El límite de la vida humana vs la vida viral. ¿Dónde estamos parados?

Tratando de aportar ante la crisis por el coronavirus SARS-CoV-2 (COVID 19)

Esperanza de vida al nacer
Esperanza de vida al nacer

En colaboración junto a Griselda Russo1neuropsquiatras.com. Av. Forest 1179, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Rep. Argentina. Email:
dragriseldarusso@gmail.com.

Desde sus orígenes el hombre ha tenido interés por conocer cuál será su longevidad, así como también la aspiración permanente por prolongar la esperanza de vida; las respuestas a estas inquietudes han variado conforme las creencias de cada civilización (Giraldo, 2009). Existe  consenso en que desde los Australopithecus al Homo sapiens, la esperanza de vida se mantuvo en torno a los 35 años. Históricamente, las pandemias han constituido una grave amenaza para la sobrevivencia humana, debido a que sus consecuencias pueden llegar a ser catastróficas –teniendo un gran impacto negativo sobre la esperanza de vida– (Uribe, 2015). Las pandemias comparten con las hambrunas, las guerras y las catástrofes naturales una característica común, que es acarrear otros desastres (Ibáñez, 2019).

William Shakespeare (1623) distinguía las etapas del ciclo de vida en décadas, comenzando con el niño de un año al escolar de 10 años, y finalizando en el anciano de 70 años. Sin embargo, en esta época solo 0,3% de las personas lograban llegar a ser ancianos, como consecuencia de la temprana mortalidad materno-infantil, la desnutrición y las  infecciones, sumándose además a las altas tasas de mortalidad por las constantes guerras (Pasqualini, 2014).

Durante los siglos XVIII, XIX y XX, existieron alrededor de 22 pandemias registradas (Ibáñez, 2019) destacándose las de influenza por ser las más temidas, dada su presunta alta mortalidad (Uribe, 2015). Se han producido diez pandemias de influenza en los últimos trescientos años; con anterioridad a la pandemia por el coronavirus SARS-CoV-2 (COVID 19)2El coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2), es un tipo de coronavirus causante de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) (OMS, 2020; Gorbalenya, 2020). , las más cercanas se produjeron en 1957-1958 y 1968-1969, y han sido consideradas leves3Si bien perecieron decenas de miles de estadounidenses en cada una, según estudios realizados, Sin embargo, el episodio más importante de la historia con respecto a este virus fue la “pandemia de gripe” española de 1918, que causó de 25 a 50 millones de muertes en todo el mundo (Ghendon 1994), evidenciando cómo ciertas pandemias ocasionan más daños que otras, producto de la construcción genética de cada virus específico y de la presencia de ciertos factores de virulencia (Osterholm, 2006). en comparación con la pandemia de 1918-19194Entre 1918 y 1919 se produjo la pandemia de gripe, mal llamada Spanishflu, Spanish Lady o gripe española –la denominación de gripe española se debe a que fue el primer país a nivel mundial, que informó sobre la pandemia (Ibáñez, 2019)–, ha sido considerada la mayor catástrofe sanitaria del siglo XX,  ya que produjo en menos de un año la pérdida de entre 25 y 50 millones de personas (García, 2013).Otras estimaciones arrojan cifras superiores, de entre 50 y 100 millones de personas, para considerar su magnitud vale compararla con la Primera Guerra Mundial (1914-1918), donde murieron 40 millones (Ibáñez, 2019). –primera pandemia global (Ibáñez, 2019), que implico una marcada disminución en la esperanza de vida (Pinilla, et al., 2004)– (Osterholm, 2006).

Así, durante la mayor parte del siglo XX fueron desconsideradas las pandemias, en tanto se destacaba la disminución de la desnutrición y de las enfermedades transmisibles –con predominio de las parasitarias y el aumento proporcional de las enfermedades no infecciosas (Ramos Clason, 2012)–, que generaban por primera vez incrementos continuos en la expectativa de la vida humana al nacer (en adelante Eo). Las causas de dichos incrementos son variadas, pero fundamentalmente pueden atribuirse a las mejoras en la salubridad e higiene, las vacunas y los antibióticos en el marco de un representativo avance de la ciencia (Oeppen y Vaupel, 2002).

