El espectáculo de la política o la política del espectáculo

¿Quiénes aspiran a un cargo público en México?

Introducción

La democracia se ha instalado en la Modernidad como una forma estable, dinámica y justa para el desarrollo de la política. No obstante, ya desde varios años se ha cuestionado que no solo basta con tener un marco normativo que regule las formas en que el poder del Estado se materializa para dar atención a sus funciones primarias, por el contrario, se requiere de una u otra manera determinar tanto el objeto, el poder de representatividad en el ejercicio de la esfera política, como al sujeto que pretende llegar a ese cargo.

Acentuar el énfasis en el sujeto que aspira un cargo público adquiere relevancia dado que la política no es lo mismo a lo político, por lo que resulta menester reconocer cuál es el potencial desarrollo que deriva de quien contiende para ‘ganar’ el voto de la ciudadanía.

El espectáculo de la democracia

En América Latina, la democracia se enfrenta a un potencial obstáculo: corrupción. Esto no solo ha hecho que la confianza de la gente disminuya sobre el sistema democrático de cada país, sino que ha propiciado en buena medida que hacer política se convierta en un negocio y espectáculo más que en un proceso de refrendar el compromiso colectivo por un futuro mejor.

Por un lado, la corrupción no solo se perpetúa en la política a través de las redes sociales que la sustentan, sino que genera en el imaginario social la idea de que la política solo sirve a unos cuantos, es decir, a aquéllos que están en el poder y que buscan poner a su aliados para rolar el puesto es una especie de espiral ascendente al infinito.

Un ejemplo muy claro se presenta en la esfera política mexicana donde, si se hace un rastreo de los apellidos y las líneas de parentesco entre las personas que han estado en los cargos públicos, se podrá observar que existen familias que, al menos desde el Porfiriato 1, se han enclavado en al política mexicana. Esas familias viven de la democracia y en la democracia: apellidos como Limantour, Madero, Cárdenas, Mancera son solo algunos ejemplos de cómo la política ha pasado de ser un sistema de representatividad y legitimación del poder, a un modo de vida que perpetúa la desigualdad dado que la política se conforma como un mundo donde existen grupos sociales que allí se desarrollan y otros más, la gran mayoría, que nunca tendrán una vinculación con esa esfera.

De esta manera, estas familias van paulatinamente integrando a sus miembros en los cargos públicos y los dotan de un poder-saber político: son los hijos de la política (corrupta) que perpetúa la riqueza de unos y la indignación de otros. Estas familias son de varios partidos, no distinguen entre izquierda, centro o derecha dado que sus objetivos desde hace décadas dejaron de estar vinculados a los ideales generados en la Revolución Francesa: ellos estarán del lado que les convenga para mantenerse en ese mundo en el que viven y del que viven.

Cuando hablo que el sistema democrático se ha vuelto un mundo, es porque se han encontrado las formas o se han modificado los cuerpos normativos para permitir que algunos ‘políticos’ se escuden en el derecho inalienable de representatividad y de ser votado para permanecer en el poder. Manlio Fabio Beltrones es un claro ejemplo de la política mexicana que representa este hecho. Todos los políticos cambian permanentemente de puestos para mantenerse en el poder: van de lo local a lo general y de lo municipal a lo federal.

Pareciera ser que sea vuelto en un rito político: primero se buscan una diputación distrital o la presidencia municipal, luego se van al ámbito federal y de allí no se bajan. Se vuelven diputados de un estado X, luego de un distrito Z, buscan la gubernatura de un estado, pero si no lo consiguen no pasa nada porque tienen licencia para contender y regresar al puesto que dejaron apartado… La política se ha vuelto un espectáculo caracterizado por un estire y afloja de poder, donde los ganadores son siempre los mismos y donde nunca se pierde.

La categoría de espectáculo (Debord, 1995) adquiere lamentablemente un sentido fundamental en la democracia y la política contemporánea. El sueño político por hacer el bien se difumina cuando al ingresar a esa esfera política se tiene que hacer algo para ser parte de ese rito. El espectáculo ya no solo se ve en la política mediatizada, sino en la forma en que los contendientes y los propios partidos políticos empiezan a buscar el voto: desde salir de un ataúd en el arranque de una campaña, hasta invitar a personas del espectáculo a tomar cargos públicos, la política ha sucumbido ante la lógica de la economía de la atención por un lado, y a la formación de políticos como pop stars (Lipovetsky, 2002), por otro.

Se deja de analizar y reflexionar sobre el sujeto que se postula y de sus iniciativas, y se pasa a la fama, el carisma y la potencial capacidad de acumular votos por cuestiones que no necesariamente forman parte de lo político.

Cantantes, boxeadores, estrellas icónicas de la lucha mexicana, stripers, comediantes, actores, actrices, proxenetas, agresores sexuales, entre otros más, desafortunadamente pasan a formar parte de las filas políticas de partidos que, volvamos a decirlo, han dejado de lado los ideales y la formación política para dar énfasis a la escasez de atención y la potencialidad de los candidatos mediatizados. Hacen lo que sea por llamar a atención: generan contenido transmedia en busca de seguidores, likes, shares y corazones mediáticos que en la práctica electoral no corresponden a los votos esperados. El hecho de confundir la atención con la legitimidad y el contenido de entretenimiento con sus proyectos políticos hace ver, una vez más, que la política es un espectáculo en tanto hecho, pero también que el espectáculo se ha convertido en una política para la victoria (Olmedo Neri, 2021).

Los candidatos en México: educación

A partir de la base de datos de las personas que contienden en el actual periodo electoral en México (INE, 2021) se puede destacar los siguientes elementos.

