El arte de habitar

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Quiero comenzar saludando a quienes lean esta columna y desearles que, a pesar de estos tiempos convulsos, tengan buen ánimo y bienestar en sus días.

Debo  confesar que ante los últimos acontecimientos a nivel mundial (la persistencia de la pandemia, las distintas guerras y ataques militares que se suceden en estos días, los acosos y violencias contra los pueblos y las diferencias desde gobiernos de todo el espectro político) me cuestionaba la utilidad presente de estos escritos que comparto con ustedes. Por ello no había publicado; me parecía que eran algo insignificante y hasta, quizás, ofensivo para quienes considerasen que no son momentos para banalidades.

Sin embargo, luego de releer lo que había escrito y deseaba compartirles, encontré que aquello contra lo que se alzan las violencias (incluso aquellas que han contribuido para el surgimiento de la pandemia) se encuentra como semilla de estos textos. Así que me decidí y aquí estoy de nuevo, poniendo los textos que comienzan con este número para ustedes.

Tengo que aclarar que son parte de mi tesis de doctorado. Algunos retrabajados para adaptarlos a este medio. Sin más, espero los encuentren útiles.

Acercamientos, 1.

La superación del concepto de «progreso»  y del concepto de «periodo de decadencia» son sólo dos caras de una y la misma cosa. [N 2, 5]

Walter Benjamin 1

A diferencia de los espacios icónicos de la modernidad, autorreferenciales, proyectados para un sujeto genérico, concluidos de una vez y para siempre como si la existencia permaneciera congelada e invariante a pesar del paso del tiempo, lejanos a sus habitantes y casi divinizados por su pura presencia contemplativa, el acontecimiento habitativo vernáculo, situado y localizado, es “la cercanía profana de la experiencia estética”2 por excelencia, es el habitar ocurriendo a cada momento3.

El despliegue de la vida en el hábitat es “la apertura de la obra a la improvisación como repetición inventiva”4 en la que se ratifican y actualizan (renovando) los acuerdos que se expresan y realizan en el ámbito de vida: el hábitat. Esto es igual para una casa que para una plaza, un barrio, un pueblo, una ciudad. Los comportamientos característicos de esta apertura suelen aparecer asociados por la modernidad capitalista, a la provisionalidad, la falta de proyección y la imprevisibilidad; actitudes vinculadas en su conjunto a las clases bajas de la sociedad y, más aún, a los estamentos “atrasados”, como quedó claro en el conjunto de prejuicios y epítetos que se lanzaban contra cualquier barriada o poblado rural de cualquier lugar del mundo.

Visto así, el hábitat es un terreno dinámico, tenso, conflictivo, a pesar de la aparente inmovilidad con que se les percibe desde el mirador de la modernidad. Pero su conflictividad es de otra naturaleza a aquella de la oposición destructiva de la relación, que suele ser la que se expresa en el conflicto entre modernidad capitalista y habitar vernáculo.

Reconocer estas cualidades del arte de habitar, abre la posibilidad de hablar acerca de una probable insurgencia de lo vernáculo ocurriendo hoy en día. No sólo en los lugares antiguos que se renuevan, sino en la emergencia de lugares nuevos que buscan recrear su vida social de manera abierta, dinámica y recreativa, junto con una tectónica convivencial.

Notas

Notas
1Benjamin, “N [Teoría del conocimiento, teoría del progreso”] en Libro de los Pasajes, p. 463.
2Echeverría, “Introducción. Arte y utopía”, p.21.
3Illich, “El arte de habitar”, p. 30. “Cada ser se vuelve un hablante vernáculo o un constructor vernáculo al crecer; pasando de una iniciación a la otra por un camino que lo hace un habitante masculino o femenino. Por consiguiente, el espacio cartesiano, tridimensional, homogéneo, en el que construye el arquitecto, y el espacio vernáculo que hace nacer el arte de habitar, constituyen dos clases diferentes de espacio. Los arquitectos sólo pueden construir. Los habitantes vernáculos engendran los axiomas de los espacios en los que hacen su morada. El consumidor contemporáneo de un espacio de alojamiento vive topológicamente en otro mundo. Las coordenadas del espacio ocupado en el que se sitúa son el único universo que conoce por experiencia.”
4Echeverría, “Introducción. Arte y utopía”, p. 21.

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Arquitecto desprofesionalizado. Investigador independiente.
Profesor itinerante. Doctor en Sociología por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y maestría y licenciatura en arquitectura por la Universidad Autónoma de México.

Ha realizado trabajo académico, comunitario y colectivo en torno al habitar en distintas regiones de México y participado en distintos proyectos de investigación, cuyo objetivo en común ha sido reconocer o poner en práctica alteridades a la hegemonía capitalista.

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