Pero al mismo tiempo, otros factores como las migraciones, los cambios en las prácticas agrícolas, la deforestación y el deterioro ambiental, la globalización de suministros alimentarios, los cambios en procesamiento de alimentos, así como también el uso generalizado de antibióticos, han fomentado la diseminación de agentes patógenos (Buj Buj, 2006), y la resistencia de los mismos a los medicamentos más utilizados (Barnes, 2005; SENC, 2008). Destacándose como los cambios sociales influyen en la duración de la vida humana y de manera recíproca, el número medio de años que viven las personas influye en el tipo políticas, las características del sistema productivo, los sistemas previsionales y en la conciliación familiar-laboral, entre otras (González, 2014). Siendo las conductas de las personas las responsables de generar el mayor impacto en la evolución de las enfermedades humanas (Ethne Barnes, 2005).

La E0 viene creciendo en todo el mundo, con excepción de tres grupos de países: los llamados países de la Europa del Este y la Federación Rusa, debido a la crisis de mortalidad entre los hombres; en Ruanda, Burundi y Congo producto de las guerras tribales internas, y en Bostwana, Uganda y Zambia, a causa del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA/AIDS) (Goerlich y Pinilla, 2005, p.9).

A nivel mundial la Eo era de 47,0 años en el quinquenio 1950-19555Las fuentes de información estadística utilizada son los microdatos de los censos de población, que tiene una apertura que alcanza al grupo de 110 años[5], y las proyecciones de la población mundial (realizada por la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Secretaría de las Naciones Unidas, revisión correspondiente al año 2017). Sobre estas bases se han realizado los procesamientos necesarios para generar los datos para los diferentes indicadores de longevidad que se presentan. existiendo un  0,05% de la población mundial con 90 años y más. Esta tasa se incrementó con el paso del tiempo, alcanzando en el quinquenio 2010-2015 la Eo un valor de 70,8 años, con un peso relativo de las personas de 90 años y más, equivalente al 0,21% de la población mundial. De modo que la E0 presento una disminución en el ritmo de crecimiento entre 1950 y 2015, mientras que lo contrario sucedió para el segmento de la población más envejecida (Partridge y Gems, 2002; y Robine y Vaupel, 2001).

Durante estos últimos sesenta años, el valor de la E06La esperanza de vida (E0) es el indicador más ampliamente utilizado para realizar comparaciones sobre la incidencia de la mortalidad en distintas poblaciones y, con base en ello, sobre las condiciones de salud y nivel de desarrollo de una población. Este índice forma parte de los Indicadores de Desarrollo Sostenible  y de los Indicadores de Igualdad de Género de Eurostat. más elevado correspondió a  Norteamérica y el mínimo a África, no obstante entre el primer y último quinquenio, Norteamérica tuvo el menor crecimiento, seguido de Europa –en ambos sexos, varones y mujeres–. Si en cambio consideramos la esperanza de vida a los 100 años y más7Cabe considerar la afirmación de Rica respecto a que las tasas de mortalidad a las edades extremas deben considerarse como aproximaciones generales ya que en esta etapa la población observada y la información sobre las defunciones es poco confiable. En este aspecto consideramos que es necesario que se realicen estudios sobre calidad de los tabulados de Esperanza de vida a los 80 años, publicados por la División de Población de por Naciones Unidas (2017),  y realzar la  difusión de su validez. (E100 y más), el mayor crecimiento entre los quinquenios 1950-1955 y 2010-2015 correspondió a la región de América Latina y el Caribe.  Además, esta última región presentó la mayor cantidad media de años que viven los centenarios  –ambos sexos, varones y mujeres–, superando a Norteamérica, Oceanía y Europa, tal como puede apreciarse en la Figura 1.