Actualmente están concursando 6,959 personas, de las cuales el 43.7% son hombres y el 56.3% son mujeres. La paridad de género se convierte en una regla cada vez más visible e imposible de evitar dentro de la imagen de los partidos políticos 2

Respecto al nivel educativo, la proporción de candidatos(as) que posee algún nivel educativo sigue siendo un reto. La siguiente imagen lo confirma.

Figura 2. Porcentajes de nivel educativo de candidatos

Fuente: Elaboración propia con datos de INE (2021)

Así, la política mexicana se sigue desarrollando de manera empírica, donde la educación y la formación no tiene un valor preponderante dado que basta con tener la buena y justa convicción de querer ayudar, aunque no tenga conocimientos consolidados en cómo hacerlo. Tomar decisiones implica una gran responsabilidad, pero en la política contemporánea eso no es necesario porque se busca tener el poder para después ver cómo mantenerse en él. La decisión ya no es hacia el colectivo, sino a la secta política a la que pertenecen los y las candidatas.

Dentro de ese porcentaje de población que tiene algún nivel educativo, resulta necesario hacer un desglose para conocer qué grado poseen. La siguiente gráfica muestra la distribución porcentual de las 476 personas que pretenden ocupar un cargo público.

Figura 3. Distribución porcentual según nivel educativo

Fuente: Elaboración propia con datos de INE (2021)

El nivel de licenciatura (pregrado en algunos países) es el nivel que predomina en este 6.8% del total de candidatos.

Entre los motivos que mencionan los y las aspirantes a un cargo público se puede observar una máxima que se ha vuelto cliché: “Quiero transformar mi país”. Una vez más, lo empírico se sobrepone al cómo hacerlo. Siempre será más importante tener la convicción aunque no se sepa claramente cómo hacerlo.

Otros más, la inmensa mayoría, ni siquiera mostraron el interés para compartir sus motivos, quizá porque no tengan nada que ver con el papel que pretenden tomar, ya que de los 6,959 participantes, solo 451 (6.4%) de ellos mencionaron los motivos de su postulación.

En algunos casos, los más radicales, han colocado que su principal y única motivación es “Defender la 4T”. No importa que el original proyecto de nación solo lo defienda y trate de llevar a cabo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) porque en su partido político se han sumado personas que no concuerdan históricamente con ese horizonte de posibilidades… Aun en la salvación, se cuelan algunos pecadores disfrazados de ‘personas reformadas políticamente’.

De las propuestas que cada uno menciona, se podría hacer un análisis exclusivo, sin embargo, aquí solo se mencionará que sus iniciativas son utópicas, otras más, un refrito del refrito de lo que se quiere cambiar en el país y la gran mayoría están vacías no solo en contenido sino en forma: no hay propuestas. De las 6,959 personas que aspiran a un cargo público, sólo 469 (6.7%) presentaron al menos una propuesta y solo 406 (5.8%) realizaron una propuesta de género… No se puede esperar demasiado de una política que aspira más al espectáculo que a la propia política.

Conclusiones

Pensar la política contemporánea necesariamente debe considerar el papel no solo de los medios y las transformaciones culturales, sino también las propias modificaciones que se han desarrollado en la democracia del siglo XXI.

La lucha que hoy se desata en la política es solo una apariencia, porque en su esencia todo ha cambiado para seguir igual: los que viven de la política seguirán en los cargos públicos, los ciudadanos seguirán desarticulando su poder colectivo por medio de ideologías que solamente ellos siguen manteniéndoles fidelidad. La política ha cambiado y retomando una palabra muy útil de las aportaciones de Louis Althusser (2007), la política interpela no al sujeto ciudadano, sino al sujeto espectador, el que mira y asume que participa ante la mediatización de su realidad, pero que realmente ver un futuro que llegará a su fin en el primer acto o al final de la función, en espera de la siguiente temporada (cada seis años, según el país y el sistema democrático).

Repensemos la política no como un mundo dado y dotado de barreras, sino como un espacio público donde se deben tomar acciones para transformar la realidad real y no mantener los privilegios. Rescatemos la política y la democracia de los (partidos) políticos.

Fuentes consultadas

Crónica de Xalapa (12 de abril de 2021) Que me entierren vivo”: Candidato del PES lanza polémica campaña política desde un ataúd. Crónica de Xalapa. Disponible en: https://cronicadexalapa.com/que-me-entierren-vivo-candidato-del-pes-lanza-polemica-campana-politica-desde-un-ataud/

Debord, Guy (1995) La sociedad del espectáculo. Santiago de Chile: Ediciones Naufragio.

Lipovetsky, G. (2002) La era del vacío. Barcelona: Anagrama

INE (2021) Base de datos de candidatos. Disponible en: https://candidaturas.ine.mx/

Olmedo Neri, Raul Anthony (2021) La comunicación política en Internet: el caso de #RedAMLO en México. Universitas. 34, 109-130. Disponible en: https://www.academia.edu/45217372/La_comunicaci%C3%B3n_pol%C3%ADtica_en_Internet_el_caso_de_RedAMLO_en_M%C3%A9xico

Notas

Notas
1 Periodo en la historia mexicana que abarca de 1876 a 1911 y que se caracterizó por la dictadura de Porfirio Díaz mediante la permanencia en el poder.
2 La paridad de género, aunque útil y necesaria, no reflejará su capacidad total de participación y transformación si las representantes elegidas siguen siendo sometidas a las estructuras de poder y de (re)presentación dentro de sus propios partidos. De nada sirve que exista la misma cantidad de mujeres y hombres si todos siguen atendiendo las decisiones de sus partidos, alienando su propia convicción y poder de decisión y voto.

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Profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de México (UNAM)

Formado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e Ingeniería Agrónoma, Especialización en Sociología Rural en la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

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