El mal de Chagas: Enfermedad parasitaria más grave en América Latina

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Las enfermedades que afectan a una gran parte de la población de un lugar, la mayoría de ellas de origen infeccioso, pero también tenemos algunas que no son de origen infeccioso, son parte intrínseca de la historia de Latinoamérica desde hace muchos siglos, especialmente desde la llegada de los europeos a aquellas tierras hace más de 5 siglos.

Para comenzar el año 2022 en nuestro blog vamos a hablar de una de las enfermedades comunes más habituales en Latinoamérica, conocida como el Mal de Chagas, también conocida como tripanosimiasis americana o Mal de Chagas-Mazza.

Es llamada así en honor del médico brasileño Carlos Chagas y del médico argentino Salvador Mazza. Pero antes de introducirnos de lleno en esta enfermedad tropical, vamos a realizar una pequeña semblanza de los dos médicos que descubrieron e investigaron esta enfermedad en la primera mitad del siglo XX; y del médico principal responsable a nivel mundial desde hace décadas de la lucha contra esta enfermedad.

Carlos Justiniano Ribeiro das Chagas (Oliveira, Minas Gerais, 9 de julio de 1879- Río de Janeiro, 8 de noviembre de 1934) fue el médico e investigador que descubrió esta enfermedad, en 1909, mientras trabajaba en el instituto Oswaldo Cruz de Río de Janeiro.

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El primer trabajo de Chagas sobre esta enfermedad comenzó un año antes cuando expuso el descubrimiento del nuevo organismo. Chagas lo diagnosticó por primera vez en una niña de dos años llamada Berenice Soares de Moura.  La niña se encontraba en principio en buen estado de salud, pero a los 15 días, Chagas encontró a Berenice con fiebre, con el hígado y el bazo inflamados y ganglios linfáticos. Un año después, Chagas visita nuevamente a Berenice y comprueba que su temperatura era normal y que los síntomas de la enfermedad habían desaparecido.

El trabajo de Chagas fue una revolución en su época al conseguir descubrir completamente una nueva enfermedad infecciosa, desde su patógeno, su vector (un vector es cualquier agente (persona, animal o microorganismo) que transporta y transmite un patógeno a otro organismo vivo); sus manifestaciones clínicas y su epidemiología.

Tras 53 años, en 1963, investigadores de la Facultad de Medicina de Belo Horizonte buscaron a Berenice para revisar el primer caso de Chagas estudiado.  Encontraron el parásito en el organismo, pero ningún síntoma de la enfermedad, lo que demostraba que esta enfermedad puede quedar sin síntomas en el organismo incluso varias décadas.

Salvador Mazza (Buenos Aires, 6 de junio de 1886- Monterrey, 9 de noviembre de 1946) fue un médico y bacteriólogo argentino  de origen italiano (ambos progenitores había emigrado desde Palermo, en Sicilia) que se dedicó casi toda su vida laboral al estudio y a la lucha contra esta enfermedad y contra otras enfermedades endémicas.  Completó los estudios realizados por Chagas sobre los elementos que desarrollaban la enfermedad y sobre el vector (un insecto llamado de diversas formas según  el país de Latinoamérica que observemos). Además, Mazza perfeccionó los tratamientos ya existentes para paliar esta enfermedad.

En la actualidad, el responsable del programa de la Organización Mundial de la Salud para la lucha contra la enfermedad de Chagas es el médico hispano- brasileño, de origen catalán, Pedro Albajar Viñas (Campiñas, Sao Paulo, 1965). De padre y madre catalán, Albajar nació y pasó su niñez en Brasil debido que sus padres tuvieron que trasladarse a tierras paulistas para la apertura de una fábrica de una importante empresa catalana.

Tras pasar su niñez en Brasil, Albajar vuelve con su familia a España para pasar su juventud.  Posteriormente, estudia medicina en la Universidad de Barcelona, donde termina sus estudios en 1990.