Aunque la finalidad no es el aumento de la expectativa de vida, sino el aumento de la expectativa de vida activa o libre de discapacidad8Resultando entonces prioritarias las evaluaciones del estado de salud del adulto mayor, y en especial de la capacidad funcional –el deterioro funcional determina mayor morbilidad, discapacidad y fragilidad (González Moro y Rodríguez Rivera, 2006)–, que habitualmente se expresa en el desempeño o grado de independencia para la realización de actividades del diario vivir. , a sabiendas de que la prevalencia de discapacidad se incrementa progresivamente con la edad (Parker, et al.,1997;  Buckley, 2001).

Diversos estudios,  expresan que aproximadamente el 30% de los centenarios llega a sus 100 años con un estado cognoscitivo adecuado9Otras investigaciones estiman que entre el 30 y 50% de los centenarios presentan un estado biomédico, funcional y psicológico relativamente bueno, manifestando diferencias a su interior y en relación a otros grupos etarios en sus características sociodemográficas, económicas, estilos de vida y perfiles de salud (Jeune y Vaupel, 1995; y Franceschi y Bonaf, 2003). (Census Bureau, 1999; Gavrilov et al., 2002;  Cawthon et al., 2001).

Según los datos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (Desa) Naciones unidas, los centenarios10En los países desarrollados el número de las personas que celebran su cumpleaños número 100 se ha multiplicado cada década desde 1950, siendo este incremento excepcionalmente rápido comparado con el progreso de la mayoría de las poblaciones (Partridge y Gems, 2002; y Robine y Vaupel, 2001). A nivel mundial se estima que existen cerca de medio millón de personas de 100 años y más, triplicando la cantidad de centenarios que había a principios de este siglo, mientras que la población mundial aumentó 20 por ciento (UNFPA, 2012). en el año 2000 en Europa alcanzaban una cantidad de 46.600, es decir, 65 por cada millón de personas –con un amplia dispersión según la división territorial, 23 en Europa oriental, 50 en Europa del sur, 106 en Europa occidental y 135 en Europa del norte–, y en América Latina y el Caribe el valor era marcadamente mayor, de 145 por cada millón de habitantes (Bezrukov y Foigt, 2005). Se espera que este grupo poblacional que ha logrado sobrevivir a las enfermedades relacionadas con la edad, alcance a nivel mundial un total de 3,2 millones de personas en el 2050  (UNFPA, 2012).

Figura 1. Esperanza de vida al nacer, noventa y cien años y más (en años), según sexo. Regiones seleccionadas. Periodo 1950-2015 (en quinquenios).

El límite de la vida humana vs la vida viral. ¿Dónde estamos parados? 1
Fuente: Elaboración personal sobre la base de los datos del United Nations, Department of Economic and Social Affairs, Population Division (2017).

