El infierno en la tierra, Huancavelica

Existió un lugar en América, especialmente entre la segunda mitad del siglo XVI y el final del siglo XVIII, que constituyó un auténtico infierno para todas las personas que tuvieron la desgracia de ser obligadas a trabajar allí; un lugar que tenía como inquilino principal a la señora muerte, la cual no abandonó aquel maldito lugar ni un solo día en todos esos siglos, ese lugar es Huancavelica en Perú.

La Historia, en una combinación de leyenda y realidad cuenta que en el año 1566 (otras fuentes hablan de 1563, aunque 1566 está más extendido como fecha probable) un nativo llamado Ñahuincopa le mostró a su patrón, el encomendero local Armando Cabrera, natural de Cuenca, una mina a 2,5 kilómetros al sur de la ciudad de Huancavelica, ciudad situada en la parte central de los Andes, a una altitud aproximada de 3792 metros que contenía depósitos de cinabrio y mercurio, en agradecimiento por el buen trato que Cabrera había tenido con su hijo después que este perdiera su sombrero en la festividad del Corpus Cristi. Aunque no se sabe a ciencia cierta, se da por hecho que los oriundos del lugar conocían la existencia de la mina desde hacía siglos y que ésta hubiera sido utilizada por los incas para extraer sulfato de mercurio con el que tratar el oro.

Los tres socavones de la mina fueron bautizados como Chaclatacana, San Francisco y Santa Bárbara, teniendo este último una longitud de 501 metros de largo. Por escritos de la época se sabía que el socavón de Santa Bárbara tenía un diámetro tan grande que se podía entrar a la mina montado a caballo y que en el interior de la misma existía una pequeña ciudad con casas, calles y hasta una plaza de toros. Huancavelica se convirtió en una de las minas más importantes de todo el continente americano debido a que era la única que contenía mercurio hasta que fueron descubiertas minas con ese mineral en California en la segunda mitad del siglo XIX.

Antes del descubrimiento de Huancavelica, los españoles habían conocido la existencia de las minas de Potosí en el Alto Perú (actual Bolivia) donde extraían la plata. En principio se utilizaba el sistema de fundición para separar lo que se conoce como la mena o parte que contenía la plata del resto de material que se extraía, que no servía, conocido como ganga. Pero en el año 1555 Bartolomé de Medina, comerciante nacido en Sevilla en el año 1495 y que anteriormente tuvo contactos con un metalúrgico alemán que él llamaba “el maestro Lorenzo”, quien le transmitió los secretos para beneficiar plata y oro con un sistema distinto y sustancialmente más barato que el que en ese entonces se usaba. Entonces, Medina viajó a Nueva España, a la ciudad de Pachuca, para experimentar lo que el maestro Lorenzo le había enseñado y consiguió lo se conoce como beneficio de patio.

Este es un sistema radicalmente más barato que la fundición del metal, lo cual hizo que se extendiera rápidamente como el método elegido para la obtención de la plata. Una vez sacado el azogue o mercurio, este se transportaba con llamas desde Huancavelica hasta Chincha, por barco desde allí hasta Arica donde volvían a cargarse en llamas hasta Potosí. A su vez cuando la Plata estaba lista se colocaba en llamas y se transportaba hacia Arica para ser embarcada rumbo a Sevilla.

El Azogue hizo que el descubrimiento de Huancavelica fuera uno de los momentos más importantes de la historia colonial española, ya que permitió la obtención de manera rápida y barata de ingentes cantidades de plata, que se utilizaban en el Viejo continente como moneda, iniciando así el sistema Mercantilista y Capitalista que ha llegado hasta nuestros días.

La tremenda importancia de la mina de Santa Bárbara era motivo de numerosos escritos de personajes importantes de la época. Como muestra dos. El primero fue escrito en el año 1764 por el Fiscal de la Real Audiencia de Lima, Don Diego de Holgado que dice lo siguiente: “La mina de Guancabelica, no produce Plata, ni Oro; pero produce el Asogue, un ingrediente tan necesario, para el beneficio de todas las de Oro, y Plata del Reyno. Es la unica, que se trabaja en este metal, y es propia, y perteneciente a V.M. Provee al Peru, y ha proveido a Mexico, a donde en muchas ocasiones se han remitido cantidades cresidas de Asogue.

El segundo escrito es de Carlos de Beranger, ingeniero y militar español, que era gobernador del centro minero de Huancavelica; decía lo siguiente: “Pues sin la Real Mina no ay fomento de las demas de este Reyno, por que faltando el Azogue, deverà subministrarlos la España, a costa de gastos grandiosos que sufrira a mas de las mermas quantiosas que se experimentarà, transportes costosos y retardos indefectibles perjuicios seguros en tantas contingencias;”

¿Y quienes iban a estar horas y horas bajo tierra extrayendo los 115 mil quintales de azogue (mercurio) que se obtuvieron de Huancavelica? Obviamente los españoles, clase dirigente de la zona andina tras la conquista, no. Fueron los indígenas los que eran esclavizados y obligados a trabajar día tras día, jornadas de 12 y 14 horas bajo condiciones infrahumanas, sin ver la luz del sol. Se calcula que dentro de sus socavones perdieron la vida más de 2000 personas entre indígenas y españoles. A esto hay que añadir que en el año 1786 la ciudad que había sido construida encima se derrumbó al estar construida sin las debidas precauciones que se deben tener al realizar cualquier tipo de obra en un lugar tan inestable como es una mina, pereciendo al instante más de 200 personas.

Todo esto hizo que Santa Bárbara se convirtiera en su momento en uno de los lugares del Mundo con una tasa de mortalidad más alta, debido principalmente a que los vapores del mercurio son muy tóxicos y por tanto respirar ese metal durante días y días provoca que el cuerpo se vaya envenenando lentamente hasta que provocar la muerte. Tal era esto así que los familiares de los indígenas que eran seleccionados para trabajar en la mina por primera vez les realizaban antes de que fueran trasladados a la mina una misa de difuntos, ya que sabían que no volverían a ver con vida a sus seres queridos.

Historias como esta, de dolor y barbarie son las que uno desea borrar de su mente pero son precisamente las que debe tener más presente en la memoria, para así intentar evitar en el futuro que se repita la locura que supone asesinar a miles de seres humanos para el enriquecimiento de unos pocos.

Pronto la siguiente historia “África en el corazón de los Andes” El valle del Chota. Disfruten de ese maravilloso regalo que es la vida, otros por desgracia solo disfrutaron de dolor y oscuridad.

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Autor

Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.

Especialista en Paleografia y Diplomática.

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