El crecimiento de las paradojas en las ciencias sociales

En la actualidad la población mundial ha superado los 7. 300 millones de personas.

Como muestra el Gráfico que se presenta a continuación, entre 1998 y 2008 la población creció el 13,2% (pasando de 6.000 millones a 6700 millones entre tales años). En el mismo periodo mencionado la producción mundial creció 50,8% (de 34.000 millones de dólares a precios constantes de 1999 a 51.300  millones de dólares)., mientras que el crecimiento relativo del PBI per cápita fue de 35,3%.

Desagregando en dos grupos de países, por un lado, aquellos países con PBI per cápita menor al promedio mundial y por otro, aquellos que poseen un PBI per cápita superior al promedio mundial (la cantidad de países corresponden a 106 y 59, para ambos grupos respectivamente, considerando un total de 165 que son los relevados en la base Maddison y que hemos utilizado, entre otros insumos cuantitativos, para este análisis).

Entre 1998 y 2008 el incremento poblacional ha sido aportado en 90,1% por el grupo de países que poseen un PBI per cápita inferior al promedio mundial. Este grupo ha generado el 58,6% de la riqueza producida durante el periodo mencionado. El resultado sobre el PBI per cápita promedio de estos 106 países que poseen un PBI per –cápita inferior al promedio mundial fue un crecimiento de solo 685 dólares durante este periodo de diez años. Mientras que los restantes países que poseen un PBI per-cápita superior al promedio mundial, han aumentado en promedio 3.960 dólares su PBI per-cápita durante el periodo 1998-2008.

Gráfico: Distribución de la población y del PBI mundial. Composición del incremento, según países con mayor y menor PBI per cápita que el promedio mundial. Años 1998-2008.

Fuente: Elaboración personal  sobre la base  de datos del proyecto Maddison (http://www.ggdc.net/maddison/maddison-project/data.htm).
Fuente: Elaboración personal  sobre la base  de datos del proyecto Maddison (http://www.ggdc.net/maddison/maddison-project/data.htm).

Con respecto al desequilibrio mencionado anteriormente, Karan Singh en el año 1974, formuló lo que se conoce como paradoja Demográfico-Económica. Esta refiere a la existencia de una correlación inversa entre la riqueza y la fertilidad. Es decir, cuanto mayor es el PBI per-cápita (o más alto el nivel educativo –considerados por este autor como “sinónimos”–), menos niños nacen. En relación a esto Singh afirmaba que “el desarrollo es el mejor método anticonceptivo”.

Ordenamos los 165 países considerados de manera descendente según su PBI per cápita del año 2008 y desagregados en quintiles. El primer quintil tuvo un crecimiento promedio del PBI per-cápita de 33,5% junto a un crecimiento poblacional de 8% durante el periodo 1998-2008, mientras que el segundo quintil tuvo un crecimiento promedio del PBI per cápita significativamente superior, de 46,1%, con un crecimiento demográfico del 9%. Por tanto, esta primera paradoja mencionada, no parece cumplirse en todos los casos. Intentando encontrar respuestas a las desigualdades en el territorio mundial nos encontramos ante una segunda paradoja que es la existente entre Ciudad Global y Estado Nación. Es decir, entre los intereses contradictorios, en la mayor parte de los casos, en las políticas de planificación de los Estados Nacionales por un lado, y los intereses de las redes globales conformadas por los aglomerados de las empresas multinacionales.

Como comentamos anteriormente el incremento poblacional es llevado adelante por los países en desarrollo y muchos de ellos además están teniendo un crecimiento económico muy rápido. De hecho, para poner una fuente –aunque toda proyección debe utilizarse con un cuidado prudencial– el Banco Mundial pronostica que “el 93% de la clase media estará en países en desarrollo en 2030”. Claramente las empresas multinacionales (especialmente las relacionadas a los alimentos y bebidas) serán las grandes ganadoras de este crecimiento del consumo, que serían inimaginables en las economías occidentales desarrolladas.