La respuesta sobre la edad máxima11Si bien la literatura es controversial respecto a la calidad de la declaración de la edad de las personas adultas mayores, debido a que las personas muy ancianas al ser preguntadas por su edad, tienden a agregarse algunos años (Del Popolo, 2000). que puede vivir una persona sigue siendo incierta hasta la actualidad12El caso más extremo que alude la literatura es el de Christen Jacobsen Drakenberg, quien llegó a cumplir 146 años de edad (Rica, 1885). No obstante, siempre existe la posibilidad de hallar un caso de mayor duración de una vida en algún área o región determinada (Steffensen, 1930). . Respecto a las últimas décadas es posible señalar ciertos límites no tan flexibles, como los provocados por los cambios ambientales que han generado modificaciones en las distribuciones geográficas de los microorganismos (González López, et al., 2009), agravados ante la reducción de los programas de prevención y el inadecuado saneamiento, generando numerosas pandemias intermitentes (Vera Bolaños, 2006; Betancourt Suárez, 2010; OPS, 2011), como la infección por el virus Nipah, el síndrome respiratorio agudo severo13Si bien la tasa de transmisión del SARS palidece en comparación con la de la influenza, demostró con qué rapidez puede circular por el globo un agente infeccioso semejante, dada la facilidad y frecuencia de los viajes internacionales (Osterholm, 2006). en 2003 –SARS por sus siglas en inglés–, la viruela de los simios, y diferentes tipos de influenza14La influenza aviar de alta patogenicidad, subtipo A/H5N1 (IAAP), la influenza pandémica A (H1N1) y la influenza causada por el virus A (H7N9) (Uribe, 2015, p.91).   (Miguel, 2014). Destacándose la propagación en el año 2009 de la “influenza humana A (H1N1)” 15En abril del 2009 se identificó un nuevo virus influenza con genes de influenza porcina, humana y aviar en México, Estados Unidos, Canadá, y luego en otros países, que fue denominado “influenza humana A (H1N1)”. A fines de mayo del mismo año, el virus había sido identificado en más de cuarenta países (Vial, 2009). La OMS declaró que se transmitía de persona a persona, además expresó: “el virus escribe sus reglas y éste, como todos los virus influenza, puede cambiar las reglas, sin motivo ni razón, en cualquier momento” (Vial, 2009). – producía contagio entre humanos y se desconocía su origen geográfico (Belshe, 2009)–, por demostrar una heterogénea incidencia y mortalidad en función de factores geográficos, climáticos, sociales de hábitos y conductas de las poblaciones locales (Miller et. al., 2009). Estas evidencias desafiaron a la comunidad científica16Un virus similar al A (H1N1), triple recombinante de virus porcino, aviar y humano, tri-continental (con genes de América, Europa y Asia) había circulado en poblaciones porcinas por cerca de 10 años, con infrecuente transmisión a humanos.  Los científicos esperaban la potencial llegada de un virus aviar, tipo A subtipo H5N1, de alta patogenicidad, que ocasionalmente se ha transmitido a humanos como zoonosis, circunstancias en la que se ha observado una letalidad mayor al 50%. , condicionándola a esperar que la epidemia devele su genio en la población y el virus su comportamiento clínico en las personas (Vial, 2009), pero principalmente poniendo en evidencia la poca preparación de los gobiernos para hacer frente a una prolongada enfermedad infecciosa17Las enfermedades infecciosas siguen siendo la principal causa de mortalidad humana en el mundo. En el año 2003 hubo más de 2 millones de fallecidos a causa de la tuberculosis, y en el 2005 el HIV causó 2,9 millones muertes más. Mientras que cada año mueren más de un millón de personas a causa de la  malaria. Además, infecciones de reciente surgimiento, enfermedades diarreicas y otras transmitidas por vectores, así como agentes resistentes a antibióticos, plantean una seria y creciente preocupación en materia de salud (Osterholm, 2006). (Osterholm, 2006), y sus incapacidades para evitar la transmisión de un virus pandémico (Vial, 2009). Estas alertas sanitarias globales implicaron un auténtico reto en los sistema sanitarios de la Unión Europea, y valiosas lecciones en todo el mundo, que deberían haberse sido de “utilidad” para articular respuestas ante la aparición del SARS-CoV-2 (o COVID-19) (Ibáñez, 2019).

