen para toda la población, y la crisis obedece a disfuncionalidades originadas en las estructuras del sistema económico y político. Asimismo, los hechos de octubre revelan justamente lo opuesto a una pasividad, pues hay una demostración de que la población ha tenido la fortaleza y creatividad para trabajar y sobrevivir en un sistema nocivo, siendo muy conscientes de que la inequidad no debe tener lugar en esta sociedad.

El recurrir a viejos conceptos, teorías surgidas de otras realidades es un acto que se transforma en “parte del problema”. Ser parte del problema es la expresión que las personas usan en estos días para denominar a los grupos de poder que favorecen las prácticas sociales abusivas y que contribuyen a perpetuar la desigualdad. El uso de una teoría social ajena y sin reflexión cae nuevamente en una devaluación de la población, al desconocer sus dinámicas y descalificar sus recursos intelectuales.

En otras reflexiones interesantes existe el concepto de humillación 2La humillación ha sido estudiada y reflexionada por ciudadanos, activistas, autores en distintas realidades sociales. Se ha tomado un concepto que circula en la actualidad social chilena. que podría ilustrar el desarrollo del estallido social, entendiendo la percepción de humillación como el momento en que un grupo toma conciencia de haber sido devaluados en su dignidad como personas por parte de otro grupo que se encuentra en una posición de poder, que en el caso chileno, se trataría de las élites político económicas.

En anteriores concepciones sobre la relación entre las personas, no era posible sentirse ofendidos, humillados o contradecir  al patrón ante el abuso económico y la invisibilización social, pues la posición jerárquica de unos sobre otros no tenía discusión, se asumía como realidad incuestionable el que los seres humanos “no eran iguales ni tenían los mismos derechos”.

Podría pensarse para el caso chileno que una toma de consciencia reconoce algún momento de humillación, sin embargo, la emocionalidad asociada a la ofensa, vergüenza, o pena por sí mismos no existe, al menos no de un modo generalizado ni público.

Hoy la ciudadanía no cree argumentos sobre jerarquías y superioridad moral de unos ciudadanos sobre otros. No quienes han visto la injusticia cara a cara, con nombres y responsables, cuando se ha cruzado el límite del cinismo y la corrupción, teniendo las pruebas al alcance de todos.

En los hechos de la realidad chilena han surgido una y otra vez expresiones que hablan de indignación social, un sentimiento de rechazo a la situación de desigualdad y vulnerabilidad que vive la población. La indignación es experimentada por la población, teniendo plena conciencia de su valor como personas y ciudadanos; no se sienten ofendidos, ni rebajados, sino que exigen lo que es propio, clarificando que se ha cometido una falta que es socialmente inaceptable.

La indignación parte como una emoción y se configura como un sentimiento compartido por muchos, encontrando empatía y motivación para la transformación social también entre quienes nunca han vivido situaciones desfavorecidas.

En este período la indignación se muestra como un motor para la toma de conciencia y la valoración de la interrelación entre quienes conforman un colectivo social, dando paso a una conexión como pueblo, que piensa en las posibilidades de movilización para superar las inequidades que fue creando el sistema, y en formas creativas de sostener la demanda por justicia social.

Hoy la gran masa de ciudadanos, que se hace llamar el Pueblo, está lejos del conformismo y la resignación. Creen en una relación social igualitaria, justa, y se sabe poseedora de derechos humanos.

Y es por esto que se puede entender la indignación como un momento emocional que da impulso a una lucha de recuperación y también de conquista de nuevos tratos sociales. Es un dejar claro a las élites que personas en el poder están abusando (emocionalmente, económicamente) de un igual. Se ha consolidado la idea del respeto a la dignidad humana por la ciudadanía, la que ya no está huérfana de sentido, pues hoy tiene una identidad y un relato que se actualiza en esa motivación por vivir en dignidad: socializándola, comunicándola a quienes parecían no saberlo y no la respetaban como atributo y valor inherente a todo ser humano. El pueblo sabe que tiene derechos y puede ampliarlos, hay más repertorio y estrategias para lograrlo.

La ciudadanía se instala en las plazas, se entrelazan las ideas en un relato común en la Plaza Italia hasta donde han llegado desde diversas zonas de Santiago y el país. Hoy se le llama Plaza de la Dignidad, un punto de reencuentro, protesta y expresión, donde se juega la vida “hasta que la dignidad se haga costumbre”.

Un estallido social violento como ha sido este octubre chileno, logró visibilizar las cuestiones sociales y otorgarles su lugar de importancia, dando magnitud al descontento mas allá de la cifra no atendida en tantos informes, reportes, artículos, manifestaciones, y marchas que los grupos de poder habían ignorado.

Santiago, 104 de octubre.

Notas   [ + ]

1.Chilenos en su mayoría y de otras nacionalidades (argentinos, bolivianos, peruanos).
2.La humillación ha sido estudiada y reflexionada por ciudadanos, activistas, autores en distintas realidades sociales. Se ha tomado un concepto que circula en la actualidad social chilena.
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Lic. en Psicología. Master en Psicología Individuo, Grupo, Organización y Cultura por la Universidad del País Vasco.

Ha desarrollado trabajo comunitario en el área de salud y en contextos de ruralidad . Docente en el área de las ciencias sociales. Activista social

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