Nada más acabar sus estudios, Albajar se especializa para trabajar en comunidades de la zona tropical del mundo.  En 1993 consigue el Diploma en medicina tropical por la Universidad de Barcelona; y tres años más tarde, el Diploma of Tropical Medicine & Hygiene a The Royal College of Physicians y el Master Science course Infection & Health in the Tropics de la London School of Hygiene and Tropical Medicine en la Universidad de Londres. Finalmente, se doctora en Medicina Tropical en el año 2003.

Desde 2008 lidera en Ginebra el proyecto de la OMS como coordinador de la lucha contra la enfermedad de Chagas, impulsando a nivel mundial un proyecto para la detención precoz y mejora en el tratamiento de esta enfermedad.

El Mal de Chagas es una enfermedad parasitaria tropical que está incluida por la OMS dentro del grupo de enfermedades desatendidas, que son un grupo de enfermedades infecciosas, mayoritariamente parasitarias como el Mal de Chagas, que afectan sobre todo a las poblaciones con menos recursos y con un limitado acceso a los servicios más básicos de salud; poblaciones que se encuentran en áreas remotas rurales y en los barrios marginados de las grandes ciudades.

Esta enfermedad es causada por un protozoo (un microorganismo) conocido como Trypanosoma cruzi.  La enfermedad es una zoonosis (patógeno que se trasmite de forma natural de animales a seres humanos) que afecta a varios animales vertebrados salvajes, desde donde se trasmite a los seres humanos a través de una serie de insectos.

Chagas murió pensando que la vía de infección principal de esta enfermedad era la picadura del insecto.  Posteriormente, Emile Brumpt fue el que propuso que eran las heces del insecto por donde se producía la infección.  Los insectos ponen sus heces alrededor de la picadura. Cuando la persona se rasca la picadura, las heces con el parásito que provoca la enfermedad, entran en el torrente sanguíneo. Este contagio por heces fue demostrado por los médicos Silveira Dias en 1932; Cardoso en 1938 y por el propio Brumpt en 1939.

Además de por las heces, la enfermedad puede trasmitirse por transfusión sanguínea,  por un trasplante o por la ingesta de alimentos infectados; así como puede ser trasmitida de madres a hijos e hijas.

Una vez infectados por esta enfermedad, el Chagas presenta dos etapas diferenciadas entre sí. Una  etapa aguda que comienza entre los 6 y los 10 días después de la infección y que dura entre 4 y 8 semanas.

En la gran mayoría de las veces, esta fase de la enfermedad pasa inadvertida para la mayoría de las personas que la contraen, ya que la enfermedad no presenta síntomas o los que presenta  como fiebre, linfadenopatías (trastorno de los ganglios linfáticos) o aumento del hígado y del bazo son síntomas leves y fácilmente confundibles con otras enfermedades infecciosas.

Algunas veces se produce Chagoma, que es un nódulo inflamatorio en el lugar donde ha picado el insecto Reduviidae, uno de los insectos que trasmite esta enfermedad.  También se puede producir el conocido como signo de Romaña, que es una inflamación alrededor del ojo.

En cambio, la etapa crónica es mucho más dañina para la salud humana. Entre el 20 y el 40 % de las personas que contraen la enfermedad desarrollan la etapa crónica. Esta fase de la enfermedad provoca entre 10 mil y 12 mil muertes anuales.

Tras un periodo, que puede durar muchos años, en los que los pacientes tiene la enfermedad sin síntomas, en esta etapa se desarrolla una cardiomiopatía difusa grave o bien una dilatación patológica del esófago y el colon.