Teniendo conocimiento que entre los más de 1.500 microbios que provocan enfermedades en humanos, la influenza posee el mayor nivel de mortalidad global (Osterholm, 2006), y que además esta enfermedad contagiosa ha provocado diversas pandemias a lo largo de la historia de la humanidad (OMSA, 2006; Heffernan, 2009). Diversos autores, con anterioridad al SARS-CoV-2, han alertado la posibilidad de la aparición de una nueva cepa del virus de la influenza, para la cual no exista defensa inmunitaria (OMSA, 2006; Heffernan, 2009). Considerando que la población mundial es de alrededor de 7.500 millones de habitantes en la actualidad, más de tres veces superior a la existente al momento de la pandemia devastadora de 1918, y con una estructura etaria completamente diferente como consecuencia del envejecimiento acelerado en las últimas décadas (Pinilla, et al., 2004). Si bien los métodos para tratar la influenza se han perfeccionado con el paso del tiempo, en términos nominales no han crecido en forma proporcional a la población18La pandemia de 1918-1919, no contaba con recursos para cambiar el curso de la infección por el virus H1N1-1918. A diferencia de la situación actual, se carecían de cualquier métodos de soporte vital –como ser antibióticos, antivirales, ventilación mecánica, unidades de terapia intensiva (UTI), etc.– (Volkow, et al., 2020). En particular, la UTI ha destacado su importancia para salvar vidas de pacientes graves de virus respiratorios. No obstante la cantidad de pacientes infectadas por el SARS-CoV-2, que requieren hospitalización en UTIs camas se ve rebasada. Se estima que en Estados Unidas se requeriría un 400% de las UTIs y un 200% de todos los ventiladores mecánicos disponibles en ese país. Muchos servicios médicos enfrentaran al dilema desgraciado ¿Cómo distribuir los recursos escasos en función de la supervivencia de los pacientes? (Mota, et al., 2020). Los principios de la bioética procuran un reparto equitativo, facilitando el acceso no discriminatorio, adecuado y suficiente de las personas a los recursos disponibles, haciendo un uso eficiente de los mismos (Espinosa, et al., 2020). . En estas condiciones, el mundo no se encontraría mucho mejor preparado que hace 85 años, en consecuencia un impacto de una pandemia “leve” conllevaría un gran número de muertes (Osterholm, 2006; OMSA, 2006; Heffernan, 2009). Adicionalmente el desarrollo de los medios de transporte, y el volumen de individuos que se trasladan todos los días en relación al despeamientos de las personas hace un siglo atrás, conllevaría a especular un escenario de diseminación de la enfermedad a mayor velocidad que la distribución de una vacuna (Cervantes et al., 2010).

Osterholm considerando que nada puede infligir más muerte y perturbación que una nueva pandemia de influenza19Ante el incremento del número de infecciones por H5N1 en animales y humanos, así como el registro de pequeños grupos de casos, nos sugiere que el virus podría acercarse a una transmisión sostenida de humano a humano. El mundo debe formar un mejor entendimiento del potencial de que surja una cepa de una pandemia de influenza. Viene una pandemia: puede ser causada por el H5N1 o por otra cepa nueva, ya sea mañana, el año próximo, o de aquí a diez años (Osterholm, 2006). , solicitaba en el año 2006 al mundo industrializado un proyecto internacional para producir la cantidad de vacunas necesarias para toda la población del planeta en los primeros meses de la pandemia (Osterholm, 2006).

En el mismo sentido con posterioridad, la Organización Mundial de La Salud (OMS) y la Organización Mundial de la Salud Animal (OIE), expresaron su incertidumbre ante la próxima pandemia de influenza20La influenza tipo A (H1N1), ha cumplido dos de las tres condiciones generales para el inicio de una pandemia/Panzootia (Eldredge, 2001; González López, et al., 2009; OMSA, 2006). , el potencial nivel de eficiencia del virus en la transmisión humano-humano, la dificultad de predecir el tipo de mutación y el grado de virulencia de nuevos microorganismos sobre los seres humanos, invitando a los países a contar con la capacidad hospitalaria para poder atender una cantidad elevada de enfermos graves (Uribe, 2015, p. 92).

La actual pandemia por el SARS-CoV-2 dejó al descubierto la falta de previsiones en salud pública y las exiguas las inversiones en planes de acción por parte de los países más ricos para poder proteger a la humanidad de manera equitativa ante esta amenaza mundial. Exhibiéndose  diferencias entre los países en cuestiones tan imprescindibles como la importación de material sanitario básico, en el marco de una deslocalización de las empresas a nivel global (Tapia y Bouza Jerónimo, 2020).

