Divide y vencerás: las perversiones del pensamiento neoliberal

Las consecuencias del neoliberalismo en la sociedad actual desencadenaron que el Estado dejara de garantizar servicios, derechos laborales y prestaciones que permitieran asegurar una vida después de la etapa laboral.

Pensamiento neoliberal
Pensamiento neoliberal
Fuente: https://kaosenlared.net/guia-para-entender-el-neoliberalismo/

Desde la caída del muro de Berlín, el capitalismo se autodesignó como ‘la vía innata’ del ser humano para generar desarrollo. Este sistema como praxis, no obstante, posee un discurso político y económico denominado neoliberalismo, el cual al menos desde la década de los años setenta del siglo pasado se ha implantado en buena parte del mundo, especialmente en América Latina.

Dicho discurso no sólo se da en el seno de la reducción de prestaciones y servicios a la clase trabajadora, sino que se cierne con otro propósito aún más perverso: el generar división entre la población para conflictuarla y con ello evitar la organización contra el sistema que cada vez es más depredador con la naturaleza y más explotador contra la sociedad.

La frase ‘divide y vencerás’ posee quizás el sentido propio tanto del sistema como de su discurso, el cual se ha implantado en todas las esferas de la vida social, incluso en lugares donde se creía impensable: las universidades, y aun peor, está siendo apropiado por las nuevas generaciones que se vuelven cómplices de su propia explotación cuando se alzan en contra de los movimientos sociales.

Es por ello, que en esta ocasión se aborda cómo el propio pensamiento neoliberal, cargado de individualismo y explotación se ha incubado en parte de las poblaciones estudiantiles contra los movimientos sociales de la clase trabajadora. Esto es para el sistema una modificación que requirió al menos 30 años y que hoy, ya no requiere de la utilización de la fuerza del Estado para reprimir las luchas sociales, ya que son los propios segmentos de la sociedad quienes intentan regular, y bajo el discurso de la libertad y la individualidad, reprimir la demanda de mejores condiciones de trabajo. Parafraseando a Formenti (2016) sería la (no tan) típica guerra entre los pobres y (los futuros) y pobres.

De los viejos logros de la clase trabajadora

Si antes la organización social nacional e internacional dieron paso a reformas y derechos a la clase trabajadora como una jornada laboral, prestaciones, vacaciones y el derecho a la huelga, lo cierto es que actualmente lo que menos se desea en el mercado laboral es la organización de los (futuros) trabajadores.

Los sindicatos, por ejemplo, en el caso mexicano tuvieron un papel corporativista durante las administraciones del Partido Revolucionario Institucional (PRI), no obstante, se convirtieron en un organismo de representación ante el patrón, ante el explotador que una vez fuera el partido hegemónico del aparto estatal, devino en un proceso de modificaciones internas para dar atención a la demanda de sus agremiados.

Ellos, los sindicatos, se han convertido en un anacronismo de la (pos)modernidad porque prácticamente se han mantenido en instituciones del gobierno. Sean universidades, Secretarías, o empresas estatales, la también llamada ‘burocracia’ se ha estancado en la defensa de los derechos de los trabajadores del Estado, mientras que en la industria privada está en disminución o extinta.

Su funcionamiento, a veces cuestionado por su lentitud y falta de calidad en los servicios que ofrecen a través de las instituciones, no es razón para estigmatizar y en su caso desprestigiar los mecanismos que por derecho poseen para la exigencia del cumplimiento a sus demandas, como lo es el recurso de la huelga.

De hecho, es importante recordar que ese recurso es un derecho que históricamente se ha utilizado por la clase obrera y campesina, así como en la clase estudiantil (aunque no es un derecho legal, sí legítimo para el cumplimiento de las demandas estudiantiles). La cuestión es que hoy, ser parte de un sindicato no es bien visto en el sector laboral privado.

Del individualismo y la competencia

En el sector privado rige la ley del mercado; la competencia permite que los mejores profesionales puedan adquirir un puesto particular, con un salario, sin embargo, que se genera a partir de la demanda y la oferta al mismo. Con el neoliberalismo no existe más un colectivo; se fragmenta el sentido de comunidad y cooperación y son desplazados por el individuo y la coacción.

Es en el neoliberalismo donde ‘cada quien se salva como pueda’; en él se exige y demanda la libertad total del individuo sobre su propio desarrollo, no obstante, esa libertad solo reviste su propio sometimiento (Han, 2018) toda vez que su explotación se da por sí mismo en el capitalismo (Han, 2017); ya no se requiere un patrón explotador y lleno de catarsis negativa, sino de uno que someta a través del consenso y donde los sometidos admitan y defiendan su propia explotación.

Las consecuencias del neoliberalismo en la sociedad actual desencadenaron que el Estado dejara de garantizar servicios, derechos laborales y prestaciones que permitieran asegurar una vida después de la etapa laboral. Actualmente, es el individuo con la libertad totalizadora quien debe ahorrar y velar por su propio futuro.

Por lo anterior, los movimientos sociales en general y las luchas de la clase trabajadora en particular no encuadran en la ecuación neoliberal. En vez de sumar, se debe restar, y en vez de multiplicar se debe dividir. Esta argumentación, no obstante, ha permeado en espacios de conocimiento, no sólo por su posible enseñanza, sino por la propia experiencia de las nuevas generaciones en un contexto social, y políticamente adverso para la lucha trabajadora.

Un caso práctico: las huelgas en las universidades

Las huelgas en las universidades pueden darse por parte tanto de profesores como de trabajadores administrativos, no obstante, cuando éstos estallan surgen las visiones contra dichos movimientos por parte de estudiantes que ven ‘perjudicada’ su educación y formación profesional por parte de estas luchas.

Allí se puede ver el conflicto de proyectos: por un lado, el emanado históricamente por la lucha social, y por otro, el derivado de la implantación de un discurso y una práctica que deviene del sistema económico predominante.

Son esas visiones que derivan en contra-movimiento­ (Cadena-Roa, 2016) tienden a basar sus argumentaciones en la libertad y el efecto individual. Sin embargo, su lógica reviste el desconocimiento de la importancia de este tipo de movimientos. Tal vez porque ellos consideran que la precarización laboral, la competencia laboral y el desarrollo individual son parte normal del contexto; como si no hubiera una posibilidad de cambiar las cosas.

Aquellos que están en contra de este tipo de movimientos han aceptado su sometimiento y por tanto su explotación; han asimilado que se enfrentarán a la vida solos, sin nadie con quien puedan buscar una alternativa, y por ende, su propia libertad se convertirá en la cadena que los explote ante un patrón que está bien organizado con otros de su misma clase…

Ellos olvidan que, como afirma una consigna “el maestro/obrero/campesino marchando, también está enseñando”. El día en que los movimientos sociales en pro de mejores condiciones sean reprimidos por la propia sociedad, será el día en que no habrá más utopías… sólo será el adverso neoliberalismo en su fase perfecta.

Bibliografía

Cadena-Roa, J. (2016). Las organizaciones de los movimientos sociales y los movimientos sociales en México, 2000-2014. México: Fundación Fiedrich Ebert en México.

Formenti, C. (2016). Economía colaborativa y lucha de clases. En F. Sierra Caballero, & F. Maniglio, Capital financiero y Comunicación (págs. 79-88). Quito: CIESPAL.

Han, B.-C. (2017). La expulsión de lo distinto. Barcelona: Herder.

Han, B.-C. (2018). Psicopolítica. Barcelona: Herder.

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Autor

Estudiante en Maestría en Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Formado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e Ingeniería Agrónoma, Especialización en Sociología Rural en la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

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