Solamente existen dos medicamentos, el benznidazol y el nifurtimox,  que sirven para curar esta enfermedad. En la fase aguda prácticamente el 100% de las personas que siguen el tratamiento se curan del Chagas. Sin embargo, ese porcentaje baja considerablemente en la fase crónica. Además, en esa fase el tratamiento dura 60 días y el 40 % de las personas reportan síntomas adversos. Debido a ello, muchas personas de zonas empobrecidas y lejanas a las ciudades en Latinoamérica no pueden seguir correctamente el tratamiento y no pueden ser monitorizados de cara a vigilar los posibles síntomas adversos.

La industria farmacéutica tampoco invierte en investigación para mejorar los tratamientos contra el Chagas, ya que la gran mayoría de contagiados son pobres.

La aparición, de repente, de una enfermedad que se encuentra latente provoca en la Región Latinoamericana graves pérdidas económicas y el fallecimiento repentino de personas aparentemente sanas.

La importancia del Mal de Chagas  radica en que es una enfermedad endémica en 21 países de América (prácticamente toda Latinoamérica, desde el Sur de los Estados Unidos hasta la Patagonia), afectando en total a una población estimada de entre 10 y 18 millones de personas y pudiendo coger la enfermedad una población que oscilaría entre los 70 y los 100 millones.

El Mal de Chagas es una de las enfermedades y de los problemas de salud más importantes en América Latina, no solamente por la cantidad de personas que tienen o pueden tener la enfermedad, sino por los efectos que dicha enfermedad causan anualmente. Según la OMS,  el Mal de Chagas es una de las 13 principales enfermedades tropicales desatendidas del mundo y es la cuarta enfermedad más mortal entre ese tipo de enfermedad.

Además, provoca más pérdida de años de vida ajustados por discapacidad (número de años, de esperanza de vida, perdidos por una persona debida a enfermedad, discapacidad o muerte prematura) que la malaria y el dengue juntos.

Aunque el Mal de Chagas fue diagnosticado como tal y nombrada a inicios del siglo XX, la enfermedad fue detectada varios siglos antes por los cronistas españoles y europeos; y además, tenemos varios registros arqueológicos sobre esta enfermedad.

Según los registros arqueológicos, tenemos evidencia de que los humanos que fueron poblando en continente americano fueron infectados con el parásito Trypanosoma cruzi hace aproximadamente 9000 años.

Los registros arqueológicos más antiguos fueron encontrados en momias del pueblo chinchorro, pueblo que habitaba a lo largo de la costa del desierto de Atacama, entre el sur de Perú y el norte de Chile. Posteriormente, se han encontrado momias más recientes con el mismo parásito.

Según los investigadores, en aquella época la trasmisión del parásito ocurría entre animales salvajes y entre insectos que habitaban en nidos o cuevas.  Saltó de animales a humanos al ocupar los primeros pobladores del continente cuevas situadas en la costa como lugar para vivir, y al construir casas con juncos y techos de paja que provocaban la proliferación de insectos propagadores de la enfermedad.

Se calcula que la prevalencia de la enfermedad en las poblaciones latinoamericanas precolombinas podría rondar el 40%.

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Cuando llegaron los conquistadores y misioneros españoles, muchos de ellos escribieron en colación con la trasmisión de esta enfermedad. Vamos a ver algunos casos:

El primer español que parece que reportó esta enfermedad fue el militar Francisco de Garay durante su estancia en Veracruz, México en el año 1523. Garay hablaba de pitos (una forma de llamar a estos insectos) que al picar causan fiebre.

A finales del siglo XVI, el sacerdote misionero Fray Reginaldo de Lizárraga (Medellín, Extremadura 1545- Asunción del Paraguay, 1615) en su momento obispo de Concepción (actual Chile) y Asunción, hizo una primera descripción sobre los insectos redúvidos y​ su hábito nocturno de alimentarse de sangre.

En el lado portugués también encontramos diversas descripciones respecto a una enfermedad conocida como “mal do bicho”,  que se caracterizaba por una distensión del recto donde aparecían gusanos, Parece que estos síntomas se deba a acalasia de colon, una complicación del Chagas bastante frecuente en Brasil.