La ciencia ha generado grandes cambios en extensión de la vida humana, permitiendo un crecimiento tanto de la población centenaria21Algunos estudiosos del tema han negado la existencia de centenarios antes de la era industrial (Thatcher, et al.1998; y Robine y Vaupel, 2000). , como de la supercentenaria22El término “supercentenarios” representa a aquellas personas que lograron alcanzar los 110 años de edad. El interés por este grupo etario está basado en desentrañar las claves genéticas o de hábitos que favorecen la longevidad y el envejecimiento saludable. , evidenciando transformaciones en la longevidad (García González, 2015). Siendo posible afirmar un acortamiento de la brecha que separa a hombres y mujeres en la población supercentenaria, atribuyéndosele a la masculinización de algunos hábitos de la mujer cierta responsabilidad (Peto et al., 2006, p. 151). Por ejemplo, se evidenció una diminución de las muertes por tabaquismo en los hombres y un aumento en las mujeres (García González, 2015). Mientras que las epidemias han demostrado el alto impacto que generan fundamentalmente en la disminución de la esperanza de vida de la población y sobre la estructura demográfica, que conllevan cambios a gran escala en las pautas de comportamiento tanto económico como social (Ibáñez, 2019).

Dado el poder que emana la ciencia basado en su conocimiento acumulado, se le pide con urgencia estudios científicos y desarrollos de vacunas para el nuevo coronavirus, petición que no sirve de mucho si no se han generado previamente las condiciones adecuadas (Carvalho, et al., 2020). A menos que nos consolemos con saber de parte de los biogerontólogos, dedicados a investigan cómo conseguir aumentos en la vida humana en base a las diferentes teorías del envejecimiento (Samper Noa, et al., 2011), que el COVID-19 será considerado un límite eventual a la edad máxima potencialmente alcanzable (Rica, 1985).

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Desde sus or\u00edgenes el hombre ha tenido inter\u00e9s por conocer cu\u00e1l ser\u00e1 su longevidad, as\u00ed como tambi\u00e9n la aspiraci\u00f3n permanente por prolongar la esperanza de vida; las respuestas a estas inquietudes han variado conforme las creencias de...","image":{"@type":"ImageObject","url":"https:\/\/iberoamericasocial.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Esperanza-de-vida-al-nacer.jpg","width":938,"height":1617},"datePublished":"2020-04-18T19:46:44+02:00","headline":"El l\u00edmite de la vida humana vs la vida viral. \u00bfD\u00f3nde estamos parados?","mainEntityOfPage":{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/iberoamericasocial.com\/el-limite-de-la-vida-humana-vs-la-vida-viral-donde-estamos-parados\/"},"author":{"@type":"Person","name":"Fernando Manzano"},"publisher":{"@type":"Organization","name":"Iberoam\u00e9rica Social","logo":{"@type":"ImageObject","url":"","width":0,"height":0}},"dateModified":"2020-04-18T21:25:11+02:00"}

Notas   [ + ]

