El desafío de la actuación Triética en la práctica docente

El contexto actual donde interactúan docentes y estudiantes exige el despertar, y aumentar, la concientización del desafío que representa un actuar triético en la práctica docente.

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El mirar hacia atrás, para observar el camino recorrido, nos da la posibilidad de contemplar, reflexionar y valorar la caminada hasta el punto en que se encuentra el observador. En ese mirar atrás es posible visualizar y muchas veces des-cubrir lo que en el estado presente estaba cubierto o no observable. Si pensamos desde los conocimientos y aprendizajes, el mirar atrás permite, talvez, percibir que en la caminada se fueron conectando, ampliando, modificando e inclusive, destruyendo-creando estructuras del conocimiento-aprendizaje, que en esta entrada tocan la ética, contextualizada en la práctica docente.

En este camino se han construido ciertas ideas respecto a la ética. Es así que la ética se entiende como un saber actuar, por tanto, implica una teoría-acción, el conocer sobre ética implica necesariamente un actuar ético. Este saber actuar significa que nosotros, Homo sapiens, debemos ser curadores trivalentes, quiere decir, encontrar el sentido, que en este caso sería dentro de la práctica docente, en cuidar del mundo de la vida trivalentemente. La trivalencia del curador humano implica un cuidado consigo (cuerpo/mente), con los otros (social – colegas y estudiantes) y con el mundo (ambiental) donde se ejerce la práctica docente (Galeffi, 2017).

Con esa línea de comprensión de la ética o triética, es posible-necesario analizar que el mundo del siglo XXI, donde se realiza la práctica docente, tiene ciertas características que serán el ambiente donde conviven docente-estudiante y por eso, en la que se realiza el proceso educativo. La docencia debe ser practicada en una era de globalización, en que los medios masivos de comunicación imponen modelos de vida y pensamiento, facilitados por un tremendo avance tecnológico y en el que se evidencia un aumento del individualismo (Bozu y Herrera, 2009). Este ambiente exige a los docentes la preocupación en relación al aprendizaje de los estudiantes, la que se recomienda sea focalizada en el desarrollo de ciertas capacidades genéricas personales, instrumentales e interpersonales, así como habilidades y destrezas que serán parte del buen hacer de la futura persona-profesional.

Para lograr todo lo anterior, o mientras, como docentes, se trabaja para conseguir lo que se exige, se debe tener la precaución del posible estrés académico que se puede provocar en el proceso, ya que según los datos de Rull y colaboradores (2011), el 73% de los estudiantes universitarios han sufrido ansiedad intensa, que acompañado a que el 85% percibe a los docentes como muy exigentes, debería poner en alerta a los profesores para cultivar el componente del cuidado con los otros (estudiantes) de la triética planteada.

En relación a lo anterior, también debería ser alarmante saber que los docentes, y esta vez en una perspectiva del ser curador consigo, tienen una prevalencia de estrés crónico del 83%, debido “al escrutinio externo, la imposibilidad de conciliar la vida personal con la laboral y la necesidad de proporcionar constantemente resultados positivos” (Barnés, 2019, p.2). Ese dato evidencia la necesidad del cuidado triético equilibrado, lo que significa que mientras se trabaja para el aprendizaje con los estudiantes, a la vez, se tiene que preocupar por el componente-ambiente de la triética, que será el contexto de la práctica docente, para de esa forma favorecer el cuidado consigo que permita disminuir el estrés agudo y al mediano-largo plazo el crónico de los docentes.

Por la complejidad que significa vivir en sociedad, se hace necesario cultivar ciertas virtudes necesarias para convivir e intentar comprender al otro. Empatía es una de estas cualidades, que es fundamental para el proceso de entender lo que siente y, después, piensa el otro, respecto a lo que le toca vivir y sus reacciones. Es necesario traer este aspecto (empatía) a la práctica docente para poder interactuar de mejor forma con los estudiantes. Tener presente sus individualidades y con esto, sus diferencias; que no hay homogeneidad general, por tanto, aparece el esfuerzo por un actuar con y en la diversidad.  Ese esfuerzo en diversidad, tiene el desafío de ser en un contexto complicado, en que los jóvenes actuales tienen una bajísima confianza social (13%), 25% reconoce haberse sentido triste-desanimado-deprimido y el 29% ha consumido drogas ilícitas (INJUV, 2017). Esto exige el despertar y aumentar la concientización del desafío que representa un actuar triético en la práctica docente.

Referencias

Barnés, Héctor. (2019). Trabajos tóxicos: Los 8 males del profesor universitario. Disponible en: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2019-01-24/males-profesor-universitario-trabajos-toxicos_156018/. Acceso: 10 de diciembre de 2019.

Bozu, Zoia y Herrera, Pedro. (2009). El profesorado universitario en la sociedad del conocimiento: competencias profesionales docentes. Revista de Formación e Innovación Educativa Universitaria, vol. 2, nº 2, p. 87-97.

Galeffi, Dante. (2017). Didática filosófica mínima. 1 ed. Salvador: Quarteto Editorial.

INJUV. (2017). Octava encuesta nacional de juventud 2015. Instituto Nacional de La Juventud, Ministerio de Desarrollo Social de Chile. Disponible en: http://www.injuv.gob.cl/storage/docs/Libro_Octava_Encuesta_Nacional_de_Juventud.pdf. Acceso: 10 de diciembre de 2019.

Rull, Marco et al. (2011). Estrés académico en estudiantes universitarios. Psicología y Salud,vol. 21, nº 1, p. 31-37.

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Doctorando en Difusión del Conocimiento, Universidad Federal de Bahia, Brasil.

Maestro en Ciencia Animal, Universidad Federal de Bahia, Brasil.

Médico Veterinario, Universidad Católica de Temuco, Chile.

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