Durante la primera intervención francesa en México (1838-1839) algunos soldados franceses, a la entrada en Veracruz, relataban síntomas que concuerdan con esta enfermedad.

Recientemente, se ha propuesto la posibilidad de que el primer presidente de México, José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Feliz (Tamazula, Durango, 29 de septiembre de 1786- Perote, Veracruz, 21 de marzo de 1843), conocido como Guadalupe Victoria, pudiera haberse contagiado en su estancia en las selvas de las afueras de Veracruz. Su autopsia revela que Victoria tuvo alguna patología cardiaca, en concreto una miocardiopatía, que casi con toda seguridad fue provocada por el Chagas.

El naturalista y científico Charles Darwin (Shrewsbury, 12 de febrero de 1809- Down House, 19 de abril de 1882)  pudo haber tenido la enfermedad como resultado de una picadura de llamado como “gran bicho negro” en la pampa. El episodio fue relatado por el propio Darwin en su “diarios del viaje del Beagle” publicado en 1839:

Dormimos en el pueblo de Luján, que es un lugar pequeño, rodeado de jardines, y forma la zona más cultivada en el sur de la provincia de Mendoza, está a cinco leguas al sur de la capital. Por la noche tuve un ataque (porque no se merece menos el acto) de la benchuca, una especie de redúvido, el insecto grande y negro de las Pampas. Es muy desagradable sentir suaves insectos sin alas, de aproximadamente una pulgada de largo, arrastrándose sobre el cuerpo de uno. Antes de la succión son bastante delgados, pero después se vuelven redondos e hinchados de sangre, y en este estado pueden ser fácilmente destruidos.

Un ejemplar que me llamó la atención en Iquique, (ya que se encuentran en Chile y Perú), estaba muy vacío. Cuando lo puse sobre una mesa, y a pesar de estar rodeado de gente, si se le presentaba el dedo, el intrépido insecto inmediatamente mostraba su estilete, picaba, y si se le permitía, realizaba extracción de sangre. La herida no causaba ningún dolor. Era curioso observar su cuerpo durante el acto de la succión, ya que en menos de diez minutos pasó de ser tan plano como una oblea, a una forma globular. Uno se mantuvo obeso durante 4 meses completos, pero, después de la primera quincena del mes, estaba listo para realizar otra succión.

En 1837,  casi un año después de volver a Inglaterra (se supone que 8 años después de que supuestamente el insecto le picara) Darwin comienza a sufrir, de manera repentina, síntomas poco comunes que le provocaron que quedara incapacitado para el resto de su vida. Varios intentos de examinar los restos de Darwin, que se conservan en la actualidad en la Abadía de Westminster, para intentar confirmar esta hipótesis  usando la tecnología moderna de PCR, han sido impedidos por el conservador del museo, responsable de los restos.

A pesar de los importantes estudios de Chagas y Mazza, y a pesar de los muchos indicios históricos y arqueológicos que existían sobre la importancia de esta enfermedad, la misma no fue considerara un problema de salud pública de importancia en Sudamérica hasta los años 60. Incluso hubo un gran brote del Mal de Chagas en Brasil en los años 20 que pasó ignorado en su mayoría.

En la actualidad,  El Mal de Chagas se ha extendido fuera de las fronteras latinoamericanas, sobre todo a Europa, debido a los movimientos migratorios  en masa, ocurridos en las últimas dos décadas, desde algunos países Latinoamericanos hacia Europa en general y España en particular.

En los últimos años existe una investigación de la Universidad de Granada que ha patentado 3 productos que están aún en fase experimental.

BIBLIOGRAFÍA

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Steverding, D. 2014. The history of Chagas disease. Parasit Vectors 7: 317.

En la próxima entrada vamos a analizar los principales elementos de la cultura Chavín, cultura que se desarrolló en los Andes  entre el 1200 y el 400 a.C.

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Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.

Especialista en Paleografia y Diplomática.

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