1.neuropsquiatras.com. Av. Forest 1179, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Rep. Argentina. Email:
dragriseldarusso@gmail.com.
2.El coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2), es un tipo de coronavirus causante de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) (OMS, 2020; Gorbalenya, 2020).
3.Si bien perecieron decenas de miles de estadounidenses en cada una, según estudios realizados, Sin embargo, el episodio más importante de la historia con respecto a este virus fue la “pandemia de gripe” española de 1918, que causó de 25 a 50 millones de muertes en todo el mundo (Ghendon 1994), evidenciando cómo ciertas pandemias ocasionan más daños que otras, producto de la construcción genética de cada virus específico y de la presencia de ciertos factores de virulencia (Osterholm, 2006).
4.Entre 1918 y 1919 se produjo la pandemia de gripe, mal llamada Spanishflu, Spanish Lady o gripe española –la denominación de gripe española se debe a que fue el primer país a nivel mundial, que informó sobre la pandemia (Ibáñez, 2019)–, ha sido considerada la mayor catástrofe sanitaria del siglo XX,  ya que produjo en menos de un año la pérdida de entre 25 y 50 millones de personas (García, 2013).Otras estimaciones arrojan cifras superiores, de entre 50 y 100 millones de personas, para considerar su magnitud vale compararla con la Primera Guerra Mundial (1914-1918), donde murieron 40 millones (Ibáñez, 2019).
5.Las fuentes de información estadística utilizada son los microdatos de los censos de población, que tiene una apertura que alcanza al grupo de 110 años[5], y las proyecciones de la población mundial (realizada por la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Secretaría de las Naciones Unidas, revisión correspondiente al año 2017). Sobre estas bases se han realizado los procesamientos necesarios para generar los datos para los diferentes indicadores de longevidad que se presentan.
6.La esperanza de vida (E0) es el indicador más ampliamente utilizado para realizar comparaciones sobre la incidencia de la mortalidad en distintas poblaciones y, con base en ello, sobre las condiciones de salud y nivel de desarrollo de una población. Este índice forma parte de los Indicadores de Desarrollo Sostenible  y de los Indicadores de Igualdad de Género de Eurostat.
7.Cabe considerar la afirmación de Rica respecto a que las tasas de mortalidad a las edades extremas deben considerarse como aproximaciones generales ya que en esta etapa la población observada y la información sobre las defunciones es poco confiable. En este aspecto consideramos que es necesario que se realicen estudios sobre calidad de los tabulados de Esperanza de vida a los 80 años, publicados por la División de Población de por Naciones Unidas (2017),  y realzar la  difusión de su validez.
8.Resultando entonces prioritarias las evaluaciones del estado de salud del adulto mayor, y en especial de la capacidad funcional –el deterioro funcional determina mayor morbilidad, discapacidad y fragilidad (González Moro y Rodríguez Rivera, 2006)–, que habitualmente se expresa en el desempeño o grado de independencia para la realización de actividades del diario vivir.
9.Otras investigaciones estiman que entre el 30 y 50% de los centenarios presentan un estado biomédico, funcional y psicológico relativamente bueno, manifestando diferencias a su interior y en relación a otros grupos etarios en sus características sociodemográficas, económicas, estilos de vida y perfiles de salud (Jeune y Vaupel, 1995; y Franceschi y Bonaf, 2003).
10.En los países desarrollados el número de las personas que celebran su cumpleaños número 100 se ha multiplicado cada década desde 1950, siendo este incremento excepcionalmente rápido comparado con el progreso de la mayoría de las poblaciones (Partridge y Gems, 2002; y Robine y Vaupel, 2001). A nivel mundial se estima que existen cerca de medio millón de personas de 100 años y más, triplicando la cantidad de centenarios que había a principios de este siglo, mientras que la población mundial aumentó 20 por ciento (UNFPA, 2012).
11.Si bien la literatura es controversial respecto a la calidad de la declaración de la edad de las personas adultas mayores, debido a que las personas muy ancianas al ser preguntadas por su edad, tienden a agregarse algunos años (Del Popolo, 2000).
12.El caso más extremo que alude la literatura es el de Christen Jacobsen Drakenberg, quien llegó a cumplir 146 años de edad (Rica, 1885). No obstante, siempre existe la posibilidad de hallar un caso de mayor duración de una vida en algún área o región determinada (Steffensen, 1930).