Debido a que no es nuestra intención extendernos demasiado, sólo queremos mencionar dada su importancia, el impacto que tendría este crecimiento del consumo sobre los efectos negativos en la naturaleza –es esperable el avance sobre los ecosistemas de América Latina y África–.

Otro factor de relevancia en la disminución de la eficacia de las políticas nacionales de desarrollo económico sustentable, es la desproporcionada concentración de valor y de las transacciones que tienen las empresas multinacionales en la actualidad.

Si bien los procesos económicos transfronterizos no son nada nuevos, en las últimas décadas el crecimiento de las finanzas y de los servicios especializados ha aumentado de manera cualitativa el rol de las grandes ciudades en la economía global digitalizada.

Existe una clara divergencia entre el poder de control y regulación de los sistemas estatales y el crecimiento del número de fusiones y adquisiciones transfronterizas de las empresas. Cabe destacar que las grandes ciudades de los países en desarrollo tienden a buscar, cada vez más, vincularse con los circuitos globales –dejando atrás las viejas divisiones Norte-Sur–.

Estas configuraciones supranacionales han generado la expansión de servicios ubicados en las áreas urbanas centrales, dado que sus beneficios surgen de las economías de aglomeración,  por tanto, esto genera un entorno de dificultad para que los Estados Nacionales puedan avanzar en proyectos de planificación territorial que busquen aumentar el bienestar social. Las consecuencias en las Metrópolis están a la vista, mediante la creciente fragmentación que sufren, producto del incremento de la pobreza y el deterioro de la infraestructura. Un rasgo del crecimiento de los mercados de trabajo transnacionales es sesgar la participación laboral, hacia profesionales y trabajadores especializados en servicios.

Es importante tener en cuenta que uno de los componentes del mercado global de capitales son los mercados de valores. El aumento en el número de  mercado de valores –a fines de los 80 y principios de los 90, se adicionan mercados tales como Buenos Aires, San Pablo, Ciudad de México, Bangkok, Taipéi, Moscú, entre otras– ha contribuido a elevar el monto de capital que se puede movilizar a través de estos mercados; esto se refleja en el agudo crecimiento mundial de la capitalización del mercado de valores, que alcanzó, más de 30 trillones de dólares en el 2002 (el equivalente a más de 800 veces el PBI mundial de ese año). Esta creciente diferencia entre la producción de riqueza material en relación a la valorización del capital financiero nos alerta sobre otra nueva paradoja que, es la que se establece entre Crecimiento y Desarrollo económico.

Como afirma Boisier (1997), vivimos hoy la paradoja de constatar que la aceleración del crecimiento económico, va de la mano con la desaceleración del desarrollo económico. Mientras se mejoran los índices macro-económicos, vemos deteriorarse los indicadores que miden las evoluciones cualitativas de las personas y los territorios. Por tanto, el papel intermediario del crecimiento económico en cuanto acumulación de riqueza, como medio para dar lugar al desarrollo, se ha ido transformando más y más en un fin en sí mismo. Los actores que buscan el fortalecimiento de los territorios nacionales y sub-nacionales, se han concentrado casi exclusivamente en crear condiciones favorables para atraer más inversiones desde afuera de sus respectivos territorios. Cada vez son más los ejemplos empíricos, de aumentos de crecimiento económico con incrementos simultáneos de los niveles de desocupación, pobreza y  deterioro de otros indicadores sociales.

El camino hacia la finalización de este artículo nos presenta una síntesis de las problemáticas planteadas, que la consideramos como la gran paradoja. Nos tomamos el atrevimiento de denominarla ingenuamente: La Paradoja de las Ciencias Sociales. De esta manera queremos hacer alusión a la significativa falta de vinculación entre las distintas disciplinas que componen las Ciencias Sociales, un territorio en donde cada disciplina continua avanzando desde un compartimiento estanco, desconectado de lo que está sucediendo en las restantes disciplinas sociales. El caso más paradigmático de este fenómeno es el de las Ciencias Económicas.