13.Si bien la tasa de transmisión del SARS palidece en comparación con la de la influenza, demostró con qué rapidez puede circular por el globo un agente infeccioso semejante, dada la facilidad y frecuencia de los viajes internacionales (Osterholm, 2006).
14.La influenza aviar de alta patogenicidad, subtipo A/H5N1 (IAAP), la influenza pandémica A (H1N1) y la influenza causada por el virus A (H7N9) (Uribe, 2015, p.91).
15.En abril del 2009 se identificó un nuevo virus influenza con genes de influenza porcina, humana y aviar en México, Estados Unidos, Canadá, y luego en otros países, que fue denominado “influenza humana A (H1N1)”. A fines de mayo del mismo año, el virus había sido identificado en más de cuarenta países (Vial, 2009). La OMS declaró que se transmitía de persona a persona, además expresó: “el virus escribe sus reglas y éste, como todos los virus influenza, puede cambiar las reglas, sin motivo ni razón, en cualquier momento” (Vial, 2009).
16.Un virus similar al A (H1N1), triple recombinante de virus porcino, aviar y humano, tri-continental (con genes de América, Europa y Asia) había circulado en poblaciones porcinas por cerca de 10 años, con infrecuente transmisión a humanos.  Los científicos esperaban la potencial llegada de un virus aviar, tipo A subtipo H5N1, de alta patogenicidad, que ocasionalmente se ha transmitido a humanos como zoonosis, circunstancias en la que se ha observado una letalidad mayor al 50%.
17.Las enfermedades infecciosas siguen siendo la principal causa de mortalidad humana en el mundo. En el año 2003 hubo más de 2 millones de fallecidos a causa de la tuberculosis, y en el 2005 el HIV causó 2,9 millones muertes más. Mientras que cada año mueren más de un millón de personas a causa de la  malaria. Además, infecciones de reciente surgimiento, enfermedades diarreicas y otras transmitidas por vectores, así como agentes resistentes a antibióticos, plantean una seria y creciente preocupación en materia de salud (Osterholm, 2006).
18.La pandemia de 1918-1919, no contaba con recursos para cambiar el curso de la infección por el virus H1N1-1918. A diferencia de la situación actual, se carecían de cualquier métodos de soporte vital –como ser antibióticos, antivirales, ventilación mecánica, unidades de terapia intensiva (UTI), etc.– (Volkow, et al., 2020). En particular, la UTI ha destacado su importancia para salvar vidas de pacientes graves de virus respiratorios. No obstante la cantidad de pacientes infectadas por el SARS-CoV-2, que requieren hospitalización en UTIs camas se ve rebasada. Se estima que en Estados Unidas se requeriría un 400% de las UTIs y un 200% de todos los ventiladores mecánicos disponibles en ese país. Muchos servicios médicos enfrentaran al dilema desgraciado ¿Cómo distribuir los recursos escasos en función de la supervivencia de los pacientes? (Mota, et al., 2020). Los principios de la bioética procuran un reparto equitativo, facilitando el acceso no discriminatorio, adecuado y suficiente de las personas a los recursos disponibles, haciendo un uso eficiente de los mismos (Espinosa, et al., 2020).
19.Ante el incremento del número de infecciones por H5N1 en animales y humanos, así como el registro de pequeños grupos de casos, nos sugiere que el virus podría acercarse a una transmisión sostenida de humano a humano. El mundo debe formar un mejor entendimiento del potencial de que surja una cepa de una pandemia de influenza. Viene una pandemia: puede ser causada por el H5N1 o por otra cepa nueva, ya sea mañana, el año próximo, o de aquí a diez años (Osterholm, 2006).
20.La influenza tipo A (H1N1), ha cumplido dos de las tres condiciones generales para el inicio de una pandemia/Panzootia (Eldredge, 2001; González López, et al., 2009; OMSA, 2006).
21.Algunos estudiosos del tema han negado la existencia de centenarios antes de la era industrial (Thatcher, et al.1998; y Robine y Vaupel, 2000).
22.El término “supercentenarios” representa a aquellas personas que lograron alcanzar los 110 años de edad. El interés por este grupo etario está basado en desentrañar las claves genéticas o de hábitos que favorecen la longevidad y el envejecimiento saludable.
23.neuropsquiatras.com. Av. Forest 1179, Ciudad Aut\u00f3noma de Buenos Aires. Rep. Argentina. Email: dragriseldarusso@gmail.com.
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Doctor en Demografía por la Universidad Nacional de Córdoba.

Licenciado en Sociología y Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires.

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